
Del libro Fragua de mar, Poesía de Aguascaliente y Santiago de Cuba. Con selección, introducción y notas de Fabián Muñoz y Yunier Riquenes les traemos hoy TRES poemas de Riquenes, escritor, guionista y poeta santiaguero.
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Si quieres grita
Si quieres, grita
pero puedes morir como los gorriones.
Aletea fuerte,
Sobrevuela los tendidos
lánzate de picada contra la carretera.
Los gorriones construyen los nidos
sobrevuelan los tendidos
no pueden contener la emoción
y mueren de rabia.
Si quieres, grita,
pero puedes morir como los gorriones.
Yo vi una mujer que no dormía
Yo vi a una mujer que no dormía,
se asomaba a la azotea
ponía cojines en el sofá por la ausencia de los amigos
hablaba de un alista de hijos:
biólogo, físico, cibernético, bailarina
hijos inteligentes que no escribían.
había viajado a Nueva York
y otras partes del mundo que no recuerdo.
había dictado conferencias,
publicado poemas en la revistas más desconocidas.
yo vi a una mujer que no dormía,
filtraba el sol de la habana vieja
se mezclaba un aire artificial que llegaba a los huesos.
yo vi, oí a una mujer que no dormía
hablaba de las partidas,
las malas comidas y los tiempos difíciles.
ahora tenía una casa
unos hijos
libros en muchas editoriales y libreros
yo vi, sentí la mujer que no dormía
y no me la pude sacar de adentro
a la hora de hacer mi recorrido.
Brigada de sepultura
En la bóveda reposaban cuatro cuerpos.
La tía Cuca, a quien nadie llamaba Celeste.
Hacía los mejores dulces y el café más fuerte.
Siempre podíamos pedirle algo para comer.
La bisabuela Hilda,
guardaba sus alhajas en cofres escondidos
se quejaba de dolores en todas partes.
Bertha, la otra tía, destacada en la fábrica de textiles
y olvidadiza de las costuras de los hijos.
La prima muerta a fin de año
después de llegar a Puerto Rico
y conocer muchas ciudades del mundo.
Cuatro cuerpos en cuatro ataúdes
llenos de cucarachas y humedades
Cabellos, dientes y uñas crecidos.
Los hombres de la brigada no se sorprendieron ante nada,
bajaron al foso y sacaron los huesos
en tela roídas y madera podrida.
Unos con guantes y tapabocas, otros a mano limpia.
los hombres limpiaron los restos del nicho con trapos viejos
separaron huesos tras huesos.
Algunos, seguramente,
se quedo con las cucarachas o se incineró con la basura.
las cuatros mujeres de la familia se resumieron
en cuatro cajitas rociadas de polvo facial.
Pero solo la tía Cuca se envolvió en una bolsa de naylón.
De regreso a la bóveda uno de los sepultureros recordaba
que esa misma brigada había enterrado a la última mujer.
No lo decía porque la hubiera conocido,
lo decía porque aquella tarde, en aquel entierro,
lo habían picado las hormigas.
Y lo advertía ahora, bajo aquella planta florida,
había un hormiguero bravío



