Ñámpiti: un beso de El lagartija

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    Yo quisiera que no, que la muerte no fuera verdad y que El lagartija siguiera acostado sobre las cardonas con su hierba de tres bigotes. Sería igual de divertido si cayera en la redada un caguayo, una salamanca o un chipojo. Pero si de cazador pasara definitivamente a presa, entonces quisiera que El lagartija fuera una flor, un asfódelo gigante, eterno, así como Brunelo, un ciego capaz de ver tantas cosas…

    Y si la introducción fue de lagartijas y flores, por supuesto el texto que sigue es sobre Ñámpiti publicado por la editorial Sed de Belleza, 2012 y 2015, una novela hermosa salida de la imaginación de Eduard Encina, al que daría lo mismo llamar Handel o El lagartija, porque sin dudas, el texto tiene mucho de autobiográfico.

    No creo justo que Ñámpiti se considere solo como un libro para niños y jóvenes, porque las temáticas que aborda, los giros dramáticos en las historias y la trascendencia de su mensaje final es cosa muy seria, cosa también de mayores. Y no es que la literatura para niños sea menor o que los adultos requieran un lenguaje distinto, sino que, en estos tiempos, todos deberíamos repasar nuestros valores, nuestras carencias, nuestra fe en el amor y la vida a través de la lectura un texto como el de Encina, encontrarnos en él como un niño que se descubre ante el mundo infinito y natural del patio de su casa, entre las cuatro paredes de su cuarto o en el pupitre de un aula llena de las historias personales de otros niños.

    Decir que Ñámpiti es una historia de amor entre dos niños, está bien, pero es poco; decir que es un libro de aventuras, también. En el texto se repiten las inquietudes humanas de siempre:

    • ¿Por qué sufrimos?
    • ¿Dónde vamos cuando la existencia física expira?
    • ¿Por qué los hombres están llenos de vicios?
    • ¿Por qué somos abandonados?
    • ¿Quiénes son los malos?
    • ¿Quiénes los buenos?

    Y hay una tristeza tácita o una nostalgia en cada respuesta. Leer la novela compuesta por 38 capítulos breves, titulados y llenos de sentido es como estar en esos parajes del campo o del pueblo en el que hemos crecido muchos; y es aprender no solo de lagartijas y flores, sino del ser humano, sus miedos y debilidades, así como de la grandeza que se esconde en cada uno como una semilla en espera del momento justo para germinar y florecer. Todos, ha dicho Eduard, tenemos una flor dentro y por supuesto, las flores son más de lo que parece…

    Una vez escuché a Eduard decir que en este —como en todos los tiempos— hay que cultivar la imaginación, las ficciones de cada uno. Y tiene razón, porque hay una riqueza insospechada en la cotidianidad, en nuestras historias de vida. Encina nos atrapa con lo ágil que resulta la lectura de su historia y por la verdad. Los escritores del campo —como calificó alguien a los escritores orientales— tienen la facilidad de decir las cosas como son, sin muchos rodeos y con una belleza que estriba en lo puro y bueno del hombre natural que protege su fantasía de los edulcorantes, los dobleces y los formularios de Disneylandia.

    Eduard es un hombre sincero y original, un guajiro que conoce los nombres de las plantas, los secretos de los animales y que vive orgulloso del fango en su zapato, de la sencillez del ser humano que representa: ahí está su obra para que no quede ninguna duda. Yo misma me he descubierto ahora en el patio de mi casa haciendo comparaciones entre salamancas, caguayos, chipojos y lagartijas, animales que he visto siempre, pero a los que les descubrí una hermosura reciente, una simpatía que nació con la obsesión de Handel.

    También he pensado en qué flor derivaré llegado el momento. Me encantaría volver a ser niña para tirarme boca abajo entre las hojas del patio de mi casa, para agarrar alguna lagartija o para estudiar los nombres y rudimentos de las plantas…Ya no tengo edad para eso, ni para creer en brujas, pero sí para encontrar la naturaleza de mi flor y cambiarla en caso de que algún cardo pueble mis jardines. Y quisiera que Eduard, con la luz de sus ojos vivos y la inocencia de su gorra hasta las orejas, estuviera aquí para poder hablar de eso.

    Ñámpiti – Eduard Encina
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    Handel e Inés, los personajes protagonistas de esta historia, viven decisivas aventuras que van desde cazar lagartijas, atisbar a la bruja del pueblo  o enamorarse al amparo de dos bellas flores.
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