La igualdad racial en la literatura infantil cubana

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    Escrito por Luis Cabera Delgado

    “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro…” afirmó Martí en su artículo “Mi raza” publicado el 16 de abril de 1893 en el periódico Patria. Dos años antes, en su transcendental ensayo “Nuestra América”, había aseverado: “No hay odio de razas, porque no hay raza”. (Martí, 1891, p.22)

    Los escritores cubanos, fieles herederos de los idearios martianos no hemos sido reacios a transmitir, en nuestros libros dirigidos a los niños lectores, el valor de la dignidad humana, independiente del color de la piel de las personas y a repudiar las actitudes discriminatorias de carácter racial.

    Es el propio Martí quien en la literatura infantil inicia el tema con su cuento “La muñeca negra”. La profesora de la Universidad de Carolina del Norte Ann González (2009), refiriéndose a este texto, “enfatiza la creencia del autor en la igualdad racial”, y cita a Pozo Campos cuando dice que en él, Martí, mostró “amor ante todo hacia el hombre sin distinción de clase o color”. (p.65)

    En la época republicana pocos libros se publicaron para niños, uno de ellos, y según Montero (1989,) “el mejor de la etapa lo fue Cuentos de Apolo” (p. 32), cuyo protagonista es un niño negro de origen muy humilde que vive en un pueblo semi rural de las cercanías de La Habana, con quien, gracias a sus aventuras, el pequeño lector se identifica rápidamente. Portuondo y Novás Calvo (citado en Herrera 2010) consideran este texto un clásico de la literatura infantil y juvenil cubana debido, entre otras razones, “por su visión humanista y desprejuiciada de la realidad social”. (p. 677).

    Tratando de seguir un orden cronológico, me referiré a un libro que no fue pensado para los jóvenes lectores, pero del cual, ellos se apropiaron: Ponolani (1966).  Motivada por los dolorosos relatos de una esclava, que, según las propias palabras de la autora, le descubrieron los males del racismo, Dora Alonso escribe este conjunto de cuentos por el que recibe una mención en el Premio Casa de las Américas de 1962. Refiriéndose al libro, Jorge Cardoso (1966) expresó: “La poesía tiene en su suave voz de evocada ternura, una acusación profunda en el crimen de la trata cometida”. (pp. 7-10)

    En 1976, se publica Román Elé, segundo Premio Casa de las Américas de Nersys Felipe, una novela con visos románticos motivados por la relación de su protagonista, un niño negro, con Crucita, una niña que “estudia en el colegio de las monjas” (…) (…) donde no sientan a los blancos con los negros”. (p. 15). Según Elizagaray (1981), en este libro hay una educación sentimental “que transcurre por un camino de corazón, que los hace imborrables y los graba en lo más recóndito de nuestra alma”(p. 47)

    Un protagonista semejante al Apolo, de la Perera, aparece en 1984 en Cuentos de cuando La Habana era chiquita, de Antonio Orlando Rodríguez, libro que había sido merecedor del Premio Ismaelillo de la Uneac en 1979. En este caso se trata de Pitirre, un niño negro y libre que recorre calles y plazas para aportar una vívida pintura del ambiente popular habanero de mediados del siglo XIX con incursiones retrospectivas a momentos importantes de la historia de Cuba, como lo fueron las rebeliones antiesclavistas al principio de ese siglo.

    En 1985 publico mi primer libro: Antonio el pequeño mambí, libro que, según criterio del crítico Joel Franz Rosell (1986), “logra ofrecer, con modestos y nada épicos datos, el proceso de integración de los rasgos que caracterizan al inmortal mambí” (pp.  81-82), entre ellos, su actitud cuando a puños repele la ofensa racista hecha a un amiguito; valor que le inculca y en su momento apoya la madre, escena en la que me valgo de una imagen de Martí cuando describió a Mariana Grajales.

    Gracias al Premio David, en 1998 sale un nuevo libro que aborda el tema de la discriminación racial, con la característica de que su trama se desarrolla en el presente de Cuba; se trata de Cartas al cielo, de Teresa Cárdenas. Esta autora ha sido prolífica en abordar asuntos relacionados con vida del hombre negro; en 2006 publica Tatanene Cimarrón, una novela que retoma el manejo de la línea de nuestros ancestros africanos y su valiente lucha contra la esclavitud y la discriminación, contada a través de una relación establecida entre una niña y un anciano que favorece a ambos. Y por último Perro viejo, libro premiado en 2005 en el concurso de Casa de las Américas, donde vuelve a la perspectiva de un viejo esclavo que va contando su vida en un continuo trenzar de pasado y presente, sin en el sentimentalismo melodramático que caracteriza a Cartas al cielo.

    En Paquelé (2000) de Julio Llanes, se hace presente por primera vez, como protagonista, un adolescente esclavo; este es calesero de una familia rica de Sancti Spíritus, en una época de agudos conflictos políticos (los albores de la Guerra de los Diez Años) que coadyuvan a formar la identidad de hombre, cubano y amante de la libertad de este encantador personaje. Para Herrera (2001), esta novela “refulge, en toda su hondura y dignidad, el legado cultural africano”, (pp. 53-54) y según su nota de contra cubierta “es un libro sobre la esclavitud y el odio de razas; pero también sobre el amor, el apego a nuestras raíces, la amistad y la solidaridad humana”.

    Una década después de Paquelé, en 2010, llega a las librerías cubanas el libro de Joel Franz Rosell La leyenda de Taita Osongo, que había sido publicado con anterioridad en Francia (2004), en México (2006) en una primera versión en español, y en Brasil (2007), traducida nuevamente, en este caso al portugués. Esta novela se desarrolla en Cuba y África a comienzos del siglo XIX y cuenta el destino de un rey africano devenido esclavo y luego cimarrón, así como del imposible amor entre su hijo y la blanca y rica hija del amo.

    De esta obra, Espinosa (2017) ha dicho:

    Franz Rosell demuestra que la literatura para niños y adolescentes no tiene por qué esquivar asuntos que, de entrada, resultan especialmente dolorosos. Pero las intenciones que lo animaron no fueron las de escribir una novela histórica, ni tampoco una obra didáctica (…) toca las problemáticas de la esclavitud y el racismo sin las intenciones pedagógicas y morales que suelen lastrar tanto libro sobre este y otros temas importantes. 

    Libro en el que, según criterio de Herrera (2010) para otros muchos títulos de este autor, “el símbolo y la metáfora son elementos estructurales de la narración”. (pp. 793-794), amén de la prosa depurada y la poesía de la leyenda que nos inventa, lo hacen un texto de indudable belleza.

    Y de poesía es todo el libro de Excilia Saldaña La Noche (1992); lirismo que, a través de sus páginas, y de su propio título, revaloriza lo negro, para despojarlo del significado social que tradicionalmente se le atribuye y darle un nuevo valor de belleza; entre los muchos mensajes de hondura ético filosófica y patrióticos que contiene, no podía faltar uno referente a la igualdad de las razas, y es cuando en “Koloríkamo” expresa:

    Blanco sobre blanco, blanco sobre negro, negro sobre blanco, negro sobre negro: ya no: La patria patria un solo hombre., la patria patria un corazón.

    Nicolás Guillén también se valió de la poesía para plantear sus principios de igualdad racial, y, de manera especial para los más jóvenes lectores, lo encontramos en Poema con niños, incluido en su libro El son entero. Suma poética (1947).

    Al negro de negra piel / la sangre el cuerpo le baña; / la misma sangre corriendo, / hierve bajo carne blanca. (…) ¡Ay del que separa niños, / porque a los hombres separa! (pp. 158-159).

    Y de nuevo este autor aborda el tema en el poema Dos niños, incluido en su libro West Indies Ltd. (1952).

    Uno negro, otro blanco. / Sus cabezas unidas está sembradas de piojos: (…)

    Dos manos: una negra, otra blanca. (p. 72)

    A inicio del siglo XXI, Marcia Jiménez Arce, nos remotade nuevo a la época de la esclavitud para en Nicoco, el tamborero (2005),tramar una novela de búsqueda y crecimiento ante la injusticia; como en su momento lo fue Ruandi (1981), de Gerardo Fulleda León.

    Un interesante conflicto racial nos lo presenta Nelson Simón en su libro De magia dos cucharadas (2011), donde Buganvil, una niña blanca, acude a la fantasía para que cesen los malos entendidos que sufre por tener una abuela negra. En esta obra se cumple lo que expresara Herrera (2010) para toda la obra de Nelsón Simón: “La exigencia estética está siempre al servicio de una eficaz comunicación con el niño y de la transmisión de mensajes implícitos de universal humanismo”. (p. 849).

    Muerto por Carol (2014), de Lidia Meriño, novela que un año antes resultara ganadora del Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, con la efectiva originalidad de trabajar con personajes niños actuales, vuelve a la relación amorosa entre individuos de diferentes razas, en las que Rito, su protagonista, un niño blanco, debe enfrentar las trabas de la intolerancia en el amor que siente por Carol, quien “parecía una flor negra brotando iluminada, en el umbral”. Según Domínguez (2014), la propuesta de este libros es “poética y emancipadora, pues como sugiere: el amor tiene el color de los sueños más diversos, más libres, más auténticos“.

    En los últimos tiempos han aparecido libros que, sin estar enfocados en los problemas relacionados con el racismo, nos muestran personajes negros o mestizos poseedores de características positivas y simpáticas, con los que el pequeño lector se va a identificar con facilidad; es el caso del inteligente y eficiente Yauri, miembro de la patrulla Los vigilantes, que apareció por primera vez en El secreto del colmillo colgante (1983), y que vuelve en otras varias novelas de Joel Franz Rosell; de este autor es también Carbó, integrante de otro grupo de niños que investigan en Mi tesoro te espera en Cuba (2002);  lo son también la encantadora pareja de Lilo y Nanana, con su hermosa historia de amor aparecida en un cuento, con el nombre de los protagonistas,  en el libro Cuentos del buen y mal amor (2008), texto con el que Nelson Simón había obtenido el Premio La Edad de Oro en 2007 y que a su publicación se le otorgó el Premio de la Crítica;  está Roly, el poeta negro, personaje de Marité y la Hormiga Loca (2007) de Eldys Baratute; no puedo dejar de mencionar a Cuasi, el extraordinario personaje de Mildre Hernández, que hizo su aparición en Es raro ser niña (2008)y ha protagonizado otros libros de esta autora: Una niña estadisticamente feliz (2014), Mi mamá está en la cocina (2016), Mi abuela es un primor (2017), La voz Cuasi (2018) y Mi papá salió del clóset (Capiro, 2019) ; y por último menciono a la  Loranyerí o L´Orangerie Mwami, de Heptalón para princesas, Premio La Edad de Oro 2010, de Noël Castillo (2011).

    En mi libro Catalina la maga (1998) hay un pasaje al que quisiera referirme para terminar mi exposición, pues en él se mezclan los símbolos principescos con la raza. Manuela, la hermana de la protagonista, llora porque quiere ser princesa, pero según ella, en los libros “las princesas son blancas, rubias y con ojos azules. Catalina le lanza al librero su fórmula mágica de “cada cabra, pata cadabra” para que el capítulo termine de esta manera:

    Desde entonces hay libros de cuentos que dicen:  Había una vez una princesa muy bonita. Era negra como el carbón, tenía los labios grandes y una pasa apretadita y pegada al cráneo…” (p. 26)

    La praxis nos demuestra que en la literatura infantil cubana la razón del color de la piel no excluye a féminas bellas, valientes héroes, hombres hermosos y espirituales, niñas decididas e independientes, personajes inteligentes y de alta eticidad, a los cuales el joven lector no rechazará y con cuyos valores se podrá sentir identificado; a la par que se combate y crítica la esclavitud negra y las formas discriminatorias de índole racial de todas las épocas.

    BIBLIOGRAFÍA

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