Ser niño, migrante, lector: cruces en la literatura infantil y juvenil

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    Sin leer cuentos de la literatura infantil y juvenil

    A los 8 años, M. es un niño que odia el país que ama su padre. Dice odio, literalmente, y con un tono ríspido. «Yo quiero ser un extranjero», repite a cada rato, sin saber bien lo que significa la dimensión de esa palabra. «Quiero conocer las matas de manzanas y fresas, y la nieve». M. sueña con hacer un muñeco de nieve. «Quiero un lugar donde se prospere», dice; también habla de prosperidad como si supiera bien su significado. Es notorio que repite lo que dicen los mayores en su entorno cotidiano.

    «Este país me parece un país muy “feo”» (como si tuviera claro la distinción entre lo Bello y lo Feo). Se refiere al país en el que vive, porque a su corta edad no ha podido visitar a ningún otro de los que ha visto en el teléfono conectado a internet que su madre le permite tener desde que amanece hasta que se queda dormido.

    Aunque sorprende que a esta edad no sabe leer de corrido y pierde el orden de las letras en el abecedario, M.  está familiarizado con la pantalla del móvil y logra navegar por los sitios digitales de clic en clic. Sin embargo, ha sido un niño con suerte, le han regalado muchos libros procedentes de varias ferias del mundo (Beijing, Antofagasta, La Habana), con carátulas duras, figuras; de distintos tamaños y contenidos, para que desde mucho antes de aprender a leer conformara su biblioteca. Pero en casa a M. nunca le leyeron cuentos infantiles clásicos o tradicionales, ni jugaron con él a pintar historias en familia.

    Literatura infantil y juvenil en Feria Internacional del Libro de los Universitarios y la Universitarias (FILUNI)

    Atravesé por primera vez las calles de la Ciudad de México para ir a la Feria Internacional del Libro de los Universitarios y la Universitarias (FILUNI). A miles de kilómetros de distancia de M., puede ser una feria también pensada para niños como él; de cualquier parte del mundo, con cualquier nombre. Esta Feria, la más importante en Iberoamérica en cuanto a la edición en el ámbito universitario, tuvo como tema, exilio y migración, y dedicó un Primer Coloquio a la literatura infantil y juvenil. La Feria es un espacio para estudiantes, los adolescentes de los colegios que llegan en ómnibus con sus maestros, y, sobre todo, para los universitarios.

    En cuanto entran a la Feria, los muchachos y muchachas se interesan por las ofertas gastronómicas; se detienen en varios stands que muestran literatura para sus edades; buscan los puestos dónde venden mangas y cómics, y allí hacen las filas más largas. Agarran volantes, programas; aunque tienen la posibilidad de participar en distintas actividades, llevarse paquetes de libros y disfrutar gratis las charlas de grandes personalidades de las letras de México e Iberoamérica, aunque estas opciones no son las que más les atraen. 

    Eran pasadas las cuatro de la tarde cuando Socorro Venegas, directora general de Libros UNAM, en sus palabras de bienvenida hizo énfasis en que la literatura infantil es importante para la institución universitaria, al expresar que «la palabra para pensar la esperanza, como dice Rebecca Solnit, no es una garantía para el mañana, sino un detonador para la acción de hoy».

    Insistió en que el trabajo para los niños y para los más jóvenes es indispensable, por lo que es fundamental trabajar en esas comunidades que van a llegar a la universidad. Asimismo, manifestó que desde el espacio académico se puede dirigir una mirada a las jóvenes, a los jóvenes y se puede convocar a los profesores que son también padres de familia. Después Socorro Venegas se retiró y comenzó el primer panel.

    ¿Por qué el niño quiere marcharse de su país?

    Cuando se le pregunta a M. por qué su país es Feo, por qué quiere marcharse de su país, responde que no hay yogurt, helados y los largos cortes de electricidad no lo dejan dormir. La escuela está despintada, y aunque hablan de los símbolos patrios, por las mañanas se iza una bandera de tela rota y descolorida, y el busto de Martí tiene la nariz partida. Para M. el que está al lado de la bandera no se parece al Martí de las fotos en Internet. M. dice que las maestras también se visten Feo, porque la moda que ve en Internet no es la que ellas usan.

    Hay niños de mi escuela que se acuestan sin comer y no llevan merienda ni almuerzo, cuenta M. Todo es Feo, repite categórico. Y en este pueblo parece que todo se cae, las casas y los edificios se están cayendo, insiste. Después de los aguaceros le da miedo pasar cerca de cualquier casa. M. ha visto, muchas veces, que después de los aguaceros se escuchan las sirenas de los bomberos y más tarde aparecen imágenes de derrumbes de viviendas en las redes sociales. Mira, un edificio se está cayendo; muestra el video en el que se ve cómo cae una parte del inmueble. Lo hace para que entiendan que tiene razón, como una carta de triunfo.

    Un libro puede convertirse en un gran amigo para los niños y las niñas

    Un libro puede convertirse en un gran amigo para los niños y las niñas, puede ser una herramienta para que entiendan el mundo. Los libros infantiles y juveniles narran y explican las relaciones humanas más allá de lo didáctico o la moraleja; se abren también a las problemáticas de la vida real. Muchas veces los lectores infantiles buscan en las páginas de un libro una explicación para entender quiénes son y lo que sienten.  En eso pienso mientras recorro FILUNI.

    Teniendo esto en cuenta voy con esa mirada al centro de FILUNI. La feria se abrió también como espacio para pensar la producción de la literatura infantil y juvenil desde la ficción y lo académico. ¿Qué había en exposición, descarga gratuita o a la venta? Había representados casi quince países y más de 180 sellos editoriales, por lo que un solo día no alcanzaba para visitarlos todos.  El Centro de Convenciones de la UNAM se convirtió en una gran caja china que conectaba diversas historias culturales.

    Al preguntar en los stands «¿qué tienen de literatura infantil y juvenil?», las respuestas fueron casi siempre las mismas: «Al ser universitario no hay literatura infantil», «No mucho, hay muy poco», «No hemos traído porque es una feria académica», «No, los que tenemos aquí son de ciencias, más que nada». Sin embargo, se esforzaron en encontrar algún título que pudiera servir de guía, aunque no fuera propiamente ficción, o que estudiara algún fenómeno desde las ciencias sociales relacionado con las infancias y juventudes. Otra respuesta común fue la sugerencia de visitar los repositorios digitales de los catálogos. FILUNI, pensaba, se abría en dos niveles de realidad, dos universos, dos órbitas: lo impreso y lo digital, pero ambos conectados desde la misma estación: el lector.

    Los otros países presentes en la Feria mostraron sus propuestas bajo la sobrilla de dos señaléticas genéricas: Literatura infantil y juvenil o Para pequeños lectores. Y destacaban los libros dedicados a las ciencias: la minería, la geología, la tecnología, la fauna, el VIH, el cuidado de la naturaleza. Otros títulos promovían el respeto a la mujer científica u ofrecían guías para comportarse en sociedad, en la escuela y aprender sobre el cuidado del cuerpo. Por la diversidad de colecciones y títulos sobresalieron los stands de Costa Rica, Argentina y Colombia. Un dato curioso es que la Universidad de Uruguay no trajo títulos dedicados a la literatura infantil y juvenil, aunque algunos textos ensayísticos abordaban temas sobre infancias y género.

    En la órbita impresa mexicana también encontré huellas similares en cuanto a la LIJ. La Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), por ejemplo, presentó sus publicaciones para niños y sumó la revista especializada Navegantes, con números dedicados a textos clásicos y contemporáneos y abordajes de temas actuales. La Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y la Universidad Autónoma del Estado de México también ofrecieron al público, propuestas interesantes con enfoque de género, sobre el cuidado de la ciudad y las culturas originarias. En el stand de la Universidad de Guadalajara había espacio para la obra de José Emilio Pacheco.

    Me detuve en el stand de la UNAM. Una muchacha le decía a otra que tenía que comprarse aquel libro. Me quedé de lado, tratando de ver qué libro le sugería. Era Canción de protesta, de Adolfo Córdova y Daniela Rea, un libro que recientemente obtuvoel Premio Antonio García Cubas 2024. El volumen narra a los jóvenes la historia de una desaparición forzada, uno de los temas más latentes en el México de hoy. El libro forma parte de la colección Hilo de Aracne, dirigida a los jóvenes lectores, que incluye autores mexicanos representativos. Allí al frente del stand Hilo de Aracne, de la UNAM permanecían los muchachos escogiendo los diferentes títulos. Tuve que esperar y darme una vuelta hasta que en algún momento quedara vacío.

    Para los interesados en libros académicos sobre LIJ, en el stand de la Universidad Iberoamericana se vendieron tres volúmenes, coordinados o escritos por Laura Guerrero, reconocida investigadora por sus estudios sobre la neosubversión en la LIJ contemporánea. En uno de ellos, Nuevos rumbos en la crítica de la literatura infantil y juvenil, de la que Guerrero fue coordinadora, puede leerse: «la LIJ es, ante que nada, literatura, configuración metafórica que ilumina nuestro mundo y nos construye como personas; en su difusión existe una figura fundamental, la del intermediario, quien conduce hacia las mejores lecturas y su comprensión». Laura Guerrero también iba a estar en FILUNI.

    La presencia de la literatura infantil y juvenil en FILUNI

    El recorrido por los diferentes stands me permitió realizar un levantamiento de la propuesta de los sellos editoriales. Aunque pudiera pensarse que la presencia de la literatura infantil y juvenil en FILUNI fue escasa, el universo digital ofreció textos múltiples. Los resultados de las búsquedas resultaron casi millonarios, entre tesis de diploma, maestrías, doctorados, ensayos, obras de ficción, guías y otros documentos. E-libro se anunciaba como la más completa biblioteca virtual de contenidos académicos; mientras Digitalia Hispánica, proponía ebooks académicos multidisciplinarios en español y en amplias colecciones.

    En el espacio de la Biblioteca de la UNAM Anabel Tapia, Licenciada en Bibliotecología por esta alta casa de estudios, mostraba los casi infinitos repositorios sobre la LIJ, pero, aclaraba, había que ser estudiante de la UNAM para poder acceder a ellos. La explicación de cada una de las publicaciones de la UNAM era bien detallada con un tono dulce y bajo. Ella me pidió permiso, me dijo no te vayas, y atendió a una señora que vino interesada por una convocatoria. Pero después que se fue la señora, Anabel me propuso que tomara el teléfono y me ofreció una clase de base de datos y publicaciones académicas en la biblioteca de la UNAM. En mi libreta de apuntes quedó un listado de títulos para descargar posteriormente.

    Listado de libros académicos sobre la literatura infantil y juvenil

    •  La literatura infantil y juvenil española en el exilio mexicano.
    • Prohibido leer: la censura en la literatura infantil y juvenil contemporánea.
    • La censura de la literatura infantil y juvenil en las dictaduras del siglo XX.
    • Censuras y literatura infantil y juvenil en el siglo XX: en España y 7 países latinoamericanos.
    • Género, literatura infantil y juvenil y formación de identidades.
    • Diccionario histórico de autores de la literatura infantil y juvenil contemporánea.
    • Todos los danzantes… panorama histórico de la literatura infantil y juvenil colombiana.

    Obras fundadoras de la literatura infantil de México y del mundo en una colección editorial

    Una noticia acogida con beneplácito y diversos titulares informativos fue la presentación digital en FILUNI de la Biblioteca de Chapulín, icónica colección creada en 1940 y rescatada por Libros UNAM en ediciones facsimilares. En ella se incluyen obras fundadoras de la literatura infantil de México y del mundo, junto con la propuesta gráfica de destacados ilustradores. En FILUNI se presentaba nuevamente la colección con una Terraza Juvenil llena de estudiantes después de la charla del español, Jorge Carrión.

    Jorge Carrión también estuvo una tarde en FILUNI, y habló de sus procesos creativos en los libros y el podcast Solaris.  Yo vi desde la primera fila al autor de Librerías y Contra Amazon, dos libros que había pedido a España. Escuchar a Carrión era un lujo. Había estudiantes de comunicación y periodismo. Carrión se refirió a los procesos de escritura e investigación y sobre todo a los receptores, público de sus obras. Una de las mayorías alegrías para él es cuando alguien le decía «wow», o «me volaste la cabeza», cuando sus contenidos habían despertado pensamiento o reflexión. Esa tarde no tenía mis libros de Carrión para que me los firmara, pero hice la fila para hacerme una foto con él. Tengo todos tus libros, le dije, pero la maldita emigración no me los dejó traer. Wow, le dije, me volaste la cabeza. Después posteé fotos con Jorge Carrión, una oportunidad que me había dado México y FILUNI.

    Un país entero apagado no produce, y un país que no produce, no tiene vida

    Un país entero apagado no produce, y un país que no produce, no tiene vida, sentenció M. ¿A quién le escucharía aquella afirmación? ¿Quién podría decirle eso? En la escuela lo dicen las maestras, el jardinero, el albañil, las madres en las reuniones de maestros, explicó. Cuando entramos el primer día a cuarto grado se habían ido dos compañeros. A uno se lo llevaron atravesando bosques por Nicaragua, y a otro en una lancha. En quinto se fueron tres: dos a los Estados Unidos, y otro se nacionalizó español. Las maestras también se van, añadió como quien dispara a ráfagas, con la certeza de que nadie podría cuestionar su discurso.

    M. no sabe de los que no llegaron a terminar su travesía o de los que no se tuvieron noticias nunca más; tampoco conoce de los que abandonaron África y cruzaron el mar Mediterráneo para llegar a Europa. Sí ha escuchado sobre los conflictos de las personas que al marcharse a vivir a otro país quieren llevarse sus perros y gatos, y el caso contrario: las historias de animales abandonados por sus cuidadores. Otras cosas que sabe M. son las historias de padres y madres que no quieren firmar el permiso para que su hijo pueda viajar con el otro cónyuge. Actitud que no entiende, dice. Son demasiados los casos de los niños y niñas que hoy dejan al cuidado de abuelos o tías por un tiempo incierto, y no solo para que asistan a las reuniones escolares porque no están mamá o papá como ocurría en años pasados.   

    Al preguntarle a M. si visita la biblioteca de la escuela tampoco sabe responder. Las maestras y los maestros no le hablan de eso. ¿Usas los diccionarios que te han regalado? Mueve la cabeza a un lado y al otro. Luego dice que sí, por pena. Evidentemente, ya no juegan a aprender palabras nuevas en los diccionarios de sinónimos y antónimos.

    Cuando a M. se le pregunta si va a extrañar, a echar de menos, no responde. Se queda pensando. Cuando se habla de emigrar y del exilio, los costos inevitables son la distancia, las familias rotas, los silencios, la nostalgia, la soledad; pero aún M. no sabe de eso.

    Las paternidades de Andrés Neuman, o “somos discípulos de las infancias que cuidamos”

    El escritor Andrés Neuman habló en FILUNI de las paternidades a partir de su libro Pequeño hablante, que publicó Anagrama. Durante su conversación con la editora Mayra González confesó que como un argentino que vive en España la migración le impone condiciones en la crianza a su hijo.

    Neuman en Pequeño hablante pone de manifiesto la relación con su hijo, la observación constante que hace el padre del hijo, y el exordio del cuaderno tiene huella martiana, del Ismaelillo: «¡Hijo soy de mi hijo! // ¡Él me rehace!». Mi hijo hace que me detenga en las pequeñas cosas, en sus palabras, comentó. En el libro habla de literatura, lenguaje, masculinidades y paternidades.

    No puedo evitar pensar que Neuman habla de su hijo al estilo de Martí; en sus páginas se advierte el aliento martiano. El escritor también comparte la condición de emigrado, realidad que lo pone frente a un conflicto: no sabe qué cultura debe enseñarle a su hijo, si la suya de nacimiento, la argentina; o la de adopción, la española. Más adelante contó al público que acudió a escucharlo cómo el pequeño paladea, sopesa y descubre las palabras y sus significados. Neuman narró cómo llegan a su hijo las diferentes palabras. Cómo las atrapa y las devuelve. Sin tener conciencia del signo lingüístico, el hijo de Neuman lo pone en práctica.

    En otro momento de la conversación reflexionó sobre el hecho de que los padres llegan tarde a los cuerpos de los hijos; sobre cómo los padres al ser mediadores de la lectura muchas veces imponen lo que piensan, los miedos que tienen y no lo que realmente desean o necesitan lo menores. Y ante la pregunta del auditorio sobre una posible fecha de caducidad de ser papá, respondió que no se deja de ser papá en ningún momento. Somos discípulos de las infancias que cuidamos, dijo. Tres preguntas de Neuman, aparentemente a la inversa, quedaron retumbado en el auditorio: ¿cuándo empezamos a ser adultos?, ¿cuándo empieza la adolescencia?, ¿cuándo empieza la infancia?

    Toda la conversación de Neuman, aunque propiciada por la presentación de un libro para adultos, conecta con temas relacionados con el adentro y afuera de la literatura infantil y juvenil; conecta con M. y el descubrimiento de las palabras y sus significados.  Aunque Andrés Neuman estuvo en FILUNI, yo no lo pude ver en primera fila, ni muy cerca, pero lo vi por las transmisiones de la TV UNAM.

    Hablar de cubano con José Martí y Joseíto Fernández

    Cuando se habla del ser cubano se recurre con prontitud a la canción Guajira guantanamera,  de Joseíto Fernández, y a José Martí. A pesar de ser asideros básicos M. dice que su maestra no sabe de eso. Por el contrario, su ocupación preferida es hablar de otra maestra que se fue y le debía dinero y de la madre de un alumno que siempre le traía regalos. A esa maestra algunos niños la rechazaban por no estar a la moda, y vestir como pobre.

    —Si el país sigue así, sentirán envidia de los muchachos que se han ido. Todo lo de afuera es bueno, manifestó una maestra que volvieron contratar después de jubilarse porque el dinero no le alcanzaba.

    —No se quieren poner cosa de cubanos. Algunos se acostumbrarán a vivir de lo que le mandan, a vivir sin trabajar, aseguró otra.  

    Varios padres de niños que van a la escuela con M. viven permanentemente en el extranjero. El padre de Manuel, en Italia; el de Anita, en México; el de Luis, en Brasil. Cada vez más padres y madres salen del país para que sus hijos merienden mejor y ayuden a las maestras. Traen regalos para que los niños aprueben los exámenes sin dificultades, todo eso narra M.

    A Verónica Murguía le di un abrazo al terminar su intervención. Ella había recibido recientemente el Premio Bellas Artes por su obra para niños. Cuando nos hacían la foto le comentaba que tenía la edición cubana, Editorial Capiro, de Auliya, presentada en la Feria Internacional del Libro de La Habana el año pasado.

    En su intervención Verónica Murguía recordó en el Primer Coloquio de Literatura Infantil y Juvenil en FILUNI que Jorge Luis Borges, casi en su mayoría de edad, confesó su admiración por Kipling y su obra. También opinó que la literatura infantil y juvenil no es, como algunos esperan, un amansa niños. Con ese comentario recordaba a Christine Nöstlinger: «La literatura infantil no es una pastilla pedagógica envuelta en papel de letras, sino literatura, es decir mundo transformado en lenguaje».

    En ese mismo panel, el ilustrador Juan Palomino se refirió a los planes de lecturas que venden las editoriales a las escuelas, la importancia de las bibliotecas escolares rurales, la promoción y difusión de la literatura infantil y juvenil. En cuanto a las nuevas moralidades que rodean a la literatura infantojuvenil se preguntó ¿cómo deben ser los libros y de qué tienen que hablar cada vez? Pensemos que es una herramienta adoctrinadora, dijo. También hizo alusión a lo didáctico y artístico en los libros para niños, dos caminos necesarios. Asimismo, al tratar de establecer los límites de un libro para niños, afirmó: «Si un libro se cierra no es arte».

    En estos dos días del Coloquio muchas preguntas y respuestas quedaron flotando, entre ellas, las relacionadas con los prejuicios en la literatura infantil y juvenil y el adultocentrismo. Otro autor mexicano muy reconocido, Antonio Ramos Revilla, mencionó dos caminos: la literatura para niños que asume la pedagogía y la que se escribe sin esta ideología, al tiempo que dejó claro su convencimiento de que cualquier tema puede ser tratado. ¿Hay que hacer caso omiso a las violencias, a los entornos del país?, ¿qué pasa cuando los niños preguntan algo y no reciben respuesta?, se preguntó. Por otro lado, la autora multipremiada Marta Rivas alertó que «perder la capacidad de narrar es una muerte simbólica». Cada autor habló de sus libros y procesos de escritura. De forma coincidente identificaron como otro de los problemas que enfrenta la literatura infantil y juvenil en la actualidad es la censura que sufren los escritores para niños para formar parte de las narrativas que se comercializan a los colegios.

    Libros, migración, movilidad, desplazamiento de niñas, niños y jóvenes por América Latina

    Un libro destacó en el centro de un stand con el título Migración temprana. Movilidad y desplazamiento de niñas, niños y jóvenes por América Latina, coordinado por Alberto Hernández y Jhonnatan Curiel y publicado por El Colegio de la Frontera del Norte. Lo tomé en la mano y le hice fotos a cubierta y contracubierta. En el libro participan especialistas de Uruguay, Brasil, Colombia, El Salvador, Honduras y México. Los capítulos, indica la nota de contracubierta, contribuyen a la comprensión de las motivaciones y contextos específicos que introducen a estas poblaciones en los flujos migratorios, e igualmente dan cuenta de los impactos y retos en materia de atención y protección a las personas en condición de movilidad. También era un libro para fichar y tener en la biblioteca personal.  

    Después me detuve en el Instituto Nacional Electoral de México, puso a disposición de los lectores en FILUNI una serie de libros para niños, niñas y jóvenes sobre la diversidad cultural. Allí atendían un señor y una señora. Después de revisar los libros me dijeron escoja dos títulos, y firme aquí. ¿No puedo escoger tres? No se preocupe, dijo la señora, los puede descargar gratis desde nuestra página.

    Escogí La hamaca roja, porque la señora me explicó que tenía que ver con el respeto a las mujeres y la mujer afrodescendiente; y el señor me mostró el libro #Megusta sobre la relación de las infancias con las nuevas tecnologías y el ciberbullyng. Después que escogí aquellos dos quise llevarme Migración y mestizaje: Una misma familia, texto de Felipe Garrido con ilustraciones de Mauricio Gómez Morín, pero me daba pena.

    Hojeando Migración y mestizaje encontré un fragmento que me llamó la atención y le hice una foto:

    «En el primer tercio del siglo XX México recibió a refugiados que venían huyendo de la recién formada Unión Soviética. El más célebre de todos, León Trotsky. Entre 1938 y 1940 llegaron más de 700 mil inmigrantes judíos, alemanes e italianos que huían de las dictaduras fascistas en Alemania e Italia. En 1954 fueron guatemaltecos que huían de su guerra civil, y estadunidenses perseguidos por el macartismo. Entre 1970 y 1990 México recibió a miles de argentinos, chilenos, peruanos, colombianos, guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses, perseguidos en sus países. Y en los ochentas y los noventas fueron cubanos, coreanos, rusos y ciudadanos de las exrepúblicas soviéticas. Los mexicanos habían salido antes, durante la Revolución, y buscaron refugio sobre todo en España y en los Estados Unidos».

    Después de salir de aquel stand, me senté en el café a la izquierda de FILUNI y busqué el libro y lo descargué.  En una búsqueda rápida por internet encontré el informe «El rostro cambiante de la niñez migrante en América Latina y el Caribe: una región como ninguna otra», elaborado por Unicef, donde alerta que el grupo más numeroso de niños, niñas y adolescentes migrantes está conformado por menores de 11 años, el cual representa hasta el 91 por ciento de los infantes desplazados en algunos puntos clave de tránsito. También advierte que «nunca antes los niños y adolescentes están cruzando múltiples fronteras con o sin sus padres o tutores en busca de mejores oportunidades y protección». Guardé la dirección para leer con detenimiento.

    Fanuel Hanán Díaz: «la migración es un tema en la literatura infantil y juvenil que permite construir la noción del otro«.

    Sin embargo, me quedé pensando, allí sentado, mientras tomaba un café que a lo largo de la historia de la LIJ, desde los clásicos hasta nuestros días, se ha abordado la migración y el exilio. Según el investigador Fanuel Hanán Díaz, en uno de mis apuntes en mi agenda, «la migración es un tema en la literatura infantil y juvenil que permite construir la noción del otro». Además, agrega que «los libros infantiles sobre migración y refugio son una gran herramienta para que los más pequeños de la casa puedan acercarse a realidades que desconocían y, al mismo tiempo, puedan empatizar con ellas a través de historias inspiradas en niños y niñas que se han visto obligados a abandonar sus hogares».

    Aunque no estaban en FILUNI, ni se mencionaron en el Primer Coloquio de Literatura Infantil, recordé también que En La noche más noche, el escritor cubano Sergio Andricaín narra la travesía por alta mar de una familia que decide abandonar su país de origen. Madre y padre ponen en riesgo la vida del niño. En la historia el niño pierde a su padre y al mismo tiempo describe la separación y la pérdida signada por el afán paterno de llegar a la otra orilla. Otra creadora que había conocido en persona y su obra, y se ha adentrado en estos temas, es la periodista colombiana Pilar Lozano, quien narra en algunos de sus libros como los infantes colombianos tienen que abandonar sus espacios familiares y de infancia debido a los desplazamientos forzados por la guerra.

    Tráfico de personas, exilio, infancia…

    Al principio M. creyó que su padre se había marchado al oriente del país para trabajar, pero luego comprendió que se había ido más lejos para que su vida mejorara. Sácame de aquí, quiero irme de Cuba, le pidió un día a través de una videollamada. Evidentemente, M. comunicaba al padre un deseo que no era propio. Tampoco supo que su padre estuvo expuesto al tráfico de personas, a la violencia y la muerte, que debió trabajar a deshoras para comprarle una tableta que apenas duró un mes en sus manos de niño impaciente. Tienes que venir a firmar mi autorización, le exigió M. a su papá, aunque tampoco sabía lo que decía. Su padre regresó a firmar aquel documento que permitía a la madre sacarlo legalmente del país.

    El viaje de regreso del padre fue corto, le trajo pulóveres y zapatos que pronto no podría usar porque crece muy rápido, y firmó los documentos. Luego volvió a marcharse y hablaron otra vez por videollamadas. M. tampoco supo que su padre debió cruzar una nueva frontera para comenzar su vida en un nuevo país.

    Al preguntarle si extrañaba al padre M. dijo que sí. Lo dijo sin palabras, con un ligero movimiento de cabeza, y se fue corriendo a jugar al patio. M. no puede intuir que la emigración es difícil para el que se queda y para el que se marcha.

    Ida Vitale, de poeta a mediadora de lectura en FILUNI

    Yo quise ir a ver a Ida Vitale. La noticia de que iba a estar en FILUNI, era una de mis mayores motivaciones. Pero no pude estar para ver sus ojos y sus manos, escuchar su voz. Me quedaba otra vez recurrir a las transmisiones de TV UNAM.

    Ida Vitale llegó con 101 años. Había regresado al país que la acogió casi media vida de exilio. Con Luis García Montero y Rosa Beltrán sostuvieron un diálogo. Me llamó la atención la lucidez con la que Ida enlazaba las palabras y leía su poesía. Pero hubo para mí un momento especial donde la poeta asumió el papel de mediadora de lectura para advertir:

    «A las mamás presentes con niños en edad de ser estropeados les sugiero que dejen que lean, que elijan; que lean, aunque no sean cosas para ellos. Yo creo que no hay nada que sea más necesario que leer cosas que uno no entiende, a veces que intuye, que no hay que preguntar. Eso también se da. Los niños no son tontos. Saben cuándo hay una frontera por ahí, más o menos irregular, pero frontera. Y creo que no hay que prohibirle leer nada».

    Para dar cuerpo a sus palabras Ida Vitale recurrió al recuerdo de cuando leyó a Gabriela Mistral, no entendió nada, sin embargo, le gustó muchísimo. «No hay nada más tentador que un límite. Si la cosa es complicada ya se preguntarán, y ya el padre se las arreglará para explicar a medias o como pueda, lo que de repente no debería de ser leído».

    No vi la charla de Ida Vitale en vivo. La vi unos días después, casi al terminar FILUNI. Mientras veía a Ida buscaba también parte de su poesía, recordaba algunos textos que había leído de su exilio en México. ¿Cómo serían para ella sus primeros días? Aquellos días de dejar lo suyo y recomenzar, cómo la poesía era salvación y destino, denuncia.  Ida me hizo poner mi cabeza sobre la mesa y cerrar los ojos, recordar aquellos días en que yo también tuve que dejarlo casi todo y traerme un poco de poesía y libros. Recordé a M. De estas cosas no sabe aún, aunque repita lo que dicen los mayores.

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    Yunier Riquenes García
    Yunier Riquenes García

    Master en Estudio en Lengua y Discursos, Universidad de Oriente, 2022. Doctorando en Ciencias Lingüísticas y Literarias, Universidad de Oriente. Doctorando en Letras Modernas, Universidad Iberoamerica de México. Licenciado en Letras (2006). Cofundador de Claustrofobias Promociones Literarias con Naskicet Domínguez Pérez.

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