Martí en Japón / Japón en Martí

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    Escrito por Yulier Canuto Pérez

    Martí es el “Héroe Nacional de los cubanos”, a quien Rubén Darío llamó “Maestro”, y “El más puro de la raza”, calificativo de la chilena Gabriela Mistral. Lo cierto es que su dimensión creativa nos sigue sorprendiendo. “El más universal de los cubanos” jamás visitó “La tierra del Sol Naciente”, pero describe como pocos las casas niponas y al adentrarse en la naturaleza dialoga con crisantemos, bambúes y el lirio japonés.

    Martí en Japón. En varias aristas la imagen de Apóstol ha sido un referente de la cultura universal, en la que el Lejano Oriente de alguna manera no es la excepción.

    No es por mera casualidad que el botánico Kenji Takeushi, creador del orquidiario de Soroa, justo en 1953 concibió su obra cumbre, se trata de un híbrido al que llamó José Martí. El mismo nombre es asumido por la Asociación de Cubanos en Japón. No es el simple hecho de que un nombre inspire solemnidad, respeto. Hay algo que va más allá y es lo que buscaban dos personalidades de la Tierra del Oro: el notable profesor Yasayuki Aoki, quien visita el Centro de Estudios Martianos de La Habana, pero no saldría de Cuba sin tomar una puesta de sol en el Mausoleo de Santa Ifigenia. Aoki puso a disposición de la comunidad japonesa los “Versos sencillos” del Apóstol y “El Presidio político en Cuba”.

    De alguna manera Yasayuki Aoki es una floración de esa profunda atracción por el legado martiano edificada por el Dr. Ikeda Daisaku, presidente fundador de la SIGI y gran amigo de la Mayor de Las Antillas, en especial de los promotores de la vida y obra de Martí. Con Cintio Vitier publica “Diálogo sobre José Martí, el Apóstol de Cuba”. Ikeda y Aoki, dos hombres que edificaron la presencia martiana en la cultura japonesa. Qué bueno saber que Martí existe en este país tan lejano, que entre estudiantes, jóvenes, artistas hay un espacio a la reflexión y al diálogo a partir del “Más universal de los cubanos.”

    La participación física del Hombre de la Edad de Oro en la estética luminosa Martí en Japón le hace recíproca. Pues digamos también Japón en Martí. Primero nació la inquietud de nuestro Héroe por la tierra de los samuráis. Fotografió con su mano de escribir la arquitectura doméstica tradicional y tradujo del francés al español el ensayo “Pintura japonesa”, todo un minucioso recorrido por las generaciones de pintores del Japón. Sin dudas estos dos elementos son portadores de un ideario que nos desplaza hacia un horizonte que a simple vista atesora mucha riqueza, precisamente en la materialización del principio Japón en Martí guarda otros destellos. Oculto como granos bajo la tierra esperando la lluvia. Si desde la óptica que ofrece la tradición literaria de Japón seguimos el rastro de la escritura martiana tendremos rápido manos llenas:

    1. Economía verbal, dado el alto poder de síntesis y concreción de una idea, donde del poeta de arma metafórica y riguroso sentido de la palabra brota también una sencillez despojada del yo: De la raíz al cielo azul, la selva verde.

    2. Frases sostenidas a fuerza de imagen y asombro dentro de la naturaleza, elegancia y quietud/ Sabi: “Vemos, afuera, el sereno paisaje”.

    3. Fugacidad, destello de un instante único e irrepetible. Palabra de estación/Kigo:
    El sol brilla sobre la lluvia fresca

    4. Yuxtaposición, palabra cortante/ Kiru: “Gota a gota, un agua que se va cuajando en las piedras”

    5. Misterio y profundidad/ Yûgen: … y ahora, en la madrugada, el mar está cantando

    Estas son características muy presentes en los géneros literarios de la tradición culta japonesa. Dígase: waka, renga1, haibun… especialmente en el HAIKU, término que nos invita a adentrarnos en la poesía más relevante, todo un himno a la naturaleza, definido por mucho como el poema de la percepción.

    Hasta el momento no se ha demostrado si quiera que Martí haya tenido referencia exacta de la tradición poética del Japón de su tiempo, siglo XIX, donde entre el renga, haibún y waka, la denominación suprema radicaría entonces en el “Haikai”. No sería hasta inicios del siglo XX cuando el haijin Masaoka Siki sugiere el término haiku.

    Cuando observamos detenidamente las narraciones martianas, principalmente en el diálogo dentro de la naturaleza detectamos una serie de íconos que de manera inmediata nos conectan con la figura cimera de la poesía culta de esta nación, el monje budista Sijifiro Munefusa Matsuo Bashōo, (1644-1694). Bashō dijo: “Hablar del pino desde el pino, del bambú desde los bambúes”, y caminó casi todo el país bajo un sombrero de pajas. La mayor parte de los tramos a pie, otros a caballo y en botes. Su obra cumbre fue el cuarto diario de viaje realizado al Norte de su país, Oku no Hosomichi. Sendas del oku es la definición de Octavio Paz y Erik Hayashilla.

    Doscientos años de recorrido en el tiempo y la contestación martiana al Monje budista parece muy cercana: “Bambúes sonoros como las arpas”.

    El haibún, texto de narrativa breve que cierra con un haiku constituye la plataforma de la Senda del Oku. Veamos:

    “La almohada”
    Veíase en lontananza el camino hacia Nambu y nos hospedamos en la aldea de Iwate. Pasando por Ogurosaki y las islitas del río Arao, fuimos desde las fuentes termales de Narugo hacia el paso de Shitomae por el que entramos en el país Dewa. Como este camino suele ser poco frecuentado por los viajeros, los guardias del paso sospecharon de nosotros, pero al cabo conseguimos cruzarlos. Subimos a un gran monte y como ya el sol había declinado pedimos cobijo en la casa de uno de los guardias. Durante tres días se desató un temporal de viento y lluvia…
    Pulgas, piojos.
    Meando los caballos…
    ¡Vaya almohada!

    Bashō vivió la pasión de dedicarse por entero al arte de escribir y enseñar versos. Impuso un orden en la estética de su generación separando los tres primeros versos del renga. Hoy es distinguido universalmente como “El Maestro”. Buscaba la paz interior, la meditación profunda en el camino de los antiguos.

    Martí no intenciona un balance literario, solo describe y narra todo al alcance de sus ojos, oídos, respiración, sabor. Al alcance del tacto. Sólo escribe en su Diario de Campaña. Escribe.

    …Andamos cerca de Baragua. Del camino salimos a la sabana de Pinalito, que cae, corta al arroyo de las Piedras, y tras él, a la loma de La Risueña, de suelo rojo y pedregal, combada como un huevo, y al fondo graciosas cabezas de monte, de extraños contornos: un bosquecillo, una altura que es como una silla de montar, una escalera de lomas. Damos de lleno en la sabana de Vio, concha verde, con el monte en torno, y palmeras en él, y en lo abierto un cayo u otro, como florones, o un espino solo, que da buena leña: las sendas negras van por la yerba verde, matizada de flor morada y blanca. A la derecha, por lo alto de la sierra espesa, la cresta de pinos. Lluvia recia. Adelante va la vanguardia, uno con la yagua a la cabeza, otro con una caña por el arzón, o la yagua en descanso…

    En el poeta cubano va el líder de una epopeya que se descubre en el monte copioso con una pistola ceñida a la cintura, pero no es él quien habla sino la naturaleza exótica del Oriente de su país.

    En su libro “El corazón del haiku”, el investigador Vicente Haya define: Brevedad expresiva enteramente en imágenes. Impacto de un momento sentido en profundidad, desposeído de intelectualismo y sentido sentencioso.

    Bashō
    Noche marina.
    La voz del pato
    es vagamente blanca.

    Martí:
    Rumbo al abra.
    La luna asoma, roja,
    bajo una nube.

    En otra mirada, Haya describe: Especie de iluminación que nos ayuda a penetrar en la vida íntima de las cosas, y volver a conectarnos con el sentido de la “unidad” de todo lo que existe.

    Bashō
    Junto al agua negra,
    olor a mar y a jazmines:
    noche malagueña.

    Martí:
    La madreselva caída
    no da su aroma tentador
    que es para la noche.

    Hay momentos donde el fotógrafo no tiene más opciones: detonar la cámara. Flash. Captó el instante que perdura. Así acontece en el haiku.

    Bashō
    Quietud,
    penetra en la roca
    el canto de la cigarra.

    Martí
    Seafotiha elegans
    de un tallo quebrado pende
    un abanico.

    Hay personas que establecen vínculos imborrables sobre la tierra. De cuya relación florecen lazos entre naciones como Cuba y Japón, tan distantes geográficamente pero unificadas por la semblanza de un hombre que al respecto, solo dejó fluir cuerpo y mente, y entonces la naturaleza, poseyendo la mano del escritor y poeta, fue la cronista de la inusitada página, todavía por visitar. Por descubrir.

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