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Amanecer del periodismo en Cuba

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    Escrito por Juan Marrero en el libro Dos siglos de periodismo en Cuba, Editorial Pablo de la Torriente Brau, 2003

    Dícese que la imprenta entró en Cuba en 1724, pero que durante muchas décadas se utilizó exclusivamente para publicar el Almanaque anual de la isla y algunos otros trabajos autorizados por la capitanía general de la colonia. La imprenta significaba luz, y España no quería que sus rayos penetrasen en la sociedad cubana. La quería mantener sumida en una noche eterna.

    Tras la ocupación y evacuación de los ingleses de La Habana, en l762-1763, la mentalidad de la metrópoli colonial tuvo algunos cambios. El temor de perder la isla y la circunstancia de hallarse España orientada por las ideas del despotismo ilustrado, determinaron el envío a Cuba de gobernantes diferentes en su modo de pensar y actuar a los anteriores. El primero de ellos fue el conde de Ricla, quien llegó a La Habana investido de amplias facultades y rodeado de un grupo de selectos y talentosos funcionarios.

    Al conde de Ricla se le atribuye el comienzo del «engrandecimiento» de La Habana, la redificación y ampliación del Morro, la construcción de las fortalezas de San Carlos de la Cabaña y Atarés, la erección de nuevos hospitales, y junto con ello la introducción de la prensa periódica en Cuba.

    Se asegura que en 1764 se publicó La Gaceta, primer periódico editado en Cuba, el cual salía los lunes y contenía algunas noticias políticas y comerciales, y también disposiciones del gobierno de Ricla. Pero de este periódico no se conserva ningún ejemplar. Como tampoco del periódico El Pensador, supuestamente publicado poco después, en la única imprenta entonces existente en La Habana, la conocida como Don Blas de los Olivos, instalada en la calle Mercaderes. También se dice que el primer nacido en Cuba que ejerció el periodismo fue un historiador que redactaba El Pensador: Ignacio José de Urrutia.

    Es bajo el gobierno de don Luis de las Casas, el 24 de octubre de l790, cuando aparece Papel Periódico de la Havana, publicación que despertó gran interés de los habaneros por las letras. «Entonces, según un historiador de la Época, se vieron salir profusamente de las prensas, proyectos sobre agricultura, comercio, medicina, educación, policía, filantropía, bellas artes, erección de estatuas […]».

    Según la nota que explica sus propósitos en el número inicial, Papel Periódico de la Havana no sólo ofrecerá al público «noticias del precio de los efectos comerciables y de los bastimentos, de las cosas que algunas personas quieren vender o comprar, de los espectáculos, de las obras nuevas de toda clase, de las embarcaciones que han entrado, o han de salir», sino que anunciaba su aspiración de «a imitación de otros (papeles) que se publican en la Europa» ofrecer «algunos retazos de literatura, que procuraremos escoger con el mayor esmero».

    Los primeros escritos públicos sobre situaciones que enfrenta la ciudad de La Habana aparecen en ese periódico, entre ellos uno consagrado a censurar el abuso de los juegos de azar, el cual lleva como epígrafe un adagio latino, cuya traducción es: «No nos ha colocado en el mundo la naturaleza para que juguemos, sino para vivir con seriedad y emplearnos en acciones graves e importantes». La lectura de ese artículo nos muestra que ya en época tan remota el vicio del juego había adquirido un incremento extraordinario en Cuba.

    En su primera etapa –1790-1793– la dirección de Papel Periódico estuvo a cargo de Diego de la Barrera, y uno de sus redactores lo fue Tomás Romay, tan interesado por el progreso científico como por el cultural de Cuba. De la Barrera había sido en 1782 el fundador del periódico Gazeta de la Havana, del cual solamente se han conservado dos ejemplares, y que vio la luz todos los viernes a lo largo de dos años. El general venezolano Francisco de Miranda, precursor de la lucha por la independencia, en ocasión de su visita a la capital en 1783, escribió un artículo crítico sobre Gazeta de la Havana, en el cual señalaba a su redactor que «vació las noticias como se venían a la memoria, o según la iban suministrando los colectores, sin atención al parage que debían ocupar». En su enjuiciamiento, Miranda habla de algo que desde entonces ha acompañado al periodismo: «los defectos de ortografías de que abunda bastante la Gazeta», es decir, las erratas.

    A partir de 1793, Papel Periódico es colocado por decisión de don Luis de las Casas en manos de la Sociedad Patriótica de la Havana más adelante nombrada Sociedad de Amigos del País. Su publicación se hacía dos veces a la semana, y cada mes el responsable de edición lo era un diputado de la Sociedad Patriótica. El presbítero José Agustín Caballero, Francisco Arango y Parreæo y Tomás Romay figuraron en una larga lista de los que asumieron la responsabilidad de la publicación. Tal sistema de trabajo, sin embargo, no parece haber sido óptimo, pues en 1796 el editor publicó una nota en la que expresaba su queja de falta de colaboraciones. Tres años después, la Sociedad Patriótica determinó crear una plaza fija de redactor, que tendría a su cargo todo lo relacionado con la preparación de los números de Papel Periódico. Ese redactor recibiría «la mitad de lo que se recaudase por concepto de subscripciones y venta libre de la publicación e impresión de noticias de particulares, quedando la otra mitad para la Sociedad».

    Tal fue la primera manifestación en Cuba del periodismo como negocio. El germen apareció junto con Papel Periódico. A la plaza de redactor aspiraron Manuel de Zequeira y Arango y Buenaventura Pascual Ferrer. La obtuvo el primero, por 358 votos contra 241, pero tras ello se inició una guerra literaria entre ambos candidatos, considerados los dos primeros escritores costumbristas en Cuba. En la última etapa ambos escritores polemizaron fuertemente, en Papel Periódico y otras publicaciones, sobre si el contenido principal de los papeles –así se identificaba a los primeros periódicos– debía ser cultural o científico.

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    Equipo Editorial
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    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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