El poeta Sigfredo Ariel…

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    Palabras de Rigoberto Rodríguez Entenza escrita en su perfil de Facebook para homenajear a su amigo Sigfredo Ariel.

    Hoy al amanecer supe que Sigfredo Ariel, el poeta, el autor de un aquel verso que… […] A finales de los años ochenta, comencé a escuchar el nombre de un poeta llamado Sigfredo Ariel, […]

    Así, desconcertada, torpemente, he intentado escribir una nota para este desconsuelo, para evocar a amigo y poeta, poeta auténtico, poeta para el que no hay olvido posible. Un día comencé a escuchar su nombre, el nombre de un poeta llamado Sigfredo Ariel, después leí unos poemas y, al fin, nos conocimos, en Matanzas, ¡claro! Cuando llegué al Festival de Poesía que por el V Aniversario de Ediciones Vigía, que se organizaba en esa ciudad, con la guía del excepcional Alfredo Zaldívar, cuando entré a la sede de la editorial, en la segunda planta, estaban, él que ya era mi amigo, mi ex compañero de estudios, Camilo Venegas y Sigfredo. Dibujaban, pegaban, en fin, con sus manos dulces, iluminaban los papeles pobres que leeríamos tantos. Desde entonces comenzó la amistad en la que nos abrazamos, leímos, comentamos, reímos. De todo ello me queda “la luz, broder, la luz”.

    Agrego este poema que le dediqué hace ya muchos años, en Manzanillo, y forma parte de libro “Otras piedras talladas en silencio”.

    CAMINO A LA VILLA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

    A Sigfredo Ariel
    Soy ciego y no puedo escuchar
    como tú el color de la pregunta
    ni el paso salvaje del toro.
    Solo me queda la música
    y la dorada memoria de quien no soy.
    Las guayabas de la orilla
    huelen a canasta y comercio.
    Antes las mordía bajo los horcones
    de un portal donde éramos felices.
    ¿Qué edad tienes? ¿Quién eres
    con ese aliento a semilla
    y tiempo fresco? Si me dices
    tu nombre podré oler
    las violetas que adornaban
    a mi amada. ¿Vas camino
    a Trinidad? ¿Cómo son tus sueños?
    Ven a visitarme y te mostraré
    los mapas de la felicidad
    en un tiempo infinito.
    Para algo he perdido mis ojos.
    Seguiremos inmóviles
    siempre pisando este mismo punto.
    El es nada y todo el mundo.
    Me gusta abrir el aire en dos mitades
    y me falta.
    Ayúdame.
    Abre las ventanas.
    Cierren los diarios
    abran las ventanas.
    Ayúdenme.
    Los días son una metáfora
    sencilla y dividida como todo
    en su gota de luz y su fin
    obstinado. ¿Puedes oler
    el don de las frutas?
    Si tus manos son ligeras
    podrás confabularte conmigo.
    Yo tiemblo pero he sido testigo.
    Ayúdame.
    Hemos llegado a un nuevo azar.

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