
Fotografía: Hiram Casalí
Hago ficción con los datos que me ofrece la vida, no la literatura o el arte o la política o la filosofía… Puede que la afirmación suene poco intelectual para algunos oídos, pero me ha evitado la tentación de escribir según lo que está de moda o lo que sería conveniente o lo que premian los concursos. Con eso basta.
El narrador que soy respira en la tumultuosa corriente del habla; desde ahí mana la sangre hasta las venas de mis textos. No consigo entender la lengua fuera de su realización práctica, desvinculada de usos en los que importan sobre todo los hablantes, los contextos y las cadencias al expresarse, siempre culturales. De hecho, no pocas veces las palabras mismas se han convertido en motivos y personajes de mis narraciones, como podrá ver quien se acerque a los cuentos del libro El pesador de palabras (2024).
Todo se resume así: no sé hacer ficción sin la realidad. Escribir mi primer libro de cuentos, Un tigre perfumado sobre mi huella (1999), me salvó de ser aplastado por la decepción ante la forma en que la utopía social cubana se me pudrió entre las manos a finales de los años ochenta. Mi novela más reciente, Y la noche doblaba por tercera (2025), rehace setenta años a caballo entre dos siglos y un entorno cultural repleto de símbolos, el del béisbol. Cada texto narrativo salido de mis manos intenta una mirada desde la duda, una perspectiva sobre el ser humano que nace de mi asombro y no de posicionamientos ideológicos previos, siempre facilones por encorsetados. Salgo a buscar, no a comprobar esta o aquella hipótesis.
Es contradictorio, lo admito. La realidad me ofrece los datos para escribir y, al mismo tiempo, resulta una presencia fáctica que debe ser torcida literariamente si uno desea encontrar alguna verdad plausible, aunque no siempre aliviadora. Mi aversión por el realismo me ha echado en brazos del absurdo y la ironía; de narradores híbridos y puntos de vista inusuales; de personajes y escenarios que no pertenecen al mundo sensible; y de lo sutil-narrativo, es decir, asuntos que brotan desde aspectos sociales aparentemente nimios e irrelevantes, a los que el tratamiento ficcional deberá revelar cuajados de pertinencia. No por nada uno de mis libros de cuentos se titula así, Sutiles (2018).
Llegado a este punto, la pregunta que se impone es: ¿por qué escribo literatura, un oficio que me condena a realizar otros trabajos para vivir? La respuesta es bien simple: porque solo a través de la ficción puedo entender el mundo que me rodea y en el que mi existencia tiene sentido. Para que lo “viera” de ese modo tuve que llegar a la República Dominicana en 1998. La experiencia del exilio, ese empezar desde cero a los cuarenta y cinco años; la necesidad de construir nuevos asideros en una realidad tan diferente; y, sobre todo, el encuentro con el habla, la cultura popular y las artes visuales dominicanas actuaron como propiciadores para convertirme en el escritor que soy. Los matices sensibles de tal proceso pueden encontrarse en Se cortan chazo (2023), la antología de mis cuentos de asunto dominicano.
Sin embargo, no fui consciente de cuánto había cambiado mi posición frente a la escritura hasta que en 2013 puse nuevamente distancia, esta vez hacia Miami. Ese año, mi libro El arma secreta (2014) ganó el Premio Anual de Cuentos en la República Dominicana. Cuando lo leí ya publicado, comprendí que todos los textos del volumen se desenvolvían en torno a la irrupción de algún elemento insólito en medio de la cotidianidad más palmaria, lo que trastocaba por completo la vida de los personajes y, en consecuencia, hacía que la realidad “se abriera” hasta mostrar interioridades de otra manera inimaginables para ellos. ¿Acaso no es así en el día a día de los dominicanos y, más allá, de los caribeños, sean estos isleños o continentales?
Con los dominicanos aprendí a tener paciencia (si tiene cura, ¿por qué te apuras?; y si no tiene cura, ¿por qué te apuras?; así dicen allá), y ese saber esperar me regaló otra actitud ante el oficio. Supe que, para escribir una literatura como la que prefiero, inconforme, cuestionadora y desligada del mercado, solo necesito abandonarme a la intuición y seguir el hilo de voces que muchas veces ni sé cómo entran a mi cabeza o por qué resuenan allí con persistencia de obsesión. Así escribí mi primera novela, Tantas razones para odiar a Emilia (2021), un batiburrillo de narradores, magia y conflictos (como en todo el Caribe) que me tomó diez años de trabajo: de Santiago de los Caballeros a Miami.
Hoy escribo afincado en dos principios. El primero, muy racional: cada nuevo libro debe ser diferente al anterior en su concepción, propósitos y modos literarios. El segundo, un homenaje al inconsciente: una vez que la voz del narrador comienza a contar, ya no hago más que dejarme ir. Solo para dar una idea de lo que esto significa, cada capítulo de la novela Y la noche doblaba por tercera (2025), que recrea la vida del famosísimo narrador de béisbol cubano Felo Ramírez, fue escrito sin que yo tuviera ni una sola pista de qué ocurriría en los capítulos siguientes o, en algunos casos, anteriores. Luego de escribir el capítulo uno, los restantes aparecieron en este orden: cuarto, segundo, quinto, tercero y sexto. ¿Cómo vivo esa experiencia? Pues muy bien, feliz de ser apenas el médium de un universo que está en mi interior, es decir, un universo que soy yo mismo.
Porque he terminado convencido de que, en mi caso, escribir es una peculiar manera de avanzar hacia mí mismo, hacia el que nací para ser. Después de veintitantos libros publicados, la novela sobre Felo Ramírez fue mi primer texto narrativo en el cual Bayamo, el pueblo en que nací, resulta importante. La siguiente novela, ya terminada pero aún inédita bajo el título de “Cada hoja es el árbol”, se desarrolla casi por completo allí. Voy regresando, pues, no al entorno físico que arropó mi niñez, sino a la persona que soy y aquí pone (por ahora) el punto final.
Breve semblanza de José M. Fernández Pequeño
José M. Fernández Pequeño nació en Bayamo, Cuba, en 1953. Se graduó como Licenciado en Filología de la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, ciudad donde fundó el Festival de la Cultura Caribeña, la Casa del Caribe y la revista Del Caribe. En ese transcurso, impartió asignaturas como Teoría y Crítica Literaria, Historia del Cine y Cine Cubano en la propia Universidad de Oriente y publicó varios libros derivados de su labor como investigador y crítico literario: Crítica sin retroceso (Ediciones Unión, 1994), Cuba: la narrativa policial entre el querer y el poder (Editorial Oriente, 1994), Lino Novás Calvo: Ocho narraciones policiales (Editorial Oriente, 1995), entre varios más.
En 1998 puso su residencia en la República Dominicana y allí publicó su primer libro de cuentos, Un tigre perfumado sobre mi huella (1999). En tierras dominicanas estudió una maestría en Educación, mención Investigación e impartió Teoría de la Comunicación y Lengua Española en las universidades INTEC, APEC y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. También se desempeñó como director de Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, editor de Santillana y Ediciones SM, así como gerente de Proyectos Culturales del Centro León, en Santiago de los Caballeros. Este período le sirvió para completar una investigación sobre los vínculos culturales entre Cuba y la República Dominicana, que había comenzado veinte años antes y llegó a las prensas bajo el título En el espíritu de las islas: los tiempos posibles de Max Henríquez Ureña (Taurus, Santillana, 2003).
Ha ganado dos veces los Premios Anuales de Literatura en la República Dominicana y el premio internacional de cuento de Casa de Teatro. Una visión interior de sus años dominicanos está literariamente recogida en la antología de cuentos Se cortan chazo (Banco Central de la República Dominicana, 2022), el libro para niños Cuentos para Angélica (Editorial Libresa, 2003) y en la novela Tantas razones para odiar a Emilia (Ediciones Furtivas, 2021).
En 2013 puso su residencia en Miami, ciudad donde actualmente trabaja como profesor de Español. Desde entonces y hasta hoy, ha publicado los libros de cuentos El arma secreta (Editora Nacional de la República Dominicana, 2014), Memorias del equilibro (K Ediciones, 2016), Sutiles (Luna Insomne Editores, 2018), El pesador de palabras (Editorial Casa Vacía, 2024), así como las novelas Bredo, el pez (Editora Nacional de la República Dominicana, 2017, para niños grandes) e Y la noche doblaba por tercera (Ediciones Furtivas, 2025). Amenaza con una nueva novela, “Cada hoja es el árbol”, recientemente terminada.


