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Palabras de apertura de la 32 Feria Internacional del Libro de Camagüey

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    Por Juan Antonio García Borrero

    Hace unos meses se difundieron los resultados de una encuesta formulada a la inteligencia artificial, con el fin de establecer cuáles han sido los inventos más descollantes en toda la historia de la existencia humana.

    Así salieron a relucir la brújula y la rueda, que transformaron el modo de desplazarse a través del mundo, la máquina de vapor, que propició la revolución industrial, la electricidad, que cambió de modo profundo la cotidianeidad de todos los individuos, o la penicilina, que ha permitido la salvación de gran cantidad de vidas a través del uso de los antibióticos.

    Nada de esto fuera hoy conocido por nosotros si el papel y la imprenta (otros dos inventos que la inteligencia artificial detectó entre los más descollantes) no hubiesen estado allí para difundir el conocimiento de esas inventivas a través del libro, un dispositivo cultural que lentamente terminó transformándose en el centro de la vida moderna.

    Hablar del libro, durante un buen tiempo, ha sido señal inequívoca de ilustración. Somos los libros que nos han hecho mejores, decía Jorge Luis Borges. Mientras que, según John Steinbeck, “por el grosor del polvo en los lomos de los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo”.

    Palabras de apertura de la 32 Feria Internacional del Libro de Camagüey 1

    En realidad, como todo fetichismo (en este caso un fetichismo libresco) también aquí puede detectarse un lado oscuro, porque no es el culto acrítico de los libros lo que nos propiciaría una utilidad real de los mismos. El libro y su lectura nos será útil en la misma medida en que nos ayude a desautomatizar esas maneras que tenemos los seres humanos de lidiar con la existencia. Un libro será importante en la misma medida en que nos convoca a reencontrarnos con lo más auténtico de nuestro ser, con nuestra libertad interior, esa que muchas veces permanece reprimida dentro de nosotros por las más variadas razones: todo gran libro será siempre, entonces, una herramienta emancipadora antes que artilugio de dominación o distracción (que al final es más o menos lo mismo).

    Más, ¿qué pasará con el libro en una época como la nuestra, donde pareciera que, con la llegada de Internet y la consolidación de una cultura de la imagen sobre todo en movimiento, se desvanece el antiguo liderazgo? ¿Desaparecerá el libro, como vaticinan algunos apocalípticos que no cesan de quejarse, y los cito, porque “ya los jóvenes no leen?”.

    En realidad, no habría que hacer demasiado caso de esas oscuras predicciones. Algo parecido ha sucedido siempre en el terreno cultural, donde constantemente se van anunciando muertes sucesivas a raíz de la emergencia permanente de nuevas tecnologías. Sin embargo, un estudioso como Henry Jenkins lo ha explicado con gran lucidez:

    La palabra impresa no mató a la palabra hablada. El cine no mató al teatro. La televisión no mató a la radio. Cada viejo medio se vio forzado a coexistir con los medios emergentes. De ahí que la convergencia se antoje más plausible como un modo de comprender las últimas décadas de cambios mediáticos de lo que fuera el viejo paradigma de la revolución digital. Los viejos medios no están siendo desplazados. Antes bien, sus funciones y estatus varían con la introducción de las nuevas tecnologías.

    Ya hay bastante evidencia de que algo parecido está sucediendo en el terreno del libro y la lectura. Donde antes se solía pensar en una suerte de confrontación letal entre el libro en soporte papel y el libro digital, por ejemplo, hoy ya comienza a vislumbrarse de un modo más natural la convivencia (o convergencia, para decirlo como Jenkins) entre ambas prácticas. De esta manera, el libro, tal como lo conocíamos hasta hace un tiempo, va adquiriendo funciones que estarían respondiendo a las expectativas del nuevo lector.

    De todos modos, el libro seguirá siendo una de las invenciones más insólitas y misteriosas de la humanidad. Está ese provocador aforismo de Georg Christoph Lichtenberg, que mejor no lo puede decir:

    Es difícil que en el mundo haya mercancía más singular que los libros. Son impresos, vendidos, encuadernados, reseñados y a veces hasta escritos por gente que no los entiende.

    Hoy damos por sentado que sabemos lo que es un libro. Si nos preguntaran no tendríamos inconveniente alguno en describirlo como un conjunto de hojas de papel, que, gracias a la encuadernación, conforman un solo volumen. Pero, ¿un libro es solamente eso?

    Más compleja sería la pregunta si nos preguntaran qué es un libro digital.

    El gran problema que tendríamos aquí no se vincularía tanto a lo que ignoramos del libro en sí, sino a lo que nos falta por saber de lo digital.

    Lo que sigue dominando entre nosotros, por el momento, es la pretensión de domesticar eso nuevo que ha nacido a un entorno familiar, un entorno donde teníamos más o menos controlado todo.

    Sin embargo, yo diría que lo digital se caracteriza, precisamente, por su voluntad líquida (para utilizar la terminología de Bauman) de romper con todo lo que huela a control, y fluir hacia lo impredecible. De allí que resulte tan ineficiente la idea de replicar en este universo virtual, las acciones que hasta ahora se practicaban en los escenarios físicos.

    Una buena manera de construir Políticas Públicas que, en un futuro, contribuyan a transformar el libro digital en algo que permita el crecimiento personal, sería plantearnos las preguntas más básicas, como esa de ¿qué es un libro digital?

    Mientras mayor sea la conciencia de que ahora mismo casi no sabemos nada de lo digital asociado al libro y la lectura, mayores serán las posibilidades de incorporarnos a ese mundo que ya está al alcance de nuestras manos, aunque todavía no lo vemos.

    En este sentido, esta Feria del Libro puede ser el lugar idóneo para plantearnos de modo natural la convergencia de todas esas prácticas asociadas a la lectura, donde no importa el soporte, sino el interés de seguir defendiendo el libro como pasión, como misterio, como algo que, para expresarlo como Lezama, aglutina e irradia al mismo tiempo.

    En Los Coquitos, Camagüey, el 11 de marzo de 2024

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    Equipo Editorial
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    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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