El Bichito de la Luz: “La narración de historias es una herramienta invaluable”

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    Casi siempre que hay reuniones de trabajo comunitario allí está El Bichito de la Luz. Se enciende, se escucha su palabra y su experiencia. Contagia con su risa y sus cuentos. Es bajito de estatura y delgado, pero cuenta y sonríe con la fuerza de un gigante. Jesús Lozada Guevara escribe en un texto que es un personaje mitad misterio, mitad burla, que algunos llaman El Bichito de la Luz. Y se pregunta si es un duende chocarrero o un espíritu burlón o si acaso encarnó en un güije o es el Ángel de la Jiribilla. Y también dice que al Bichito de la Luz nada más hay que conocerlo, lo demás viene o le será dado a uno por añadidura.

    El Bichito de La Luz habla con el valor que lleva de los campesinos y de los guajiros del centro de Cuba; y de Florencia, el lugar donde vive. A lo mejor todavía hay personas que no conocen qué nombre lleva El Bichito de la Luz en los registros oficiales. Tiene un nombre compuesto: Nelson Amey Aragón Martínez. Se graduó en Estudios Socioculturales y preside la Cátedra de Cuentería Campesina y Tradicional José Obregón Bravo. Es coordinador del proyecto CuentaCuba del Consejo Nacional de Casas de Cultura y CuentArriba del municipio Florencia.

    ¿Bichito de la luz?

    Fue una muchacha a la que perseguía, miembro del grupo Teatro Primero que le dijo que su intranquilidad era similar a un bicho de los que van a la luz; pero fue el amigo Luis Martínez, metodólogo de teatro quien le dijo que era un bichito de la luz. Le gustó y lo aceptó. Después la actriz Corina Mestre lo “envía” a un evento con ese nombre.

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    Le pregunto sobre los eventos que organiza y me cuenta que hasta el momento se han realizado seis encuentros de cuenteros. Cada dos años se realizan en Florencia bajo el nombre Con que mire usted, una frase del negro Obregón”. El segundo encuentro, me escribe, “se efectuó en Cumanayagua y se llamó: Cumanayagua canta y cuenta. Y el cuarto en Colón: Carretas de cuentos. En estos encuentros se otorga el premio de cuentería por la obra de la vida a cuenteros. Además, se reconocen instituciones que propician la preservación, estudio y promoción de la cuentería campesina y tradicional. Son invitados cuenteros, narradores e investigadores.

    El negro Obregón

    Le pregunto quién era el negro Obregón: El negro Obregón es un personaje cuentero de los Ramones Viejos que ha aportado un valioso repertorio de historias al imaginario popular y ha trascendido como nadie en cuanto a reconocimiento social por esa obra casi inagotable. Y le sugiero enseguida, ingenuamente, que tiene que hacer un libro. Me responde: Ya existe. Publicado en Uruguay. Se hizo digital no está impreso. ¿Y la edición cubana? No se ha editado en Cuba. Hablamos otros detalles de cantidad de páginas, ilustraciones, anexos. Me anota que el libro tiene solo una decena de los 67 cuentos del Negro, el resto está en un segundo libro. Y me escribe: “Si puedes hacer una edición cubana te lo envío. Lo tengo en bruto”. Le habla de la crisis del papel y me responde: “Bueno ya se podrá, al menos sabes que existe”.

    ¿Cómo la narración oral, los cuentos, mantienen vivos nuestros sentimientos más profundos en nuestras comunidades?

    La respuesta a dicha interrogante tiene una profunda significación, aunque parezca ocioso es clave mencionar que incluso antes de la aparición de un lenguaje articulado ya el hombre primitivo sentía la necesidad de contar los sucesos en los que se veía envuelto en su vida cotidiana.

    Deviene la narración oral durante el feudalismo como una poderosa herramienta para la trasmisión de saberes, valores, sobre todo aquellas historias que encantaban a los niños y que, por supuesto, formaban los paradigmas de esa época: los caballeros y princesas, los dragones y las brujas, por solo citar algunos. Era el narrador oral un artista, un personaje querido, un juglar. Todo lo anterior es resultado de los estudios realizados en Europa, pero que sucede si miramos esta práctica cultural desde otro escenario y nos ponemos los espejuelos de la contemporaneidad.

    ¿Cómo es visto el fenómeno al que llamamos cuentería si lo apreciamos desde un entorno rural?

    Para comenzar debemos reconocer que estamos ante una expresión que constituye un proceso sociocultural, lo que ubica al ser humano, sus sistemas de relaciones con el otro y el medio que lo rodea en el centro del discurso. Dicho esto, podemos afirmar que en cualquier momento en que se encuentre el proceso de la cuentería o sea cercano a la ocurrencia del hecho, en la socialización o en la memoria colectiva, emergen como resultado de los espacios de socialización un enorme caudal de emociones que hacen que lo contado, compartido, escuchado adquiera un sentido y por tanto sea significativo para ese grupo social o comunidad. Los cuentos no tienen esa enorme carga simbólica por su contenido solamente, mucho más aportan los sentimientos que generan que contribuyen a la vez a formar los valores que acompañan al individuo durante su vida.

    Precisamente es por eso que se les cuentan historias a los niños. En el caso de los adultos, las vivencias de etapas anteriores de la vida emergen cada vez que son llamadas en la voz de un cuentero, allí se desbordan las cañadas y riachuelos desde las miradas inquietas de los que peinan canas, las mariposas no dejan de revolotear en las entrañas. Es la nostalgia que brota cual manantial precisamente porque se ha producido en ese sujeto un enorme vacío existencial, al escuchar las historias se puede percibir el olor a humo del fogón de leña o el rechinar de la montura, los tropiezos del caballo y su olor a sudor.

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    El cuentero nos da lo que sería una suerte de segunda oportunidad desde sus labios, sus gestos y esa mirada irrebatible, convence, estremece, enamora, encanta. Por eso la narración de historias es una herramienta invaluable, por eso solo se pone tierra de por medio, pero nunca nos vamos de ese lugar que tiene tanta significación para nosotros.

    Lamentablemente las narraciones envejecen y a veces parten sin posibilidad de ser rescatadas, lo que impone en ocasiones la necesidad de encerrarlas sin causa probada en un pedazo de papel, con el pretexto de que un niño necesita conocerla hasta que un cuentacuentos la rescata y tiene una nueva cita con el amor y se repite el milagro, los ojos que lloran, la nostalgia, el viaje.

    Le comento al Bichito, a Nelson, la grandeza de lo que hace y habla de su desprendimiento, aunque sospecha que su hija pueda cuestionarlo en el futuro, pero afirma que la apoyará siempre, será un puente para ella, y le digo de madera, pensando en un puente que construyó para su comunidad; y le sumo en un puente de hierro, en un puente de piedras, y él me añade y en un puente de yagua. Recuerdo esas fotos de Nelson, ahora le digo Nelson, que muestran las casitas de guano y tablas y el atardecer, allá en Florencia, en el centro de Cuba.

    Lamentablemente las narraciones envejecen y a veces parten sin posibilidad de ser rescatadas, lo que impone en ocasiones la necesidad de encerrarlas sin causa probada en un pedazo de papel…

    Yunier Riquenes García

    Yunier Riquenes García

    Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Cofundador de Claustrofobias Promociones Literarias con Naskicet Domínguez Pérez

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