RECOMENDADO

Odisea y lo que encontró en el parque Ítaca, novela de Emilio Caroba

×

    Sugerir cambios

    Escrito por Jonathan Morfin Figueroa

    He tenido distintas conversaciones con Emilio Caroba, todas sumamente cordiales porque él es muy amable y afable; suelo visitarlo en su oficina por cuestiones de trabajo, pero en esta última ocasión quise pasar a saludarlo y felicitarlo por la publicación de su primera (micro)novela: Odisea y lo que encontró en el parque Ítaca (2025) publicado por la editorial independiente La Tinta Del Silencio. Mi labor como reseñista de libros y obras de la literatura infantil y juvenil, la cual Emilio supervisa, me orilló a aprovechar el tiempo y el espacio para preguntarle sobre su sentir acerca de la publicación de su primera novela; yo le hice el énfasis, dando a entender que comprendía la importancia del suceso; un único e irrepetible momento. Me comentó que se sentía satisfecho y, aunque, no lo dijo en palabras, pude ver su alegría. Por supuesto, la conversación en algún momento aterrizó en la (micro)novela. Yo le pregunté si consideraba su trabajo como una re-escritura o una re-interpretación, a lo que Emilio respondió después de unos segundos de considerarlo; tal vez no esperaba que le hiciera un examen ahí mismo, pero su respuesta fue aún mejor: “En mi odisea…” y de ahí no se detuvo como por varios minutos. Recuerdo perfectamente esta frase porque a lo largo del día no podía decidir exactamente a qué se refería; puedo asegurar que, por lo menos, a dos viajes. El primero, la odisea misma de la escritura, desde el relámpago de la primera idea hasta el momento concreto de publicación; el segundo, la odisea que él mismo creó, su odisea. Fuere como fuere, me despedí de él con su libro dentro de mis lecturas por realizar; el recorrido ya está trazado y había que comenzar el viaje, incluso sin saber con exactitud el rumbo o el viaje.

    En Odisea y lo que encontró en el parque Ítaca, el estilo es breve y concreto. Contrario a lo que podría pensarse, agrega un cierto ritmo de lectura. Es más ágil sin caer en espacios entrecortados; la narradora, de nombre Odisea, al ser una recolectora de historias, avanza con pequeños pasos. No quiere que algún detalle se le escape o que se le esconda entre los encinos, fresnos y acacias del parque Ítaca. Los pequeños pasos van caminando sobre la arena de los recuerdos y las huellas guardan la forma en que sucedieron todos los eventos descritos. Todo se va entrelazando como si fuera hilado por Ariadna. Odisea va construyendo su trayecto, su propio viaje y es en este recorrido en el que descubre nuevos lugares y conoce a nuevas personas que tendrán un gran impacto en su vida y en la narración. En la odisea de Emilio, todo tejido conecta con otras personas, otras emociones y otras vivencias. Otras historias.

    La narración avanza impulsada por los fuertes vientos creados desde el horizonte de las palabras y nos llevan a (des)encuentros con sirenas; escuchamos los recuerdos y los versos de un cíclope que trabaja como guardia de seguridad; el oleaje va y viene, y la marea nos lleva y nos trae distintas referencias literarias a los poemas épicos del mismísimo Homero, y este mismo vaivén es el que nos indica que el recorrido aún no termina; pero, al igual que en la odisea del poeta que no puede ver (sólo relatar) llegamos a ese lugar donde nacen los amaneceres, los atardeceres y los anocheceres, el final del horizonte: el verdadero viaje en este relato es lo que nace del lugar más oscuro, olvidado e inhóspito.

    El final de la Odisea de la propia Odisea es sumamente poderoso y brilla con la imparable fuerza de las olas. La marea y el oleaje de la narración nos han trasladado de manera inesperada a la zona de juegos del parque Ítaca, la casita amarilla donde vive un terrible monstruo. Una vez más recuerdo la frase que me dijo Emilio: “en mi Odisea”, y también recuerdo que vi dos posibles interpretaciones; en realidad, ninguna de mis dos ideas me llevarían a donde en realidad llegué. Para Emilio, la Odisea, su Odisea, es un relato acerca de la amistad; cada personaje es una pequeña representación de las distintas formas en que la amistad se nos presenta; las y los amigos vienen en primera instancia irreconocibles, disfrazados de figuras aterradoras, vestidos de piratas o incluso, caminando en ocho patas o viéndote desde un lugar oscuro; los miramos y nos miran desde la segura lejanía y desde el terreno seguro del miedo; pero, el oleaje de la amistad es algo incontrolable y de algún modo inexacto te pondrá frente a aquello a lo que tanto temes.

    La Odisea es el recorrido no el final, es caminar con pasos inseguros, es perderse y tener miedo, pero aceptar que el destino, que la Odisea de cada uno de nosotros es una constante afirmación, es un constante “voy a seguir haciéndolo”. Así es el tejido de la escritura de Emilio, una especie de oleaje, te lleva a pasajes de la memoria y de los recuerdos que han quedado por completo incrustados en el hielo de lo irrompible; volvemos a tocar y sentir el hilo que construye lo que somos, caminamos sobre la arena de la que fuimos y volvemos a sentir esas primeras emociones e impresiones de lo que después se volvería concreto y recurrente; la espuma del mar cubriendo nuestros pies siempre es fría y después es un cálido vaivén.

    Por último, parte del recorrido en el texto de Emilio son las ilustraciones. Las ilustraciones realizadas por Mariana Castany logran reflejar la alegría y gozo con el que Odisea relata las distintas aventuras; sin duda, Mariana realizó una gran lectura de las intenciones de Odisea, pues eligió de manera muy precisa los pasajes que enriquecerían la visualidad de la aventura narrativa. Incluso, me atrevería a decir que en futuras re-ediciones de la novela, las ilustraciones deberían ocupar un mayor espacio para complementar las distintas escenografías en las que suceden las aventuras y descripciones de personajes.

    Esta primera (micro)novela de Emilio, espero, sea tan sólo el primer atisbo en el amanecer de muchas novelas. 

    Datos del autor de la novela Odisea

    Emilio Vázquez Romero Castany. Emilio es licenciado en Literatura Latinoamericana con mención honorífica en excelencia académica por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Ganador del 1er Lugar en el Concurso de Cuento ACNUR-ONU 2014 con el relato “La última semilla en la Tierra”. Colaboró como traductor y miembro del consejo editorial para Hélice. Revista de poesía, arte y traducción dirigida por la maestra Margot Agami Sobol en Prepa Ibero; corrector de estilo para la Dirección de Publicaciones de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, y redactor de la revista Ruptura/Apertura del Centro Virtual de Investigación y Documentación (CEVIDI) de la Fundación Cultural Macay en Mérida, Yucatán. Asimismo, trabajó como redactor de contenidos para la agencia de seguros Ramírez Ibarrola, Agente de Seguros S. A. de C. V. dentro de su marca comercial “Mi Auto Seguro”. Actualmente es coinvestigador, asistente editorial y reseñista para la revista electrónica de literatura infantil y juvenil LIJ Ibero.

    ¿Quién es Jonathan Morfin Figueroa?

    Jonathan Morfin Figueroa es estudiante de maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana investigando la construcción de los espacios, la arquitectura y la corporalidad en Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez; interesado en el gótico y el terror en sus distintas representaciones, literatura y películas, principalmente. Gran admirador de las obras de Salman Rushdie, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Aficionado del Manchester United.

    Comparte este contenido con tus amigos

    ... Hosting WordPress
    Yunier Riquenes García
    Yunier Riquenes García

    Master en Estudio en Lengua y Discursos, Universidad de Oriente, 2022. Doctorando en Ciencias Lingüísticas y Literarias, Universidad de Oriente. Doctorando en Letras Modernas, Universidad Iberoamerica de México. Licenciado en Letras (2006). Cofundador de Claustrofobias Promociones Literarias con Naskicet Domínguez Pérez.

    Claustrofobias Promociones Literarias
    Logo