Rafael de Águila, los premios, el cielo y las decepciones

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    Por Argenis Osorio.

    En el panorama literario contemporáneo, la figura de Rafael de Águila se erige con una notable característica: la decencia. Este valor no solo define su esencia como individuo, sino que también permea su obra, donde cada historia se convierte en un acto casi sagrado de creación.

    A través de su Narrativa , ha logrado cautivar a un amplio público y ganar los más importantes premios del género.

    ¿Cuál sería un resumen de 2024 en tu labor creativa?

    Ha sido un año duro. Uno se maravilla cuando descubre cómo, en mitad de tan severas condiciones -situaciones que pueden llegar a desmoronar cuerpo y alma- resulta posible escribir, leer, pensar, mantenerse sanamente cuerdo. En el 2024, a inicios de año, gané -por segunda vez, ya lo había ganado en el 2010- el Premio Alejo Carpentier de Cuento, con Reos de Cuaresma, título que debe aparecer en la próxima Feria Internacional del Libro de la Habana, febrero/marzo de 2025. Se reeditó Todas las patas en el aire, Premio Internacional Casa de las Américas 2018 y Premio de la Crítica Literaria ese año, ciertos avatares habían incidido en que, hasta ahora, seis años después, no lograra ser reeditado, como se establece para toda obra ganadora del Premio de la Crítica. La Editorial Mecenas, de Cienfuegos, me propuso la publicación de un volumen de cuentos, aparecerá también en la próxima Feria del Libro, cuentos que en los últimos diez años, al momento de conformar libros, fueron relegados, esto hace se trate de un volumen de textos inéditos, llevará por título El aire puro de la isla. Nunca rechazo formar parte de jurados de premios literarios, es un deber para con la Literatura, deber que resta tiempo, demanda esfuerzos, y supone, urge decirlo, la posibilidad de entuertos, mas… resulta deber ineludible que he ejercido con ética absoluta y el más atinado ejercicio del criterio personal, acorde a la experiencia, la ética y la sapiencia, esa divina trilogía. Impartí un Taller de Escritura Creativa en La Habana -absolutamente pro bono- en el mes de septiembre, evento que resultó positivo y gratificante. Fui invitado al Encuentro Nacional de la Crítica Literaria en Las Tunas, evento magníficamente organizado por la Dirección del Libro y la Literatura de esa provincia, el Centro de Promoción de la Lectura y la Editorial Sanlope, sorprende como en mitad de tantas limitaciones se organicen actividades con tanta dedicación y personal empuje. Comencé contactos en función de intentar publicar algún volumen de cuentos en el extranjero, veremos si finalmente resulta posible. Un cuento corto de mi autoría fue llevado a las tablas por un grupo de teatro de Veracruz, México, la puesta en escena recibió uno de los premios del público.

    En el plano creativo, en 2024 concluí un nuevo volumen de cuentos. Creo ese fue el año, literariamente hablando. Un año duro, difícil, triste, por demás, emocionalmente estéril en su segundo semestre.

    2. ¿Se toca el cielo con las manos cuando se gana un Premio Literario en Cuba?

    Quiero pedir disculpas, humildemente. Cada uno tiene sus opiniones, su sentir, sus emociones, sus estados de ánimo. Mis opiniones en modo alguno tienen por objeto demeritar, minimizar, herir, subestimar -lo juro- las opiniones o el sentir de mis colegas, colegas que respeto y admiro, que en no pocos casos son mis amigos. Tampoco mis opiniones se dirigen a demeritar, minimizar o subestimar los Premios, o a las esforzados auspiciantes, Premios que han logrado sostener, reconózcase que con gran voluntad. En modo alguno mis opiniones demeritan, minimizan o subestiman los éxitos obtenidos por mis colegas, desde la fuerza, la pujanza y la calidad incuestionable de sus obras. Es normal tener el sentimiento de que se toca el cielo al ganar un premio literario. Es conmovedor, emotivo, una fiesta, y la tríada es humanamente comprensible. Yo, hoy, con toda franqueza, no siento eso. No siento el cielo, malamente siento las manos, salvo el dolor del túnel carpiano. Sentí ese entusiasmo antes, sin embargo. Lo sentí con mi primer Carpentier, del 2010; con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, del 2017; con el Premio Casa de las Américas, del 2018. Fue muy lindo. Emocionante. Uno no lo cree. Se siente asombro. Uno se pregunta: ¿no se tratará de una equivocación de los jurados? ¿Será realmente bueno el libro? En especial yo que soy tan descreído y dubitativo con lo que escribo y logro. No sentí entusiasmo ahora, en el 2024. Quizá lo sentí, en menor medida, al recibir el Premio, en febrero pasado, después… fue el vacío, todo se disolvió como el agua en el agua. Siempre he pensado que los premios resultan acontecimientos extraliterarios: se los inventamos a la realidad. La realidad única y verdadera es la obra. Puede uno, por demás, yo mismo, ser acreedor de un premio, y la obra premiada resultar muy menor. Desdeñable. Puede ganarse un premio y ello no significar absolutamente algo. Muy poco dinero, poquísimo, hoy no alcanzaría para comprar algunas pocas rejas en función de otorgar cierta seguridad a tu casa; ser invitado a presentar el libro en algunas provincias; ser invitado a integrar -si el veleidoso albur lo permite- cierta delegación que viaje a algún acontecimiento literario en otras tierras. Que soliciten cada vez más tu labor como Jurado. Es posible -admitámoslo, es triste, pero es así- ganar también algunos no merecidos odios, ciertas inmerecidas sospechas. Ya no soy joven. En poco menos de tres meses cumpliré 63 años. En Cuba se sufre de cierta imperturbable juventud literaria, puede asomar el desventurado absurdo de fallecer a los 63 años y leerse: Ha fallecido hoy el joven autor cubano… Por otro lado, editorial extranjera alguna se inmuta por los premios de los que se sea acreedor en Cuba. Por los libros que en Cuba se publiquen. En puridad… recibes el premio, tomas el muy exiguo cheque, se publica el libro… y… nada más. Tal vez no exista un algo más. Tal vez he perdido yo el divino entusiasmo de la juventud. Tal vez todo resida en mi estado de ánimo. Algo es seguro: esta opinión en modo alguno tiene por objeto demeritar premios, instituciones, obras o autores. Si alguien lo entendiera así, yo, de manera humilde, sincera, honorable, le extendería mis disculpas.

    La narrativa cubana está ahora mismo llena de muchos nombres ¿A dónde crees que van esas historias dentro del inmenso mapa literario universal?

    En Cuba se ha escrito, y se escribe, mucho y muy bien. Quizá la terrible condición del agua por todas partes, el elemento insular, contribuya en algo a ello, ahí están las poderosas literaturas de Irlanda, Inglaterra o Japón, para sustentar la tesis. No se olvide que el 33 % de los autores canónicos señalados por Harold Bloom en El canon occidental resultan cubanos. El lezamiano ángel de la Jiribilla nos habita. Los grandes autores, los canónicos, nuestros mayores, esos dioses, han fallecido. Y sin embargo… nunca antes se ha escrito tanto en Cuba. Nunca antes han existido en Cuba tantos escritores. Se diría que la densidad de escritores por kilómetro cuadrado se ubica entre las más altas del continente -me gusta pensarme a salvo de esa manía de primates que, según Borges, es el nacionalismo-.

    La Escuela Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, que por más de veinte años llevara formidablemente adelante el Maestro Eduardo Heras León -a quien no dejaremos de extrañar, rendir tributo y agradecer- gradúa 60 escritores cada año. Una enorme cantidad de jóvenes escriben, ¡y escriben bien!, publican obras, y ganan premios literarios hoy en Cuba. Es verdaderamente admirable eso. Una de las características de la literatura cubana actual es la profusión, profusión de obras, autores, tendencias. El continente hoy no es el mismo, editorialmente hablando, a aquel de los años 70 del siglo pasado, no es el mismo que viera nacer y crecer el boom. Existen muchas pequeñas editoriales, tiradas reducidas, obras que solo se publican en el interior de las fronteras de las respectivas naciones. Autores excelentes son publicados por esas editoriales, puede que por unos años solo en ellas, hasta ser descubiertos por editoriales extranjeras. El sistema editorial cubano es vasto, hoy en situación calamitosa por la falta de papel, pero vasto. Cada provincia tiene una editorial, no falta alguna provincia con dos editoriales. Ciertos países latinoamericanos carecen de este conglomerado editorial, carecen incluso de poligráficos, los libros se imprimen en el exterior. En el caso nuestro, salvo la presencia en algunas Ferias Internacionales del Libro, las obras de nuestra literatura, en especial las obras de los últimos 5, 10 o 15 años, las publicadas por nuestras editoriales, las premiadas, tienen escasa, o nula presencia allende los mares. El autor cubano vivo y residente hoy en Cuba, salvo excepciones -ahora mismo pienso en tres excepciones- no se conoce en el extranjero. No se conocen sus nombres, no se conocen sus obras. Las editoriales extranjeras no parecen inmutarse ante las obras que se publican o se premian en Cuba. He encontrado editoriales que, al conocer de tu existencia, la existencia de tu obra, te catalogan de «escritor oficialista», te acusan de poseer «premios oficialistas», trucados, de ser un constructo gubernamental, desde ello desdeñan tu existencia, como autor, y la existencia de tu obra.

    Otras editoriales aducen al factor mercado, eres bueno, te dicen, pero eres desconocido, lo sentimos mucho, tendremos perdidas, nadie va a comprar tu libro. Y… ¿cómo dejar de ser desconocido si no eres publicado? El libro, no obstante, admitámoslo, es una mercancía, se vende, ello es una realidad, y las editoriales no son instituciones caritativas. Tengo la impresión -otra vez pensándome a salvo de la manía de los primates- de que la literatura cubana es, hoy mismo, libro a libro, autor por autor, de primer nivel en el continente, de primer nivel en el panorama de la literatura que se escribe hoy mismo en idioma español.

    Para responder tu pregunta, adónde van las historias que hoy urden los muchos nombres de la narrativa cubana en el marco del inmenso panorama de la literatura universal, se diría, se tiene la impresión, tristemente, al menos yo la tengo, de que la mayoría de esas historias no van a sitio alguno. Se escriben y… se quedan ahí. Se tiene la certeza de que quizá sean superiores a otras historias, otras que en el continente corren mejor suerte, o, al menos, que alcanzan idénticas cotas, y sin embargo, parodiando a Silvio, se quedan ahí, que es decir aquí, parceladas en el tiempo, limitadas en el espacio, no van a sitio alguno. Tal vez la posteridad las salve de quedar rodeadas de la terrible condición del agua por todas partes. Aislamiento insular absurdo, irracional, porque la literatura cubana es hoy plural, poderosa, irreverente. Y no se escribe solo en Cuba. La literatura cubana la escriben los cubanos, compatriotas, sin importar la tierra o las circunstancias al que el huracán de estos tiempos los haya llevado a erguirse desde los muy esforzados y cubanísimos pies.

    Gracias por tus preguntas. Si mis respuestas resultaran «no adecuadas», aunque solo sea para uno, con todo respeto, a ese uno extendería mis disculpas. Que el 2025 nos sea benéfico.

    EXCELENCIA DEL PROCESO

    El Departamento Uno es el elemento más importante de la estructura; tiene la misión de hallar los sitios donde existan piedras; atendiendo al carácter continuado, y a pesar de todo algo errático, del proceso, las piedras han comenzado a escasear y los expertos de esta área deben esforzarse para encontrar un buen sitio.

    El Departamento Dos tiene la tarea, a todas luces titánica, de transportar las piedras desde el sitio de origen hasta el de destino. Una flota de transportes terrestres, marítimos y aéreos asegura con eficiencia este cometido, flota que actúa con reconocida disciplina y absoluta seriedad.

    El Departamento Tres recibe las piedras y tiene a su cargo el cuidado y almacenaje hasta que los clasificadores del Departamento Cuatro arriban al sitio y comienzan su difícil labor; estos hombres, concienzudos y enigmáticos, clasifican cada piedra atendiendo a color, peso, tamaño y constitución química; ya sea basalto, mármol, granito o feldespato. Una vez debidamente clasificadas las piedras son introducidas en una cámara estanca donde por diez días son sometidas a muy bajas temperaturas con el fin de eliminar cualquier plaga, si ello no bastara se les fumiga con bromuro de metilo, en proporción capaz de causar la muerte a un elefante. Esto ya lo hace el Departamento Cinco que goza de vasta credibilidad puesto que jamás piedra alguna ha sido detectada como portadora de plagas una vez concluida esta fase.

    El Departamento Seis está constituido por un grupo de expertos que juzga y da fe de la total calidad de cada ejemplar de piedra, una vez seguros de esto se emite un documento con las debidas diligencias, documento que debe ser firmado por cada uno de los participantes.

    El Departamento Siete no es menos importante, tiene la responsabilidad de embalar y estibar las piedras sobre transportes destinados a esos efectos, operación que debe observar normas muy estrictas. Se trata de sacas al vacío, absolutamente estériles.

    El Departamento Ocho transporta las piedras bajo extremo cuidado con el ánimo de que no se reporten averías o pérdidas. Todo acontecimiento de esa naturaleza es catalogado como grave y se investiga con meticulosidad.

    El Departamento Nueve vigila las vías para asegurar no existan elementos que las obstaculicen y de esa manera garantiza la seguridad del proceso, sus miembros son los más fuertes y sagaces, y esta resulta una actividad gratificante y debidamente retribuida.

    El Departamento Diez descarga las piedras con gran cuidado en los sitios de destino final y debe velar porque tales sitios coincidan en cada caso con los sitios primarios en los cuales fue hallada cada ejemplar para, de tal suerte, no afectar el ecosistema. Es precisamente en este último Departamento donde se concentran las quejas ya que la región ha ido quedando sin piedras lo que incide negativamente en la continuidad del ciclo. Se sospecha de la existencia de un grupo secreto, una red delictiva cuya actuación se concentra en el desvío de las piedras, impedir que estas arriben al sitio inicial del cual fueron tomadas. Esto ya constituye un problema de seguridad nacional.

    Para enfrentarlo se ha decidido la creación del Departamento Once.

    (Texto incluido en el libro Ventana tapiada con un hueco, Ediciones La Luz, 2019).

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