
La literatura infantil y juvenil latinoamericana continúa ampliando sus fronteras. Mientras países como Argentina, México, Colombia y Cuba han desarrollado en los últimos años un catálogo creciente de obras que abordan las diversidades sexuales y familiares, Uruguay presenta ahora una propuesta que busca abrir ese camino desde una perspectiva amplia e interseccional. Infancias invisibles, compilado por Dinorah López Soler y Eldys Baratute, nace con el propósito de ofrecer historias donde niñas, niños y adolescentes puedan reconocerse y, al mismo tiempo, descubrir la experiencia del otro. Desde las primeras páginas, el prólogo deja clara la vocación del libro: «dejarle como legado a las infancias la idea de que el mundo encierra dentro de sí todos los mundos posibles», porque cada una de esas individualidades «merece —necesita— respeto, convivencia en armonía». Ese es, escriben sus compiladores, el motivo por el cual decidieron hacer realidad este proyecto: «sembrar empatía, amor».
La publicación, realizada con el apoyo del Fondo Marielle de la Intendencia de Montevideo, entiende la literatura como un espacio para visibilizar aquello que suele permanecer fuera del centro de la representación. El prólogo recuerda que el Fondo surgió para respaldar iniciativas que «desde la periferia, visibilizan realidades que están ahí, existen, son tangibles, pero se solapan con otras que, desde los centros de poder, resultan hegemónicas». A partir de esa reflexión, los compiladores lanzan preguntas que atraviesan todo el volumen: «¿Todas las infancias son iguales? ¿Todos tenemos el mismo nivel de acceso? ¿Todos somos asumidos de la misma forma?»
La idea inicial fue reunir relatos sobre la comunidad LGTBIQ+, un ámbito todavía escasamente explorado en la literatura infantil y juvenil uruguaya. «Aunque es un tema que mucho se ha tratado (…) en Argentina, México, Colombia y Cuba, aún en Uruguay el acercamiento ha sido demasiado tímido», señalan. Y añaden una afirmación que resume el punto de partida de la antología: «han sido muy pocas las historias para niñas, niños, adolescentes y jóvenes con un acercamiento a esta temática».
Sin embargo, el proceso de creación amplió los horizontes del proyecto. Los talleres del Fondo Marielle permitieron identificar otras experiencias igualmente urgentes de narrar: las infancias migrantes, afrodescendientes y descendientes de pueblos originarios. Como recuerdan López Soler y Baratute, «esas infancias también merecían aparecer en nuestra compilación», porque la identidad uruguaya se ha construido precisamente desde el encuentro de múltiples herencias culturales. La antología asume además una mirada interseccional sobre la discriminación. «No son excluyentes las exclusiones, por el contrario, suman motivos», afirman los compiladores, al explicar cómo una misma niña o un mismo niño puede enfrentar simultáneamente distintas formas de violencia o invisibilización. Por eso, advierten, cuando una sociedad consigue volver invisible al otro, «la infancia ya no será un sitio cómodo y abrigado, sino un páramo».
«Infancias invisibles no es una simple compilación de cuentos; es una declaración ética y estética sobre el papel fundamental de la literatura infantil y juvenil (LIJ) en la construcción de una sociedad más justa y empática. Al abordar temas como la discriminación racial, la emigración y la diversidad LGTBIQ+, invitamos a un ejercicio de visibilidad y reconocimiento. Toda la literatura infantil funciona como un espacio para “nombrar lo innombrable”, tal como postula Michèle Petit al referirse al papel del libro como refugio y herramienta para afrontar la diversidad».
Lejos de quedarse en el diagnóstico, Infancias invisibles reivindica el poder reparador de la literatura. «Hay una intención (…) de regalar un poco de compañía con este libro. De mostrar que no estamos tan solos y que otros son un poco iguales a nosotros», escriben sus autores. Esa voluntad de acompañar se convierte también en una invitación al reconocimiento mutuo y a la construcción de la empatía.
El prólogo sitúa además la compilación dentro de las discusiones contemporáneas sobre la literatura infantil. Recupera la idea de Michèle Petit de que los libros permiten «nombrar lo innombrable» y dialoga con el concepto de «ventanas y espejos» formulado por Rudine Sims Bishop: espejos para quienes necesitan verse representados y ventanas para quienes desean comprender otras experiencias de vida. Desde esa perspectiva, los cuentos reunidos en el volumen trascienden el entretenimiento para convertirse en herramientas de reconocimiento, memoria y transformación social. Con la participación de escritoras, escritores, ilustradoras, ilustradores, investigadores y activistas de Uruguay, Cuba y Argentina, Infancias invisibles se suma a un movimiento latinoamericano que apuesta por ampliar los imaginarios de la infancia. Como concluyen Dinorah López Soler y Eldys Baratute, el libro nace de la certeza de que «lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene» y de que todas las niñas y todos los niños «tenemos el derecho a ser parte de ese contenido».
Dinorah López Soler y Eldys Baratute: los compiladores de Infancias invisibles
La antología fue compilada por Dinorah López Soler y Eldys Baratute, dos autores con una amplia trayectoria en la literatura infantil y juvenil y en la promoción de la lectura. López Soler ha desarrollado un sostenido trabajo como escritora, investigadora y mediadora cultural en Uruguay, mientras que Baratute, narrador cubano, ya había publicado en Cuba, junto al escritor Enrique Pérez Díaz la selección Mariposas en el estómago, con autores cubanos. Baratute, reconocido como uno de los escritores más destacados de su promoción en la isla, ha publicado libros para niñas, niños, adolescentes y adultos, además de impulsar numerosos proyectos de formación de lectores y promoción literaria dentro y fuera de Cuba. Ambos han dedicado parte de su labor a explorar el papel de la literatura como espacio de inclusión, memoria y construcción de ciudadanía.
En Infancias invisibles, esa experiencia converge en una propuesta colectiva que reúne a escritoras, escritores, ilustradoras, ilustradores, investigadoras, investigadores y activistas de Uruguay, Cuba y Argentina. El volumen no solo amplía el panorama de la literatura infantil y juvenil uruguaya al incorporar relatos sobre diversidad LGTBIQ+, migración, afrodescendencia y pueblos originarios, sino que también reafirma el compromiso de sus compiladores con una literatura capaz de generar diálogo, reconocimiento y empatía desde las primeras edades.


