Los nuevos públicos infantiles y sus exigencias en la literatura infantil y juvenil

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    La crisis de lectura en las personas más jóvenes es algo que hoy inquieta a muchos en el mundo moderno y, sobre todo, a los promotores del consumo cultural.

    El indiscriminado avance de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad y el hecho de que el tiempo libre se ocupe en divertimentos menos edificantes que el acto de leer, preocupa sobremanera a promotores, libreros, bibliotecarios, sociólogos, psicólogos, a los escritores e, incluso, a los gestores editoriales.

    La carencia de suficientes mediciones científicas sobre el tema, los discutidos resultados de algunas encuestas de consumo cultural realizadas en estos años y sobre todo, la opinión general, alertan de una posible crisis de lectura que en ocasiones ciertos medios magnifican, mucho más al desconocer el quehacer de algunas bibliotecas públicas o escolares, especie de oasis aislados, donde se lee mucho y bien.

    Sin embargo, pese a los programas existentes, a numerosas campañas de lectura, a que en las ferias internacionales siempre sea la literatura para niños y jóvenes la más vendida, no existen índices convincentes de que necesariamente los niños de hoy lean cuanto debieran, lean lo mejor e, incluso, de que la lectura les aproveche en su formación integral como seres humanos, que el acto de leer propicie en ellos la asunción de los valores literarios y culturales.

    Resulta evidente que la preocupación por el modo en que lean o no lo niños es una constante. Para muchos, idealmente, un trabajo de promoción que podría iniciarse, como es lógico, desde el seno familiar o escolar. ¿Acaso puede la familia responsabilizarse con una tarea que muchos solo confían a los especialistas? ¿Poseen las familias el tiempo libre, la disposición y la oportunidad de promover lectura, por ejemplo, con “el cuento de las buenas noches”, “un poema al desayuno” o “un paseo por la biblioteca”?

    La influencia del audiovisual portador de tele novelas que exaltan modos de vida foráneos, de la mala música que por su difusión se enaltece desde cualquier espacio público a donde (también) concurren niños y el adocenamiento en que a veces duermen los posibles promotores de lectura, conspiran contra los buenos libros que, un en un mercado ciertamente globalizado, todavía se publican.

    El libro, la lectura, el conocimiento… el hombre de éxito 2

    Los creadores, como es evidente, conceden a la lectura un valor formador en los más chicos de casa, sobre todo cuando desde las primeras edades se les orienta adecuadamente. Los medios modernos podrían ser los mejores aliados, ¿pero acaso son siempre bien explotadas estas posibilidades? ¿Dedican las familias algún tiempo a potenciar la lectura entre los niños que están formando? ¿Lo dedica acaso la escuela? ¿Prevén las políticas de los programas que sociabilizan la lectura un tiempo para leer o acaso se estará actuando a ciegas?

    ¿Son aliadas o enemigas de la lectura las nuevas tecnologías? ¿Influyen los libros de texto en el hábito de leer para las primeras edades? ¿Se tiene conciencia del modo en que podrían aprovecharse los más modernos dispositivos electrónicos como fuente promotora de lectura?

    Conociendo que en el presente las nuevas tecnologías brindan un soporte ideal para promover la lectura, ¿valdrá la pena cerrar ante ellas los ojos como mismo hacía la zorra de la fábula de Esopo y no utilizarlas adecuadamente? ¿No será preferible estudiar muy en serio las infinitas posibilidades que estas nuevas tecnologías pudieran brindarnos para promover entre los niños y adolescentes los mejores libros, no solo en el sentido literario sino por los valores humanos que en sus páginas se exalten?

    Todas estas preguntas nos deben hacer razonar en que la época cambia los modos y paradigmas de lectura y de cómo se pueda promover el acto de la lectura y de que, si manejamos conceptos obsoletos, no tendremos buenos resultados en las políticas lectoras que se pretendan aplicar en cualquier medio, ya sea social, escolar o el de una biblioteca pública.

    Los nuevos públicos infantiles y sus exigencias en la literatura infantil y juvenil 2

    El tema de la lectura para los más jóvenes tiene muchas aristas por las que puede ser tocado. A simple vista solo se trataría de publicar libros y potenciar su lectura, pero hay más. ¿Son los libros que hoy se dan a conocer representativos de los intereses de estos niños y jóvenes lectores potenciales? ¿Va a la vanguardia toda la literatura que se publica, con unos contenidos que puedan representar estimulantes propuestas lectoras para los jóvenes?

    En mi experiencia como editor de una colección creada hace diez años, Veintiuno —al calor de la reorganización hecha desde el 2007 en la Editorial Gente Nueva, de Cuba— no siempre el público está preparado para cuanto de novedad pueda brindarle determinada serie y si se piensa sobre todo en los contenidos puede haber muchas personas renuentes a cambiar sus puntos de vista tradicionales sobre qué es un buen libro para niños.

    Pese a que Veintiuno ha tenido muchos adeptos, sobre todo entre psicólogos, investigadores, autores jóvenes y hasta algunos libreros, sin embargo, a veces ha sido vista como una colección “fea” y cuyos “difíciles, o mejor, “duros” contenidos no deben ser tratados para la infancia.

    La realidad de que en cada Feria Internacional del Libro de Cuba el público se incline a comprar ediciones extranjeras de mejor calidad poligráfica pero dudosos contenidos algunas veces dejando a un lado las excelentes ediciones cubanas que con tanto esfuerzo se publican, podría ser una buena razón para preocuparnos por el valor que da la media poblacional al acto de leer.

    LOS MEDIOS AUDIOVISUALES

    Además de la influencia de las nuevas tecnologías, el cine, la televisión y el video todavía arrastran multitudes. Salvo en círculos muy cerrados o de expertos, resulta casi imposible escuchar que dos o más personas conversen sobre un libro en algún espacio público. Sin embargo, grandes multitudes están al tanto del último devaneo de la telenovela que se transmite cada noche en TV.

    ¿Gana o pierde terreno la lectura? ¿Cuándo abandonan a un lado los libros, leen acaso los más jóvenes en otras formas que todavía no somos capaces de adivinar? Mucho camino nos queda por recorrer todavía en el verdadero –y bien fundamentado conocimiento de las apetencias de los públicos para los que trabajan los difusores de libros y otros bienes culturales. La lectura sigue y continuará siendo una preocupación.

    ¿Es la TV un contrincante fuerte de la lectura? ¿Conspira el uso de las nuevas tecnologías para que los niños lean más o menos? Hay tantas versiones diferentes como personas analizando el asunto.

    De hecho, desde épocas anteriores en oportunidades se ha visto una tendencia a que los medios sufran cierta división, sobre todo en los contenidos que difunden a los públicos. El teatro posee sus propios repertorios, la radio hace sus adaptaciones y en la tv y el cine (de animación o ficción) se presentan otros argumentos.

    ¿Es posible que medios expresivos vivan divorciados entre sí o sería más factible que, incluso guardando cada uno su independencia de difundir contenidos tomaran a la literatura impresa como mejor fuente de inspiración a la hora de trazar sus programaciones? La literatura universal cuenta con acervo suficiente que permite ser adaptado a medios de comunicación más modernos y que puedan complementar a los libros. ¿Por qué no se adoptan con más frecuencia los clásicos como objeto de difundir literatura en estos medios —e incluso obras literarias actuales—, sobre todo como vía de enriquecer sus contenidos?

    Valdría entonces preguntarnos una vez más: ¿Estaremos preparados para aprovechar mejor medios como la radio, la televisión y el cine en una campaña (o programa, o plan o cruzada) para que los niños y jóvenes lean mejor?

    ¿MEDIADORES?

    Los padres. Los mediadores. El adulto que potencia o no que en su radio de influencia los niños lean y amen ese sano deporte espiritual. Un tema bien controversial, pero trascendente.

    ¿Qué leemos y por qué? ¿Qué nos hace escoger un libro y dejar otro al lado, durmiendo quizás un sueño eterno de cien años?

    Comparte un libro en tu comunidad: comparte el mundo, construye un sueño…

    Los autores que se dedican preferentemente a escribir para la infancia no tienen un concepto unánime y es lógico, pues cada uno de ellos tuvo a su vez su propia experiencia lectora y concibe el acto escritural desde su peculiar modo de ver el hecho creador.

    Es interesante reconocer que no todos los niños poseen la misma oportunidad de acceder al libro. Incluso en países que favorecen políticas lectoras no siempre los más chicos de casa encuentran a la mano un buen volumen. Todo depende del gusto o (dis) gusto de sus mayores, de la manera en que estos valoren el acto de leer, de su poder adquisitivo o su nivel cultural.

    Precisamente por eso, otros mediadores potenciales de lectura, como el maestro en la escuela, el bibliotecario o el librero, los propios autores de LIJ podrían influir en que los niños lean. ¿Pero siempre están a la mano estos potenciales divulgadores? ¿Poseen acaso la sensibilidad que permita “contaminar” a la infancia con el placer de la lectura?

    ¿Hay que esperar que el niño llegue al libro o acercar este a donde se encuentran los menores? ¿Se promueve siempre la lectura de la manera más adecuada? ¿Acaso los promotores de lectura son amantes confesos de esta práctica enriquecedora? ¿Estamos siempre dispuestos los escritores para la infancia a ser auténticos promotores de lectura, de contenidos humanos, de valores culturales o en su defecto nos refugiamos en nuestra obra cual si fuera una torre de cristal? ¿Solemos acudir a donde se encuentra el menor, en las escuelas más apartadas –incluso las especiales o de conducta-, los hogares de niños sin amparo filial, los hospitales y otros sitios de difícil acceso para el libro?

    Infinitas pueden ser, evidentemente, las causas que resten tiempo, atención y prioridad a la lectura entre los más pequeños y jóvenes, razonar sobre ellas nos debe ocupar mucho tiempo y valorar en cada circunstancia o medio la toma de las más acertadas iniciativas creadoras.

    ¿Cuál es la palabra mágica que se necesita para decirle a un buen libro “Ábrete Sésamo” y hacer que cautive a estos públicos? Todavía falta mucho para darnos una respuesta concluyente.

    Enrique Pérez Díaz

    Enrique Pérez Díaz

    Cuentista, novelista, periodista, editor, crítico literario, poeta e investigador cubano.

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