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Literatura infantil y juvenil de Centroamérica: tan cerca y tan lejos

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    En el XIV Congreso Internacional de la Oralidad a la Literatura Infantil y Juvenil: Memorias de Iberoamérica hubo un momento para conectar la ruta de la LIJ centroamericana. Irene Piedra Santa y Nora Obregón me dejaban pensando a mí, y tal vez a otras personas también, en cuanto (des)conocemos la literatura de nuestra región. Muchas veces la producción editorial de nuestros países latinoamericanos es poco visible, y mucho menos estudiada en grandes circuitos académicos. Pero lo que sí es cierto, es la riqueza y diversidad de la literatura infantil y juvenil de América Latina, y en este caso particular, el de Centroamérica.

    Irene se refirió a tres autores de Centroamérica: Humberto Ak’abal, de Guatemala; Salarrué, de El Salvador; y María López Vigil, de Nicaragua. Según Irene, los tres son muy cercanos a la oralidad.

    Tres escritores de la literatura infantil y juvenil de Centroamérica

    Irene comentó que la literatura infantil y juvenil comenzó tardíamente en Guatemala. Habló de algunas pistas iniciales en esa literatura y luego centró su exposición en Humberto Ak’abal, el gran poeta maya-quiché, El sacerdote de la palabra, como también se le reconoce. Humberto, dijo Irene, ha sido traducido a más de diez idiomas. Supe luego, buscando información, que el escritor austriaco Karl-Markus Gauss, hace ya muchos años, proponía su nombre y obra para que recibiera el Premio Nobel de Literatura.

    Irene nos contó parte de la vida de Humberto. Nació en Guatemala, fue un niño ponchero, tejedor de alfombras. Abandonó la escuela a los 12 años, pero leía desaforadamente.  Publicó su primer libro a los 38 años. Sobre la fuente de escritura de Humberto comentó que era la naturaleza: abejas, animales grandes y pequeños, piedra, agua, viento, los pueblos indígenas de Guatemala, los espantos. Y escuchamos a Irene leer los ejemplos de la poesía de Humberto. Después dijo: “oír leer a Humberto era lindísimo. Cuando pronunciaba las onomatopeyas en quiché daba un nuevo sentido a su poesía”.

    Cuenta Irene que en algún momento le contaba a Humberto que ella creía que su poesía le podía gustar a los niños, en un momento donde no se entendía bien que la literatura infantil también era literatura en mayúsculas. Hasta que él lo entendió. O se lo hicieron entender en Brasil.

    Gabriela Mistral apreció mucho la literatura de Salvador Salazar Arrué (Salarrué), El Salvador (1899 – 1975). Eso afirmó Irene Santa Piedra.  En Cuentos de cipotes, recogió cómo los niños de El Salvador contaban sus cuentos. En 1990 Irene conoció la obra de Salarrué y se dijo que eso debían conocerlo los niños. “Esto es lo más fabuloso que yo he leído para los niños”, se dijo, “y entonces preparé una edición de Cuentos para cipotes, y lo que hice fue hacer adaptaciones”. Ahí encuentro yo un límite de la oralidad, comentó. A Salarrué los niños de ahora no lo entienden, y no pueden leer el texto. Entonces Irene narró parte de su proceso en la adaptación de los cuentos de Salarrué para su edición. Incluso, cuenta, alguien llegó a comentarle que su versión le gustaba más que la del propio Salarrué. “Qué vergüenza”, dijo Irene. Del estilo de Salarrué, Irene destacó las palabras efectivas, las metáforas pícaras, las alusiones naturales. Y fue inolvidable cómo ella marcó los inicios y cierres de los cuentos: “Puesiesque” y “Seacabuche”.

    La cubana – nicaragüense Premio Cervantes Chico Iberoamericano

    Al XIV Congreso Internacional de la Oralidad a la Literatura Infantil y Juvenil: Memorias de Iberoamérica Irene trajo el nombre de María López Vigil, de Nicaragua.

    La prensa reconoce que María López Vigil ganó el Premio Cervantes Chico Iberoamericano en la primera edición de esta categoría, y la destaca entre los argumentos como “precursora de la literatura infantil en su país y cuya obra literaria ha contribuido a que los jóvenes de Nicaragua conozcan mejor sus raíces, su identidad y la riqueza del lenguaje de su tierra, donde los niños solo leían cuentos originarios de otros países y culturas”.

    Sin embargo, vaya sorpresa para mí, y que no comentó Irene. María López Vigil nació en La Habana, Cuba, en 1944. Por tanto, en 2024 celebra 80 años. López Vigil forma parte también del corpus de la literatura cubana, al menos por nacimiento. El sitio oficial de Centroamérica Cuenta publica su ficha:

    Cuba. Escritora y periodista, nacida en Cuba, radicada en Nicaragua desde hace más de 30 años. Directora de la prestigiosa revista de análisis político Envío editada por la Universidad Centroamericana, UCA. María es una de las pocas escritoras en Nicaragua que se ha dedicado a escribir libros para niños y ha contribuido relevantemente al desarrollo de la literatura infantil en el país. En muchos de sus libros intenta rescatar la identidad y raíces de los pueblos centroamericanos.

    Entre sus obras, destaca Historia del muy bandido, igualado, rebelde, astuto, pícaro y siempre bailador Güegüense (Anamá, Managua 1993 – Libros para Niños, Managua 2007), excelente adaptación del texto inaugural de la literatura nicaragüense. En 2014 adapta y da nueva y luminosa vida en palabras, al oscuro texto original del Rabinal Achí de Guatemala. Ha publicado también Un güegüe me contó, un clásico de la literatura infantil en Nicaragua, La balanza de don Nicolás Sandoval, Los dientes de Joaquín, Cinco noches arrechas, La lechera y el carbonero y La guía del pipián.

    Irene mencionó el trabajo de Gloria Carrión y los estudios recientes de la LIJ en Nicaragua. Y como cierre expuso cifras de la lectura y la migración y puntos de contacto, de por qué la oralidad gustaba tanto a migrantes. “Necesitamos textos fáciles que puedan ser leídos por poblaciones vulnerables”, sostuvo.

    Nora Obregón: Migración, literatura infantil y juvenil, y mediación lectora

    Nora Obregón acompañó a Irene en aquella conferencia “Migración y la LIJ en Guatemala”. Para ella participar una vez más en el Congreso era un honor porque “siempre reúne a una comunidad tan nutriente de ponentes y escuchas”. Nora compartió parte de su experiencia sobre la mediación de lectura con poblaciones migrantes. Aquí escuchamos una práctica de promoción de la lectura, pero también la lectura como herramienta para entender procesos.

    Nora contó que comenzó a trabajar de una manera espontánea y que después se dio cuenta de que lo que ella hacía no se le había ocurrido solamente a ella, sino que ya otros lo habían hecho y, además, detrás de estas prácticas hay investigaciones muy serias. El proyecto de lectura surge para acompañar a migrantes de tránsito y visibilizar a las comunidades que lo necesitan, ha sido también apoyo para que los y las migrantes se escuchen y se unan a otras voces.   Nora ha convocado a una comunidad sensible de mediadores, como al escritor Adolfo Córdova que ha apoyado mucho, y a editores como Irene Piedra Santa. También la han apoyado editores jóvenes formados previamente con fuentes culturales diversas para juntos y juntas construir comunidades.

    Nora contó que primero hacían sesiones para sensibilizar a la comunidad acerca de la situación de las personas que migran, para descriminalizar, quitarle l etiqueta de criminales, y con jóvenes como puentes culturales, promovían una cultura hospitalaria. Todas las voces con los y las migrantes son importantes. Las sesiones de lectura se realizaban con libros de la LIJ: libros álbum sobre migrantes, poesía, canciones, rimas. Hacemos comunidad con migrantes, hombres, mujeres, niños, niñas, adolescentes, en una convivencia que nos enriquece.

    Este es un proyecto no centrado en los libros ni en la literatura, los libros no son el centro, son puentes; el centro son las personas.  Cuando logran que sus centros sean las personas, la humanidad, las personas que están en la comunidad con la cual nos estamos relacionando, tienen un enorme poder, dijo Nora, citando a un destacado investigador.

    La mochila cultural del migrante y la literatura infantil en la memoria

    Nora se refirió también a la mochila cultural. Cuando un migrante llega, siempre carga con algo que llamamos la mochila de los afectos, o la mochila cultural, dijo. Esto quiere decir que nos movemos con ideas, emociones, lenguas, raíces. Cuando un migrante se traslada a otro lado se enriquece él mismo, porque aprende de lo que hay alrededor suyo, y por supuesto también enriquece enormemente a la sociedad.

    En 2016 tuvo la fortuna de conocer a dos editoras centroamericanas que han apoyado el proyecto: Irene, de Guatemala; y Gloria Carrión, de Nicaragua. Irene me regaló una edición muy linda de Cuentos de cipotes del autor salvadoreño Salvador Salazar Arrué, conocido como Salarrué, dijo.

    Los libros que Nora comparto son de LIJ. Libros en los que se recogen la tradición oral y donde los que escuchan se vuelven más participativos; vuelan sus recuerdos, paisajes, comidas, seres queridos; comparte sus creencias, costumbres, esfuerzos, con todo estos relatos tejen una memoria colectiva,  experimentan una sensación de seguridad cuando se dan cuenta de que su casa, su abuela, familia, amigos, paisajes recuerdos saldrán con ellos en las palabras, y al expresarlas y compartirlas con otros, se sienten contenidos y la escucha y el cuidado les muestra que son aceptados, que son bienvenidos.

    Para cerrar Nora recurrió a un cuento de Salarrué, que no voy a comentar. Solo voy a poner el cierre a su estilo: Seacabuche.

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    Yunier Riquenes García
    Yunier Riquenes García

    Master en Estudio en Lengua y Discursos, Universidad de Oriente, 2022. Doctorando en Ciencias Lingüísticas y Literarias, Universidad de Oriente. Doctorando en Letras Modernas, Universidad Iberoamerica de México. Licenciado en Letras (2006). Cofundador de Claustrofobias Promociones Literarias con Naskicet Domínguez Pérez.

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