Carmen Serrano: Pequeña, afectiva y amante eterna de lo sencillo y puro

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    Escribo desde niña. Miembro de una familia humilde, tenía una abuela que me ayudaba a aprender poesías para luego recitarlas en los cumpleaños y, además, me dormía con versiones hechas por ella de los cuentos de “La caperucita roja”, “La bella durmiente”, “Los siete enanitos” y otros, así como con las poesías del Ismaelillo.

    De alguna manera, ni recuerdo cómo llegaron a mis manos las poesías de Julián del Casal con su romanticismo y exotismo como el de su libro Nieve que lo llevó al modernismo, así como me llegaron: Rubén Darío, y José Martí que al leerlos comencé a soñar con cisnes, martas cibelinas y montes de espuma. Desde mi rústico balance soñaba con cómodos cojines, y paseaba por el parque de mi pueblo pequeño, como si flotara; en aquel lugar donde decir Fernando Albuerne, que era un cantante de música popular nacido allí en 1920, era decir un nombre que enorgullecía a todos, es así que me convertí en vidente y veía en un futuro también mi nombre siendo amado, siquiera de parecida forma y, con toda ingenuidad se lo hice saber a una amiga: terrible el caso, hasta el padre de mi amiga se burló de mí, que quien era yo que qué me creía.

    Escribía versos sobre todo para niños en mis libretas escolares, y de los que hice para adultos me publicaron algunos en un periódico local y dos poetas del lugar, uno de ellos muy recordado, el doctor Giraldo Jiménez Riverí, me incentivaron, otros no me entendían. Mi padre, al darse cuenta de mi afición por la poesía me compró un libro de literatura preceptiva escrito por Manuel Gayol Fernández, y, de ahí, a rimar, a escribir sonetos, a contar sílabas, a conocer algo de otros buenos poetas, así comenzó mi vida de escritora.

    De alguna manera, ni recuerdo cómo llegaron a mis manos las poesías de Julián del Casal..

    Fui creciendo, estudiando cuanto podía, me hice filóloga y escribí hasta formar libros, que el fatalismo geográfico no me permitía publicar, hasta que vine a La Habana y publiqué un poema en un periódico. Pasé a trabajar en la dirección de literatura en Baracoa de Oriente, desde allí escribí a Nicolás Guillén, quien me envió libros y halagó mi poesía y me reuní con amantes de la literatura, e hice talleres con estudiantes en las escuelas y, con otros miembros del taller de adultos tuvimos la osadía de hacer la revista Maguana, esa era nuestra red de redes, o algo mejor, ya que las mandábamos solo a quienes podían interesarles. 

    A los niños talleristas de las escuelas se les publicaba lo más valioso que escribían, y empezaron a visitarnos escritores: Luis Suardíaz, Dora Alonso, Luis Rogelio Nogueras, Ángel Augier y muchos más; Waldo Leyva y Efraín Nadereau nos visitaban y apoyaban desde Santiago de Cuba. Nuestra primera revista se la dedicamos a la Brigada Hermanos Saíz y tuve la dicha de que a nivel de la provincia Guantánamo me eligieron para representarlos en el Segundo Congreso de dicha brigada, celebrado aquí en capital.

    Un buen día le envié, como a otros, una revista a Eliseo Diego y se fijó en un poema mío y me halagó. Pasé a trabajar en la Universidad de Oriente y seguí escribiendo poesías que solo lograba publicar en revistas y hasta en pequeñas antologías. Allí me reconocieron por el trabajo realizado con niños y adolescentes tanto en Baracoa como en la Universidad de Oriente, con el diploma 25 Aniversario del Movimiento de Artistas Aficionados.

    Ya en La Habana, Luis Suardíaz al ver la cantidad de poesías que tenía me las pidió, conformó un libro, lo prologó, y pude publicarlo en la Colección Sur, pero, de todo lo que he obtenido me reconforta el hecho de recibir un trabajo elogioso que me dedicaron el 8 de marzo de este año, y presentaron en la emisora de mi pueblo, esto me hace pensar que sí, que soy un poco vidente que ya en mi pueblo se habla de mí como soñé un día y esto me alegra porque siento que soy como él, pequeña, afectiva y amante eterna de lo sencillo y puro.

    Aplaudo y admiro a la juventud que se levanta en redes sociales, televisión y todos los medios posibles. Hasta a mí me han hecho programas para la TV y agradezco que se me haya pedido esta confesión.

    Hoy sigo leyendo mucho y aunque mi poesía no tiene nada que ver con ellos, sigo leyendo a los poetas de todos los «ismos», dígase romanticismo o hasta dadaísmo y surrealismo, y cada vez me doy más cuenta de lo mucho que me queda por aprender, porque como dijera el creador del género ensayo Michel de Montaigne: «Saber mucho da ocasión de dudar más».

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