
La escritora Dazra Novak, reconocida como una de las mujeres más sobresalientes en el actual panorama de la literatura cubana, obtuvo el Premio de Novela ítalo Calvino en 2020 y el volumen se presentó este 14 de octubre, en el tradicional Sábado del Libro en la Calle de Madera (La Habana Vieja), con un público numeroso. El poeta, ensayista y profesor, Roberto Méndez Martínez, quien fue jurado en esa edición, fue el presentador, y afirmó:
“Dazra Novak se acerca a la vida y obra de una artista plástica contemporánea, Rocío García, con la voluntad de ofrecernos una biografía imaginaria de la creadora, donde el peso esencial está dictado no por la sucesión de hechos verificables en la cronología de su existencia, sino por el desciframiento de su obra artística”.
“La escritora establece una relación interdiscursiva con las creaciones de Rocío. Se inmiscuye en el espacio pictórico, se inserta como voyeurista en ese mundo onírico donde coinciden el exhibicionismo, la sensualidad y una violencia controlada, pero omnipresente. Es un espacio donde el erotismo se traduce en provocación y el espectador comprueba que la artista agrega una presión especial a sus imágenes para generar una crisis en ciertos tabúes sociales”.
“No es este un texto para leer apresuradamente. No se trata de una historia leve y conmovedora. Es un libro para paladear, para regodearse en su cualidad plástica y para llenar los ojos y la mente de esas imágenes inquietantes y exquisitas”, dijo Roberto Méndez.
Dazra agradeció esa mañana al equipo editorial, organizadores del concurso, y en principio a Rocío García y sus largas conversaciones para conformar un personaje literario.
Tres opiniones de Dazra Novak sobre su novela Chérie, Premio Italo Calvino 2020
Dazra Novak obtuvo el Premio de la Crítica Literaria por la novela Niñas en la casa vieja, publicada por la Editorial Letras Cubanas. En 2020 obtuvo el Premio de novela Italo Calvino con el texto Chérie. El jurado de esa edición estuvo integrado por los escritores Roberto Méndez, Carlos Zamora y Gaetano Longo, quienes escogieron el texto de Dazra entre 62 participantes. Sobre la obra ofrecemos tres criterios de la autora publicado en varios medios de prensa.
A Giselle Zamora Chacón le dijo para la entrevista “Dazra Novak: ¿cuándo ha sido fácil la vida para un escritor?”, publicada en La Jiribilla:
“Esta tercera novela se titula Chérie y está inspirada en la vida de Rocío García, pintora cubana muy reconocida nacional e internacionalmente, que ha sido por treinta años profesora de la academia San Alejandro. Es un libro difícil, que me ha tomado tres años de escritura y muchos desvelos, por tratarse de un personaje tan polémico como lo es Rocío, que es, además, amiga entrañable”.
También publicada en La Jiribilla, aunque se aclara que el texto fue tomado de El Caimán Barbudo, aparece una respuesta en la entrevista “No, Dazra Novak es ella”, de Sofía Miragaya:
«Rocío García es una pintora cubana muy reconocida, amiga mía desde hace años, que tiene una historia de vida muy rica. Estamos hablando de una persona que viajó en barco desde Cuba cuando el intercambio de estudiantes con la antigua Unión Soviética, una travesía que duraba un mes. Estuvo siete años estudiando allá en una academia de pintura, regresó y ha sido, por 30 años, profesora de San Alejandro.
«Rocío es muy reconocida por su manejo del color, por la pintura que hace, que bebe mucho del cómic, del pop art, que trata los temas de la sexualidad. Muchas veces incluso la encasillan dentro de la pornografía. Ella tuvo la valentía en los años 90 de hacer una exposición con penes erectos en sus cuadros, cuadros de grandes dimensiones, de más de dos metros.
«Era un personaje muy atractivo y yo me acerqué tratando de ficcionar y terminé contando su vida desde la niñez: cómo fue su acercamiento a la pintura; su pasión por los cómics, que la tiene desde niña; su visión del mundo, una visión muy particular también; su búsqueda de la belleza; la homosexualidad y el descubrimiento de un amor, que se interrumpió en un momento y encontró 20 años después, cuando pudo ser, porque los estudiantes cuando se graduaban allá, pues, bueno, debían regresar.»Era un personaje muy atractivo y yo me acerqué tratando de ficcionar y terminé contando su vida desde la niñez: cómo fue su acercamiento a la pintura; su pasión por los cómics, que la tiene desde niña; su visión del mundo, una visión muy particular también; su búsqueda de la belleza; la homosexualidad y el descubrimiento de un amor, que se interrumpió en un momento y encontró 20 años después, cuando pudo ser, porque los estudiantes cuando se graduaban allá, pues, bueno, debían regresar.
«También es un recorrido por su obra, entrando en ese mundo de la pintura. ¿Cómo conciben los pintores su obra? ¿Cómo llegan a eso? ¿Cómo es el acto de pintar? ¿Qué es lo que hay dentro de sus cabezas para poder plasmar después en un cuadro? Inquietudes también que, en buena medida, son mías. Antes de escribir, solía dibujar y en algún momento contemplé la posibilidad de entrar en San Alejandro.
“Hay que tener una habitación propia, eso urge mucho, y hay que tratar de defenderlo y hay que tratar de llegar a ello”.
«Hay un poco de eso que nunca pude desarrollar. Siempre tuve esa inquietud y entonces por allí también canalicé eso y, por supuesto, acercándome a ella y a toda su clase, al grupo “Nuevos fieras”. Tenía que respetar muchas cosas de la vida de Rocío y, de hecho, tuve que darle el libro después para saber si estaba de acuerdo, porque yo ficcioné muchas zonas, pero la mayoría son reales.
«Chérie es como un cuestionamiento de cuánto uno abandona, de a cuánto uno renuncia por la obra de arte, por la creación, porque en su vida hubo muchas renuncias en este sentido, con tal de ser ella misma, de defender su identidad.
Y recientemente, publicado en el portal web de Cubaliteraria aparece la tercera opinión:
«La novela Chérie es un recorrido sentimental por la vida y obra de la reconocida pintora cubana Rocío García. Eso es en un sentido más amplio, digamos, más abarcador. Dentro hay muchas más cosas. Primero, creo que es una gran artista, muy aplaudida y seguida, pero debería ser más atendida (para nuestra suerte el crítico Rufo Caballero, ya desaparecido, supo verla y entenderla a tiempo) y por eso me lancé a esa exploración más a fondo de las «narrativas» subyacentes con el fin de despertar otras lecturas posibles. Segundo, la manera en que se acerca la gente a ella, las cosas que esperan de ella a partir de esa obra irreverente, que atraviesa zonas tan oscuras de la sexualidad y el poder, por ejemplo, pero que no sospechan su búsqueda constante de la belleza. Rocío le da muchísima importancia a lo bello, en todo el sentido de la palabra. Tercero, mis propias inquietudes con la pintura. Antes de la escritura yo intenté la pintura, o mejor dicho, el dibujo. Solía dibujar manos (obsesión que quedó después en la simple observación, suelo mirar las manos de los demás cuando me hablan, su arquitectura y movimiento). Y Rocío comenzó contando historias, de ahí que bromeáramos en nuestros numerosos encuentros, en medio de mis decenas de preguntas, con la idea de que quizá ella fuera una escritora que pinta y yo una pintora que escribe. Cuarto, su historia de vida, en particular ese amor tan grande que conoce en el antiguo Leningrado (hoy San Petersburgo), donde estudió por siete años y a dónde llegó después de viajar un mes entero en barco. Ese amor inspiró uno de sus más bellos cuadros, «La nieve». La novela comienza con su niñez y esa pasión por los cómics y las historias, y termina con su exposición The Mission, en 2015.


