ENTREVISTA | María Antonia Borroto: “Debemos tener una comprensión verdaderamente cultural de la prensa en Cuba”

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    María Antonia Borroto es una de las escritoras y periodistas cubanas a la que no le pierdo las pistas. Aunque su pueblo natal es Esmeralda, actualmente vive en la cabecera provincial de Camagüey. Se ha dedicado al periodismo cultural, al ensayo y la narrativa; y ha puesto a circular títulos para comprender figuras imprescindibles de la literatura cubana como Julián del Casal.

    Graduada de Comunicación Social en la Universidad de Oriente, para ella “la carrera de periodismo no fue una ambición literaria ni mucho menos, sino la certeza de que podía ser un arma para el mejoramiento social”. Actualmente imparte clases de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual en el Instituto Superior de Arte en la filial ubicada en su provincia. Con ella conversé vía correo electrónico:

    ¿Cuáles son las figuras del periodismo cubano que te impulsan cada día?

    Hace un tiempo, salvo Pablo de la Torriente y José Martí, apenas se mencionaban otros periodistas cubanos. Ese es uno de los grandes problemas de esta profesión: no tener ese sentido de la continuidad tan necesario para ubicar bien los referentes y, por otro lado, curarse (hasta donde sea posible) de la soberbia. Mi tesis de maestría, y luego de doctorado, centrada en el periodismo de Julián del Casal, me conectó con el periodismo cubano del siglo XIX, del que apenas sabía nada. Empecé con los contemporáneos de Casal, luego quise ver los antecedentes, luego asomarme al siglo XX… Y aquí me tienes, hurgando siempre en esas épocas. La historia de la prensa en Cuba está por escribirse.

    Basta de contentarnos con índices de publicaciones e inventarios de personas. O con saber que tal o más cuál periódico estuvo en la órbita de este o el otro partido político. Esos datos son válidos, pero deben ser completados y, sobre todo, interpretados. Debemos esforzarnos más por conocer la lógica misma de las publicaciones, los vínculos con el arte, con la política, la filosofía, la economía, la academia…, por comprender también la evolución de los géneros, de la idea misma de lo periodístico. Debemos tener, en fin, una comprensión verdaderamente cultural de la prensa en Cuba. Y asumir con orgullo nuestra tradición.

    Me siento cerca de muchos: salvando las distancias me siento colega de tantos, pero tantos… Y cuando los leo puedo adivinar angustias que fueron las mías en los diez años que hice periodismo: esa disciplina que te obliga a escribir aun cuando no tengas ganas ni te atraiga el tema, los subterfugios para referirte a fenómenos de los que no era (o no es) muy conveniente hablar, el cuidado con la extensión, la dificultad para encontrar un titular… Cuando leo a Rosa Hilda Zell, por ejemplo, la siento muy cercana. Lo mismo me pasa con Márquez Sterling, y hasta con Varona o con Mañach, apenas leídos ni estudiados (como periodistas) hoy en día. Y hay muchos de los que, simplemente por no compartir la filiación ideológica, hemos decidido borrar de un plumazo. Es triste, muy triste.  

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    La entrevista parece ser uno de tus géneros preferidos…

    La entrevista permite establecer un tipo de comunicación muy especial con una persona determinada. Aunque soy bastante tímida, una vez rota esa primera barrera al tratar a alguien, me encanta conversar. Bueno, tú lo sabes…Y es increíble cómo, siendo muy jovencita, ese primer momento de acercarme a alguien a quien quería entrevistar se me daba con bastante facilidad. Creo que hoy ni muerta llamaría a un hotel para contactar con algún famoso, por ejemplo, y decirle que lo quiero entrevistar. Lo hice con veinte años, en Holguín, donde hicimos las prácticas de segundo año. Recuerdo que llamé al Hotel Pernik pues allí estaba el grupo Moncada, y me salió al teléfono el propio Jorge Gómez y concerté la charla para media hora después… Fue uno de mis primeros trabajos publicados.

    En los primeros tiempos sin grabadora, pues como buena lectora de García Márquez desconfiaba de ella y, además, no tenía. Así que me habitué a tomar notas mientras conversaba y a escribir la charla enseguida, pues las impresiones del momento debían estar frescas. Y todavía, Yunier, desconfío de los periodistas que lo graban todo, absolutamente todo… Me pregunto qué hacen con tantos gigas de información.

    Y me enorgullezco de esas entrevistas en las que yo misma reconocía la cadencia de la persona al hablar. Hice muchas grabadas, por supuesto, pero mis preferidas son esas primeras.

    Disfrutaba todo el proceso, desde la planificación, la elaboración de las preguntas, la charla en sí, aunque la transcripción llegó a hartarme. Solo quien lo ha hecho sabe lo difícil que es llevar del código la lengua hablada al de la lengua escrita y que aun así el texto conserve el sabor de la conversación.

    Hay un misterio en la entrevista, o muchos misterios, no sé… Desde eso que a falta de un nombre mejor llamamos química, el instante mismo, la complicidad que se logre… El respeto, tanto a uno mismo como al interlocutor, es crucial, y también lo es prepararse bien e ir con la mente abierta, dispuesta a variar de plan. Las cosas no se pueden forzar y, como en el amor, es válido insistir, pero hasta un punto. He visto a “personalidades” que gozan haciendo sentir su superioridad, imponiéndose al entrevistado. Hasta Mañach habló de eso. Uno debe saber siempre, y no solo al hacer entrevistas, que las cosas a veces salen bien y a veces no. Hay un texto que incluye Tom Wolfe en El nuevo periodismo que cuenta la historia de una entrevista fallida a Ava Gardner, y es tan o más revelador que la entrevista más clásica.

    Pero a María Antonia la apasiona también el ensayo y la investigación…

    La vida tiene muchas paradojas, Yunier. No quise estudiar ni Letras ni Historia —ambas recomendadas por muchos amigos que al parecer me conocían muy bien— porque me parecían aburridas… Y dedicarme a la docencia, mucho menos: eso era como mentarle el agua bendita al Diablo. Y aquí me ves, de lleno en ambas, aunque no abandono el periodismo y me apasiona la promoción cultural.

    Matriculé la maestría en cultura latinoamericana, rectorada por Luis Álvarez, movida por mi deseo de hacer periodismo cultural. Sentía que debía pertrecharme mejor, y como me gusta estudiar… De hecho, esa es mi verdadera vocación. Bueno, matriculé un poco asustada por la idea de la tesis, incluso, en mi fuero interno me decía que, llegado el momento, de tesis nada. Pues me fui enamorando de la investigación, reencontrando tal vez conmigo misma, con prácticas aprendidas en la universidad y que en el periodismo no podía desarrollar, y lo que fue un tema elegido para una tesina de un diplomado (la maestría exigía diplomado y curso propedéutico) devino casi una obsesión durante más de diez años de mi vida: el periodismo de Julián del Casal.

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    “Leer hoy a Casal es encontrar pautas de lecturas para nuestro presente, donde todavía se siente el caricioso humo del cigarrillo y la leve sonrisa …
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    Precisamente te quería preguntar de esa figura: Julián del Casal

    Llegó un momento en que si se hubiera aparecido frente a mí no me hubiera asustado. Lo hubiera sentado a mi lado y le hubiera dicho: “A ver, mijito, explícame…” Todavía me sigue desafiando, siento que es una tierra incógnita.

    Y debemos retomar lo que vimos antes sobre la historia de la prensa en Cuba. Yo misma empecé a estudiarlo con una visión muy sesgada: leyendo a un poeta que escribía crónicas. Poco a poco fue descubriendo a un genuino periodista, a una persona con una sensibilidad excepcional y una prosa exquisita que da cuenta de La Habana, de sus propios estados de ánimo y, sobre todo, de una nueva forma de hacer periodismo. No suele repararse en que Casal es tal vez de los primeros intelectuales cubanos que de forma coherente reflexiona sobre el periodismo e incluso sobre lo que luego conoceríamos como industrias culturales. Habló de ese mecanismo industrial que puede hacer un daño atroz al estilo pero que, al mismo tiempo, marca al periodismo y a la propia creación vinculada a los medios de comunicación. Y ahora, gracias a Leonardo Sarría podemos leer sus cartas, y ellas nos develan muchas otras aristas. Nada, Yunier, sigo enamorada de Casal, y sé que seguiré en su órbita.

    La revista digital La Liga es un proyecto entre amigos, una manera de dialogar

    Así es. Un proyecto de inspiración martiana, por su divisa y por su visualidad, cercana a la del periódico Patria, y sobre todo porque la hemos soñado inclusiva, dialogante y plural. Nació en el 2008 de la mano de Lionel Valdivia, Osvaldo Gallardo, Yoan Pico y mía. Luis Omar Álvarez es el autor de la imagen que todavía conserva la revista, y José Rey Echenique y Geovanys García Vistorte también formaron parte del proyecto en los tiempos iniciales.

    Si bien ya son veintitrés números terminados, con varias secciones en todos ellos, la revista se ha multiplicado. Hemos realizado concursos, incluido uno que nos acercó a los estudiantes de preuniversitario. También hemos hecho diecisiete Días de La Liga, debates sobre temas puntuales que lamentablemente no suelen estar en la agenda de los llamados eventos culturales, díganse las desigualdades en Cuba, la moda, el cuentapropismo, los desafíos de ser un profesional, la supuesta maldición de vivir en un pueblo chiquito… Y también está nuestro perfil en Facebook. Nació para amplificar los contenidos de la revista, y ha ido ganando autonomía. Ahí hemos generado debates muy sabrosos sobre la promoción cultural, las noches y el ser camagüeyano, por solo citar algunos.

    El proyecto, integrado en estos momentos por Yoan Manuel Pico y por mí, será en breve respaldado por el Centro Provincial del Libro —ha sido acogido de la AHS casi desde su nacimiento— y esperamos entonces estar nuevamente en línea.

    ¿Qué es el periodismo para María Antonia?

    Ha sido mi vida. Lo sigo haciendo desde las páginas de La Liga, y lo investigo, sobre todo lo investigo. No logro entender cómo, siendo tan alérgica, el olor de los periódicos viejos no me da coriza. Supongo que la adrenalina me protege en esos momentos, pues me embarga una sensación exultante. Esa es la palabra cuando estoy en una biblioteca rodeada de periódicos viejos.

    Háblame de tus libros. ¿A cuál quieres más?

    Al que escribiré mañana: un estudio del periodismo de Alejo Carpentier en París. Es un proyecto que obtuvo el premio Razón de ser en el 2014 y que he debido posponer, y ya me quema.

    Y de los publicados, le tengo un cariño especial a Modernidad y periodismo en Julián del Casal, la reescritura de mi tesis doctoral, que me dio la alegría de una mención en el Premio Casa de las Américas, y a Ansias de traspasar el horizonte: estudios sobre Julián del Casal, que contiene lo que no cabía en la tesis y fue saliendo a destajo y que luego reuní en ese libro, premio Emilio Ballagas. Lo mismo me sucede en Como a caballo sobre un relámpago: notas sobre periodismo y cultura, de Ediciones Matanzas, el resultado de indagaciones de corte más teórico.

    Pero los de entrevistas, que son dos, me gustan mucho, y Páginas volanderas, que agrupa textos periodísticos, me es entrañable, pues nació al calor del periodismo diario; Imagen múltiple de la ciudad: tres cronistas miran La Habana, premio Calendario, me permitió probar mis armas en el ensayo, y Palpitación de lo diario: un costumbrista llamado José Martí parece ser un libro eterno, pues justo ahora trabajo junto a la editora en una suerte de segundas lecturas a propósito del costumbrismo y de cómo es asumido por los modernistas. Esta suerte de continuación verá la luz gracias a la editorial del Centro de Estudios Martianos

    En fin, todos representan algo y marcan lo que yo era al momento de su escritura. En algunos ya no reconozco a la María Antonia que soy, como mismo me sucede al verme en algunas fotos, al recordarme en ciertos ambientes o al desechar ropa con la que ya no me siento a gusto. Creo que es normal que sea así también con los libros.

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    ¿Puede hablarse de periodismo femenino? La pregunta se reponde a partir de la obra de dos mujres hábilmente creativa y comprometidas con el detino …

    Recientemente obtuviste el Premio Regino Boti con un libro dedicado a las mujeres y el periodismo en Cuba…

    Me tiene muy feliz. Arreglamundos: mujeres y periodismo en Cuba contiene un ensayo introductorio sobre el periodismo y sus definiciones, y en un segundo momento se acerca a dos mujeres excepcionales: Mariblanca Sabas Alomá y Rosa Hilda Zell. La primera es un poco más conocida, no así Rosa Hilda, quien firmaba como Adriana Loredo una página de cocina en la revista Bohemia. Dicho así parece poco interesante, ¿verdad?; sin embargo, se las ingenió para reflexionar sobre la realidad del momento, tratar las cuestiones sociales, involucrarse en las demandas del feminismo.

    Espero que anuncie la pronta aparición de “Páginas muy bien condimentadas”, una compilación concebida por mí con textos de Adriana Loredo. Ya está en arte final, preparada por la Editorial Oriente, en la preciosa colección Mariposa, a la espera de la impresión, detenida por las carencias de papel. Creo que es un libro que ayudará a comprender la vida en Cuba entre 1946 y 1959 vista desde los ojos, inteligencia, finura y fuerza de una gran mujer, muy culta y comprometida con su país. La siento como algo mío y creo que a muchos lectores les va a suceder lo que a mí: la van a querer y a admirar. Me he estado comunicando con su hijo, residente en España, quien me ha confiado objetos que le pertenecieron. Ser depositaria de ese tesoro me enorgullece: ella ha resultado muy entrañable para mí, y lo que más ansío es que pueda dialogar nuevamente desde sus textos con los lectores cubanos. Va a ser muy bueno para nosotros.

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