Alberto Hernández Sánchez: “Escribir, desde uno mismo, es el mejor antídoto contra la mediocridad y la hipocresía”

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    Cada libro escrito para niños y niñas, debe ser una aventura. Si, además de divertidos, nacen de situaciones cercanas a la realidad de los lectores, es mejor. Libros desbordantes de sentimientos y emociones. En ese mundo, es donde mejor se debe crecer.

    Cada libro, debe convertirse en una aventura estética y expresiva. Me fascina la experimentación, desde mi comienzo en la escritura. La poesía fue mi primera conquista. Ella, me obligó a buscar siempre un nuevo sendero. Según ella, no hay otro juego para el creador.

    En los años de mi comienzo, existía muchísimo menos tolerancia y respeto hacia los escritores de literatura infantil juvenil. Para no ser menospreciado por los otros jóvenes escritores, de manera paralela, comencé escribiendo para adultos y para niños. Y no me fue mal. Por entonces, yo tenía diecisiete años y estudiaba en la Escuela Formadora de Maestros Primarios José Martí. Estudiando Pedagogía y sicología infantil, tropecé con los criterios de Mirta Aguirre. Ese “tropiezo”, me hiso enfocar mi creación, desde el rigor estético. Si bien los detractores en Cuba tenían razón al criticar la simplicidad formal y conceptual trabajada en la poesía para niños y jóvenes, existía una rica tradición de contenido, de rima y de métrica en la poesía hispanoamericana. Mi reto fue estudiarlos.

    Mi encuentro con las diferentes formas estróficas y rimas se convirtió en un ejercicio revelador. En él, me descubrí con facilidades similares a las disfrutadas en mi vocación danzaria. Pasar por una décima simétrica, me resultó similar al paso por un son sincopado. Llegar a escribir un exigente soneto, me resultó tan alucinante como sudar en una clase de Danza Contemporánea. Todo en el ritmo. Cada zéjel, villancico, cosante, rondel, letrilla, ovillejo, entre otros, me recorren el cuerpo, antes de acabar escrito en papel. En mis libros, creo rendir tributo a quienes nunca dejaron de creer en el valor estético de la literatura infantil juvenil.

    ¿La narrativa? Comencé a escribirla para poder ganar concursos y publicar. Para nadie es un secreto las desventajas editoriales de la poesía. Hoy, me siento muy bien escribiendo narrativa. Sus técnicas y procedimientos, los aprendí escribiendo. Como en la poesía, la experimentación estética y expresiva las subordino al contenido y a la imprescindible emoción. Últimamente, me he propuesto trabajar en libros donde su contenido me permita transitar de un género a otro. La multiplicidad de formas, se parece mucho a mis necesidades. Los riesgos de la experimentación tienen consecuencias. Pero, procuro ser lo más sincero posible conmigo para poder ser sincero con mis lectores.

    ¿Los lectores de mirada aguda, habrán visto, en mis textos, mi preferencia por las imágenes sólidas, los planos visuales, la narración circular y el delineado de las ideas? Eso, es. Construyo un lector sincero, inteligente y sensible; capaz de ser cómplice y promotor de mis historias. Escribir literatura infantil juvenil, no me limita en el uso de formas ni en el abordaje de contenidos. Solo me determina la necesidad de hacerlos asequibles a niños y niñas. A ellos, ninguna realidad debe serle ajena. Esas mismas realidades, ya los incluyeron, al nacer.

    Si bien procuro compartir mi lugar bajo el sol, no dejan de asustarme los grupúsculos, los privilegios y los modismos. La creación, demanda estudio, tiempo y distanciamiento. Retorno a la idea del obligatorio riesgo. Escribir, desde uno mismo, es el mejor antídoto contra la mediocridad y la hipocresía. He tenido y mantengo maestros de cabecera. Entre ellos, César Vallejo, Salvador Redonet, Eliseo Diego, Esteban Llorach. Cada uno, a su manera, me impulsó a buscar aliento en los libros y, sobre todo, en la observación de la vida cotidiana.

    Insisto en crecer y les confieso: la responsabilidad de concebir una obra y escribirla es un arma deliciosa; de doble filo.

    Equipo Editorial Claustrofobias

    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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