Elaine Vilar: “Sé esperar. Sé escribir y engavetar los textos por años”

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    En el 2016 moría mi abuelo. Abril, 10 de la mañana. Cuatro meses después, moría mi perra. Agosto, 4 de la tarde. Entre una despedida y otra comencé a escribir “El ojo de equus”. El día que terminé el libro, talaron el árbol de mi infancia, el árbol de mis vecinos, el árbol que paría boliches todo el año y que, con el paso del tiempo, se había transformado en un tronco vacío, en la cuna de un nido de abejas. Cuando una generación se despide, cuando una familia se rompe, la poesía no tiene otro remedio que explotar o desaparecer.

    “El ojo de equus”es poco más que la memoria de ese año, que la memoria de mi infancia y de mi juventud, describe —tan bien como alcancé a hacerlo— mi relación con el arte y la belleza, con mi cuerpo y la mente colmena de los millenial. Ya no existía un guardián en el centeno ni un graffiti de Bansky en el parque de mi niñez. ¿Qué me quedaba entonces? Convertir todo en acción. Convertir la quebradura en moldura. Y la moldura en montura. ¿Qué me quedaba? Correr pradera adentro.

    El Premio Oriente me emocionó muchísimo, sobre todo porque en ese año 2020 necesitaba mucha energía, mucho impulso, mucha retroalimentación para seguir adelante. Este fue un premio propicio que llegó en el mejor momento, diría yo: una vuelta al ciclo de la vida en el que, aun hoy, confío. Además, no es secreto, Cuba es mi patio, es mi cuna, en Cuba están mis lectores naturales, y cualquier oportunidad de comunicarme con esos lectores a través de un libro, de un poema, de un performance, es siempre un puente que deseo cruzar. A veces lo cruzo con reserva porque los años me han hecho precavida, y un poquito incrédula también, y trato de evitarme ciertas lides, ciertas luchas internas entre la persona que soy y la dinámica propia de un certamen. Pero lo cierto es creo en la perfección de cada tiempo y este libro, en específico, tuvo que esperar cuatro años para convertirse en la materia que es hoy. Se depuró el cuerpo del texto y se escanció con paciencia. Y aquí está el resultado. Un resultado con forma de premio.

    Me considero una escritora paciente. Sé esperar. Sé escribir y engavetar los textos por años. He aprendido. el ojo de equus, si tuviera que definirlo de otra manera,es el ojo de ese aprendizaje.

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    Consejo editorial integrado por periodistas y colaboradores de toda Cuba que gustan del mundo literario.

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