Crónicas de Martes: A dieciocho años de una expedición por toda Cuba en homenaje a Heredia

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    Escrita por Aristides Vega.
    Colaboración Especial del Centro Provincial del Libro y la Literatura de Villa Clara.

    Ahora que por la Pandemia se nos hace casi imposible viajar, incluso dentro de la región en que residimos, ha venido a mi recuerdo las imágenes de un viaje generoso, emotivo y privilegiado que en el año 2003 me posibilitó recorrer toda Cuba, con un grupo de colegas poetas y trovadores. Del 6 al 20 de octubre del año 2003 tuve esa posibilidad gracias a un proyecto organizado por el Instituto Cubano del Libro y el Ministerio de Cultura, junto a otras instituciones. Reconozco la dicha de haber podido viajar de punta a cabo el país como parte de un grupo de más de veinte poetas y los trovadores Eduardo Sosa, Ariel Barreiro y Freddy Lafita. Este proyecto fue concebido como homenaje al centenario del poeta José María Heredia, por lo que se nombró como uno de sus poemas más conocidos; La estrella de Cuba. Gracias a esta iniciativa visitamos cada día las cabeceras de provincia para ofrecer poesía y canciones a un público diverso que nos recibió en teatros y plazas, centros de trabajo, hospitales, prisiones, escuelas y comunidades.

    Aunque ya había visitado la mayoría de las provincias esta expedición me dio la posibilidad de conocer el país con la coherencia de hacerlo con continuidad desde Santiago de Cuba a Pinar del Río para culminar el día de la Cultura Cubana en Ciudad de la Habana. Un país que se me reveló no tan homogéneo como lo creía y con múltiples particularidades privativas de cada región que en su mayoría desconocía.

    En cada provincia visitamos lugares de interés cultural, económico y turístico. Sitios a los que me dio gusto volver y a otros que desconocía e incluso de los que nunca había oído hablar como Las Terrazas, la comunidad en el occidente que permite a los turistas convivir con los habitantes del lugar en un paisaje tan esplendido que uno sale eufórico por tanta belleza.

    Comenzando por Santiago de Cuba

    Nuestro recorrido comenzó por Santiago de Cuba el lunes seis de octubre. Allí todo asombra a pesar de la advertencia. Desde el Museo Bacardí con su valiosísima y diversa colección hasta cualquier callecita reanimadas por un folclor caribeño que es tan autentico que no permite nada impostado. Disfrutamos de una tarde de lujo en la iluminada y humilde casa del poeta homenajeado, escuchando las voces del Orfeón Santiago, que entonces aún lideraba el ya desaparecido Maestro Electro Silva. En la mañana habíamos visitado el Mausoleo de José Martí en el Cementerio Santa Ifigenia y en la noche, en la espléndida Sala de Conciertos Dolores, nos probamos a nosotros mismos que la poesía cantada y leída es opción placentera para muchas personas.

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    Guantánamo, cerca de la Base Naval…

    El martes siete de octubre llegamos a Guantánamo. Era mi primera vez en esa tierra de la que tantas veces escuché su nombre en ese otro himno que Joseito Fernández aún canta en los jolgorios más lúcidos. Hasta los límites de la Base Naval que Estados Unidos mantiene en ese territorio llegamos para ser recibidos por el Segundo Batallón de la Frontera. Ver desde cerca una historia aprendida en libros fue sin dudas muy especial y hasta emocionante.

    A Bayamo… ¿en coche?

    A Bayamo llegamos el miércoles ocho de octubre. Ni siquiera las muchas atenciones recibidas, la belleza de su centro histórico en la que aún se puede imaginar pasajes importantes de la historia cubana me impresionaron más que la hermosa escuela de Artes Plásticas que recién habían inaugurado. Ahí leí mis poemas junto a mis queridos amigos Reynaldo García Blanco y Rigoberto Rodríguez Estenza (Coco) y los poetas estudiantes de ese centro que se sumaron con una frescura y una madura inteligencia que no tardé en reverenciar. Uno de ellos me confesó que escribía como también bailaba, porque pintar no le era suficiente para todo lo que quería trasmitir. Tenía diecisiete años y estaba tan confiado de su futuro que fue memorable aquella tarde al punto de recordar hoy, a tantos años, ese encuentro con sus más mínimos detalles.

    Holguín, la ciudad de los parques

    A Holguín llegamos al siguiente día, el jueves nueve de octubre, sabiendo que aquella es provincia del universo. Ahí, además de encontrarnos con los poetas Lourdes González y Manuel García Verdecia, visitamos la finca de Birán, donde además de la majestuosa casa natal de Fidel y Raúl, mandada a construir por Celia Sánchez, pues un incendio consumió la original, se expone una finca en que meticulosamente se conserva todas sus edificaciones en las que se destaca una escuela, un hotel de dos plantas, el bar, la carnicería, el correo, el tren que viajaba de ahí a Santiago, una enorme valla de gallos, la tumba a ras del suelo en que descansan los padres de los líderes de la Revolución Cubana y otras construcciones como la casa que sirvió de residencia a la abuela materna y la última que ocuparon en los altos del bar La Paloma Lina y Ramón, después que perdieron su casa en un incendio. Un espléndido conjunto que testifica la prosperidad de los terratenientes cubanos de entonces además de las costumbres y hábitos de la familia Castro, en un sitio del que su director Alcides Leyva Lafita, nos habló con la pasión de quien conoce y disfruta a profundidad de su labor.

    Las Tunas, la tierra del Cucalambé

    El diez de octubre llegamos a Las Tunas. Estábamos divididos en grupos de cinco o seis poetas y acompañados por un trovador marchábamos cada tarde a las diferentes actividades que se nos planificaban en los territorios; escuelas, centros de trabajo, comunidades, etc.

    En las noches se realizaba una lectura central en la que participaban todos los trovadores. Los escritores estábamos divididos en tres grupos que rotaban en cada provincia, al frente de estos estaban los poetas Teresa Melo, José Manuel Espino y Reinaldo García Blanco, al frente coordinando y organizando toda la gira el poeta Edel Morales.

    Los que visitaron esa tarde un Centro Penitenciario, fueron los de mayor suerte. Llegaron eufóricos del intercambio que habían logrado con los reclusos.

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    Camagüey, la que siempre te quiere y te abraza

    El once de octubre llegamos a Camagüey. Hacía muchos años que no la visitaba y me encontré una ciudad nueva, o más bien la misma ciudad, pero renovada, mucho más espléndida.

    Después del recibimiento en la Plaza Ignacio Agramante, donde depositamos una ofrenda floral, nos dividimos en pequeños grupos para visitar diferentes comunidades. Me correspondió el grupo que visitó la comunidad El jardín, junto a los poetas Pedro Llanes, Liudmila Quincoses, René Coyra, José Manuel Espino, Israel Domínguez y el trovador Eduardo Sosa.

    Se trataba de una comunidad a las afueras de la ciudad, con casas muy humildes y estrechas calles no pavimentadas. Había niños descalzos jugando en las calles y un grupo de jóvenes estaban reunidos alrededor de un juego de dominó expuesto en una improvisada mesa en una de las esquinas de ese pequeño barrio.

    La actividad se realizó en el portal de una engalanada casa, frente a la que se congregó un numeroso grupo de vecinos que ni siquiera una persistente llovizna movió del lugar. Aplaudieron cada poema escuchado en absoluto silencio. Tararearon los estribillos de las canciones que Sosa escogió para esa ocasión.

    Un vecino joven pidió cantar a capela una canción de su inspiración. Por la ovación recibida decidió hacer una segunda que también fue muy aplaudida.

    Al final de la actividad los vecinos, que nos trataban con familiaridad, nos invitaron a una modestísima vivienda en la que tenían preparada una mesa muy bien servida con una asombrosa variedad de dulces caseros.

    • Gracias por venir acere. No se pierdan, aquí somos pobres pero agradecidos, me dijo uno de los vecinos mientras que una señora gritaba con los brazos extendidos aché para ustedes.

    El espectáculo central, con poemas y canciones, en la noche no pudo contar con mejor sitio; la plaza de San Juan de Dios iluminada y completamente llena por un público mayoritariamente joven.

    Después de vencer la larga llanura camagüeyana llegamos a Ciego de Ávila el domingo doce de octubre. Ninguno de nosotros pensó que bajo cielo avileño se nos propiciaría una de nuestras mejores actividades.

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    Ciego de Ávila

    Al parque de Ciego, en donde habíamos estado en la mañana en un recibimiento muy original en el que intervinieron la Banda Provincial, una excelente cantante, actores sobre sancos, en la noche la habían llenado de sillas que ya estaban ocupadas a nuestra llegada. Nos impresionó ver tanto público en una lectura de poesía a la que se nos unieron las poetas avileñas Carmen Hernández Peña e Iliana Alvarez. La magia que sentí se estableció esa noche entre los poetas y el público que había decidido regalarnos su domingo fue una de las emociones más disfrutables de las muchas recibidas bajo los diferentes cielos de Cuba que esta gira nos propició.

    Sancti Spíritus

    A la ciudad de Sancti Spíritus llegamos el lunes trece de octubre. La lectura de poemas acompañados por el trovador Eduardo Sosa, en el entonces recién declarada Universidad de esa ciudad, fue uno de los mejores momentos de nuestra breve e intensa visita a esa ciudad del centro del país. Un público de estudiantes de la Facultad de Letras y sus también muy jóvenes profesores, junto a las autoridades de ese Centro de Altos Estudios, nos permitieron dialogar, compartir nuestros poemas desde una complicidad que nos hizo a todos sentirnos muy bien.

    Santa Clara

    A mi ciudad, Santa Clara, llegamos el martes catorce de octubre. Nos recibieron en la Plaza Ernesto Guevara. Para los que no la conocían, como la poetisa matancera Mae Roque, fue un momento sobrecogedor. Ese día en la tarde visitamos la Escuela de Trabajadores Sociales y la tabaquería LV 9 y en la noche, en la Sala Caturla de la Biblioteca Martí, el recital de poesía y canciones lo abrió el poeta Pedro Llanes, con un poema dedicado al Ché. Los prolongados aplausos que recibieron los poetas Teresa Melo, Nelson Simón, Israel Domínguez y Liudmila Quincoses, entre otros, corroboró que el santaclareño conoce, disfruta y premia la buena poesía.

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    Cienfuegos, la perla del sur

    A la hermosa ciudad de Cienfuegos llegamos el miércoles quince de octubre. Un recorrido por la ciudad de la mano de su apasionado historiador fue suficiente para reconocerla como una de las más hermosas ciudades de Cuba. En la noche el recital de poesía y canciones tuvo de escenario el hermoso Teatro Tomás Terry, donde se demostró que, con una excelente promoción, aún en un espacio inmenso como este se logra público para escuchar poesía.

    Matanzas

    A Matanzas arribamos el jueves dieciséis de octubre. Seguir disfrutando del mar es una suerte para los que lo tienen siempre cerca o para los que a veces tardamos meses o años en rencontrarnos con él. Los que nunca habían estado en esa ciudad les impresionó su belleza. La mañana la dedicamos, después de la bienvenida en el Museo Palacio del Junco, a visitar las tumbas, en el cementerio de la ciudad, de los poetas Heredia, Milanés y Bonifacio Byrne. En la tarde, como era costumbre, marchamos hacia diferentes lugares, divididos en pequeños grupos. Por suerte me correspondió junto con el poeta Francis Sánchez, la Biblioteca Gener y del Monte, a la cual me unen un estrecho vínculo. Ahí tuve amigos entrañables que ya no nos acompañan como Mirtha Martínez y Orlandito García Lorenzo, trabajadores incansables de esa institución, junto a otros amigos muy queridos que aún están ahí, otros ya se retiraron o viven en otros sitios.

    Hicimos la lectura en la noche en el espacio Café Mezclado, que dirige y conduce mi amigo el poeta Alfredo Zaldívar y por donde pasa lo mejor del arte y la literatura de esa ciudad privilegiada en talento.

    Pinar del Río

    El viernes diecisiete de octubre llegamos a la más occidental de las provincias cubanas. La vegetación pinareña hace inolvidable los paisajes. La comunidad turística Las Terrazas, pequeña patria de Polo Montañez, que entonces aún pertenecía a esa provincia, pudiera servir de escenario para la filmación del paraíso. Descubrir que en la Biblioteca de tan bello pero apartado lugar estaban la mayoría de nuestros libros publicados nos impresionó gratamente.

    En la tarde visitamos la Escuela Vocacional y la de Instructores de Arte. Ambas escuelas se juntaron en un enorme patio. Me impresionó leer mis poemas ante tantos estudiantes, creo que fue el público mayor que hasta hoy he tenido delante de mí.

    San Antonio de los Baños

    A San Antonio de los Baños llegamos el sábado dieciocho de octubre. Nunca antes había estado ahí, por lo que me fue atractivo visitar el Museo del Humor. En la noche disfrutamos de una descarga informal en el amplio patio de la Escuela de Artes Plásticas, ahí se incorporaron los poetas y trovadores de ese lugar que nos habían acompañado durante todo el día.

    La Habana, la capital

    El diecinueve y veinte estuvimos en la Capital. El primer día en la noche asistimos a la presentación de un disco con el que varios trovadores jóvenes homenajean a José Martí, entre los que se encontraba nuestro compañero de viaje Eduardo Sosa

    El día de la Cultura Cubana lo celebramos con nuestro último concierto de la gira, que se decidió lo protagonizaran los más jóvenes de nuestro grupo. Antes y después conversamos con el narrador Abel Prieto, entonces Ministro de Cultura, sobre la experiencia personal y colectiva acumulada en estos quince días de expedición.

    Además de lo que personalmente aportó este viaje como resultado de esta experiencia la Editorial Letras Cubanas publicó en el 2004 la antología de poesía La estrella de Cuba. Inventario de una expedición, con selección y notas del poeta Edel Morales, que luego se reditó al año siguiente por Monte Ávila Editores Latinoamericana.

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    Inventario de una expedición
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    Fotografías: Aristides Vegas

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    Equipo Editorial Claustrofobias

    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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