Sergio García Zamora: Pabellón de caza

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    Pabellón de caza no es precisamente un bestiario, no hay solo descripciones de animales y algún que otro ejercicio de analogías a la experiencia humana. Sergio García Zamora nos lleva al instante de la fuga de un animal, al momento en que se tornan vidriosas las pupilas, y escapa el alma tras el disparo. Asistimos al pacto de la bestia y el cazador: astucia y destreza que concurren en el mismo escenario varias veces: primero en el campo de batalla, luego en el poema.

    Con texto homónimo (PABELLÓN DE CAZA) inicia el cuaderno y describe la experiencia del noviciado: una galería que revela la posesión de los trofeos, piezas cobradas del safari que sobrecogen al autor ante el escenario de animales perfectamente embalsamados, donde la asepsia —dice— anula el espíritu/ que antes señoreo las praderas y boscajes, y elucubra de esta manera el instante del ciervo, el momento fatal cuando advirtió el ruido enemigo entre la hierba.

    El ciervo se protagoniza otra vez como imagen cliché  de las cacerías,  modelo del gardeo cazador-bestia; junto a él, el alce y el gamo, sus parientes, y las gacelas, paradójicamente animales divorciados de la fauna tropical, son expuestos en la poesía de Zamora con el halo generalizador de las referencias, no así cuando la descripción es, por ejemplo, sobre  caballos, el autor capta con un vívido realismo (en otro texto homónimo) el momento de la castración de un caballo: El ojo de los caballos/ amenaza con tragárselo todo/ en el momento de la castración. 

    Así, el lente de Zamora se acerca o distancia —pienso— según la experiencia o la importación de una realidad, y la nitidez de su imagen está sujeta al afán por llegar o no a lo sensitivo, intimar en la vivencia de una fauna o el simple apego de atrapar en su voz nociones ya establecidas sobre los animales. La perspicacia lo guía, casi siempre, a asumir el símbolo que entraña la bestia como cuerpo para el poema. 

    Agrupados por especies los animales seleccionados por el autor intentan ir definiendo secciones en el libro. Una vez los textos sobre ciervos, gamos y gacelas; las aves, luego una sección dedicada a las trampas y encrucijadas. Los insectos, y después el ganado equino, ovino y vacuno; los peces, y como un par dialéctico el perro y el gato entre los felinos. Por motivos de sociedad, un texto dedicado al ratón y, casi al culminar, en un abortivo señala a los cocodrilos que también sugieren, por sociedad, el texto: “DE PIEL” y cito: Zapatos. Bolsos. Cintos. Cartera./ Sobre la mesa el vendedor. / Animales supuestamente bellos/ fingen dormir. Entonces, otra asociación dialéctica: lobo y cordero y, finalmente: “MEMORIAS DE LA BESTIA”. Un hombre que siente que ha tenido su pasado en una bestia, y lo intuye por los rezagos del animal, todavía en él.

    Estás memorias al final del libro no solo crean un flash back donde el sujeto lírico reconoce en sí los rezagos de alguna bestia, sino que impone también una relectura bajo dicho criterio, acaso una de las estrategias del libro en la que, cazador y bestia; hombre y animal, describen una complicidad trascendente, misteriosa cercanía que pareciera tener explicación —según sugiere— en Darwin o Jesucristo.  Es la razón por la que el autor, como tanteándose, arriesga su discurso sobre el animal doméstico o sobre el salvaje, ya sea para afrontarlos con el hombre o para de destacar con él un tipo de relación. 

    De esta manera destaca entre los pájaros alguna cualidad inherente. De la grulla, por ejemplo, dice: No teme: ella es la eternidad, el reino instaurado. Aun cuando dispares, su espíritu será el mismo; sin embargo, en “EL PICHÓN CAÍDO”, establece una relación, un puente afectivo con la madre: destaca la extrañeza que siente el que ignora cómo devolver a su nido un pájaro, leyéndose el nido, también, como símbolo del hogar. 

    En “PALOMA” lo que rige es la relación de esta con el palomero, la paradójica entrega al ejercicio de liberarlas para luego verlas venir o no y cito:

    Pero las que regresen
    deberán ir más lejos
    hasta que su obsesión fije un límite
    o ya no vuelva ninguna.
    Así pasa las tardes de zozobra y atalaya.
    No estoy seguro lo que desea probar.

    En cambio en “AURA”, rige la cualidad del mal augurio: vagan las sombras —dice— de la carroña a mediodía./ Nunca es bueno mirarlas demasiado.//

    La analogía que establece con el hombre en el texto ya citado “CABALLOS” merece una atención especial, pues el ojo del caballo al ser castrado crece con desmesura de agujero cósmico ysolo encuentra parigual —asegura— en el pez tendido sobre la arena/ que aún busca respirar con todo el cuerpo/ y en ciertos jóvenes de provincias/ mientras cortan sus cabellos/ para servir a la patria//. Es loable la visualidad que encuentra Zamora al resaltar la importancia que confieren al cabello ciertos jóvenes, auxiliándose en la expresión de castración de un caballo.   

    García Zamora, Sergio: Pabellón de caza. Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, Cuba, 2013., debe ser más o menos la entrada en cualquier catálogo de alguna ciudad del País. Valga decir: edición bilingüe, a cargo de Eliecer García Zamora.  Es el cuaderno, ante todo, una propuesta que se distingue, en cuanto a temática, del resto de los autores de su generación; es la apuesta de un buen creador por revitalizar, contra casi todas las expectativas una temática, apoyado en la confianza de un estilo atractivo y un manejo ingenioso de las ideas. 

    Yansy Sánchez

    Yansy Sánchez

    Poeta y graduado de la carrera de Letras por la Universidad de la Habana, donde laboró como profesor de Lingüística desde de su graduación en el 2008 hasta el 2012; luego, de 2013 hasta 2017, pasó a ser profesor de Literatura General en el Instituto Superior de Arte (ISA) y, en ese último año, comenzó a trabajar como investigador en el Centro de Estudios Sociales Cubanos y Caribeños (CESCA) de la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba

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