Agosto es el mes más cruel

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    Escrito por Maylen

    Seguimos recordando a Ileana Margarita Rodríguez (1962-2020). Sobre su humanidad, legado y permanencia da testimonio la escritora Marvelys Marrero.

    […] es el mes más cruel, criando
    lilas de la tierra muerta, mezclando
    memoria y deseo, removiendo
    turbias raíces con lluvia de primavera
    La tierra baldía T. S. Eliot

    Sí, es agosto otra vez, así de rápido, de cierto. Ha pasado un año, un año completo, completico, un año más de pandemia, de escasez y dolor. Un año, 365 días desde que te fuiste con tu andar lento y fatigado a endulzar otros mundos con tu luz. Hace un año, y veo una película o subo al mirador al atardecer para ver la ciudad; o pasa un pájaro volando o canta Ana Belén o alguien grita que necesita medicamentos para respirar y pienso en ti. Es inevitable pensar en ti cuando se trata de aire, de respirar o volar.

    Han pasado tantas cosas desde que te fuiste, tantas que si te contara no me creerías; te reirías con esa transparencia única de las risas sinceras; y me dirías que no, que es demasiado absurdo; tú, que amabas a Virgilio Piñera; tú, que me regalaste mi primer libro de Virgilio, te burlarías del absurdo cotidiano. También, en algún momento, entristecerías; porque, te confieso, abunda la tristeza por estos días. Después de ti han partido muchos, de los buenos, de los grandes. Se nos fue Tony Pérez en septiembre, se llevó esa brújula previsora que atesoraba; y ahora recién se ha marchado Boffil; sí, el loco más lúcido del arte popular; y se han ido más, muchos más que pierden sus nombres para convertirse en cifras. Es triste, Ily, son días de espanto. Igual, segura estoy, que hubieras encontrado la manera de alimentar ese espíritu que siempre te llenó: una nueva película, un poema, un nuevo amor imaginario, algo que te sacara del pánico y el caos. Tal vez te hubieras refugiado en las redes sociales y escribirías tus reseñas —esas que tanto apasionan— para publicarlas a través de Facebook. Sé que Facebook era la vía para socializar, conversar e iluminar en esos últimos meses que viviste ya en medio de la pandemia. Pero Ily, las redes han estado tan convulsas en estos días, que te sorprenderías mucho si te cuento.

    De mí no tengo mucho que decirte. Sigo escribiendo, diseñando y pintando, y hace más de cuatro meses no salgo a la calle. Sí, cuatro meses, creo que desde abril que fui a Artes Visuales a recoger el Premio de Arte Popular no he socializado más. ¿Te acuerdas de las Patacuchas? Pues gustaron, y hasta un premio le dieron en el Salón Territorial de Arte Popular. Te hubieras contentado tanto, puedo imaginarme tú alegría. A finales de noviembre, me contagié con dengue y quedé muy mal del hígado, pero no quiero agobiarte con mis achaques. Te cuento que en esas pocas veces que salí de mi casa, entre enero y abril, siempre que bajaba por Luis Estévez miraba la fachada del Centro de Cine y era como si te viera venir desde la recepción, a saludarme. ¿Cómo no asociarte con el Centro de Cine, si tú eres el cine mismo en Santa Clara? Si somos tantos los que aprendimos a ver y consumir cine desde otra óptica gracias a ti ¿Recuerdas que el año pasado a principio de agosto trabajábamos el diseño de tu espacio cinematográfico “La ventana indiscreta”? Pues los muchachos, tus amigos, los asiduos a tus peñas, optaron por continuarlo en honor a ti; y sí, se hizo, hasta que la pandemia lo fue restringiendo todo. La pandemia ha crecido, Ily, como la mala hierba, como la maldad de los personajes en esos filmes sin happy end, como la crueldad misma cuando no se le pone límite. La pandemia lo engulle todo, tiene un hambre eterna. La pandemia, Ily, es motivo, es causa y hasta pretexto. Solo de eso se habla en este agosto, de contagios, de muertes, de hospitales repletos, de médicos cansados, de malas gestiones, de escasos protocolos, de pocos medicamentos, de gente que se tiró a la calle el 11 de julio a protestar por todo; sí, por todo, Ily. Te hubieras puesto nerviosa con las cosas que gritaban; te hubieras asustado o alegrado, no sé, fueron muchos los sentimientos por esos días y tú eras tan sensible. Eras tan sensible, digo y me detengo, porque en este breve recuento, en este pasar por arriba a tantas cosas, siento que estás, que eres, que no puedo hablar de ti en pasado, que no me acostumbro. En fin, Ily, después de ese mes de julio, Facebook, ese mismo Facebook en el que hicimos retos cinematográficos y disfrutamos tanto poniendo fotos del pasado, se llenó de imágenes y comentarios dolorosos. Te hubieras sentido mal con tanto odio, tanta ira, tanta violencia y tanta división. Quizás lo hubieras comparado con alguna obra literaria o te hubieras refugiado en algún fotograma de esos clásicos que veneras —y sigo hablando en presente—, y así habrías pasado de largo de tanta mala vibra y de los “mente pollo”—tu frase favorita—. El hombre mediocre, como decías, nunca ve más allá.

    Han sido meses terribles, y quiero ser optimista; sabes que soy de las que ve soluciones; pero esta vez, Ily querida, creo que falta un largo trecho para encontrar el equilibrio en esta realidad. Faltan también sensatez y coherencia; sobran dolor, burocracia y patetismo. Pero entre tanto faltar y sobrar no estás tú, Iliana Margarita Rodríguez Martínez; no está tu silueta en un banco del parque viendo caer la noche con el trino de sus pájaros negros —olvidé decirte que los parques están cerrados con cinta amarilla, como si de una escena del crimen se tratara, eso te indignaría mucho—. No estás en la farmacia tratando de gestionar un salbutamol; no estás cruzando la calle Martí con el aumento de tus espejuelos destellando bajo el sol; ni sentada en las arcadas, rodeada de jóvenes en algún debate. Sencillamente no estás, aunque yo siga pensándote en presente, aunque agosto sea cálido, aunque los pájaros sigan volando sobre la ciudad y no haya nadie en los bancos para verle. No estás, y hay tantas cosas que me quedan por decirte, tanto temor que guardo, tantos pensamientos que quisiera compartir. Agosto llega y duele. Sí, Ily, como estaca en el pecho. Este agosto es el mes más cruel, no tengas dudas. Este mes de mierda promete llevarse a muchos. Este mismo mes que hace un año vino tan decidido a llevarte; sí, a llevarte, a arrancarte de tu Santa Clara, y lo hizo. Te llevó a esos otros lares a presumir de tu dulzura y tu pasión; y ha pasado un año, un año completo, completico, aunque yo siga, como tonta, hablando de ti en presente y no se me salga de adentro el dolor.

    MARVELYS MARRERO

    Equipo Editorial Claustrofobias

    El personal editorial de Claustrofobias Promociones Literaria esta coordinado por dos amantes del mundo literario cubano. Yunier Riquenes, escritor y promotor cultural y Naskicet Domínguez, informático y diseñador.

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