Leyendo a oscuras

×

    Sugerir cambios

    “Los niños andan acordes en detestar los sermones disfrazados, las lecciones hipócritas, los muchachos irreprochables y las niñitas más juiciosas que sus propias muñecas; como si comprendieran confusamente el riesgo de los frenos externos, como si trajeran al mundo un odio espontáneo contra lo insincero y lo falso”.

    Paul Hazard

    Los niños siempre han sido personajes algo subversivos. En todas las épocas.

    Llevan en sí un poder de supervivencia y una rebeldía innata que les permiten escapar a cualquier imposición adulta, poseen la capacidad de ver el mundo con ojos propios, interpretarlo y, sobre todo, encuentran mecanismos para poderlo trascender. Infructuosos resultaron los intentos adultos de confinar a la infancia en un predio “ideal” donde nada humano o divino pudiera rozarles ni con el pétalo de una rosa.

    Un teórico como el francés Paul Hazard ya comentaba en su libro Los libros, los niños y los hombres, que en vano una pléyade sensiblera y mojigata pretendió crear una literatura destinada a “domesticar” a una infancia indomesticable, con la ilusa pretensión de hacerla perfecta, ejemplar.

    A hurtadillas, en noches de luna llena o alumbrados por velones sustraídos de las alacenas, desde hace siglos los pequeños se deslizan como fantasmas insomnes en pos de los libros prohibidos, precisamente de aquellos escritos por gente inadecuada para el gusto de sus padres.

    Porque los niños siempre fueron capaces de encontrar aquello que de verdad más podía entretenerles, mostrarles las realidades que deseaban conocer y descubrir los misterios de un mundo que a veces no les habla con verosimilitud sino con engaño.

    Podría parecer un hecho sobrecogedor ver a un niño atisbando a oscuras, a través de una puerta, para encontrar el instante justo de hurtar un libro, llevarlo consigo y luego, en la soledad de la noche profunda, devorarlo con ojos ávidos. Es, sin embargo, la más vívida imagen de la redención humana en favor de la lectura.

    FUENTE: Cortesía del Observatorio Cubano del Libro.

    Enrique Pérez Díaz

    Cuentista, novelista, periodista, editor, crítico literario, poeta e investigador cubano.

    Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

    Deje una respuesta

    Claustrofobias Promociones Literarias
    Logo
    X
    Shopping cart