
Escrito por Jonathan Morfin Figueroa
La edad de las ataduras es una breve novela publicada por Ediciones Dyskolo en 2025. Muy pronto se puede encontrar en la Feria Internacional del Libro de Madrid.
No hace mucho que tengo el gusto de conocer a Yunier. Hemos tenido conversaciones relacionadas al tema que le produce gran pasión: la literatura infantil y juvenil; tema que ha decidido explorar e investigar en el doctorado que actualmente cursa en la Universidad Iberoamericana. Fue hace no más de un mes que el mismo Yunier, vía WhatsApp, me comentó que un libro suyo sería publicado; a lo cual le respondí que me interesaba leer su texto (le dije así porque no sabía que sería una novela). Unos días después me entregó el libro con la respectiva dedicatoria personalizada que le pedí. Lo guardé junto con los otros libros que también tienen una dedicatoria. Para mí esos libros contienen una forma de cariño que no quiero que sea maltratado. Les activo un encantamiento de protección y les pongo candado para que el tiempo transcurra de una manera más lenta; incluso he pensado que el polvo del tiempo no los ha encontrado, a veces ni recuerdo que los tengo.
Sin embargo, hace un par de días me encontré a Yunier, mera casualidad, y me preguntó mi opinión acerca de su libro. Hasta ese momento no había considerado que los encantamientos pudieran ser desactivados sin un abracadabra. Que manera tan inocente y sencilla de romper hechizos sin siquiera usar palabras mágicas. No tuve otro remedio que confesarle que aún no lo había leído debido a que el tiempo lo tengo ocupado con distintos pendientes y tareas. Lo cual era cierto. “Ya no dejaré pasar más tiempo y mañana mismo lo empezaré”, le afirmé con gran seguridad. Ese día nos despedimos y yo me fui pensando en que el compromiso de leer la obra de alguien más es una especie de hechizo. ¿Cómo saber que los hechizos son reales? No lo sé. Sólo hay que cumplirlos y vivirlos.
Al siguiente día, ya en la noche, fui al pequeño librero y tomé La edad de las ataduras, Ediciones Dyskolo 2025, de Yunier Riquenes García. Un libro bastante ligero, no más de 108 páginas. La solapa del libro donde se encuentra la información bio-bibliográfica de Yunier casi se desbordaba al leerla y en ese momento me di cuenta que Yunier es un gran conversador. Recordé las distintas ocasiones que platicamos y no tardé en encontrar el punto que considero esencial para confirmar a alguien como gran conversador: escuchar. Todas las conversaciones eran un diálogo y no un recuento de sus distintos logros. Bien pudo inundarme de sus experiencias como narrador, poeta, investigador, promotor y periodista cultural. O bien pudo abarrotar la conversación mencionando los distintos premios en literatura y periodismo que ha obtenido, como el Premio Promotor del año, Raúl Ferrer, que otorga la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. También pudo llenar silencios enalteciendo sus menciones en el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar. Oportunidades para saturar la conversación hablando de sus más de 30 libros publicados no faltaron. Ahora que lo pienso, atiborrar conversaciones de uno mismo es una gran tentación y a Yunier le sobran libros para acaparar la atención. ¿Cuentos? Dos colecciones: Lo que me ha dado la noche (2007) y La espalda marcada (2015). ¿Poemario? También: Claustrofobias (2019). ¿Novelas? Por supuesto: Los cuernos de la luna (2012) y La edad de las ataduras (2025). ¿Libros para niños? Obviamente: Cuentos de Tigres, El gato científico y No apto para mayores.
Comencé a leer la novela y de manera inmediata caí en otro hechizo: el de la extraña naturaleza de los recuerdos. Dos caminos se cruzaron: el verso de la canción que escuchaba en ese momento, “lugares que no existen vuelves a pasar…”,y el estilo fragmentario de la narración. La memoria tomó un significado esencial durante la lectura, pues la reconstrucción de los recuerdos, tramas, diálogos y sucesos es una arquitectura discontinua pero constante. No había inundación de memorias y recuerdos, al contrario, éstos eran selectos, elegidos, recortados. El estilo narrativo de Yunier toma como pretexto la realidad para mostrar la inestabilidad de la memoria, lo fragmentario de los recuerdos y sus consecuencias. Para Yunier, lo único que en verdad permanece son los recuerdos. Todo lo demás cambia o es cambiado. Los distintos pasajes de la breve novela son destellos de una memoria fragmentada que recuerda lo que sobrevivió de las experiencias relatadas, lo que se aferra a la vida y lo que se niega a caer en los olvidos. El estilo sencillo de Yunier permite que el lector lea el recuerdo y al mismo tiempo entienda las sensaciones que las protagonistas expresan sin palabras: la incertidumbre del futuro, el miedo al Estado, la ansiedad provocada por una figura masculina indefinida y amenazante; la pobreza, la guerra y la tensión después de un abierto ataque por violencia de género. Los recuerdos y las memorias reviven un hechizo tan profundamente guardado en el pasado que es ya casi imperceptible; lo único que queda es el rastro hacia los distintos sentimientos que se niegan a dormir con la esperanza de que el siguiente día será mejor. El hechizo toma más fuerza con otro de los versos que se escucha mientras sigo con la novela: “ecos de antes rebotando en la quietud…”.
Así pues, sin notarlo, ya voy en la mitad de la novela y recuerdo a una de las ideas sobre lo fragmentado de Salman Rushdie: lo fragmentado hace que las cosas triviales adquieran un poder simbólico. En La edad de las ataduras, la memoria es un camino ya recorrido que hay volver a caminar para comprender el presente que esclaviza a las protagonistas. Escarbar en la memoria para rastrear el origen del dolor que ha construido su nido dentro de los hogares no significa exorcizarlo o sanarlo. La memoria y la reconstrucción del pasado es sólo una recuperación de recuerdos fragmentados; sólo eso, una memoria recuperada; no hay alivio y tampoco una sensación de bienestar.
Todo recuerdo en La edad de las ataduras es un latigazo de nostalgia, tristeza y melancolía de aquello que ya no está, pero principalmente, de aquello que fue arrebatado con una fuerza brutal y con la violencia de la impunidad. Lo trivial y lo mundano como escuchar una radio, leer cartas antiguas, observar cuartos intactos ahora vacíos; recordar los días de trabajo en una oficina, los viajes en bici, las esquinas en las que uno solía dar vuelta, caminar las mismas calles que ahora tienen otro sentido. Yunier ha transformado los recuerdos y memorias de lo cotidiano en objetos simbólicos que poseen una carga emocional y, principalmente, narran una historia velada u ocultada. Los objetos narran la historia de las protagonistas que ya no quieren recordar el doloroso recuerdo, la historia inconclusa o la última despedida. Los breves pasaje que propone Yunier fortalece lo fragmentario y nos invita a focalizar la atención en lo cotidiano y en los objetos otrora símbolos de una felicidad.
El latigazo lo ejecuta el pasado, pero duele en el presente. Yunier construye un juego que nadie quiere jugar, pero que hay que jugar porque las circunstancias así lo dictan. Los escenarios presentes y reales son el espacio donde las mujeres se imaginan su vida de manera muy distinta, y pareciera que estos escenarios irreales son la única fuente de alegría que conocen o que no es alcanzada por una violenta figura masculina o por la guerra. La idea es sumamente arriesgada: la felicidad de lo que no fue. Las distintas tramas que se tejen en La edad de las ataduras construyen imágenes que se contraponen, por una parte, lo que pudo ser y, por otra parte, lo que es. La elección de los recuerdos y memorias son esenciales para la arquitectura de la narrativa. Yunier, con un estilo descriptivo teje una textura lisa y áspera. Nos pide que caminemos junto con las protagonistas, nos adentremos en su vida para comprender sus circunstancias, sus experiencias y sus ilusiones. Son las mismas protagonistas quienes nos advierten que nos mantengamos alerta, miremos siempre sobre nuestros hombros en búsqueda de figuras amenazantes y peligrosas. Son las mismas protagonistas quienes nos dan una bofetada de realidad: lo que anhelan no es su realidad.
La edad de las ataduras puede ser un reto para quienes lo lean, pues llegarán al final de la novela con suma facilidad, la narrativa ágil y sencilla así lo permite, pero llegarán a una zona desértica, vacía y silenciosa. El final de la novela es un doloroso recordatorio de un aspecto esencial en la existencia: la vida misma es una fuente de recuerdos y memorias que se seca en cuanto ésta llega a su fin. Las narrativas entretejidas en la novela detienen su camino y su existencia debido a un mazazo de infortunio, un martillazo inesperado a las pocas esperanzas que alberga el corazón: la ausencia voluntaria se ha convertido en una ausencia permanente”. Quienes prometieron volver no regresarán; la delicada y suave esperanza de volver a ver a aquellos que se fueron, ahora es una ilusión tapiada.
El recorrido de la novela ha terminado y me quedo pensando en una de las líneas más potentes de la narración: “Más allá de la ventana hay una negrura impenetrable”. Después de leer la novela La edad de las ataduras comprendo que la naturaleza de los recuerdos y la construcción de la memoria es más bien una telaraña de soledades. Yunier toma la vida cotidiana de distintas mujeres de Cuba para explorar esta telaraña, la recorre y cada palabra es una vibración y cada frase es una sensación y cada párrafo es una experimentación de una soledad ajena. La narración termina dejando una sensación de desolación, el estilo sencillo y la construcción de la mundano provoca una satisfacción; la realidad social que viven distintas mujeres fue muy hábilmente construida por Yunier, los pasajes están muy bien hilados por una fina narrativa que focaliza el evento y el personaje como una forma de centralizar la atención en lo que se quiere mostrar, en lo que le da sentido a la narración y a la vida misma que se está mostrando. Ahora no estoy muy seguro de que el hechizo haya terminado con el libro.
¿Quién es Jonathan Morfin Figueroa?
Jonathan Morfin Figueroa es estudiante de maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana investigando la construcción de los espacios, la arquitectura y la corporalidad en Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez; interesado en el gótico y el terror en sus distintas representaciones, literatura y películas, principalmente. Gran admirador de las obras de Salman Rushdie, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Aficionado del Manchester United.
Otras opiniones sobre La edad de las ataduras:
«En La edad de las ataduras hay un dominio del lenguaje, un saber hacer, que demuestra la capacidad y el oficio de Yunier en materia narrativa. [Es una novela] profunda en su sondeo del alma humana y a un tiempo ligera en su estructura, cosa que el lector siempre agradece», Daysi Cué Fernández.
«Sobresale en esta novela la capacidad de construir el discurso narrativo alternando el narrador en tercera persona que cuenta en pasado con el narrador en primera que cuenta en presente o tiempo real del relato»,Yanelys Encinosa Cabrera.
Las mujeres de la novela «son lo concreto, lo cotidiano, lo tangible. Se enfrentan a la vida pese al miedo que aparece como una constante, como una fórmula física, como la gravedad misma. El miedo al hombre que acecha en una esquina, al hijo que no regresa, a las tentaciones, al fracaso, a la frustración, pero no a la vida. Un miedo confeso que las distancias de cualquier equivalencia con las masculinidades», María Matienzo Puerto.


