ENTREVISTA | Moisés Mayán: “La poesía es una carrera de fondo”

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    Escrita por Claudia Hernández Maden

    Cuando me enteré que Moisés Mayán había ganado el Premio de Poesía de la Beca Rolando Escardó en Camagüey, me dispuse a hacerle una breve entrevista. En el ajetreo de los días y mientras las preguntas del cuestionario iban cobrando forma, una noticia publicada en el perfil de Facebook del escritor, renovó mi interés. Según el post, Mayán acababa de completar su primera ruta de 10 kilómetros. Aunque trabajamos juntos durante algunos años en un periódico cultural, ignoraba por completo sus aptitudes como corredor de fondo, así que me dispuse a curiosear un poco.

    Moisés Mayán, ¿poeta y corredor? ¿No son acaso dos extremos de la condición humana?

    No creo en la romántica pereza del poeta, creo en el trabajo duro y en la disciplina creativa. Mi jornada comienza a las seis de la mañana cuando salgo a correr 5 kilómetros. Mientras corro me es absolutamente complicado sostener un pensamiento, y mucho más desarrollarlo, así que considero la carrera como un procedimiento de higiene mental, un vaciado de las papeleras de reciclaje que la noche no consiguió suprimir.

    Cada recorrido, como cada libro de poesía, es un desafío contra mi yo profundo. Corro contra el deseo de apagar la alarma del teléfono y quedarme en la cama una hora más. Escribo contra la natural propensión a no escribir. La voluntad que en la madrugada me empuja a una ciudad vacía, es la misma que me ubica frente a la página en blanco. Los poetas debemos aprender de los narradores a sudar sobre el teclado.

    ¿Cómo surge esta vocación por las carreras de fondo?

    Fue mi padre quien me llevó cuando niño a una pista de atletismo. Una vieja pista de arcilla en la que sigo corriendo desde entones. A veces he estado dos o tres años sin correr, pero luego vuelvo a retomar el paso. Los meses de aislamiento social originados por la proliferación del coronavirus en el país, me condujeron a asumir épicos maratones de lectura y escritura. Uno de los libros que cayó en mis manos durante ese tiempo fue De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami, quien además de novelista y aficionado al jazz, es un persistente corredor de fondo.

    Murakami, constituyó un detonante para mi regreso a la carrera. De modo que desempolvé mis viejos tenis, descargué una aplicación para corredores, y me leí algunos manuales para principiantes. Cuando uno se está aproximando a los 40 el cuerpo comienza a manifestar síntomas de declive físico y psicológico, y la carrera ayuda a retardar esa marea maléfica. Correr es un ejercicio muy completo, que además libera endorfinas que te conservan activo y si se quiere, feliz.

    ¿Además de Murakami, hay algún antecedente de incursiones de literatos en el mundo del deporte?

    Aunque debo reconocer que no es la regularidad, conozco a varios escritores que practican algún tipo de deporte: natación, artes marciales o ejercicios con pesas. Tratar con la palabra desgasta de una forma más demoledora que el propio trabajo físico; es algo que he podido comprobar en mi experiencia. Para el intelectual realizar deporte no es una opción, es una necesidad, y no estoy hablando de jugar ajedrez, sino de sudar la camiseta.

    Jack Kerouac se ganó una beca en la Universidad de Columbia por sus habilidades en el fútbol americano. Tolkien jugaba tenis a sus 40 años. Hemingway, no solo entrenaba con un saco de box, en ocasiones intercambió golpes con el novelista canadiense Morley Edward. Me parece que lo importante es no quedarse de brazos cruzados. Comenzar es difícil, pero si persistes un poco vas tomándole el ritmo hasta que te enganchas. Tu cuerpo estará muy agradecido.

    ¿Qué objetivos te has propuesto (como corredor y poeta) para el futuro próximo?

    Aunque a veces escandalizo a mis amigos diciéndoles que correré la maratón para celebrar mis 40 años, lo cierto es que no existen discrepancias entre mis proyectos como corredor y mi trabajo poético. Por lo menos para mí, la poesía es una carrera de fondo. Un sistema poético riguroso no libra nada al azar. La elección de cada palabra debe ser evaluada meticulosamente. Cuando sobrepaso los 8 kilómetros en una ruta aparecen las rozaduras en los muslos, los tirones en las pantorrillas, las molestias en los pies. Entonces aprendes a ser metódico y a prepararte mejor para el próximo reto. Eso hago también con mi escritura.

    Últimamente te has acostumbrado a ganar numerosos certámenes literarios, ¿pero qué significó para ti la Beca Rolando Escardó?

    La inclusión en las bases de los concursos de libros en formato electrónico, ha producido una apoteosis. Acabo de coordinar junto a Ronel González el Premio de Poesía “Adelaida del Mármol y recibimos nada más y nada menos que 80 cuadernos, una cifra récord para el certamen. Por lo menos durante este año, podremos saltarnos el complejísimo y costoso proceso de imprimir, encuadernar, y enviar por correo postal. Esta facilidad provoca participaciones multitudinarias, un auténtico maratón de aspirantes al galardón.

    Ganar un premio, cualquiera que sea, es una fiesta innombrable, no creo que uno se acostumbre. Que la filial de la Uneac en Camagüey, decidiera convocar esta beca, con el objetivo de rendir homenaje desde las letras al poeta Rolando Escardó, merece todo nuestro reconocimiento. Me siento muy afortunado porque mi obra fue distinguida por un jurado de autores que admiro: Teresa Melo, Roberto Manzano y Arístides Vega Chapú. No siempre las carreras terminan en la cima del podio, pero la verdadera satisfacción está en correr.

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