Celebran “Juicio Final” al escritor Sindo Pacheco de Villa Clara

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    Causa # 3 de 2021 (julio)

    ACUSADO: Sindo Pacheco (alias Gume), por María Virginia y yo (Editorial Capiro 2018). Contiene dos novelas: María Virginia, mi amor y María Virginia está de vacaciones.

    JUEZ: Ernesto Peña

    ABOGADA DEFENSORA: Rebeca Murga Vicens

    FISCAL: Carmen Sotolongo Valiño

    Cámaras de televisión y periodistas de todos los medios se encuentran ahora apostados delante de la Sala de lo Solemne perteneciente al Tribunal del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara (CPLLVC). La tensión y la expectativa se miran entre sí y se preguntan ¿y entonces?

    Cientos de admiradores risueños levantan carteles de Gume, llévate el Virus de la Fiebre Aburrida (VFA). Con Paramecio a la cabeza, el club de Pensadores Unizelularez entona el himno Me toca, pero no me llega.

    La carroza-Barco Pirata del Gume se aproxima por la avenida. A una adolescente, peinada a lo María Virginia, se le humedecen los ojos y murmura porque sin aventuras, no vale la pena y deja caer a un perro cobarde al piso.

    Celebran "Juicio Final" al escritor Sindo Pacheco de Villa Clara 2

    En el expediente del acusado se consigna que profesa sin ambages la extraña ideología de Woody Allen, Terry Prattchet, Juan Candela, Virulo y Carlos Ruiz. Y que ha colaborado sin disimulo por preservar el imperio de los metamorfos cosquilleantes (alias Contraste, Antítesis, Parodia, Inversión, Personificación, Anticlímax, Hipérbole, Visualidad Absurda y Equívoco).

    El Gume baja del Barco Pirata. Sus reconocidos partidarios (Rebelorenz, Bao, Eduardo, Claudio) le abren camino entre el gentío exaltado. El Gume susurra al oído del guarda apostado ante la puerta del Tribunal. Un periodista alcanza a oír algo sobre un gato y un ciclón. El guarda disimula malamente la sonrisa. El Gume se vuelve al público y mira por encima de sus espejuelos. La multitud clama, solicitando sus éxitos:

    —¡Las raíces del tamarindo! pide un santaclareño.

    ¡Mañana es Navidad!

    ¡El beso de Susana Bustamante!

    ¡Un pie en lo alto y otras encerronas!

    ¡Retrato de los tigres!

    ¡Quiéreme mucho! dice una poetisa.

    El Gume sonríe y entra a la Sala de lo Solemne, a enfrentar su destino. Esos muchachos, murmura.

    ACUSACIÓN DE LA FISCAL ( Carmen Sotolongo Valiño )

    Acuso a Sindo Pacheco de haber jugado sucio en estas dos novelas. Me explico, señor juez, “María Virginia, mi amor”, y “María Virginia está de vacaciones”, nada tienen que ver con el Quijote, ni con Sancho y Dulcinea (como se afirma en la nota de contracubierta), tienen que ver, y mucho, con un género muy antiguo, nacido en el Siglo de Oro español y que no es más que la famosa novela picaresca de carácter marcadamente antiheroico. Es así señor juez, Ricardo de Armas Salteador no es más que un pícaro cubano.

    Si no me creen fíjense en las siguientes coincidencias:

    1. El pícaro tiene ancestros sin honor, en el caso que nos ocupa será un abuelo, salteador (segundo apellido de Ricardo) de caminos y violador de mujeres.
    2. Forma de autobiografía, narrada con humor y en primera persona por un antihéroe. Ricardo es un grandísimo mentiroso, es tremendamente violento, siempre se está fajando; y es sexista al extremo de incitar a Mariano Jesusón a pegarle a Paulina “dos o tres galletas en la cara y algún gaznatón o par de patadas”, esto descontando las intolerables exigencias a María Virginia escritas en la famosa carta.
    3. Estructura abierta e itinerante: las aventuras pueden multiplicarse interminablemente.
    4. Intención satírica (véase el capítulo 10 titulado Un extraño encuentro en Los Caneyes, donde el narrador se burla de lo lindo de los talleres literarios).
    5. La estafa y el engaño para sobrevivir son presentados como acontecimientos legítimos (véase, sobre todo, el capítulo 7 titulado Nos bañamos en un río y conseguimos almuerzo, donde Ricardo miente y estafa desaforadamente.
    6. Y si no bastara con esto, todas las acciones fracasan: Cuando Ricardo decide ahogarse no lo logra; cuando quiere localizar un incendio, tampoco; cuando se imagina que está salvando un niño que se cae de un quinto piso, solo es esto, se lo imagina; un fracaso resulta la botella (el aventón) hasta Guanabo y el viaje en tren. También lo es el Lazo de Santa Clara y la mismísima entrega de la carta motivo del viaje. En la página 237 reconoce su fracaso: “Esta no es una historia interesante. No hay crímenes ni asaltos, ni siquiera hay naufragios ni el más simple de los misterios”.

    Además, señor juez, hay algo más grave, el pobre Ricardo no sabe ni cómo escribir una carta y tuvo que llevarse a Mariano Jesusón (que no le cae ni regular) para que escriba las peripecias del viaje. Sospecho que fue el propio Sindo Pacheco quien encontró los manuscritos de las botellas y reescribió la historia. Dejó indudables marcas de la graciosa jerga de un adolescente de secundaria, pero se le escaparon constantemente indudables indicios de una escritura más elaborada literariamente. Por poner solo dos ejemplos: el discurso a los Catetos (p. 120), con su hermosa representación de una playa cubana, y la bellísima descripción de Guanabo que encabeza el capítulo 13. Pone en boca de su atolondrado narrador atinadas observaciones acerca del lenguaje de diferentes personajes (la madre, los profesores, etc.), y gusta de asignarle significaciones inusuales a los vocablos (“ojos catastróficos”, por ejemplo), o de practicar inteligentes rupturas de sistema en los sintagmas nominales, como ese de María Virginia “tan flaquita y tan sincera” o “los viejos son imaginativos y antiguos”. No puedo creer en boca del Ricardo aficionado a competencias de malas palabras expresiones como “me dispuse a buscar; acostumbrado y todo a la rudeza y a los rigores y avatares de la vida; algo arrogante, altanero y prepotente; pormenores; percances, incidentes; imprevisiones del destino; intrepidez y valentía; yo ni me inmuté, observarme a mansalva”, por citar unas pocas locuciones de las que inundan estas páginas y que hacen del lenguaje uno de los aspectos más notable de las novelas y un logro estilístico imposible de alcanzar por un adolescente. Además, hay una huella condenatoria en las páginas 225 y 226; en la primera Ricardo está redactando con un lapicero, y en la segunda se trata de un bolígrafo. Como sabemos bien los lectores, Rica siempre escribe con lápices de puntas bien afiladas o con lapicero y varios repuestos (minas de grafito), nunca con bolígrafo.

    DISCURSO DE LA ABOGADA DE LA DEFENSA (Rebeca Murga Vicens)

    Celebran "Juicio Final" al escritor Sindo Pacheco de Villa Clara 3

    Poco tiempo antes de nuestro primer encuentro había ganado Gume el Premio Casa de las Américas, precisamente con “María Virginia está de vacaciones” (Editorial Casa de las Américas y Editorial Letras Cubanas, 1994) y con sus jóvenes protagonistas Ricardo, Mariano Jesusón y María Virginia. Como si fuera poco, más tarde vendría “María Virginia, mi amor” (Editorial Norma, 1998).

    Yo juro ser testigo de aquel momento en que festejamos el premio y la suerte de, como Ricardo y Mariano Jesusón, volvernos todos amigos invencibles. Entonces, yo fui la más feliz María Virginia, entre no pocos escritores capaces de crear el más grato ambiente de fidelidad a la escritura y lealtad al amigo. Las mejores lecciones gremiales de fraternidad, imprescindibles hoy como ayer, las aprendí junto a estas “malas compañías”. Es por eso que “María Virginia y yo” significa para mí la certeza, más que sospecha, de un día fenomenal colmado de aventuras junto al amigo; ese amigo que “sucede poco a poco, como sin querer”. Ya nos ha dicho Ricardo que, luego de las aventuras y los barcos, la amistad es el mejor invento del mundo. Ya lo he dicho antes, “María Virginia y yo” es el amor, el humor, la esperanza. Cubanía andante cuando los adolescentes que nutren estas páginas se animan por sí solos a conocer el mundo de la isla en la década de los setenta, como aventureros adorables que descubren el libre acto de vivir. Son ellos: Ricardo Armas Salteador, híbrido tropical entre Tom Sawyer, Huck Finn y Quijote; Mariano Jesusón, amigo y escudero; y María Virginia, simplemente Dulcinea o Becky Thatcher.

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    Preguntas de la fiscalía al acusado: (Carmen Sotolongo Valiño)

    1- ¿Considera Ud. acertado afirmar que Ricardo de Armas Salteador es un antihéroe?

    Respuesta de Sindo: Viendo a Ricardo de Armas Salteador, ya con el paso del tiempo, creo que es héroe y antihéroe, al mismo tiempo; una mezcla que está, de alguna manera, en todos los que adolecen esa edad. Es sincero, espontáneo, desenfadado, inocente, leal, pretensioso, impositivo, inconsistente, ridículo. Es un joven enamorado. Las personas enamoradas, aparte del amor, lo que más hacen es eso: el ridículo.

    2- ¿Cómo concibió este personaje?

    Respuesta de Sindo: Ricardo siempre fue impredecible. De hecho, se me escapó de una novela anterior: Esos muchachos. De ninguna manera quería estar allá adentro. No era su novela, me repetía indignado, hasta que hizo su maleta de la escuela al campo y se fue por el camino real. Luego, cuando nos reconciliamos -uno ama a sus personajes- me contó esas dos historias. En fin…

    ALEGATO FINAL DE LA DEFENSA

    Imprescindible a la hora de valorar la literatura cubana para jóvenes, las dos novelas más comentadas de Sindo Pacheco aparecen ahora en un solo volumen para disfrute del lector que apuesta por la imaginación y la bondad.

    ¡Marineros, alerta! Miren el azul. En cualquier momento puede aparecer una botella” con un mensaje de absolución para este caso literario.

    ALEGATO FINAL DE LA FISCALÍA (Carmen Sotolongo Valiño)

    A la luz de las opiniones de la defensa y las respuestas del acusado, rectifico, señor juez, mi primera opinión: Las dos novelas analizadas tienen que ver, y mucho, con el Quijote, por su afán de aventuras, por la manía de Ricardo de alcanzar los objetivos de la manera más difícil y por la lealtad a los amigos y su amor inmenso por María Virginia. Su gusto por la hipérbole y la manía de hacer el ridículo son un verdadero hallazgo y característica entrañable de su edad. Así pues, se trata de dos muy contemporáneas novelas de aventuras juveniles (homenaje correspondiente a Mark Twain), con un arraigo encomiable en dos modelos clásicos y fundadores de la literatura en lengua española: el Quijote y la novela picaresca.

    Sin embargo, la segunda acusación no la retiro: Los compinches que sintieron como suyo el Premio Casa otorgado a Sindo Pacheco son sospechosos de prácticas parecidas: Amador Hernández, aprovechador de las historias de algunos alumnos devenidos delincuentes y prostitutas de toda laya, y Lorenzo Lunar que reescribe constantemente las historias que escucha en el Barrio.

    Por eso, porque estoy segura de que Sindo Pacheco reescribió los manuscritos de las botellas, atribuyéndose el Premio Casa y el aporte de gran nivel que hacen estas novelas a la literatura juvenil, pido que se le condene a pagar una multa de mil quinientos pesos moneda nacional (o el equivalente en cervezas para sus amigos y este tribunal) y se edite de nuevo el libro con la autoría de Ricardo y Mariano, sus verdaderos escritores.

    SENTENCIA

    Por el poder que me confiere el CPLLVC, y teniendo en cuenta el acuerdo entre defensa y fiscalía, sentencio a Sindo Pacheco (el Gume) a visitar las playas de todo el mundo y recoger botellas de náufragos para beneficio de la literatura universal.

    Equipo Editorial Claustrofobias

    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

    1 Comentario
    1. Ay, Dios, gracias, Claustrofobia.

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