
A veces las señales de muerte y las señales de esperanza y de vida vienen juntas. Eso pudiera percibir / recibir el espectador que tenga en pantalla Última llamada, un documental del periodista mexicano Iván Carrillo. El material tuvo la suerte de encontrar espacio de exhibición en el foro principal en la primera Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, Filiaz, en el Parque Urbano Aztlán, Ciudad de México.
Iván Carrillo es un reconocido periodista científico, realizador y divulgador mexicano. Su trabajo se centra en la difusión de temas relacionados con la ciencia, la salud, el medio ambiente y la tecnología. A lo largo de su carrera, ha colaborado con diversos medios nacionales e internacionales, y ha sido conductor, productor y director de programas documentales y series de divulgación científica para TED, Newsweek, National Geographic, Discovery Channel, entre muchos otros. Es conocido por su habilidad para acercar la ciencia a públicos diversos, transmitiendo información compleja de manera clara y atractiva y su labor en la divulgación de la ciencia ha sido reconocida con diversos premios y distinciones en el ámbito periodístico y audiovisual. Además de su trabajo como periodista, Iván Carrillo ha participado en proyectos de capacitación y formación de periodistas científicos, impulsando la calidad del periodismo especilizado en México y América Latina.
Última llamada: seis especies contra la extinción es un recorrido documental por algunos de los rincones más fascinantes y desconocidos de México en donde la vida se afana en regresar, así se define en su portal oficial. En este portal las informaciones que se recogen allí funcionan como antecedente o continuidad. Es una muestra del rigor y la seriedad, del proceso de investigación antes y después. Aquí se explica que “seis especies buscan renacer en sus lugares de origen gracias a científicos y científicas que, junto con las comunidades, autoridades y otros actores clave están decididos a que la vida regrese”. Estos son: la guacamaya roja, el bisonte, el cóndor de California, el berrendo en Baja California Sur; el borrego cimarrón y el Lobo mexicano. En este sitio digital aparecen demostrados con cifras los resultados y desvelos de hombres y mujeres.
Iván Carrillo es amante de los animales, pero ¿cuál viene siendo el detonante para decir voy a hacer este documental?
Soy amante de los animales, pero también de las historias que buscan transformar de alguna manera la realidad. Sobre todo esta que nos habla de una crisis socioambiental que podemos definir muy fácil. Por un lado, la crisis climática; la crisis de contaminación que vivimos; y, por otro lado, la crisis de la pérdida de la biodiversidad que es básicamente el tema de este documental. Como sabes estamos enfrentando algo que ya los científicos denominan la sexta extinción masiva, una pérdida exponencial de especies. El documental es una antología de seis esfuerzos en México por reintroducir, como se conoce técnicamente el término, o traer de nuevo a la vida como lo podemos ver desde una perspectiva más humana, seis especies que en su momento por distintas razones fueron extirpadas, fueron aniquiladas.
¿Qué dificultades recuerda Iván Carrillo a la hora de hacer el documental?
Nunca voy a hablar de dificultades a la hora de hacer un documental. Voy a pensar que es uno de los trabajos más nobles que uno pueda tener para encarar la realidad; escribirla, retratarla, siempre será un lujo. Inicialmente el apoyo fue pedido para hacer siete cápsulas y yo, conforme a eso empecé a grabar, a meterme en las historias. Lo que sí tenía claro desde el principio es que quería contarlas. Algunas quedaron fuera, de hecho, yo dije no, hay que hacer una narrativa mayor. Y bueno, lo que iban a ser siete pequeñas cápsulas, terminó siendo un documental.
Tú sabes un poco cómo nos movemos los latinoamericanos, que vamos improvisando a partir de una idea, juntando esfuerzos. Y se unieron amigos, amigas, mi familia misma me acompañó a varias de las historias y entonces un amigo me dijo yo te acompaño, aquí está la cámara. Otro se sumó con la edición, un productor me dijo aquí puedes posproducir todo lo que quieras. Entonces, al final fue un trabajo colectivo de suma de voluntades. ¿Por qué? Porque veían que el espíritu un espíritu propositivo en las historias.
Yo siento la posibilidad de este documental de sumarse a un mensaje que es importante y que hay que dar: necesitamos poner manos a la obra. Hay gente que lo está haciendo, que está transformando, que no está dispuesta a ver la degradación de la naturaleza desde el sofá, sino actuando y por lo menos si vamos a caer que sea luchando. Creo que esta gente se sumó con ese espíritu y se sigue sumando, así como esta invitación de parte del comité organizador de esta Feria Internacional del Libro, Filiaz. Me parece que son manos que se suman a hacer más grande un mensaje que rebasa por mucho el del documental, que es manos a la obra, tenemos que ir a ese frente. Yo le llamo un frente de una guerra silenciosa.
Soy testigo de esta guerra silenciosa y es curioso, porque de niño yo decía que quería ser corresponsal de guerra. Nunca me animé a ir a ninguna y ahora digo que soy un corresponsal de una guerra silenciosa, que me toca ver o me ha tocado atestiguar en primera fila sus subidas y sus bajadas. En primera fila veo el impacto y veo lo que se está viviendo. Y en este caso vamos a decir son batallas que creo se están ganando, se están ganando lentamente. Lo cuento en el documental. El programa del cóndor tiene 40 años en activo y hoy por hoy hay 500 cóndores entre México y Estados Unidos; 50 en México. Lo que costó nada desaparecer, va a costar mucho restaurarlo, pero es posible.
¿Cómo ve Iván Carrillo, el corresponsal de esa guerra silenciosa al ejército que pudieran ser estos personajes que has escogido, los modos de vida que asumen hombres y mujeres para salvar a estas especies?
Lo dices bien. Hay un ejército que muchas veces también es invisible. Hay un pelotón, diría yo, que está en el frente. Estos biólogos que están justamente en el monitoreo, la vigilancia, son las caras más invisibles, sin duda, y las que más sacrificios llevan. Muchos de ellos tienen una gran vocación, por eso estudiaron Biología. En particular en este documental resalto, por ejemplo, la vida de Catalina Porras y Juan Vargas que han sacrificado una vida en una ciudad por vivir en un paraje. La Sierra de San Pedro Mártir en Baja California es un paraíso de climas extremos, de inviernos de menos 20, menos 30 grados centígrados, y muchas veces en camper o en tienda de campaña. Para poder monitorear al cóndor te hablan de una voluntad reforzada en la vida, y como ellos mismos me lo dicen en la entrevista, para comprender, para reintegrar al cóndor, hay que vivir como el cóndor.
Eso lo podemos transponer a lo que está sucediendo con el cimarrón, y la vida que se lleva en el medio del desierto, en medio de la nada, para traer al cimarrón. El cimarrón es un animal muy difícil de ver, de localizar, y quien lo está vigilando, pues lleva años de entrenamiento, de paciencia, de estar en las reservas para verlo reintegrarse. Así podríamos seguir el caso de la guacamaya. Se ha tejido toda una red, donde incluso está la empresa privada, los biólogos, la comunidad.
Te voy a contar una historia que me emociona por ver en lo que se ha convertido: la cobertura del cóndor de California. Yo la había conocido hacía 15 años. Había entrevistado a Catalina y me emocionó mucho. En un primer momento ni siquiera creí que esa historia fuera real. La primera vez que conversé con ella me dijo hoy hay ocho cóndores volando en los cielos de México, y dije tengo que ir a ver esos cóndores algún día. Luego surgió la oportunidad. Cuando yo tuve los recursos para hacer el documental, lo conversé con un fotógrafo conservacionista de México, un decano de la conservación: Patricio Robles Gil. Me dijo, Iván, todo lo que necesites de mi archivo está a tu disposición. Muchas de las imágenes de archivo del documental son de él.
Un día me llamó para sumarse. Él había estado ahí 25 años antes, cuando el programa tenía unos cuantos cóndores liberados, y conocía muy bien a Catalina y a Juan. Patricio llegó y su transformación fue radical. Él venía de un accidente de 10 años de depresión, de pasar momentos difíciles en su vida en los que él decía, he perdido a todos mis amigos, el entusiasmo y básicamente dejé de creer que se podía luchar a favor de la naturaleza. Yo no sabía todo esto antes de hacer el viaje, eso me lo contó allá, y me dijo, acabo de sentir que estoy de regreso. Me entusiasmó escucharlo en una persona que tiene 70 años. Pero yo no sabía lo que iba a desencadenar ese estoy de regreso de Patricio, un luchador de esta guerra.
Lo que vino a continuación fue que Patricio se quedó por meses. Yo regresé, él se quedó documentando el trabajo de Juan y de Catalina. Hizo un programa de apoyo económico para eso, es decir, ante el riesgo de que se quede sin fondos, que es una amenaza real. Patricio convocó a la filantropía y generó una nueva propuesta que en cuestión de un año y medio levantó fondos para que este programa pueda seguir funcionando. Entonces pienso que esa es la función del documental, de las historias, que se pasen de una persona a otra y se genera un efecto dominó donde todos podamos contribuir.
Me llamó la atención el hilo narrativo que conecta las seis historias creando una unidad, pero también abre a pensar las especies en peligro de extinción. La propuesta de Iván Carrillo desde México podría leerse en Cuba y otras partes del mundo…
Exacto. Sí, porque si bien están situadas en México, si bien son especies que habitan el territorio mexicano, son historias universales. Creo que el valor de la conservación, de la vida, es es el hilo conductor. Lo que estamos hablando aquí es de valores humanos que nos tocan a todos, que nos tienen que tocar a todos, por lo que estamos viviendo. Y esa lucha, efectivamente, se está llevando a cabo en muchos lugares.
He conocido la raíz de esta historia, esfuerzos titánicos que se están llevando a cabo en otras latitudes. Lo sorprendente es que esos equipos no estén en comunicación y no se conozcan, no intercambien información; y sobre todo no se apoyen anímicamente, porque muchos de ellos se han sentido sin acompañamiento. Creo que si enlazáramos a aquellos que están haciendo esfuerzos de recuperación de especies en Cuba, en Latinoamérica, América, en el mundo entero, estaríamos hablando de una verdadera red de recuperación, que tarde o temprano tendrá que activarse. Espero que no sea tarde porque es necesaria, lo está pidiendo a gritos la situación, y estoy seguro que si esto ayuda a vincular se convertirá en un movimiento. Creo que es lo que tiene que suceder, un movimiento, un cambio cultural. Más que una creación de conciencia, es como una transformación cultural lo que estábamos pidiendo.
¿Cómo Iván Carrillo usa el periodismo y el documental como herramienta?
Pues mira, soy periodista de vocación. Tuve mi primer periódico a los nueve años en la escuela. Después de que un papá periodista nos dio la charla de qué era el periodismo, me entusiasmó y me puse a escribir mi propio periódico a mano que fotocopiaba y vendía dentro de la escuela. Yo digo que había ahí una vocación, o me la despertó esta persona. Y de ahí vino una necesidad o interés de ir descubriendo que las historias de la realidad me llamaban la atención, las buscaba por curiosidad, quería entender cómo, qué pasaba. Me llamaban la atención los oficios, la gente que se dedicaba mucho tiempo a eso.
Sin embargo, en algún momento dado trabajé para revistas médicas. Mi papá trabajó en la industria farmacéutica muchos años. Ahí me metí a los laboratorios. Me di cuenta de la importancia del desarrollo del conocimiento científico, y ahí fue cuando junté estas dos vocaciones, porque pude. Comencé a ejercer el periodismo de ciencia sin saber que existía una rama de especialización, y empecé a contar historias periodísticas desde la ciencia.
Empecé hablando de medicina y salud en un principio, pero luego descubrí que había todo un universo de historias por contar, entre ellas el medio ambiente, y cómo el conocimiento podía transformar la realidad, y cómo constituye una herramienta para mejorar, para entender, para transformar la vida humana y las condiciones del planeta. Me fui metiendo y empecé a tomar talleres, acabé en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Apliqué, me quedé. Es una élite de periodistas de ciencia en el mundo. En el Knight Science Journalism Fellowship estuve un año y ahí pasé a formar parte de una red de periodistas en el mundo que nos dedicamos a esto. Y esa ha sido la historia.
También edité durante muchos años una revista de ciencia en México que se llama Quo. Luego eso me llevó a la televisión a hacer documentales. Este documental creo que fue parte de esa misma vocación, porque si lo ves bien, tiene tintes muy periodísticos, tiene un aliento de reportero. Soy yo de reportero llevándolo a otras fronteras, a otros lenguajes. Algunos me ponen como documentalista. Es un híbrido, pero el objetivo sigue siendo el mismo, contar historias.
¿Quieres compartir lo que está produciendo Iván Carrillo en este momento o remitirnos a trabajos anteriores?
Paralelo a este documental hice dos series de televisión, una con Televisa que se llama 1.5 grados para salvar al planeta en 26 capítulos, en conjunto con Rodrigo Medellín, Octavio Aburro y una serie de biólogos. Hice otra serie, El futuro del planeta, con la televisora estadounidense EarthxTV. Y ahora estoy abocado al lanzamiento de un sitio que se llama Celsius Talks así como charlas Celsius, donde estoy haciendo noticias ambientales desde la perspectiva científica. Pienso continuar con los documentales, por ahí hay otra historia que se puede estar cosechando en los próximos tiempos.
En la presentación del documental en el foro en Filiaz dijiste que una feria del libro te cambió la vida. ¿Cómo los libros le dieron un camino a Iván Carrillo, el periodista, reportero, documentalista?
Yo tengo un recuerdo con mi abuelo cubano. Él era un gran lector. Entrando a una librería me dijo ve y escoge el libro que quieras. Yo tenía alrededor de ocho años, y me acuerdo que me entusiasmó la propuesta. Me metí y salí. Era un libro de dibujitos que hablaba de política, comunismo, capitalismo, anarquismo, formas de gobierno. Me acuerdo que mi abuelo lo vio y dijo, coño, si esto no es para niños, pero me dijo, pero ese es el libro que quieres. Y le dije sí, entonces me lo compré. Me acuerdo que ese libro me llevó a querer entender muchas cosas, y dije, claro, los libros nos explican.
Hace mucho tiempo, hablaba de eso con mi hijo, encontré el libro La Historia Interminable, de Michael Ende. Justamente ese libro me llevó a pensar que las historias tenían ese potencial. Son la posibilidad de vivir muchas vidas, de sentir por muchas personas, de experimentar otras realidades. Creo que ahí ya no me frené. O sea, todavía recuerdo que me brincaba el corazón cada vez que abría el libro y regresaba a él. Hasta la fecha le tengo mucho cariño por la forma en que está narrado, pero fue en una feria del libro infantil y juvenil donde lo encontré y creo que se me reveló el poder transformador de las historias.


