Jorge Matos, Realizador audiovisual y publicada en la revista SiC No.59 /2014
Rafael Duharte es un historiador e investigador de larga trayectoria que, en los últimos tiempos, se ha hecho familiar a los espectadores por su programa de televisión La Historia y sus protagonistas. La revista SiC reproduce partes de la entrevista que le realizara Jorge Matos, realizador audiovisual y profesor de la Universidad de Oriente, para la grabación de un documental.
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Profesor, hablemos de la intelectualidad santiaguera que asume la vanguardia del pensamiento en estos tiempos de cambios y tomas de decisiones. ¿Usted cree que esta intelectualidad tiene una actitud pasiva ante el reto que la asiste?
Yo pienso que la intelectualidad santiaguera tiene un perfil muy bajo desde hace muchos años, pero eso tiene un complejo fenómeno detrás, es decir, habría que referirse a una serie de causas que sería muy complejo analizar aquí. De todas formas, hay algunas cosas que vale la pena apuntar. Nuestra sociedad civil es muy pobre, o sea, se ha empobrecido mucho en las últimas décadas. Pudiéramos criticar a la intelectualidad, pero habría que criticar a otros sectores de la sociedad que también tienen una actitud pasiva, tienen un perfil muy bajo en cuanto a posiciones de crítica. Por otra parte, también habría que tener en cuenta que en las últimas décadas la sociedad cubana en general, no solo Santiago de Cuba, ha estado viviendo unas circunstancias que algunos han definido como de ciudad sitiada, o sea, a partir de la situación del bloqueo, de enfrentamiento a los Estados Unidos. Por tanto, habría que señalar también, como un elemento que enrarece nuestra sociedad, toda esta situación de estado de sitio que hemos vivido desde el año 59, y que ha limitado, ciertamente, la actitud de los intelectuales y otros sectores de la sociedad, sobre todo en el plano de la crítica. Creo que en Santiago deberíamos también tener en cuenta que, de la segunda mitad de los noventa para acá, han muerto algunas figuras paradigmáticas del mundo intelectual como José Soler Puig, Ricardo Repilado y, más recientemente, Joel James, quien era una figura importantísima en este plano. Recuerdo muchas de las asambleas de la UNEAC en que él solía poner el tono crítico. Decía esas cosas que todo el mundo sabe, pero que nadie dice en voz alta y provocaba el aplauso y muchas veces la reacción positiva de la UNEAC y de otras instituciones. Hemos perdido muchas figuras importantes de la cultura santiaguera en los últimos años y todo eso ha debilitado también el papel de nuestra intelectualidad.
¿Esto de forma general, o está focalizado en algún área específica?
Creo que hay dos escenarios principales que deben tenerse en cuenta en el análisis de la intelectualidad santiaguera contemporánea. Uno es la Universidad.
La Universidad de Oriente fue tradicionalmente un foco de luz para Santiago de Cuba y, sin embargo, en los últimos años se ha mantenido muy enquistada detrás de sus muros. Vale decir que el muro académico está muy metido en sí mismo, y de hecho no es un secreto para nadie que el claustro frecuenta muy poco el mundo de la cultura. Tampoco lo es que los estudiantes de la Universidad están tan inmersos en sus labores cotidianas que no es frecuente su presencia en las inauguraciones de los salones de artes plásticas, o en los debates, o en los eventos de historiadores. Cuando uno habla con los estudiantes universitarios y con los profesores, que son nuestros colegas, siempre se les siente encerrados en sí mismos, en sus problemas, en la vida interna de la Universidad. Sus preocupaciones, más que los problemas de Santiago, de la cultura santiaguera, preparando para una misión en el extranjero, y eso les impide estar atentos y reaccionar frente a los problemas que tiene la ciudad.
A mí siempre me ha motivado, por ejemplo, el carnaval santiaguero, que es un fenómeno emblemático para la cultura popular nuestra y que se ha ido transformando en una verbena. Y, sin embargo, esto no está siendo estudiado. Siempre he dicho que la escuela de sociología, y quizás la de filosofía, no deberían salir de vacaciones durante el carnaval, sino que deberían dedicarse a estudiarlo sobre el terreno en ese período, para analizar una serie de fenómenos que se están produciendo en la cultera. Entre ellos pudieran estar los focos tradicionales del carnaval santiaguero, que fueron Trocha y Martí, y que se han ido apagando en favor del Reparto Sueño, donde la actividad no tiene prácticamente nada de carnaval. La Universidad debería ocuparse de estudiar eso. Cuando uno va a ver los temas de doctorados, siempre, o por lo menos muchas veces, son cosas ajenas a nuestra realidad más inmediata, y sin embargo tenemos problemas que el mundo académico debería enfrentar e investigar, porque no se pueden solucionar si no hay una investigación previa, y ahí están todos los recursos y las personas con la capacidad para hacer ese tipo de trabajo. A mí me parece que la Universidad tiene mucha responsabilidad en cuanto a ese alejamiento de la ciudad, y que debería asumir un papel más responsable en la investigación y la crítica de los problemas actuales en muchos planos.
Y el otro escenario…
El otro escenario es la UNEAC, donde se concentra el mundo más intelectual, más artístico de la ciudad. La UNEAC brilla más, en los últimos años, esencialmente, por su labor artística, y ha descuidado bastante el trabajo de orden crítico, que tiene que realizar la intelectualidad y que es parte también de su función social. No obstante, ha hecho algunas cosas importantes. Por ejemplo, en 2005 se organizó un evento que se llamó Cultura y Sociedad, un evento que duró varios días y donde se analizó toda una serie de problemas que estaban ocurriendo en la ciudad, desde indisciplinas sociales hasta problemas de orden estrictamente cultural. Fue un evento que tuvo un impacto en su momento; hubo reacción de algunos organismos a los que se les pasaron las informaciones sobre los debates, pero todo quedó ahí.
Lamentablemente, tres años después, cuando hicimos un balance de lo que había ocurrido después de ese evento para el congreso del 2008, nos dimos cuenta de que la mayoría de esos problemas seguían o habían, incluso, aumentado más que disminuido. Mucha gente se sintió un poco defraudada porque veía que la influencia de la UNEAC en Santiago no era suficiente, que no lograba realmente modificar una serie de realidades. Sin embargo, el Congreso de la UNEAC del 2008 sí tuvo una repercusión a nivel nacional muy importante y la voz de una serie de intelectuales cubanos logró alarmar, llamar la atención sobre problemas esenciales que están afectando a toda la sociedad cubana.
Ahora, profesor, retomando un poco el pasado. Soy consciente de un fuerte accionar de los pensadores santiagueros en otras épocas. ¿Cómo refleja la historia el papel de la intelectualidad santiaguera desde entonces?
En Santiago hay una tradición intelectual de crítica social, de crítica a la realidad, que tiene un valor extraordinario, y que posiblemente sea única en Cuba, es decir, posiblemente esto que ocurrió en Santiago no tenga equivalentes en otras ciudades cubanas. Miguel Velázquez, reconocido como el primer maestro, el primero en ejercer el magisterio -algunos lo reconocen también como el primer músico y otros como el primer sacerdote criollo—, era un mestizo de indio y español que desarrolló toda su actividad en la década del cuarenta del siglo XVI en la catedral de Santiago de Cuba. Fíjate que estamos hablando de los orígenes de la ciudad, del punto de partida de la cultura criolla. Pues este individuo, Miguel Velásquez, dirá una frase lapidaria que ha llegado hasta nosotros con el tiempo: «Cuba» —se está refiriendo a Santiago de Cuba, se hablaba de Cuba en ese momento porque Cuba era el nombre indígena de la región— «triste tierra, como tierra tiranizada y de señorío». Esta es la crítica más fuerte que se hizo al colonialismo español en esos tiempos, que es el tiempo de las encomiendas, de la esclavitud, del indio, y él está reaccionando críticamente contra esa realidad. Fíjate qué lejano es el punto de partida de esa tradición que tenemos en Santiago de Cuba.
En el siglo XIX tendríamos, por ejemplo, una figura importantísima: Juan Bautista Sagarra, uno de los pedagogos más importantes de Santiago y de Cuba en esa época. Juan Bautista Sagarra estaba atento a todo lo que estaba sucediendo en el mundo de la pedagogía en su tiempo y trae la pedagogía más avanzada de Europa y de los Estados Unidos a las escuelas que funda aquí. Este hombre es el fundador del colegio Santiago, de la Escuela General Preparatoria, y desarrolla en sus publicaciones una crítica acerba, por ejemplo, a problemas pedagógicos que eran muy graves en la época como, por ejemplo, el abuso de la memoria en el proceso de enseñanza. Desarrolla toda una campaña para la utilización de las ciencias; insiste en que hay que abandonar la tendencia a que solamente se formen los jóvenes en materias como derecho; es decir, aboga por el estudio de las ciencias exactas. Tiene también una labor de crítica impresionante te estoy hablando de mediados del siglo XIX— a las tendencias de la juventud de Santiago de Cuba en esa época, y cuestiona, por ejemplo, cosas que hoy nos asombra leer por la actualidad que tienen. Les dice a los jóvenes: «El dinero, la riqueza, puede dar una serie de beneficios, pero nunca la felicidad, si la riqueza no está acompañada de la virtud, no sirve», ideas importantísimas de un valor ético tremendo que este hombre proclama en sus escuelas, en sus discursos, en sus publicaciones en los periódicos de Santiago de Cuba. Un hombre realmente extraordinario y bastante olvidado. La casa donde vivió, que está a diez metros de la casa natal de José María Heredia, está apenas señalizada con una tarja puesta muy alta y sucia, como para que prácticamente no se pueda identificar. Esta es una figura que hay que reivindicar, es una figura clave de la cultura santiaguera, es un fundador de escuelas donde se formaron muchos de los jóvenes que fueron a pelear por la independencia de Cuba. Esto con respecto a lo que caracteriza un poco el accionar de la intelectualidad santiaguera antes del siglo XX.
¿Y en el siglo XX, quienes asumían este papel de crítica social?
Yo pienso que habría que hablar de dos instituciones importantísimas, una de principios del siglo xx y finales del xix, que es el grupo librepensador Víctor Hugo. Este es un grupo donde está Emilio Bacardí y otras personalidades de Santiago. Estas personas se empeñan en una serie de campañas, entre las cuales quizás una de las más interesantes sea la que proponía convertir el cementerio de Santa Ifigenia en un cementerio civil. Hasta fines del siglo xix Santa Ifigenia era un cementerio católico exclusivamente, y si moría una persona que no era católica no se podía enterrar allí, había que enterrarla sabe Dios dónde; una visión muy estrecha de la iglesia católica. Estos librepensadores, encabezados por Bacardí, luchan contra eso y tienen que dar una batalla tremenda contra la iglesia, que era todavía un poder muy fuerte a principios del siglo XX. Finalmente se logra que el cementerio sea considerado un cementerio civil, donde pueda enterrarse a personas de cualquier credo, incluyendo a las que no tienen ninguna creencia religiosa.
Sin embargo, para encontrar la joya de ese movimiento de crítica, de ese movimiento cívico en Santiago de Cuba, tendríamos que llegar a la década del 40 y encontramos a Acción Ciudadana, una sociedad que es un modelo de organización cívica, en la cual la intelectualidad santiaguera juega un papel importante, aunque también hay otros sectores representados, y que va a desarrollar un trabajo increíble en las décadas del 40 y del 50. Llega incluso hasta principios de la Revolución. Esta sociedad va a desarrollar innumerables acciones para proteger el patrimonio de la ciudad: restauración de parques; ponen tarjas en lugares para señalizar hechos históricos o lugares de interés cultural; desarrollan campañas importantes —aprovechando la radio y su revista, Acción Ciudadana, para mejorar las costumbres, para desarrollar el espíritu cívico de los santiagueros y el sentido de ciudadanía.
Termino esta parte de tu pregunta señalándote lo que fue, quizás, el momento más importante en esa primera mitad del siglo XX en cuanto a la actividad intelectual y cívica en Santiago. Esto ocurre en 1947 con la fundación, precisamente, de la Universidad de Oriente. Para hacer esto posible hubo un movimiento en el que están Acción Ciudadana y todas las fuerzas intelectuales apoyadas por otros sectores de la sociedad, incluso sectores económicos y sectores de otro carácter, para fundar primero la Universidad y luego para legalizarla. Eso es un ejemplo increíble de hasta qué punto la sociedad civil en los años 40 tiene fuerza en Santiago y hasta qué punto los intelectuales tienen un papel de vanguardia en cuanto a las conquistas de la época.
Llegado a este punto, profesor, me gustaría que refiriera algunos datos de su labor como crítico e investigador.
Hace aproximadamente treinta años estoy trabajando en la historia de Santiago de Cuba. Comencé con un estudio de la burguesía del barrio de Vista Alegre, luego
empecé a trabajar el tema de la esclavitud y publiqué algunos libros sobre algunos aspectos dé la esclavitud en Santiago de Cuba. Soy fundador de la Casa del Caribe, y cuando comencé a trabajar allí moví mi labor de investigación hacia los temas relacionados con el Caribe’, pero sin abandonar el conocimiento que había acumulado en cuanto al tema de la esclavitud. Hice un libro a partir de un estudio comparativo sobre la rebeldía esclava en el Caribe, publicado hace algunos años en México. Luego seguí buscando otros temas vinculados siempre con la problemática del negro y la esclavitud, y trabajé sobre los prejuicios raciales contra el negro. Escribí un libro donde hago también una serie de comparaciones sobre el fenómeno del racismo contra el negro en distintos países del Caribe, de América Latina y, por supuesto, un análisis del caso de Cuba. El libro tiene unas setenta entrevistas relacionadas con esta temática. Luego investigué acerca de las religiones de origen africano, y publiqué Hombres y Dioses, un panorama sobre las distintas religiones afrocubanas, sus orígenes, sus características y demás.
En los últimos diez años pasé a trabajar a la Oficina del Historiador con la Doctora Olga Portuondo, la Historiadora de la Ciudad, y he vuelto a retomar algunos temas relacionados con la historia de la ciudad. En estos momentos estoy trabajando eh un proyecto, ya quizás en la parte final, de lo que será una pequeña historia de Santiago, que va desde la prehistoria hasta la época contemporánea. Creo que esta será una de las características que pueden hacer al libro más interesante; es decir, aparte de que tiene un tono de ensayo, que lo diferencia de las otras historias de Santiago que se han publicado, también se remonta a la prehistoria, cosa que no hace ninguna de las anteriores, y llega hasta el presente, cosa que tampoco hace ninguna de ellas. Esos pueden ser algunos de los elementos más interesantes del proyecto.
Lo otro en que he estado muy ocupado el último año ha sido en un proyecto audiovisual con Tele Turquino, el programa La Historia y sus protagonistas, que trata la historia y la cultura de Santiago de Cuba. En este momento estoy ya hablando de una historia audiovisual de la cultura santiaguera, pues creo que este trabajo, que para la televisión tiene una vida efímera, desde la perspectiva de la Oficina del Historiador es un trabajo con una trascendencia mayor. Nosotros hemos estado grabando todos esos programas y los conservamos y, de hecho, ya están siendo utilizados en la docencia universitaria, además de en tres espacios de la ciudad: en la UNEAC, en el Departamento de Fondos Raros y Valiosos de la biblioteca Elvira Cape y en la Maqueta de la Ciudad.
Siguiendo esta línea de pensamiento, y teniendo en cuenta su experiencia, ¿qué acciones considera usted puede generar la intelectualidad santiaguera para elevar su perfil?
A mí me parece que hay que aprovechar todos los espacios posibles para llevar a cabo una labor de crítica, para llamar la atención sobre los problemas que sufre la sociedad. Yo creo que eso es parte de la labor, parte importante, medular, de la labor del intelectual. Claro, hacer eso siempre desde una perspectiva constructiva, es decir, la crítica que nosotros hagamos no puede ser como la crítica que sale en el Miami’Herald, que siempre ve todo en términos de destrucción, en términos de fin del mundo. Nosotros estamos tratando de mejorar nuestra sociedad para vivir nosotros mejor. Si nosotros tratamos de mejorar a Santiago es porque vivimos en Santiago, porque pensamos seguir viviendo en Santiago, y lo que queremos es mejorar la ciudad para qué nuestros hijos, nuestros nietos, también disfruten de una ciudad maravillosa como esta. Entonces, el sentido de la crítica es distinto; ahora, lo que no podemos es renunciar a ella.


