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¿Qué dice “Palabras a los intelectuales”?

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    Al contrario:   le pedimos al artista que desarrolle hasta el máximo su esfuerzo creador.  Queremos crear al artista y al intelectual esas condiciones.  Porque si estamos queriendo crearlas para el futuro, ¿cómo no vamos a quererlas para los actuales artistas e intelectuales?

    Les estamos pidiendo que las desarrollen en favor de la cultura precisamente y en favor del arte, en función de la Revolución, porque la Revolución significa precisamente más cultura y más arte.  Les pedimos que pongan su granito de arena en esta obra que, al fin y al cabo, será una obra de esta generación.

    La generación venidera será mejor que nosotros, pero nosotros seremos los que habremos hecho posible esa generación mejor.  Nosotros seremos forjadores de esa generación futura.  Nosotros, esta generación, sin edades, no es cuestión de edades.  ¿Para qué vamos a entrar a discutir ese problema tan delicado?  (RISAS.)

    Es que cabemos todos.  Porque esta es obra de todos nosotros:  tanto de los “barbudos” como de los lampiños; de los que tienen abundante cabellera, o de los que no tienen ninguna, o la tienen blanca.  Esta es la obra de todos nosotros.

    Vamos a echar una guerra contra la incultura; vamos a librar una batalla contra la incultura; vamos a despertar una irreconciliable querella contra la incultura, y vamos a batirnos contra ella y vamos a ensayar nuestras armas.

    ¿Que alguno no quiera colaborar?  ¡Y qué mayor castigo que privarse de la satisfacción de lo que se está haciendo hoy!

    Nosotros hablábamos de que éramos privilegiados.  ¡Ah!, porque habíamos podido aprender a leer y a escribir, ir a una escuela, a un instituto, ir a una universidad, o por lo menos adquirir los rudimentos de instrucción suficientes para poder hacer algo.  ¿Y no nos podemos llamar privilegiados por estar viviendo en medio de una revolución?  ¿Es que acaso no nos dedicábamos con extraordinario interés a leer acerca de las revoluciones?  ¿Y quién no se leyó con verdadera sed las narraciones de la Revolución Francesa, o la historia de la Revolución Rusa?  ¿Y quién no soñó alguna vez en haber sido testigo presencial de aquellas revoluciones?

    A mí, por ejemplo, me pasaba algo.  Cuando leía la Guerra de Independencia, yo sentía no haber nacido en aquella época y me sentía apenado de no haber sido un luchador por la independencia y no haber vivido aquella historia.  Porque todos nosotros hemos leído las crónicas de la guerra y de la lucha por la independencia con verdadera pasión.  Y envidiábamos a los intelectuales y a los artistas y a los guerreros y a los luchadores y a los gobernantes de aquella época.

    Sin embargo, nos ha tocado el privilegio de vivir y ser testigos presenciales de una auténtica revolución, de una revolución cuya fuerza es ya una fuerza que se desarrolla fuera de las fronteras de nuestro país, cuya influencia política y moral está haciendo estremecer y tambalearse al imperialismo en este continente (APLAUSOS).  De donde la Revolución Cubana se convierte en el acontecimiento más importante de este siglo para la América Latina, en el acontecimiento más importante después de las guerras de independencia que tuvieron lugar en el siglo XIX:  verdadera era nueva de redención del hombre. 

    Porque, ¿qué fueron aquellas guerras de independencia sino la sustitución del dominio colonial por el dominio de las clases dominantes y explotadoras en todos esos países?  y nos ha tocado vivir un acontecimiento histórico.  Se puede decir que el segundo gran acontecimiento histórico ocurrido en los últimos tres siglos en la América Latina, del cual los cubanos somos actores.  Y que mientras más trabajemos más será la Revolución como una llama inapagable, y más estará llamada a desempeñar un papel histórico trascendental.

    Y ustedes, escritores y artistas, han tenido el privilegio de ser testigos presenciales de esta revolución.  Cuando una revolución es un acontecimiento tan importante en la historia humana, que bien vale la pena vivir una revolución aunque sea solo para ser testigos de ella.  Ese también es un privilegio, que los que no son capaces de comprender estas cosas, los que se dejan tupir, los que se dejan confundir, los que se dejan atolondrar por la mentira, pues renuncian a ella.

    ¿Qué decir de los que han renunciado a ella, y qué pensar de ellos, sino con pena, que abandonan este país en plena efervescencia revolucionaria para ir a sumergirse en las entrañas del monstruo imperialista, donde no puede tener vida ninguna expresión del espíritu?

    Y han abandonado la Revolución para ir allá.  Han preferido ser prófugos y desertores de su patria a ser aunque sea espectadores.

    Y ustedes tienen la oportunidad de ser más que espectadores:  de ser actores de esa revolución, de escribir sobre ella, de expresarse sobre ella.

    ¿Y las generaciones venideras qué les pedirán a ustedes?  Podrán realizar magníficas obras artísticas desde el punto de vista técnico.  Pero si a un hombre de la generación venidera le dicen que un escritor, que un intelectual —es decir, un hombre dentro de 100 años— de esta época vivió en la Revolución indiferente a ella y no expresó la Revolución, y no fue parte de la Revolución, será difícil que lo comprenda nadie, cuando en los años venideros habrá tantos y tantos queriendo pintar la Revolución y queriendo escribir sobre la Revolución y queriendo expresarse sobre la Revolución, recopilando datos e informaciones para saber qué pasó, cómo fue, cómo vivían.

    En días recientes nosotros tuvimos la experiencia de encontrarnos con una anciana de 106 años que había acabado de aprender a leer y a escribir, y nosotros le propusimos que escribiera un libro.  Había sido esclava, y nosotros queríamos saber cómo un esclavo vio el mundo cuando era esclavo, cuáles fueron sus primeras impresiones de la vida, de sus amos, de sus compañeros.

    Creo que puede escribir una cosa tan interesante que ninguno de nosotros la podemos escribir.  Y es posible que en un año se alfabetice y además escriba un libro a los 106 años —¡esas son las cosas de las revoluciones!— y se vuelva escritora y tengamos que traerla aquí a la próxima reunión (RISAS y APLAUSOS).  Y entonces Walterio tenga que admitirla como uno de los valores de la nacionalidad del siglo XIX (RISAS Y APLAUSOS).

    ¿Quién puede escribir mejor que ella lo que vivió el esclavo? ¿Y quién puede escribir mejor que ustedes el presente?  y cuánta gente empezará a escribir en el futuro sin vivir esto, a distancia, recogiendo escritos. 

    Y no nos apresuremos en juzgar la obra nuestra, que ya tendremos jueces de sobra.  Y a lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos elaborado aquí.  Teman a otros jueces mucho más temibles:  ¡Teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra! (OVACION.)

    FUENTE: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f300661e.html

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    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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