Unas palabras de Urbano Martínez Carmenate para comentar la biografía de Alejo Carpentier

×

    Sugerir cambios

    La 32 Feria Internacional del Libro de La Habana tuvo entre sus dedicatorias el aniversario 120 del natalicio de Alejo Carpentier. Aunque no tuvo la repercusión que debía, se presentó la biografía de Alejo Carpentier, publicada por Ediciones Matanzas, del historiador Urbano Martínez Carmenate. Reproducimos el texto titulado Unas palabras que aparece en el primer tomo.

    Escrito por Urbano Martínez Carmenate

    El primer estímulo para hacer este libro vino de mi afición por la narrativa carpenteriana. El segundo me llegó por la Fundación Alejo Carpentier, que me premió el proyecto en 1998. No voy a referirme a los desestímulos, son agua pasada; pero eso también propició el acicate. Durante muchos años, la biografía del gran escritor cubano era asunto vedado para cualquier investigador serio, siempre asediado por tontos pudores personales. El obsesivo ocultamiento de verdades sencillas, intrascendentes, llegó a convertirse en pasión enfermiza, en un terreno peliagudo que iba desde la chismografía cursi hasta el ámbito de la estrategia gubernamental.

    La verdad es que el gran narrador nuestro escribió obras singulares como Los pasos perdidos o El siglo de las luces; pero, autor inteligente, escamoteó a los lectores otra novela, que siempre quiso disimular porque pasó casi toda su vida construyéndola. Esa otra novela era su biografía. No quería concederle a nadie el derecho de hacerla y en varias oportunidades mostró su reticencia ante curiosas propuestas que él asumía como invasiones a su privacidad. En una palabra: pretendía historiarse él mismo. Pero ya se sabe que esto es totalmente imposible. La autobiografía resulta siempre un documento justificante, cómplice y vicioso, solo salvable por sus valores literarios o testimoniales. El que recuerda, juega un papel prepotente y totalitario, tiene en sus manos un poder que le permite manipulaciones sospechosas. El que cuenta su vida ni es imparcial ni objetivo: es, simplemente, un contador de ficciones.

     En el caso de Alejo, todo resulta aun más difícil, por sus actuaciones a través de cuatro continentes y por la estancia prolongada en países como Francia y Venezuela. La peripecia personal se escurre, se ahoga entre mil pozos oscuros. Mientras más se intenta caminar hacia él, más tropieza el estudioso con escondrijos subversivos, atisbos que desorientan, zancadillas… Agréguese que el autoenmascaramiento también formaba parte de su esplendorosa personalidad. Era proclive a lo fantasioso, al vago fluir de la memoria, a la ocultación confabuladora. Daba la impresión de sostenerse sobre dos vidas diferentes, como hubiese podido disponer de dos trajes, para usarlos de acuerdo con las distintas estaciones. En sus testimonios autobiográficos esquiva, se equivoca o miente (quizás las tres cosas a un tiempo), ubicando el mismo episodio en distintas fechas, contando sucesos al revés, omitiendo datos capitales. No hay por qué pensar que siempre hizo esto a propósito o por simple malicia. A veces actuaba inconscientemente, avalado por su persistente vocación de fabular con los hechos

    Este libro es, ante todo, un ensayo, un acercamiento primario a la vida de un narrador ilustre. Mejor dicho: de un ilustre fabulador. Dominaba muy bien los códigos de la novela e intentó novelar hasta con lo suyo, con su mundo particular, aun cuando apenas contaba una parte de la realidad (como Hemingway, tan solo una porción del iceberg…). Supo convertir la técnica narrativa en una estrategia biográfica. Tenía a su favor algunas auténticas ventajas: una era la magia indiscutible de la palabra; otra, la garra del narrador erudito; por último, una condición azarosa: que, en la mayoría de las veces, la única fuente de los sucesos eran sus propios testimonios, contados con gracia, a la altura de cualquier bestseller de su tiempo.

     Para armar esta otra novela —obra más de Carpentier que mía— pensé que, si ambicionaba lograr cierta autenticidad, era aconsejable acercarme a él, a su estilo, sus formas. De cualquier manera, es Alejo el protagonista principal de casi todos los sucesos, él quien palpita en estas páginas. De modo que se trata de un libro barroco: por la profusión de contenidos, por el desbordamiento del discurso, por el andamiaje de su construcción. También hay una buena dosis de barroquismo en el contrapunteo (concepto de regusto carpenteriano) que establece su estructura, hecha con tal artificio que, sin condicionamiento forzoso, la narración principal alterna con las notas al margen, con los exergos y con fragmentos de su obra, propiciándole al lector nuevas rutas como complemento, un ensanche de miras, varias opciones para la lectura total.

    • Producto
    • Especificaciones
    PREMIO FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE MATANZAS  

    Aviso gratuito: lo real maravilloso llueve soberanamente sobre los capítulos del libro (no soy original: lo hizo Alejo). Era de esperar, porque el novelista con frecuencia se escapaba (fuga: otro concepto de su regusto) lo mismo a un bembé en Regla, al París de los surrealistas que a la gran sabana venezolana o a Los Andes para palpar la fluencia del Orinoco o el techo del cielo. No le bastó con hablar del asunto; continuó persiguiéndolo por el resto de su vida y lo mostraba oralmente en charlas, clases universitarias, conferencias o intervenciones radiales o televisivas. La ruta de su existencia nos llega permeada de ese fuego. La gente gozaba escuchándolo, quizás porque se hacía un poco más difícil leerlo. (Ojalá sea fácil escuchar este libro).

    Otra advertencia: ningún excesivo respeto por el hilo cronológico de la historia, salvo el porciento que aconseja la lógica elemental. Aquí el llamado biógrafo (de alguna forma debo titularme, ¿no?) avanza y retrocede en el tiempo, anota un acontecimiento y vuelve atrás, gana terreno en un momento para perderlo más adelante, promueve constantemente las reminiscencias del biografiado y juega —a propósito, nunca por gusto— con los planos temporales —tal como hizo el novelista en sus relatos— obligando al lector a zigzaguear, a ir en retrospectiva, a retroalimentarse o a ubicarse en lo concreto volviendo a una página anterior o a un capítulo pasado, como recurso que lo ayude a desenmarañarse. Es que este proyecto pretende captar la esencia de un hombre intenso y múltiple, no la de una tiesa estatua de yeso. Cuento al ritmo de la vida, de su vida.

    Sé que entrego un libro incompleto, escurridizo, como lo era Carpentier cuando barruntaba que alguien pretendía penetrar en su mundo privado, lo cual en este caso resulta imprescindible, porque la biografía no es propiamente la crítica, ni la investigación literaria; aunque acaso —al estilo de la vedette de moda— asuma un poco de cada cosa y se sirva de ambas, tal como Dante Alighieri se sirvió del poeta Virgilio para entrar al infierno. Sin embargo, debe asumirse de una vez que en el mundo contemporáneo ya este género ha evolucionado bastante y hoy resulta obsoleta la definición de biografía que arrastran los diccionarios desde la primera mitad del siglo xx: «historia de la vida de una persona». El mayor desliz que se comete es confundirla con la vida misma. Esto, más que ingenuidad, viene a ser torpeza. Piense el lector que cualquier vida, por breve y humilde que sea, es incontable en toda su dimensión, no cabe en papeles, ni en cámaras televisivas o fílmicas.

    En estos tiempos ya la biografía no es propiamente sinónimo de prodigalidad ni de escrupulosidad pacata. Procura más bien la especulación humana, sobre la base de una cabal síntesis episódica que discrimine lo incidental. Los héroes de hoy siguen siendo héroes, pero la descripción de los hechos que protagonizaron está en la prensa, en los libros y en internet, a disposición de cualquier lector. La labor del biógrafo consiste en hurgar con energía en la atmósfera espiritual, encontrar explicaciones y consecuencias, revelar lo trascendente que permanece oculto, beneficiarse con la información que ofrecen las fuentes aprovechables (no se excluyen las leyendas populares, la ficción literaria y los subproductos de la mitomanía), dialogar con todo (incluidos el biografiado y su obra); después, su función no va más allá de iluminar.

    Este texto no pretende otra cosa. Se propone regar (regalar) un poco de luz. Nada más.

    Comparte este contenido con tus amigos

    ... Hosting WordPress
    Equipo Editorial
    Equipo Editorial

    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

    Claustrofobias Promociones Literarias
    Logo