La obra de Dora Alonso regresa a la escena cubana

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    La obra de Dora Alonso regresa a la escena cubana. La trae nuevamente uno de los mayores apasionados por su bibliografía: él se llama Rubén Darío Salazar Taquechel, recientemente galardonado con el Premio Nacional de Teatro; y lo acompañan en este sueño el colectivo de Teatro de las Estaciones. Pero advertimos, regresa a escena la poesía para niños escrita por Dora Alonso, porque seguramente los que comenzaron a leer pensaron en títulos de narrativa como El cochero azul, Las aventuras de Guille, o la obra de teatro Pelusín del Monte.

    Esta vez se trata de Una niña con alas (Paseo escénico por la poesía para niños y niñas de Dora Alonso); estuvo en cartelera del 28 al 30 de agosto de 2020 en el teatro Sauto, de Matanzas. Felices aquellos que pudieron disfrutarla y recordar los poemarios para niños de Dora. Yo en cuanto vi el anunció recordé El grillo caminante, La flauta de chocolate y Los payasos, tres libros que me acompañaron en la infancia; y entre los personajes que viven en esos poemas recordé la historia del caballito enano, la boda de don Pirulero, La gata de María Ramos, y el conejo Tararí.

    Rubén Darío me escribió por las redes que esta es una obra para promover la lectura. Me lo dijo categórico y con deseos de celebrar y recordar bien a la escritora cubana para niños, Premio Nacional de Literatura en 1988. La obra literaria de Dora Alonso puede ser siempre un espectáculo, una celebración, pensé.

    Antes, me escribe Rubén, Teatro de las Estaciones había llevado a escena otras piezas de Dora: El sueño de Pelusín, 1999; Pelusín y los pájaros, 2001; y Una niña con alas, en 2009. Siempre ha soñado con promover en el teatro la obra de Dora porque “es diáfana, tocable, sincera y mágica”. Y me escribe:

    “Qué niño cubano no leyó El cochero azul, Aventuras de Guille, El valle de la pájara pinta. Cuando supe que ella era la creadora de Pelusín fui en su búsqueda y me hallé a la autora de Once caballos, Ponolani, Tiempo ido y esa joya que es Escrito en el verano. Pronto saldrá una antología que hice de los poemas suyos donde existe la presencia de un niño o una niña, se titula “Niña Dora”, con ilustraciones de Zenén Calero”.

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    Aporte indudable al teatro cubano que hicieron los hermanos Pepe y Carucha Camejo, junto a Pepe Carril

    Conozco de Rubén parte de su pasión por investigar y leer. Ya tiene publicado uno de los libros imprescindibles para entender el teatro de títeres en Cuba. E intercambiamos de cómo el teatro es una vía excelente para la promoción del libro y la lectura.

    Para Rubén “el teatro pone en pie la literatura, la dramática, la poética, la narrativa, y si se hace con respeto y pasión ayuda a consolidar la cultura personal de cada quien, a tener la posibilidad de reflexionar, pensar y analizar las cosas sin necesidad de que nadie lo haga por nosotros”.

    Y me pregunta: “¿acaso montar clásicos desde 1995 como El gato con botas y La Caperucita Roja, de Perrault; Pinocho, de Collodi, Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll; Los zapaticos de rosa y Los dos príncipes, de Martí; y textos de Javier Villafañe y Federico García Lorca, ¿es promoción de lectura o no?”

    Me adelanta que a finales de septiembre harán un concierto performance con poemas musicalizados o declamados de José Martí, Amado Nervo, Nicolás Guillén, Mirta Aguirre, Luis Caissés, David Chericián, Edgar Allan García, Héctor Miguel Collado, Heriberto Trejo, Carmen Lyra, Teresa Crespo. Una fiesta poética que se llamará “Soñar con los ojos abiertos”.

    Más adelante conozco de dónde viene la pasión de Rubén por los libros:

    “Soy un lector empedernido desde niño. Culpa de mi padre. Me regalaba más libros que juguetes. Se lo agradezco. Muy pequeño ya había leído a Perrault, Saint Exúpery, Juan Ramón Jiménez, Verne, Salgari, Dumas, Defoe, Dickens, Barrie, Carroll, Madame Le Prince de Beaumont… Y claro, los autores cubanos: Martí en primerísimo lugar; Dora, la Aguirre, Nersys Felipe, Nicolás Guillén, René Méndez Capote, Onelio Jorge Cardoso y otros autores nacionales e internacionales de hoy”.

    “Cuando uno lee mucho y es a la vez teatrista, se activa un sensor que te hace leer y trasladar rápidamente las lecturas que te gustan a seres corpóreos, con colores y voces. Es maravilloso tener esa posibilidad. Crear cosmos que vienen de otros cosmos. Una sensación pletórica”.

    Rubén deja de escribirme y envía fotos de él, de Dora, de la puesta en escena. Y me envía el hermoso cartel de la obra. Se nota su alegría desbordada por Dora y por los jóvenes que forman parte de los tres elencos. Entonces, ¿por qué hacer en este tiempo una obra para promover la lectura?, le pregunto a Rubén, pensando nuevamente la obra Una niña con alas (Paseo escénico por la poesía para niños y niñas de Dora Alonso). Estoy seguro que Rubén y Teatro de las Estaciones removerán pasiones, afectos como lo hicieron recientemente con otra puesta dedicada a Teresita Fernández. Y estoy seguro que bien pudo ser, y puede ser aún, un espectáculo excelente y necesario para promover la lectura y a Dora Alonso, una de esas apuestas que bien pueden hacerse por el teatro.

    Y Rubén me escribe: “Leer siempre salva. Saber, conocer, mirar cara a cara la poesía es entrar en lo mejor del ser humano y hacer fiesta y si es en las edades temprana, entonces estamos contribuyendo a un futuro con hombres y mujeres de luz”. Ojalá pensemos que promover la lectura necesita de espectáculos como estos.

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