12 años promocionando la Literatura Cubana

Manuel de la Cruz

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    Manuel de la Cruz y Fernández. (1861-1896)  Fue un periodista, escritor y crítico literario cubano. Cultivó un estilo irreverente y se caracterizó por su pensamiento independentista.

    Nació el 17 de septiembre de 1861 en La Habana. Realizó sus primeros estudios en el colegio San Anacleto, el mismo donde años antes había estudiado José Martí.

    Formación revolucionaria

    Sus padres abogaban por la independencia de Cuba, lo cual influyó fuertemente en su formación. Cuando se produjo el alzamiento en Demajagua de Carlos Manuel de Céspedes y las tropas mambisas liberaron la ciudad de Bayamo y el pueblo entonó por primera vez La Bayamesa de Perucho Figueredo, Manuel de la Cruz era un niño. Años más tarde en una carta a Manuel Sanguily él recordaba los sucesos más famosos de que fue teatro La Habana.

    Dice Manuel de la Cruz:

    “Mi padre, hombre de gran templanza, resistió primero a los ruegos, después a las exigencias de los que le pedían que vistiese en uniforme de Voluntario. No quería vestirse aquella túnica de Neso para no dar a sus hijos un mal ejemplo. Mi madre, más fervorosa y resuelta, me infundió francamente el amor a la Revolución, a sus ideales, y la aversión al despotismo y a sus mantenedores.

    Los hechos ocurridos en 1870 y 1871 en La Habana, el asalto al teatro Villanueva, el fusilamiento de los estudiantes de medicina, no intimidaron a su familia y todos leían los periódicos separatistas que llegaban desde lejos y hacían colectas de dinero y acopio de hilas, de vendajes, de medicina, con destino a los que peleaban por la independencia de Cuba.

    En el año 1880, Manuel de la Cruz conoció al teniente coronel Francisco Lufriú, veterano de la Guerra de los Diez Años, quien le narraba anécdotas memorables de la contienda. En esas circunstancias, el joven De la Cruz alcanzó una clara idea, casi vívida, de la primera lucha por la emancipación de la Isla.

    Primeros viajes

    Entre los años 1883 y 1884 viajó a Francia y España. Se estableció en Barcelona, donde enriqueció su formación literaria y cultural de manera autodidacta. Desde tierras españolas enviaba colaboraciones a publicaciones cubanas como La Habana Elegante y también comenzó a colaborar en la Revista Habanera, una importante publicación de Barcelona. Esta colaboración se mantuvo aún despues de su regreso a Cuba.

    Al regresar a La Habana mantuvo una labor periodística, colaborando constantemente en La Ilustración Cubana (1885), de Barcelona, y El Cubano (1887).

    En 1888 sostuvo una polémica de prensa con el escritor Cirilo Villaverde concerniente a la filiación política de Narciso López, en la que De la Cruz defendía la tesis del anexionismo de López.

    Escritor y narrador

    En el año 1889 es designado y comenzó a laborar como corresponsal del diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina, al cual remitía trabajos de crítica literaria. Desde su corresponsalía promocionó en el extranjero la obra de las más destacadas personalidades cubanas. Fue reportero del rotativo argentino hasta su muerte.

    Por esa época fue redactor de El Fígaro y Revista Cubana, y escribió además para El País, El Almendares y El Porvenir.

    En 1892 publicó su obra más acabada: Episodios de la revolución cubana, que resultó muy elogiada y que ayudó a levantar los animos libertarios en Cuba y en el exilio.

    Preparando la Guerra necesaria

    De la Cruz apoyó a José Martí en los planes de organizar la guerra contra el colonialismo español y llegó a ser uno de sus colaboradores en el proyecto de liberación que se conocería más tarde como Guerra de Independencia. Por encargo de Martí recorrió la Isla, con el fin conocer la situación imperante en las distintas regiones y preparar al país para la guerra que se gestaba en el exilio.

    En 1894 viajó al Oriente cubano, portando un mensaje secreto de Juan Gualberto Gómez para unificar las fuerzas independentistas. En un rápido viaje a Santiago de Cuba se entrevistó con veteranos de la Guerra de los Diez Años como Guillermón Moncada.

    Al comenzar la Guerra de Independencia se trasladó a Cayo Hueso, en Estados Unidos, donde inició una intensa labor de propaganda a favor de la emancipación de Cuba. Desde Tampa mantuvo sus colaboraciones a La Nación, en las cuales divulgó el proceso inicial de la contienda. Más tarde pasó a Nueva York, y allí continuó enviando al diario argentino los artículos que reunía bajo el epígrafe «La guerra de Cuba».

    En Nueva York trabajó a las órdenes de Don Tomás Estrada Palma como secretario de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), y como redactor de su periódico, Patria.

    Muerte

    Falleció repentinamente en Nueva York el 19 de febrero de 1896, a los 34 años de edad.

    Trabajos literarios

    • Como narrador creó algunos relatos de ficción significativos, entre los cuales se destacan La hija del montero y El marco de la sierra, de discreto ambiente romántico y plenos de misterio.
    • En 1890 y a petición del editor argentino Francisco Laggomaggiore, elaboró el capítulo dedicado al desarrollo de la literatura en Cuba para la obra América literaria (1890) que preparaba aquel. La contribución, con el nombre de «Reseña histórica del movimiento literario en la Isla de Cuba», estudiaba las producciones cubanas desde 1790 a 1890.

    Ese texto demostró sus conocimientos sobre el tema, y destacó la relevancia de autores como José María Heredia y Gertrudis Gómez de Avellaneda.

    • En 1890 se publicó Episodios de la revolución cubana, una novela testimonial, en que De la Cruz recogió las memorias de varios protagonistas de la Guerra de los Diez Años: Ramón Roa, Manuel Sanguily Garrite, Enrique Collazo, Esteban Borrero, Félix Figueredo, entre otros. Con esa base articuló un relato colectivo, que marcó el fin de la literatura cubana colonial y dio inicio a la literatura de campaña, continuada muy pronto por A pie y descalzo, de Ramón Roa. Episodios de la revolución cubana, obra de evidente defensa y rescate de la gesta libertadora iniciada en 1868, constituyó una sorpresa para el público de la Isla y provocó una rápida contrarréplica de las autoridades coloniales.

    De la Cruz se dio a la tarea, a través de la literatura y la crítica, de realizar una labor de recordación y propaganda sobre la Guerra de los Diez Años y las ideas independentistas, por lo que se le dio el sobrenombre de «El Mambí de las Letras

    • Cromitos cubanos, es un volumen, publicado en 1892 y que recoge veinte semblanzas y donde se trazó el perfil de contemporáneos relevantes como Rafael Montoro, Rafael María Merchán, Ricardo del Monte y José Joaquín Palma. En esa obra inauguró su estilo, influido por la prosa de José Martí, pero de sello propio y rebelde, marcado por su capacidad de concentrar en pocas palabras múltiples conceptos y matices.
    • De la Cruz recopiló datos para una biografía del mayor general Ignacio Agramonte, prócer de la Guerra de los Diez Años, la que dejó inédita. Al parecer llegó a redactar algunos capítulos, pero en los papeles que legó, sus herederos solo encontraron apuntes sueltos.
    • Preparaba además al morir un volumen de Cromitos argentinos y uruguayos, de los cuales únicamente publicó los perfiles dedicados a Carlos Guido Spano, Rafael Obligado y Eduardo Acevedo Díaz.

    Seudónimos Utilizados

    En sus colaboraciones en diferentes periódicos y revistas de la época utilizó diferentes seudónimos, entre los que se encuentran:

    • Un Académico de la Lengua,
    • El Académico de Banes,
    • Isaías,
    • Un Colaborador Asiduo,
    • Emmanuel,
    • Juan de las Guásimas,
    • Micros,
    • Un Occidental,
    • Un Redactor,
    • Raimundo Rosas,
    • Juan Sincero y
    • Bonifacio Sánchez

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    Naskicet Domínguez Pérez
    Naskicet Domínguez Pérez

    Licenciado en Computación y Matemática. Comencé el mundo del audiovisual desde el 2000 para luego terminar en el diseño gráfico. Miembro de la Oficina Nacional de Diseño y de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales. Co-Fundador de Claustrofobias Promociones Literarias.

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