Carlos L. Zamora: “Cuando me siento a escribir una historia la he soñado antes muchas veces”

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    No tuve el privilegio de nacer rodeado de libros ni en el seno de una familia en la que la lectura se considerara una actividad fundamental. Mis padres, personas muy humildes, soñaban un futuro mejor para sus hijos y confiaron siempre en que la escuela y los estudios, constituían la clave de todo, pero no tenían ni la capacidad económica ni la visión para advertir que el camino de la lectura podía acercarme a esa meta desde la propia casa.

    La biblioteca municipal me salvó de esa carencia, descubrirla significó el inicio de una aventura interminable. Nunca leí tanto como en la infancia y la adolescencia, ni siquiera cuando muchos años más tarde esa vocación determinó la elección de la Filología como carrera universitara. Desde entonces ya he estado siempre rodeado de libros, y las bibliotecas, en varias etapas de mi vida, han sido no solo una ocupación laboral sino casi exclusivamente mi sostén espiritual.

    La decisión de escribir nació entre lecturas, con una timidez que todavía conservo. No tengo seguramente muchas razones para vanagloriarme de mis éxitos literarios, pero cuando se suceden algunos elogios me llamo a la humildad leyendo a los mayores.  Tengo muy cerca a Martí, a Eliseo Diego, a Lorca, a Dulce María Loynaz, a Flaubert, a Zola, a Maupassant, a Chejov, a García Márquez, a Vargas Llosa, a Vallejo, a Carpentier…, y otros tantos, en exquisito desorden entre mis anaqueles, que me advierten, desde su genialidad, de lo modesto de mis contribuciones.

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    Toda antología implica un riesgo, pero esta selección que toma a José martí como motivo temático constituye sin duda un valioso testimonio del largo …
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    Editorial

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    Colección

    N° de páginas

    208

    No obstante, me esfuerzo por hacerlo lo mejor posible y me siento comprometido con la suerte de mi país y de mi época y tengo la ilusión de que mi obra participe de ese imaginario, de esa suerte de construcción permanente que somos. Y cuando uno lee los diarios, al menos esa es la percepción que yo tengo, no me siento satisfecho con la versión de la realidad que reciben mis contemporáneos y pienso que a los hombres del futuro les costará mucho más conformar una historia coherente de estos días que corren, recurriendo solo a la prensa y sin el auxilio de la Literatura. Y no se trata de un filón sino de una responsabilidad que tenemos los escritores de dejar testimonio de nuestro tiempo, que no significa adscribirse a un género sino ser consecuente y ofrecer una perspectiva crítica, asumiendo los riesgos que correspondan.

    Los personajes de mis narraciones apenas son seres de ficción, mis lectores han reconocido parentescos de los que ni yo sospechaba, su carnalidad me denuncia una y otra vez y soy feliz por ello, porque me hacen partícipe de una exposición colectiva: somos nosotros, o un vecino o un pariente, personas cercanas con nombres falsos. Y me leen con indulgencia casi siempre, porque el anonimato no los convierte en impostores, no los alejan de nuestra mirada sino que nos permite observarlos y observarnos sin pudor.

    Carlos L. Zamora: “Cuando me siento a escribir una historia la he soñado antes muchas veces” 3

    En algún momento he escuchado que los temas se agotan, que se reiteran excesivamente historias relacionadas con las crisis, la emigración, la precariedad, la discriminación sexual o racial y que hay que buscar nuevos derroteros y me desconcierta la ligereza de ese planteamiento. No creo que son los temas sino las perspectivas las que se agotan. Hay mucho que contar sobre esos temas, su diversidad y su complejidad necesitan abordajes creativos, eso sí, y su saldo puede resultar muy interesante y aportador, en un momento en que la sociedad precisa de una autocrítica revolucionaria, si quiere alcanzar sus ideales originales o reconstruirlos a la par de los nuevos tiempos.

    Cuando me siento a escribir una historia la he soñado antes muchas veces, he investigado su época, he estudiado locaciones, he conformado árboles genealógicos básicos, he conversado con sus personajes principales, los he hecho familiares en mi casa, comparten mi mesa a la hora del desayuno. Mi familia me sabe en trance y me perdona esa ubicuidad, que puede tardar incluso muchos meses. Me dejan por incorregible hasta que me siento frente al ordenador y comienzo una especie de erupción, que no necesariamente es violenta, pero casi siempre ininterrumpida y que logra agotarme la mayoría de las veces, como si trabajara la tierra bajo el sol.

    Prefiero el horario diurno y como norma reviso a primera hora lo que escribí la jornada anterior. No desecho casi nada, pero subrayo lo que no me satisfizo y escribo comentarios al margen que casi siempre tengo en cuenta luego. Cuando reviso una novela varias veces, puedo llegar a odiarla o renegar de ella, pero una voz más piadosa me recuerda que la imperfección es humana y perdonable…y puede engavetarse hasta más adelante…

    La mayoría de mis textos narrativos tienen a la familia cubana como protagonista, con sus luces y sombras, y me interesan mucho más los pequeños pueblos que las ciudades, quizás porque creo que en el núcleo familiar y en los pueblos son más visibles las huellas de esta época nuestra.

    Y aunque he asumido descarnadamente, sin tapujos, asuntos muy sensibles de nuestra vida social, como por ejemplo la sexualidad, más de una vez el rubor me ha delatado cuando leo en público o me he sentido en el deber de pedir disculpas antes de comenzar “para no herir susceptibilidades…” Nada, que se me sale el guajiro, como dice mi esposa.

    Equipo Editorial Claustrofobias

    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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