Crítica literaria. Sí, ¿Pero a quién?

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    Escrito por Rito Ramón Aroche del libro La crítica literaria cubana entre el fuego de dos siglos, José Antonio Michelena, Ediciones Matanzas, 2010

    No recuerdo un momento de la historia literaria de este país donde el tema no haya estado presente. El hecho de si hay o no crítica literaria. Preocupa a muchos y, cuando eso sucede, es porque algo no debe andar bien en “La Ciudad Letrada“, supongo, o más bien, me gustaría suponer. Te dicen, los espacios están, las revistas están, el ya desacreditado Premio de la Crítica, te dicen que también está. Tal como también te dicen que está el sedentario (o siempre en ocio) Círculo de la Crítica. Y es cierto, todo está. Una publicación como La Gaceta de Cuba, se puede decir que prácticamente ya busca afuera la belleza prestada. Estudiantes de Letras oficiando de críticos. Verdecitos aún, todavía sin vicios ni muchos socios en su haber. Esto ha traído otro problema, porque entonces hay quienes piensan que no se trata de democratizar el espacio, sino de jerarquías. No ha que leí como andaba ese asunto en Perú, y no se diferenciaban los problemas de los de aquí. Luego encontré un libro de Tomi Kontio, un excelente poeta finlandés, traducido por un estimable amigo, Cristian di Nápolis, y este en su prólogo volvía sobre el asunto, tratándose ahora de las dos orillas: Argentina y Finlandia. Mira tú.

    Un amigo me dijo: “mira, Rito, el problema de la crítica en Cuba, es que es la misma puertecita de entrada y salida para todo el mundo”.

    Traduciendo: si te bajas con una crítica literaria a alguien, aunque sea elogiosa y a este no le gusta, puede que mañana el tipo esté de jurado en algún concurso al que hayas enviado, y este termine por cobrársela contigo.

    Si te bajas con una crítica literaria a alguien, aunque sea elogiosa y a este no le gusta, puede que mañana el tipo esté de jefe de algo y termine por cobrársela contigo.

    Si te bajas con una crítica literaria a alguien, aunque sea elogiosa y a este no le gusta, puede que mañana… Y etcétera, etcétera, etcétera.

    Súmale a todo eso la falta de tiempo, el precio de los libros, lo mala paga que son las leyes de derecho de autor, la casi nunca salida en tiempo de las publicaciones, lo malo del transporte para poderte llegar hasta la biblioteca y cotejar…Y demás y demás y demás.

    Hasta donde tengo entendido, el que menos preocupado debe estar por todo este embrollo es el escritor mismo.

    Es opinión de Roberto González Hechevarría que los críticos, los críticos de raza, se han dejado robar su espacio natural, y este ha sido ocupado por los escritores mismos. Si bien es cierto que se ha dicho siempre que los mejores críticos son los poetas o los escritores mismos.

    Sé de un narrador norteamericano llamado David Leavitt, o algo así, cuya tesis era: “no hago crítica literaria si tengo el menor contacto con ese escritor”.

    Estoy con Piglia en eso de que los mejores críticos son los estructuralistas, los postestructuralistas, o qué se yo. Quiero decir, casi todo ese tipo de gente asociada a la filosofía, a los estudios culturales, a la semiótica, o vaya uno a saber.

    En el plano personal, la crítica no es asunto que me interese demasiado. Crear, o dedicarle espacio a la creación, ya es algo que probablemente sí vaya conmigo. Los críticos que me pudieron interesar un tiempo, de momento fueron tumbando, y los que no, diz que un día se sintieron renacentistas, y hoy son filósofos, narradores, poetas, o el copón divino. Esto es: cualquier cosa menos críticos. Y agrégale a eso el hecho de que no exista (nunca ha existido) un ambiente favorable para la crítica, de modo que nadie venga a tomarlo como un asunto personal, lo que, hasta donde sé, es lo ocurrido en el noventa y pico por ciento de las veces. Los editores de los espacios antes mencionados puede que te digan (también sucede): “crítica literaria, sí, ¿pero a quién?” Recuerda que los tenemos verdaderamente intocables, vacas sagradas. Y el mensaje no deja de estar claro, y tú lo sabes: juega con la soga, pero no con la vaca. El sacrificio y hurto hace ya mucho que está sancionado.

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