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Poesía para niños en Cuba: deuda de hispanidad

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    Escrito por Olga Marta Pérez

    Este artículo se publicó primero en la revista Unión, No.63-64/2006

    GENERALIDADES

    José Martí en el siglo pasado escribió:

    ¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? Hay gente de tan corta vista mental, que cree que toda la fruta se acaba en la cáscara. La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues esta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquella les da el deseo y la fuerza de la vida.1

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    Revista de literatura y arte Número: No. 63/64 / Julio-Diciembre de 2006 Director: Enrique Saiz Subdirector: Horacio García Brito Editora: …
    Encuadernación

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    N° de páginas

    96

    Textos como estos son los que nos explican la razón por la que existe aún la poesía y por la que los hombres, las mujeres y los niños leen poesía; y aunque nos lleguen noticias desalentadoras acerca del bajo índice de venta de los libros de poesía, no debemos rendimos, y no hay nada mejor que enseñar a los futuros hombres y mujeres, es decir a los niños de hoy, el gusto por la poesía.

    No debe temerse a enfrentar al niño a un texto poético, un texto de verdad, alejado de ñoñería e infantilismos fatuos, no pretendamos que el niño entienda totalmente un texto poético, si eso no ocurre ni siquiera con nosotros, porque ella ha de mantener ese carácter sugeridor que le es esencial, al tiempo que se nos presenta con una vida autónoma, independiente del autor y del lector.

    La poesía se escribe con palabras, es algo más que la asociación gramatical, lógica o sicológica de conceptos; la poesía trabaja con las connotaciones de las palabras, con sus implicaciones lingüísticas y fónicas, y también con lo que se dice implícita o explícitamente. La poesía también y, sobre todo, se hace con ideas. A ello se suman las evocaciones, las asociaciones de diversos grados y todos aquellos sentidos figurados del orden simbólico para una cultura, nacionalidad o personalidad artística determinadas.

    Dora Pastoriza, especialista argentina, afirma: No interesa pues que el niño entienda la poesía en su significado para tocar la sensibilidad del niño (…) la poesía ha de ser para el niño, por encima de todo, deleite, vuelo, sugerencia…

    Es casi una verdad de Perogrullo que la poesía para niños exige la presencia de combinaciones métricas y rítmicas tradicionales; entre otros argumentos podríamos aducir como facilidad para la memorización, la vinculación con lo lúdico, la cercanía al ritmo idiomático (octosílabo), la musicalidad dada por la métrica y la rima muy cercanas al canto.

    ANTECEDENTES

    Para ir a los orígenes de la serie infantil cubana, y por la cuestión que nos ocupa, la poesía para niños en Cuba, debemos remontarnos a principios del siglo xix, obviaremos los villancicos compuestos por el músico Esteban Salas, y tomaremos a dos poetas: José Manuel Zequeira y José María Heredia, quienes, si bien no escribieron para niños de manera específica, muestran poseer elementos que después pasarán al quehacer lírico de los que dedicaron su poesía a los pequeños.

    En los poemas de esta época prevalece el objetivo didáctico moralizante, que, con la influencia del neoclasicismo, llega a Cuba a través de Samaniego, Iriarte, Jovellanos y Moratín. Los dos poetas cubanos nombrados, son también influidos por los españoles.

    Desde el punto de vista formal ambos se nutren de las estructuras estróficas tradicionales españolas, es decir: las formas arromanzadas, la décima, la redondilla, la endecha real y el sexteto lira. En cuanto a los recursos estilísticos encontramos: la narración fabulada, las frases breves y sencillas para transmitir sentimientos delicados, el empleo del romancillo heptasílabo y elegancias del lenguaje como la anáfora, la semilicadencia y el polisíndeton, junto a otros elementos que favorecen, junto al ritmo y la musicalidad, la comunicación inmediata.2

    Zequeira, por ejemplo, tiene este romance de arte menor, hexasílabo:

    Yo vi cual se quejaba
    Un tierno corderillo
    De un lobo que a su madre
     Rozaba del aprisco:
     Yo lo vi junto a un tronco
    Con míseros balidos
     Quejarse a las estrellas
    Pidiéndoles su alivio:
     Contuso largo tiempo,
    Permanecía tranquilo,
     De su llorar cansado,
    De su pena abatido:
    Nada en fin consolaba
    Su mísero conflicto,
    Ni la sombra del bosque,
     Ni el agua de los ríos:
    Ni jugaba en el prado,
    Ni brincaba en los riscos,
    Aunque viera en las breñas
    Saltar los cabritillos:
    Después tomaba el llanto
    Con más roncos gemidos,
    Y el cavernoso monte
    Responde a su martirio.
    Y de este mismo modo
     Se queja un triste niño
    Llorando, Luis, la muerte
    En nombre del Hospicio.

    José María Heredia, que dentro del neoclásico ya anuncia con mucho el período romántico, tiene en su haber versiones de fábulas, como esta en la que utiliza la décima:

    EL RUISEÑOR, EL PRÍNCIPE Y EL AYO

    El príncipe paseaba
    Con un ayo muy prudente
    Por un bosque, y casualmente
    Allí un ruiseñor cantaba,
    Y su canto le agradó.
    Luego cogerlo intentó
    Para llevarlo a enjaular,
    Mas no lo pudo lograr,
    Porque el pájaro se huyó.
    Dijo el príncipe indignado:
     -¿Por qué ese pájaro amable,
     De un canto tan apreciable,
    En el bosque está ocultado?
    Respondió el ayo: -Mi amado,
     Cuando lleguéis a reinar
    Esto os deberé enseñar
    Que el que es necio se presenta;
    El de mérito se ausenta,
    Y es preciso irlo a buscar.

    Cuando Se publican libros escolares, en ellos se incluyen poemas de diferentes autores que mantienen más o menos los perfiles del quehacer poético antes apuntados, aunque ya dirigidos específicamente a un público lector: el niño, pero tienen un escaso valor literario.

    En realidad, en la Cuba del siglo XIX podemos hablar de poesía para niños con un poeta esencial y que resultó paradigmático para toda la creación posterior en este sentido: José Martí. No sólo debemos tener en cuenta los pocos poemas que aparecen en La Edad de Oro, también está su libro Ismaelillo y parte de Versos sencillos. Hablando de la narración en el romance, en Martí lo reencontramos, por ejemplo, en su poema, “Los dos príncipes”. Pero lo popular español es aquí punto de partida, origen, fecundador, tanto por el ambiente, el asunto, el desarrollo y el propio molde estrófico:

    Romance (versos octosílabos asonantados, que se aviene al tema de reyes, príncipes y vida bucólica), Chacón y Calvo señaló que se reviven aquí los temas del romancero.

    Marinello afirma de manera categórica que, en “Los dos príncipes”:

    En Ismaelillo, los cantos paternales de Lope de Vega, y las endechas de Meléndez y Valdés, están presentes en el tono y la actitud; a lo largo de este libro magistral y breve notamos que su filiación hispánica es de extraordinaria hondura. Sus antecedentes y confluencias hay que buscarlas en lo místico y lo popular, que se dan en las entrañas de la “invención clásica española”. Dice Marinello que “la fresca gracia de los villancicos, reaparece aquí, como estuvo en Lope, lo mismo que la ‘afinada pasión trascendente’ que nos dejaron Fray Luis de León y Santa Teresa, la tradición y la mística”.

    Desde el punto de vista formal, en el Ismaelillo predominan las formas del romance, un modo muy de pueblo y muy español. Veamos algunos de los poemas que aparecen en el libro Ismaelillo de José Martí:

    MI CABALLERO

    Por las mañanas
    Mi pequeñuelo me despertaba
    Con un gran beso.
    Puesto a horcajadas
    Sobre mi pecho,
    Bridas forjaba
    Con mis cabellos.
    Ebrio él de gozo,
    De gozo yo ebrio
    Me espoleaba
     Mi caballero:
    ¡Qué suave espuela sus dos pies frescos!
    ¡Cómo reía mi jinetuelo!
    Y yo besaba Sus pies pequeños,
     ¡Dos pies que caben en solo un beso!

    MI DESPENSERO

    ¿Qué me das? ¿Chipre?
    Yo no lo quiero
    Ni rey de bolsa
    Ni posaderos
    Tienen el vino
    Que yo deseo;
    Ni es de cristales
    De cristaleros
    La dulce copa
    En que yo bebo.
    Mas está ausente
    Mi despensero
    Y de otro vino
    Yo nunca bebo.

    En cuanto al otro libro de Martí, Versos sencillos, sólo queremos señalar que la estrofa elegida es el cuarteto octosílabo, muy usado en España por gente de pueblo, pero también por escritores de la talla de Lope de Vega. Tomemos un ejemplo de este:

    Señales son del juicio
    Ver que todos lo perdemos;
     Unos por carta de más
    Y otros por carta de menos.

    Y de Martí:

    Yo vengo de todas partes
    Y hacia todas partes voy
    Arte soy entre las artes.
    Y en los montes, monte soy.

    En la primera mitad del xx, no se deja de escribir poesía para niños en Cuba, quizás podríamos recordar a Mercedes Borrero. Pero, en general, se produce para libros escolares primando así el elemento didáctico por encima del buen hacer lírico. Y un solitario ejemplo del buen hacer es, en 1936, René Potts, con su libro Romancero de la maestrilla, ganador, en un concurso del Lyceum de La Habana, cuyo jurado estuvo compuesto por Camila Henríquez Ureña, Juan Marinello y Manuel Bisbé.

    Pero desde José Martí, no vuelve a haber ejemplos paradigmáticos en el panorama de la poesía para niños, hasta que se publica, en 1-974, Juegos y otros poemas, de Mirta Aguirre y, en 1978, Por el mar de las Antillas anda Un barco de papel, de Nicolás Guillén.

    Ello no quita mérito a excelentes poemarios posteriores a los de Guillén y Mirta, como son: de Dora Alonso, Palomar (1979); El libro de Gabriela (1985) de Adolfo Martí Fuentes y Soñar despierto (1988) de Elíseo Diego; La noche(1989) de Excilia Saldaña, José Manuel Espino con su Barco de sueños (1995), Imágenes (1997) de Aramís Quintero.

    Pero como de lo que se trata aquí es de ver precisamente la hispanidad en la obra de poetas para niños, vayamos al libro de Mirta Aguirre (1912-1980), quien tenía una sólida formación humanística, profundos conocimientos de la poesía española, pues era una especialista en el Siglo de Oro español y en El Quijote. Cuando decide preparar su libro Juegos y otros poemas es evidente que, en cuanto a la forma, va a la fuente hispánica en la que tiene una sólida formación y de ella toma la gran variedad estrófica, va del cósante al zégel, de la décima al tradicional villancico.

    Ejemplos: Sinfín, villancico, p. 57; Cósante, p.29, Décima, p. 85; Zéjel, p. 91.

    En cuanto a los temas hispánicos resultan mucho más visibles, tanto por las claras dedicatorias o por las referencias dentro de los poemas, al tiempo de que para un lector adulto no escapan los lorquianismos, por ejemplo:

    Platero y Sancho en: Encuentro, p. 52;

    Don Quijote, en Estampa, p. 58;

    Recuerdo a Quevedo en Huerta, p. 72;

    Lorca en Aventura, 28 y también en Semana, p. 63;

    Alberti, en Perspectiva, 70;

    Góngora, Fanfarronería, p. 51;

    Juan Ruiz, en Historia, p. 53.

    Los amplios conocimientos de Mirta Aguirre acerca de la poesía española le permiten en este libro mostrar todo un arsenal de rimas y medidas, y lo hace con verdadera maestría, sin olvidar la musicalidad, el buen decir, la utilización de los recursos estilísticos: imágenes tiernamente sorprendentes como llamar a los páticos “madejas de pío”. La poesía de Mirta que deleita e instruye, que no teme enseñar fonemas o brindar una mirada lírica a la vida, es tan necesaria al niño como el alimento mismo.

    Ahora veamos a Nicolás Guillén (1902-1985) a quien quizás a muchos, dejados llevar por lo que caracterizó parte de su obra, la llamada poesía mulata, por incorporar elementos referidos al mundo de los negros en Cuba; sin embargo, nadie más cercano a la herencia española que el Poeta Nacional de Cuba y si este elemento es verdaderamente palpable es en su libro de poesía para niños Por el mar de las Antillas anda un barco de papel. Guillén, quien en su poesía para niños no incurre en didactismos y muchos menos duda de las capacidades del niño, asume lo mejor de la tradición poética de un modo audaz, muestra elementos referentes en cuanto a la forma, en cuanto al uso de recursos, que nos envían al Siglo de Oro, como en “Barcarola”, el uso del encabalgamiento: Del hondo cielo / cae, la noche / con su gran velo flotando / cae la noche / al mar! Entre los hallazgos formales que le atribuye Nancy Morejón a la poesía de Guillén está “un verso de molde clásico (el de la tradición poética hispánica ejercido por Góngora, Garcilaso y Quevedo, principalmente) en el que el yo poético no es un yo, sino un nosotros”.4

    Mirta Aguirre, por su parte, en un ensayo sobre Guillén afirmó:

    Veamos algunos ejemplos del maravilloso libro para niños de Guillén: ¿Quién?, Antología, p. 35; Que te corta corta, Ibidem, 36 Romance; ¿Quién eres tú?, p 34; Adelante elefante, distintas medidas y formas de rimar.

    En la poesía cubana para niños escrita con posterioridad, salvo Elíseo Diego y Aramís Quintero, hay un empeño por lograr variaciones rítmicas o de medidas, se utilizan fórmulas parecidas a los libros de Mirta y Guillén, aunque con nuevos elementos, pero el tener estos paradigmas ha obligado a los poetas posteriores a buscar una excelencia poética, un poner a prueba el oficio, independientemente de los temas, y del talento poético de los autores. Y además, los poetas españoles siguen influyendo más desde el punto de vista formal que en la utilización de elementos en el contenido, es decir la hechura de un romance y de alguna metáfora puede llevar al lector avezado a Lorca, pero cada vez es menos la referencia directa; pero la raíz hispánica es profunda, incuestionable, porque está en la formación misma de nosotros y es una influencia de la que no nos podemos sustraer.6

    Notas

    1. Cf. José Martí: Obras Completas. Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1964. Tomo 13, p. 135.
    2. José Antonio Gutiérrez: “Prehistoria de la serie literaria infantil cubana”. En revista En julio como en enero, Año 5, No. 9, noviembre de 1989/
    3. Juan Marinello: Prólogo a Poesía Mayor de José Martí. ICL, La Habana, 1973.
    4. Nancy Morejón. “Prólogo”. Selección de textos sobre Nicolás Guillén. Serie de valoración múltiple. Casa de las Américas, La Habana, 1974.
    5. Mirta Aguirre: “Maestro de poesía”, en Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén, Serie de valoración múltiple. Casa de las Américas, La Habana, 1974.
    6. Establecen la hispanidad en: estilo, uso estrófico, temas: don quijote, etc., presencia de poetas españoles de una u otra forma, ya sea por el estilo o porque se le refiere.

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