El libro infantil y juvenil sobre la base de nuestra ideología

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    Escrito por Cira Romero y Manuel Cofiño en Literatura infantil. Folleto metodológico. Selección de César Leante. Publicado en 1977.

    (Fragmentos)

    Los niños cubanos hasta hace unos años, leían casi sola­mente las tiras cómicas y muñequitos “made in USA”, deformadores y enajenadores de su tierna imaginación y sensibilidad, que además de colonizarlos mentalmente desde su infancia, los educaban en la chabacanería, la mentira y el mal gusto, deformándoles la personalidad y desviándolos y trastocándoles los valores morales, nacionales y sus gustos artísticos y literarios. Aquella literatura infantil de muñequitos era una de las formas más crueles, cínicas e inhumanas de penetración cultural; una seudoliteratura que insensibiliza estéticamente y deformaba éticamente en vez desensibilizar y formar.

    La Revolución desde sus inicios barrió con toda su sub- literatura y ahora surgen problemas no de tanto bulto, pero sí de más sutileza y responsabilidad.

    Ocuparse de literatura para niños y adolescentes no es sino interesarse por uno de los problemas de su educa­ción, de su formación para la sociedad. Los libros infantiles son una de las primeras ventanas por las que el ser humano se asoma al mundo y no debemos olvidar que el libro es un instrumento de penetración con todas las ventajas y con todos los riesgos.

    Siendo nuestra ideología la del marxismo-leninismo, el objetivo de la literatura infantil y juvenil nuestras, debe ser el de formar y desarrollar en nuestros niños y jóvenes una personalidad integral y cabal, como debe corresponder a los futuros comunistas. Para nosotros, empeñados como estamos en la formación del hombre nuevo y de una sociedad más justa y racional, la literatura infantil y juvenil debe hallarse en la base de nuestro compromiso con el futuro y debemos encarar sus problemas con profundidad y rigor. Los libros destinados a los niños y jóvenes deben perseguir, ante todo, el objetivo de educar a nuestras nuevas promociones sobre la base de nuestra ideología. Pero todo esto debe ser cumpliendo los niveles estéticos indispensables para crear una verdadera obra artística.

    Lo primero que debe exigírsele a la literatura infantil y juvenil es que sea buena literatura, de un alto nivel artístico, pues sólo así será eficaz en sus, otras funciones y propósitos. Escribir para niños no es escribir para tontos. Los niños son un público de muy puras y certeras exigencias críticas. Lo han demostrado determinando qué tipo de literatura sería la suya.

    A través de los años han seguido su propia regla, su instinto; han rechazado la mayor parte de lo que había sido deliberadamente planeado para ellos, y se han apropiado de literatura no expresamente escrita para ellos, la han hecho suya y han obligado o revisarla y adaptarla en formas más convenientes. La sencillez y la belleza que exigen la literatura infantil y juvenil las convierten en extremadamente difíciles.

    El requisito indispensable de un libro para niños, es que les interese, que lo lean, pues sin el acto de lectura quedan anulados todos sus otros valores y propósitos. En literatura infantil y juvenil, como en toda clase de literatura, no valen solamente las buenas intenciones, ya que la eficacia ideológica en cualquier clase de literatura está insoslayablemente unida a su eficacia literaria. Por lo tanto, el rigor artístico debe ir unido al rigor pedagógico e ideológico. El niño es el más delicado y difícil de los lectores, y también el más permeable. No podemos permitir una literatura que desvíe y envenene ideológicamente a los niños y a los jóvenes, y contribuya a confundirlos y estupidizarlos. Nuestra literatura infantil debe entretener, distraer, ser bella, cargada de poesía, pero al mismo tiempo, crear los valores éticos en el niño y en el adolescente. Por lo que estimamos que el panorama actual de la literatura infantil y juvenil exige grandes y urgentes mejoras sobre la base de nuestra ideología.

    FORMACIÓN Y DESARROLLO DE LOS VALORES ÉTICOS DEL NIÑO Y EL ADOLESCENTE A TRAVÉS DE LA LITERATURA

    Desde tiempos remotos, es reconocida la fuerza educadora, formativa, y el poder de conversión espiritual de la palabra. Los griegos, conscientes de ese poder, lo utilizaron, y lo llamaron psicología. Desde entonces, la literatura (consciente o inconsciente), ha estado al servicio de distintas clases y sistemas filosóficos y políticos. La Revolución Cubana ha ratificado en múltiples ocasiones su importancia en la formación ideológica de las nuevas generaciones.

    Estimamos que para los que creemos que el arte no es un fin en sí mismo, sino que su fin es el hombre, hacerlo feliz, hacerlo mejor, empezar a trabajar con ese objetivo desde que el hombre es niño, es de gran importan­cia. Alguien ha dicho que el niño es “la página en blanco del hombre, el embrión del ciudadano”, y es cierto. El hombre del futuro, el hombre nuevo, será el producto de la formación y de su desarrollo ético-cultural. Por lo tanto, como ha dicho Makarenko: “Tan sólo los libros que tengan por fin la formación y educación de una personalidad humana íntegra poseen indudable valor para nuestros niños”.

    Martí puso el dedo sobre la llaga cuando dijo: “A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo y hombres de América. . .” “A los niños no se les ha de decir más que la verdad, y nadie debe decirles lo que no sepa, que es como se lo está diciendo, porque luego los niños viven creyendo lo que les dijo el libro o el profesor, y trabajan y piensan como si eso fuera verdad, de modo que si comprueba que era falso lo que les decían, ya les sale la vida equivocada, y no pueden ser felices con ese modo de pensar, ni saben cómo son las cosas de veras, ni pueden volver a ser niños y empezar a aprenderlo todo de nuevo”. “El deber de la literatura infantil y juvenil es llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella”. Estas palabras de Martí son tremendamente claras y orientadoras. En fin, Martí propone una literatura infantil y juvenil adecuada a nuestros tiempos, con contenido fundamentalmente ético y pedagógico. Eso sí, en cuanto al contenido ideológico hay que tener mucho tino. Ni “toques”, ni soporíferos moralizantes. El niño eso ni lo lee, ni le gusta, ni le interesa. Martí, al respecto, de nuevo nos orienta al decirnos: “Los temas escogidos serán siempre tales que por mucha doctrina que lleven en sí, no parezcan que la llevan”. Makarenko a su vez, nos advierte: “Tampoco debe resaltar un determinado objetivo político, ya que todo libro nuestro tiene que ser político. Mas en el terreno de la educación política, precisamente, pecamos muchas veces de lógica gruesa sin darnos cuenta de toda su torpeza y daño”.

    La literatura no es sólo un pasatiempo, un entretenimiento o una enseñanza, sino una disciplina formativa. Las primeras lecturas del niño son tan decisivas para su formación ética y cultural, como sus primeras impresiones para su formación afectiva. El desarrollo literario de un niño es uno de los aspectos de la dimensión que cobre su personalidad. Por la influencia educativa del arte, se enriquece y se abre el mundo interior del niño y del joven, y esa abertura ejerce una influencia decisiva sobre su enfrentamiento futuro con la vida.

    LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL COMO CREADORA DE LOS VALORES ESTÉTICOS EN EL NIÑO Y EL ADOLESCENTE

    En la literatura infantil y juvenil, la educación ética debe ir unida a la educación estética. Conseguir que la infancia y la juventud amen lo bello, es formar hombres integrales. Por eso los libros infantiles deben tener como objetivos no solamente la creación y el desarrollo de los valores morales, sino también la de los valores estéticos. Educar el gusto y desarrollar la sensibilidad y el amor a lo bello, debe ser uno de los propósitos de la literatura infantil y juvenil. El libro infantil por eso no sólo debe tener una belleza de contenido, sino también de forma interna y externa. Para el niño y el adolescente, el libro como objeto, como cosa bella por su encuadernación, su tipografía y sus ilustraciones, tiene un gran valor motivacional. Puede ser que el niño empiece a amar un libro (que ya es un principio de empezar a amarlos todos), por su formato y forma exterior, y no olvidemos que conseguir que la infancia y la juventud amen los libros, es ganar adultos para la lectura. El libro tiene la rara virtud de dar una lección de estética en forma doble; por un lado, con todo lo referente a su aspecto externo (formato, presentación, etc.), y por otro, mediante la lectura de sus páginas, que pueden ofrecernos también belleza de forma literaria y contenido humano. En cuanto a la temática de la literatura infantil y juvenil, hay múltiples posibilidades de crear en el niño valores estéticos mediante biografía de músicos, pintores, escultores, etc. Por otra parte, específicamente las bellas artes; música, plástica, etc., y también nuestra cultura popular y nuestro folklore, son una cantera de grandes probabilidades que no han sido explotados por la literatura infantil y juvenil. Hay que proporcionar horas felices a la infancia, ayudar con la ternura y la fantasía a desarrollar nobles y hermosos sentimientos y a sensibilizar ante los valores estéticos. Uno de los objetivos que debe tener la literatura infantil es enseñar al niño y al adolescente a apropiarse de la belleza. No sólo lo puramente ético que pueda haber en los cuentos infantiles ayuda a formar la personalidad del niño, sino que también por la vía de lo estético se pueden conseguir, mediante grandes intuiciones, aberturas de caminos hacia verdades morales y educativas

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