Para leer “Vergüenza contra dinero” de Joel James

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    Escrito por Rafael Duharte Jiménez

    Para una comprensión cabal del ensayo de Joel James titulado Vergüenza contra Dinero resulta imprescindible pasar revista al contexto en que vio la luz la primera edición; me refiero a aquel texto de 24 páginas publicado en el Taller de Industrias Locales en 1996, con un fuerte olor a periodo especial. Solamente les recordaré algunos hechos históricos que tuvieron un fuerte impacto en nuestro país en aquellos años:

    – El 24 de agosto de 1991 Mijaíl Gorbachov renunció a su cargo de Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética y por decreto presidencial prohibió el Partido y confiscó sus bienes; de esa manera quedó anulada una fuerza política que integraban 20 millones de comunistas soviéticos. Luego comenzó el desmerengamiento de la Unión Soviética y el Campo Socialista que en algún momento provocaría aquella frase lapidaria de Fidel: “Fue como si un día no saliera el sol”.

    – En 1994 se produjo la emigración masiva de balseros que llevó a 30 mil cubanos a la base naval de Guantánamo y provocó incontables muertes en el mar de aquellos que buscaba en las orillas de La Florida el sueño americano. ¡Es en este contexto en que Joel James escribe y publica su ensayo Vergüenza contra Dinero! Después de muchos años de estudio James estaba convencido de que en la cultura cubana existen ciertas tendencias hacia la autodestrucción. En su magnífico ensayo “La república dividida contra sí misma” él había analizado el monopolio político de los caudillos de la independencia mostrando que entre 1902 y 1930 los mambises en el poder se corrompieron y desgobernaron el país. Quizás con asombro descubrió después que entre 1933 y 1952 los revolucionarios antimachadistas se corrompieron también y provocaron que la revolución del 30 “se fuera a bolina” como dijera Raúl Roa. El siguiente fragmento puede mostrar la agudeza del análisis del fenómeno:

    “El inmovilismo político, la corrupción y la dependencia en aumento tenían rostros, nombre y apellidos singulares. Y estos eran los de los revolucionarios, o de quienes se presentaban como revolucionarios, de los combates en los años 30. Y a partir de aquí todo cobra una nueva luz; todo tiene que ser visto desde un ángulo diferente. Otra vez nos encontramos en presencia de un caso en el cual los representantes de la revolución se convierten en los propietarios de la revolución y, al hacerse la revolución poder, en propietarios del poder”.

    Hasta aquí estamos en presencia de un ensayo que se mueve en el campo de la historia, pero James no se detiene, sino que utiliza estas conclusiones para lanzarse a una reflexión sin precedente, ahora en el campo de la politología. El autor ha llegado a la dramática conclusión de que nuestra propia revolución está corriendo el riesgo de desembocar en un desastre. Veamos ese momento tan interesante en el cual el análisis sale de la historia y entra en la política:

    “Semejante constatación nos advierte, a la distancia en que nos encontramos, sobre los riesgos que comportan las revoluciones frustradas. Sobre los tremendos peligros que corremos los cubanos hoy si nuestra revolución se frustra. Que no se frustrara”.

    Alarmado ante la posibilidad de que el proceso revolucionario al que ha dedicado su vida se autodestruya, Joel James dedica el resto del ensayo a analizar la crisis y sus secuelas y a sugerir lúcidas soluciones a algunos de los problemas del llamado periodo especial. El lenguaje de James que en ocasiones suele ser oscuro, sin embargo, en este ensayo es muy claro y directo como si el autor sintiera que estaba escribiendo su último aldabonazo; veamos un fragmento del análisis de la realidad, que por cierto conserva lamentablemente gran vigencia doce años después: “que cierto número de improvisados hombres de empresa puedan corromperse es muy malo; pero que sectores amplios de nuestro pueblo no reconozcan instintivamente la frontera entre la adquisición justa de dinero y la obtención deformada y espuria, es fatal”.

    Otras de las sentencias inolvidables en el libro es la que sigue:

    «¿En cuáles honduras de nuestra personalidad histórica, de nuestro tejido social (…) se agazapan, como inadvertidamente durante prolongadas etapas para luego saltar alevosamente, la corrupción, el atropello, la autoridad envanecida, el nepotismo, el amiguismo, el beneficio personal a ultranza y sus congéneres cercanos e inevitables: el divisionismo, el intervencionismo y el anexionismo?».   La reedición de este ensayo por Ediciones Caserón en 2008, y luego por Ediciones Santiago en 2012 es quizás una pequeña señal de que las ciencias sociales cubanas están en condiciones de comenzar a reconocer un texto que no me cabe dudas en un futuro será valorado junto a El Socialismo y el hombre en Cuba, entre los trabajos medulares de nuestra época en materia de pensamiento político.

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    Para muchos cubanos nacidos después del Triunfo de la Revolución en enero de 1959, la consigna de “Vergüenza contra dinero” puede resultar carente de …
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    Páginas 44

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