Miguel Ángel Botalín Pampín ~ El más santiaguero de todos, José Antonio Portuondo

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    Entrevista realizada el 19 de abril de 2011

    Cuando leí el libro Cuestiones privadas. Correspondencia José Antonio Portuondo, Editorial Oriente 2002, me quedé pensando en la admiración que sentían hacia Portuondo varios escritores reconocidos que yo admiraba: Virgilio Piñera, Alejo Carpentier, Lino Novás Calvo, José Soler Puig, por sólo citar algunos. El ensayista mexicano Alfonso Reyes afirmó que lo necesitaba cerca por su capacidad. También mantenían relación con Portuondo pintores e historiadores reconocidos. Cada uno buscaba un consejo, o el criterio del joven José Antonio, quien comenzó a realizar una labor de orientación en varias publicaciones y en la radio.

    En 2011 se celebró el centenario del natalicio de José Antonio Portuondo. No podíamos obviar el trabajo de Portuondo, olvidado por unos, ignorado por otros. Ahí está la figura de Portuondo, que no puede convertirse solo en el nombre de una institución. Agradezco la conversación a Miguel Ángel Botalín Pampín, destacado intelectual santiaguero, quien fue considerado por la familia como un hijo. Las nuevas generaciones sabrán darles las gracias. 

    ¿Cuándo se inicia su relación con José Antonio Portuondo?

    Al regreso de José Antonio y su esposa Berta a Santiago de Cuba en 1953, Rafael Rivero, Nilsa Espín, Leyla Vázquez y yo, entramos en una comunicación, cada vez más estrecha con ellos. En su casa, en la Universidad de Oriente y en la Galería de Artes Plásticas. Esa comunicación estuvo siempre respaldada por principios políticos, en primer lugar, y en el universo de las artes y las letras en un orden inmediato. Ladislao González Carvajal fue otra de las personas que nos inculcó, en la casa de José Antonio y Berta, los principios que tenía. Décadas después me disculpé con José Antonio y Berta por los abusos que tuvimos en relación con las llegadas a deshoras y el ilimitado tiempo que le consumíamos. Aclaro que su respuesta fue que lo habían disfrutado tanto como nosotros.

    Entre 1953 y 1958 José Antonio impartió clases en la Universidad de Oriente, luego, en el periodo de 1962 a 1965 fue rector de esta alta casa de estudios. Desde su punto de vista, ¿cómo incidió su trabajo en la Universidad?

    Hoy alumnos y trabajadores de la etapa de José Antonio como profesor primero, y como rector después, lo consideran muy especial. De esa etapa como profesor alumnos hablan de las clases de José Antonio, que inclusive, podían ser debajo de un árbol, y tiene un pedestal en la memoria de los alumnos que hoy son profesores o trabajadores de estos centros. Y como rector enfatizan mucho en el carácter de la humanidad de José Antonio para resolver los problemas de carácter administrativo que llegaban a la mesa del rector. Tengo relaciones con la que fue, muy joven, secretaria del rector y cada vez que la encuentro en Santiago, en cualquier calle, siempre me menciona la etapa en que ella fue su secretaria. Eso es lo que está en la memoria de los que lo trataron en la universidad.

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    • Especificaciones
    El libro ofrece las cartas remitidas a José Antonio Portuondo entre los años 1932-1986 por diferentes escritores artistas y músicos.
    Autor ,
    Editorial
    Encuadernación
    Publicado
    Páginas 418

    ¿Qué características personales usted cree que hacen posible la comunicación y la confianza de José Antonio Portuondo con relevantes artistas e historiadores cubanos y extranjeros?

    Desde años juveniles José Antonio se destacó por sus trabajos, programas radiales, discursos y críticas sobre la guerra de España. Publicaciones periódicas, libros, reconocimientos por instituciones y personalidades a su labor como intelectual joven, antecedentes muy positivos en la vida de José Antonio. Un joven por entonces, José Saramago, viajó a Madrid con el único propósito de conocer a José Antonio Portuondo, de quien solo había tenido noticias en publicaciones donde él aparecía. Si valoramos las recomendaciones de amigos que le proponen becas o trabajos de docencia en universidades fuera de Cuba, nos damos cuenta que lo tenían altamente valorado cuando era muy joven y que sirvió para el resto de su carrera el hecho de estar considerado de esa manera por sus amistades y otros intelectuales. 

    ¿Cómo vio usted la relación de José Antonio Portuondo con José Soler Puig?

    Soler, amigo entrañable, está entre las personas que mayor apoyo recibió de José Antonio en su etapa de formación y madurez como escritor, desde muy temprano, cuando solo escribía cuentos. José Antonio ayudó a Soler en las páginas de Galería, la revista de la institución del mismo nombre. Fueron publicados varios cuentos que es una delicia leerlos actualmente. Bertillón 166, que proyectó Soler, fue discutido y criticado por José Antonio y Berta en la casa de ellos. Soler prácticamente se había arrepentido de enviarla al concurso de Casa de las Américas y finalmente José Antonio lo convenció y terminó ganando el Premio Casa en la primera convocatoria, como es conocido.

    ¿Y con la ciudad de Santiago de Cuba?

    José Antonio Portuondo sí es el más santiaguero entre los que yo he conocido. Santiago, como ciudad, ha contado con ilustres hijos a través de los casi 500 años que cumplirá en el 2015. Habrá que hacer un rescate y sabia divulgación de ello. Desde Miguel de Velázquez hasta los inicios de la lucha del 68, con la presencia de la División Cuba, que apenas se menciona en las luchas de independencia, y que tuvo en sus filas los mejores hijos de Santiago; escritores y artistas de todas las manifestaciones integraron la División Cuba. Contamos en esa etapa con treinta generales y personalidades que sin ese u otro grado militaron, aportaron a Cuba o a otros países sus ideas y pasiones. Portuondo está en la última etapa de las luchas con la única posición que podía asumir, enfrentándose desde Santiago, su ciudad, a la tiranía batistiana.

    España les había otorgado a los antecesores de esta rama de los Portuondo, de origen catalán o vasco, le había otorgado, repito, el título de Marquesado de las Delicias de Tempú. Nunca habló de eso. No quería dar a conocer sobre esto. La propia Corona retiró el Marquesado a los antecesores de la familia de la rama de los Portuondo por haber tenido ideas contra la colonia a favor de la independencia de Cuba. Siempre me había preguntado por qué le habían retirado el Marquesado. Y hay otro elemento más, contrario a lo que la Corona hubiera esperado, en el antiguo cementerio de Santiago de Cuba, conocido como el cementerio de Santa Ana, estaban las bóvedas de las personas más pudientes, además de los pobres. Pero entre las más representativas, estaba la bóveda del Marquesado de las Delicias de Tempú. Era una bóveda preciosa, de la que solo queda una fotografía, porque al trasladarse el cementerio de Santa Ana a Santa Ifigenia, esas bóvedas sufrieron daños y algunas no se salvaron, no se pudieron trasladar. Y la familia Portuondo, al morir el médico Antomarchí, que recala en Cuba después de 1821, con la muerte de Napoleón, lo acogen, pero además de acogerlo, cuando muere Antomarchí lo entierran en la bóveda del Marquesado de las Delicias de Tempú. Lo que representaba Napoleón, que invadió España, es otro motivo como para retirarle el Marquesado a la familia. Yo no tengo tiempo ni me dedico a la investigación histórica para averiguar qué cosa fue lo que pasó con el Marquesado, pero José Antonio jamás quiso hablarme de esto y yo lo sé por tradiciones orales. Esto es una cuestión familiar, pero que a él esto no le interesó para nada y doy fe de que, en medio de la neo república, que nosotros vivimos, había gente que ostentaba los blasones que habían adquirido sus antecesores como algo muy importante. José Antonio jamás habló de eso. Nosotros, por ejemplo, ahora estamos en un lugar que se llama Terrazas, que era del Conde Duany. José Antonio jamás habló sobre las Delicias de Tempú y era el único heredero directo de esa rama de los Portuondo. Solo como dato curioso, y solo lo pongo como elemento de cuán lejos estaba de importarle a Portuondo de dónde venía o dónde estaban los nobles orígenes de su apellido.   

    José Antonio Portuondo colaboró en las revistas Galería y Cultura 64´. ¿Cómo inició y mantuvo este vínculo?

    En la revista de la Biblioteca Nacional José Martí expuse en el trabajo “José Antonio Portuondo y la Galería de Artes Plásticas de Santiago de Cuba”, de forma sucinta, los vínculos y aportes de José Antonio a Galería, como institución, y a su órgano publicitario principal que fue conocido con el mismo nombre de Revista Galería.

    Antonio Ferrer Cabello fue el creador de Galería, pero José Antonio nos trajo a nosotros los mejores intelectuales de todas partes, de Santiago y de La Habana, que nos ayudaron a hacer una labor de peso en la cultura cubana.

    Con Cultura ´64 su tiempo no le permitió moverse con tanta presencia como lo hizo en Galería. Fue, sin dudas, muy importante el análisis sobre la novela en la Revolución Cubana, trabajo hecho para el prólogo de El derrumbe, de Soler Puig, que en ese momento estaba en imprenta el libro, y nosotros nos adelantamos en sacar el prólogo con la autorización de Portuondo y Soler. Eso trajo una polémica muy interesante entre jóvenes intelectuales ya valiosos de la época y Portuondo, y se fueron incluyendo otros nombres, que también fueron publicados en Cultura 64. La presencia de José Antonio pudo haber sido mayor en Cultura 64, pero la carga de trabajo que él tenía se lo impedía.

    ¿Qué importancia usted les concede a las numerosas colaboraciones de José Antonio Portuondo en las publicaciones periódicas cubanas y extranjeras?

    Por su activa labor por el arte y la cultura, por su visión política en contra de la dictadura batistiana, por sus criterios marxistas, por su posición contra la tiranía desde Santiago. José Antonio polemiza en Bohemia con el español reaccionario Félix Montiel y otros del patio como Otto Meruelos, esto aparece en la revista Bohemia en varias semanas, en una semana atacaban a Portuondo y en la otra semana José Antonio respondía. Eran denuncias políticas, no eran polémicas, como era natural porque era comunista, porque Montiel era un anticomunista fervoroso.

    Siempre tendrán las publicaciones periódicas un fin valioso para lectores que no acuden al libro y aquellos que acuden al libro se informan de primera mano de cualquier elemento en publicaciones periódicas y luego se puede profundizar de acuerdo a la especialización de la persona. Pero son muy valiosos y José Antonio le dio una importancia tremenda.

    Todo lo publicado en revistas, no solamente en Cuba sino también fuera, conforma un libro que tiene todas las pautas políticas, estéticas y los valores que José Antonio trasladó siempre en su creación literaria. Yo lo consideraría fundamental sobre todo para el gran público.

    ¿Y qué relación tuvo con la Revista Santiago?

    En 1973 me nombraron director en Extensión Universitaria, y poco después de la Revista Santiago de la Universidad de Oriente. José Antonio mostró preocupación porque fue fundada por Juan Almeida Bosque en 1970. Desde sus inicios se dedicó a informar de manera seria y valiosa sobre el estructuralismo y la semiótica. Su preocupación era válida. Supe que tenía razón, porque no contaba con los contactos ni la localización de autores sobre los temas mencionados, por eso proyecté el perfil de la publicación hacia la última y definitiva lucha revolucionaria. Hubo un riesgo por lo cercano de los hechos ocurridos, pero la sinceridad de autores y participantes salvaron los posibles escollos del camino, contando con una positiva y pública valoración de la revista por parte de José Antonio. 

    En una entrevista José Antonio Portuondo afirmó: “No he tenido nunca subordinados sino colaboradores, compañeros”.

    José Antonio no tenía subordinados, José Antonio era José Antonio Portuondo, tenía una humanidad, una inteligencia y una bondad increíbles. Yo creo que eso lo protegía mucho de cualquier tipo de estropeo que pudieran llegarle planificados o no por otras personas. Llegaba a ser ingenuo, ese es mi criterio, es decir, la ingenuidad de creer que todo el mundo era como él: noble, limpio, austero.

    Yo creo que la Universidad de Oriente tiene la obligación de rescatar la figura de Portuondo. Nos toca, sobre todo, a los santiagueros. La obra de José Antonio necesita como la de muchos que no nos acompañan, se investigue. La Universidad de Oriente tiene la principal responsabilidad en ese sentido. Frecuentemente sus estudiantes me entrevistan sobre intelectuales que están investigando para sus trabajos de diploma, y realmente me sorprende, que todavía no sepa de un trabajo abarcador sobre la obra de José Antonio.

    Al alumnado de la universidad que se va a graduar pudiera ponérsele como tarea la investigación de personalidades. Están conviviendo con figuras como la de José Soler Puig, que tiene una dimensión no solo cubana, y su dimensión la descubren después que muere, ¿y por qué, por qué pasa esto?

    ¿De los libros de José Antonio Portuondo cuál usted sugiere? ¿Por qué?

    Esta es una pregunta muy difícil, la relación amistosa con José Antonio llega al punto de que yo lo tengo como un padre. Yo tengo sus libros dedicados, y no puedo escoger entre uno u otro, yo lo tengo a él en un pedestal, lo que sí creo es que José Antonio vivió como preconizaba, nos dejó una obra crítica dadora no solo a los creadores de cual y más cual manifestación, sino para poder aplicarla con profundo conocimiento de causa con solo acercarse a notas para una fisiología de la experiencia estética, las diversas ediciones de sus ensayos, críticas y estudios históricos incluyen su versión de Martí y Maceo, convertidos en temas imprescindibles para un cubano de esta época y las futuras. Deseo la publicación que José Antonio se merece y no quede excluido en ella lo que nos brindó con profunda dedicación: Estética y revolución, El pensamiento vivo de Maceo, Martí como crítico, Martí y más de una vez Martí.

    ¿Cómo usted valora la relación de José Antonio Portuondo con la obra martiana?

    José Antonio nos presenta a un Martí contemporáneo, actual y muy involucrado en el proceso de la última etapa de nuestra Revolución, como si hubiera tomado vida y hubiese bajado de los pedestales. Para José Antonio fue el compañero José Martí. Esa frase la usó mucho. Es Martí compañero en los combates de la Sierra Maestra, en los enfrentamientos con los cuerpos asesinos de la tiranía, en las cárceles, en el entierro de los compañeros caídos. Un Martí con todas sus ideas y enseñanzas a la vez que señaló el camino de José Antonio Portuondo, dentro de ese combate, por reivindicar a los excluidos, no fue un martiano que se fuera del país como muchos otros conocidos. Cuando sale de Cuba en plena dictadura fue porque el Partido lo mandó a Venezuela, yo lo hubiera mandado a la Sierra, eso lo discutimos en el Partido, pero el Partido consideró que no. 

    ¿Y qué es lo que más le molestaba de José Antonio Portuondo?

    Siempre opiné que no aprendió a decir que no. Abusaron de él. Cuando digo abusaron de él lo digo en el rango y en el nivel que se desenvolvió como cubano, revolucionario, militante, e intelectual. Le han echado culpas que no tiene. La gente dice que en los dos tomos del Diccionario de la Literatura Cubana él omitió nombres importantes y sé que no fue él. Eso también yo lo sé. Y hay otro evento que se produce en la Uneac que también la gente dice, bueno…, ¿por qué Portuondo? No fue él, no era él el que tomaba esas decisiones. Siempre fue muy disciplinado, muy al partido, muy a las autoridades, a los superiores. Y no siempre se puede ser tan disciplinado porque todos somos seres humanos. En algún momento tienes que decir que no. Es lo único que pudiera criticarle.

    Como amigo, ¿cómo le gustaría que recordaran a José Antonio Portuondo?

    Nunca lo escuché quejarse absolutamente de nada. De nada que le podía estar ocurriendo, cambio de cargo o galardones, y sí que los recibía bien y los recibió y los guardaba. Eso era importante. Aceptaba los premios y distinciones en Cuba y fuera del país. Normalmente los guardaba sin mostrarlos y sin divulgarlo con alguien. Iba tranquilamente a la memoria. No tuvo preferencias por ninguna de las condecoraciones que recibió. Un día me contó: todas las mañanas veo a un viejito en el espejo a la hora de afeitarme y me digo “qué orgulloso estoy de este viejito”. Me reí. Era un chiste, pero un chiste que dice que vivió como debe vivirse. José Antonio era la persona que representaba los principios que proyectaba. Eso es importante en la vida, y eso es lo que uno siente cuando pierde a los padres, como un padre sustituto, así es como lo recuerdo.

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