He de pronunciarme en un tono bajo

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    Escrito por Yulexis Ciudad Sierra

    Recuerdo aquel día que llegué de la escuela. Eduard había dejado un recado en casa de mis abuelas, necesitaba verme, alguien le dijo que yo había ganado un concurso literario a nivel nacional. Fui a su encuentro. Cuando estaba cerca de su casa vi a un muchacho conversando con alguien, no tenía la certeza de que fuera él hasta que me dijo con firmeza: “Tú eres Yulexis… Te he estado esperando no sé qué tiempo. Que difícil eres muchacha”– y se echó a reír. Me sorprendió su voz, era una pólvora, aquella persona que conocía solo de pasada se fue colando hasta en la familia.

    Entonces conversamos sobre el premio, me hizo preguntas muy breves, se interesó por el género ganador; terminé explicándole que no era un premio literario, si no de Español-Literatura. “¿Pero te gusta escribir?”. “¡Mucho!”, le respondí. Y salió a relucir un cuaderno doble que albergaba tantos versos. De pronto me dejó con la palabra en la boca y entró para ponerse un pulóver, quería ir a mi casa, necesitaba ver esos poemas.

    Nos sentamos en la Singer de abuela Adis, era el único espacio de la casa con una lámpara de luz fría inmensa, Encina (h)ojeó sin prisa cada página del cuaderno, luego lo cerró de un tirón y preguntó si podía llevárselo, que me lo devolvería al día siguiente. Cumplió su palabra. Ahí empezó para mí el primer taller, lleno de criterios acertados y lecturas recomendadas, las cuales asumí sin problemas, después sus críticas se fueron haciendo más duras, hasta el punto de sacarme una que otra lágrima o un disparate, aunque después vinieran las disculpas o las risas. Nuestros debates literarios se fueron haciendo más frecuentes, casi necesarios, hábito que adquirimos todos. Me presentó a otros creadores: Jorge L. legrá (Puro), Domingo González (Dominguito), Osmel Valdéz, Enrique Matos (Kiki). Eduard tuvo la idea de erigir el grupo Café Bonaparte.

    En 1998 tuve la oportunidad de participar en mi primer Encuentro Debate de Talleres Literarios en Contramaestre. Eduard pasó por mi casa para irnos juntos, no sabía nada de lo que estaba por venir. Durante la lectura me sentí un poco nerviosa, pero nadie lo notaba. El cuento y la poesía que llevé no estaban listos para concursar, textos que habían pasado por el filo del Café, pero eso no bastaba. Tampoco desistí. En el 2005, Arnoldo Fernández y yo estábamos en Camagüey recibiendo el premio en el Encuentro de Debate de Talleres Literarios en ensayo y cuento respectivamente. La noticia se corrió, hubo fiesta.

    Las reuniones del Café se fueron haciendo cada vez más dinámicas, ya no eran solamente aquellos encuentros cada domingo, a las 2 de la tarde, en la casa de Eduard Encina. Comenzaron los intercambios con escritores de otras provincias, a rotar los talleres a veces por casa del Puro, de Osmel, de Dominguito, o en casa de mi abuela Belsis, allí Eduard se aparecía a cualquier hora como un hijo, conversaba sin apuros y disfrutaba el olor sobre los platos; se le extrañaba cuando no llegaba. Eduard nos llegó a confesar que muchas ideas para sus libros las sacaba de las conversaciones que establecía con mi padre.

     El Café Bonaparte era el espacio para mantenernos informados, debatir nuestras obras, criticarnos, pelear como buenos amigos, de incitarnos a participar en los concursos vigentes, de aprender a preocuparnos cada uno por el otro, en nuestras reuniones nunca faltó el sorbo de café o cualquier sorpresa comestible.. Tuvimos el placer de ayudar a otros. Recuerdo mi experiencia en Matías, llegué a formar el Taller Literario Aromas con la ayuda de mis amigos y hermanos de fe Yarlis y Ventura. Cuando me enfrenté a este reto enseguida corrí donde Puro y el Encina a pedirles orientaciones

    Muchos eventos fueron promocionados por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), con Eduard como cabecilla, el defensor e intercesor de los artistas del municipio, tal vez de la provincia, de todas partes. Comenzaron las celebraciones frecuentes debido a los resultados de los miembros del Café, que ya no eran solamente escritores. Aumentaron las publicaciones, la salida de la provincia o del país por proyectos o lo que sea, las exposiciones de pinturas; llegamos a ver en la galería de arte los gallos que Eduard Encina pintaba; La pintura naif de René Emónides recrando ese personaje recurrente y cosmopolita que es nuestro Apóstol Nacional… En Contramaestre tuvimos la presencia de escritores de renombre, compartimos con Eduardo Torres Cuevas, el bien amado Roberto Manzano, entre otros. Eduard tenía el don de aunar.

    Llegó el tiempo en que los miembros del Café comenzaron a dispersarse, yo fui una de ellas. Pero siempre volvíamos sobre la escritura, los amigos y los recuerdos, a compartir con talentos nuevos, a descargar en el Café Cantante de Contramaestre o la Librería de la ciudad, ambos frente a la carretera central, actividades que Eduard conquistó como una extensión del Bonaparte, fluyendo con la AHS, con la Sociedad Cultural José Martí, entre otras. Se convirtió en un promotor constante y atrevido, también creó La Jornada Literaria Orígenes, un evento para respirar naturaleza y arte, cubiertos con las aguas del campismo La golondrina. Tuvo su espacio promocional en Radio Grito de Baire, creó boletines informativos, espacios literarios y artísticos en las bibliotecas y casas de la cultura de Baire y Contramaestre. Preparaba los programas para la Feria del Libro municipal o cuanto evento se le ocurría. Involucraba a las organizaciones pertinentes para realizar la caminata martiana por la Ruta Funeraria de Dos Ríos a Remanganaguas. Lo más interesante es que era él quien nos llamaba a formar parte de tales cometidos, fueran o no del Café Bonaparte, hasta su esposa e hijos lo siguieron, porque siempre entendieron lo que significaba para él hacer tanto alboroto.

    Con que maestría obviaba su dolor para sentir el ajeno, salir de casa para defender un pueblo y un grupo de personas que siempre ha querido como él hacer arte. Se extendió su nombre sin darse cuenta. De vez en cuando se atrevía a rasgar las cuerdas de una guitarra para componer alguna que otra alabanza o cantar en cualquier. Hablar de todo esto sabiendo que se ha ido el amigo, calando un recuerdo que nunca se detendrá, ya lo dije, es tremendamente difícil. Tal vez se me hayan olvidado algunas que otras pinceladas o de algunas personas. Pido disculpas. Lo cierto es que Eduard Encina fue verdaderamente incansable.

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    Consejo editorial integrado por periodistas y colaboradores de toda Cuba que gustan del mundo literario.

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