
Escrito por Angel Larramendi Mecias
“No puedo permitir que ninguna enfermedad, por peligrosa y grave que sea, me condene a la inercia y el ostracismo”. M. N. L
Hacia el oeste de la Isla, en un pequeño pueblo de la provincia de Matanzas, en Jovellanos, nació el 29 de agosto de 1894, el único varón del matrimonio compuesto por Martina Luna Yero y Zacarías Navarro Pérez.
Cuentan que una alegría inusitada, pero lógica, se instaló en el seno de la joven familia con el nacimiento de Manuel. Pilar, María, Catalina y Luisa (las cuatro hijas hembras del matrimonio) recibieron con júbilo al nuevo hermanito.
Tras la muerte del padre, Martina Luna, con los muchachos y la abuela Andrea, toman un barco en el pequeño puerto de Casilda, a finales de 1895, que les traslada a Manzanillo donde es recibida por su hermano Antonio y se instalan en una pequeña y humilde casa del sitio llamado Barrio de Oro.
Aprende a leer y escribir en la escuelita pública de su madre y a los trece años comienza a estudiar música y participa en la fundación de la Banda Infantil de Manzanillo. Cuando deja atrás la adolescencia ha sido, alternativamente, limpiabotas, buzo, vendedor de periódicos, mandadero y barbero.
En esta ciudad del sur oriente del país transcurre prácticamente toda la vida de Manuel y en ella crea su obra; aquí se integra a la lucha por los derechos de los trabajadores y va a prisión en más de una oportunidad; aquí se convierte en una de las figuras más reconocidas del Grupo Literario de Manzanillo y responsable del departamento de cultura durante el gobierno de Paquito Rosales; aquí recibe en su vivienda a figuras tan importantes de la intelectualidad cubana como Nicolás Guillén, Jesús Orta Ruiz, Emilio Ballagas, Juan Marinello, Pablo de la Torriente Brau, Ángel Augier. Aquí Pablo Neruda le dijo al Poeta de Manzanillo, una tarde de sombra y de sol sentado en el patio de la casa ubicada en Plácido, esquina a Pedro Figueredo: “¿Será posible que yo, después de haberle dado la vuelta al mundo, haya regresado a Temuco? Porque este sitio me recuerda mi cuarto de trabajo en Temuco…‘.
Si obra recogida en varios volúmenes de poesía y narrativa; y en importantes publicaciones periódicas de Cuba y el extranjero fue traducida a varios idiomas. Compuso canciones, boleros, serenatas, himnos, valses. Representó a Cuba en eventos internacionales por la paz y el desarme en México y la Unión Soviética, marchó a las montañas del Escambray y a las arenas de Playa Girón a leer sus encendidos versos a los milicianos; fue fundador de la UNEAC y designado, en febrero de 1966, SOCIO DEMÉRITO de la organización.
Sobre Navarro Luna dijo su amigo Félix Pita Rodríguez: «De amor por los hombres y por la vida de los hombres sobre la tierra, nació lleno su gran corazón tumultuoso«.
Falleció Navarro Luna el 15 de junio de 1966 en La Habana.


