Ediciones Holguín 35 años después

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    Escrito por Moisés Mayán

    Ediciones Holguín es un templo. Tuve esa certeza desde mi visita inicial. El inmueble poseía su propia “música callada”. El silencio de los editores, el zigzag del lápiz sobre la impresión de pruebas, el tránsito del dedo índice en la piel escrita de la página, absolutamente cada detalle, contribuía a la atmósfera primigenia de aquella suerte de “lugar santo”.

    La década de los ochenta en Holguín estuvo definida por un inusual apogeo de su capital cultural. Aunque esta conmoción creativa no se redujo únicamente al ámbito de las letras, en 1986 se habían establecido las bases indispensables para el lanzamiento de la primera convocatoria del Premio de la Ciudad.

    Cinco autores locales se alzaron con el reconocimiento en su edición inaugural y cinco libros inéditos pugnaban por transformarse en tinta sobre papel. En el mes de abril de 1986, cuando la cubierta del reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil volaba por los aires, en Holguín se producía una explosión cultural sin precedentes. Del Taller 01 “Atanagildo Cajigal” germinaban en lotes de mil quinientos ejemplares, los poemarios Tenaces como el fuego, de Lourdes González y Bajo un cielo tan amplio, de Alejandro Fonseca; el volumen de relatos Primer encuentro, de Pedro Ortiz; el testimonio Salto al Ogaden, de Mario Nieves, y los ensayos de Manuel García Verdecia agrupados en La consagración de los contextos.

    Aunque la fecha fundacional de Ediciones Holguín se asentaría definitivamente en el mes de septiembre para hacerla coincidir con la presentación de los libros premiados, se puede señalar que la cáscara de este sueño comenzó a fracturarse desde mucho antes de su nacimiento público. Para el año 2000 cuando se reciben en las provincias las máquinas Risográficas con la indicación de conformar sellos editoriales donde no existieran, Ediciones Holguín poseía una experiencia de más de doscientos títulos publicados a través de la impresión directa con linotipos de plomo.

    Con anterioridad al “boom de la Riso” ya la editorial desarrollaba experimentos con tecnología diferente, y como resultado de esas incursiones se concluyó el libro Papeles de un naufragio de Lourdes González, impreso mediante el sistema off set en las instalaciones de GeoCuba. Dos décadas después de la irrupción de la Riso, Ediciones Holguín se ha convertido en una plataforma de referencia en el panorama editorial cubano. La pregunta que se impone sería: ¿a qué factores debemos el ascenso vertiginoso de esta casa publicadora ubicada en la región nororiental de la Isla?

    Permítanme antes de esbozar cualquier otro apunte, celebrar la acertada gestión de sus recursos humanos. Lourdes González ha logrado reunir a un equipo de incondicionales. En cualquier colectivo laboral se producen altas y bajas, sin embargo, el “núcleo duro” de Ediciones Holguín se ha mantenido inamovible en el transcurso del tiempo, además siempre hay espacio para un fichaje de talento demostrado. Esta editorial no solo le otorgó cuerpo impreso y legal a parte considerable de la producción literaria e historiográfica de la región, también ha ido sumando a su catálogo figuras que pertenecen al canon de la Literatura Cubana: Roberto Fernández Retamar, Fina García Marruz, César López, Antón Arrufat, y Miguel Barnet, entre otros.

    Le ha alcanzado el ojo avizor para detectar ausencias de irrenunciables de las letras universales en los catálogos de otras publicadoras cubanas; así llegarían hasta los lectores los poemas de Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Harold Hard Crane, o Alberto Pellegatta, por solo mencionar contados ejemplos. Las invasiones al complejo dominio de la traducción abrieron nuevos horizontes de posibilidades y Manuel García Verdecia, Edelmis Anoceto, Atilio Caballero, o Aida Bahr, se confabularon con la reconstrucción en lengua de Cervantes de obras que tributan a la diversidad de nuestras lecturas.

    Galardones como los Premios de la Crítica otorgados a Ataxia Espinocerebelosa tipo 2, de Luis Velázquez, y a Geometría de Lobashevski de José Luis Serrano, el Premio José Luciano Franco al mejor volumen de temática histórica, que recayó en La Reforma Agraria en Holguín de Mayra San Miguel, los reconocimientos La Puerta de Papel que entrega el Instituto Cubano del Libro y los múltiples premios A la Mejor Edición, todos dan fe del sostenido quehacer de Ediciones Holguín en estos 35 años.

    La revista de Arte y Literatura Diéresis, con la dinámica propia de las publicaciones seriadas, acompaña desde 1987 la evolución de la editorial. A estas herramientas promocionales se han añadido la producción de libros en formato electrónico, el boletín digital Los frutos del árbol propio y un perfil en Facebook para difundir las novedades que aguardan por el tradicional espacio de presentaciones La Hora Tercia. A sus 35 años Ediciones Holguín alcanza su definición mejor. Su voluntad creativa se impone a las carencias de insumos y los libros prosiguen su natural flujo hacia las manos del lector. Mientras se apueste por la sobrevida de las palabras y el arte conserve su rara vocación de mejoramiento humano y virtud, Ediciones Holguín continuará siendo “un imborrable centro de la verdad poética”, ese necesario templo de la letra impresa.

    Equipo Editorial Claustrofobias

    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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