Yunier Serrano Rojas | La lealtad es una manera de pensar y de sentir la ilustración

×

    Sugerir cambios

    El joven escritor cubano Yunier Serrano Rojas (Valerio) es un ilustrador que no ilustra, vive la ilustración, la lleva en la sangre y todo lo que mira a su alrededor lo traduce en colores. En el actual panorama infantil juvenil de la literatura cubana no es raro tropezar con su obra. Cauce, Loynaz, Oriente y Sed de Belleza son algunas casas editoras que lo han acogido en estos años. Han sido muchos los caminos por los que ha transitado Valerio.

     ¿La escritura llegó a través de la ilustración o viceversa?

    ¿Quién sabría afirmarlo con certeza? Los caminos se entrelazan; y los comienzos se superponen devorándose unos a otros. No podemos llevarnos por los primeros resultados porque en ese caso tendría que decir que primero fue el texto de mi primer libro publicado Lección de amor y anatomía; y luego las ilustraciones que entregué al editor. Pero si voy a ser sincero tendría que hacer un poco de historia, decir que dibujaba desde mi niñez; que pasé cursos de artes plásticas, leía libros sobre historia del arte, y sobre todo gastaba hora ante láminas intentando descifrar cómo el artista logró, tal o más cual técnica; a veces simplemente maravillado ante el misterio de la belleza. Luego no pude estudiar pintura, pero en mi formación autodidacta la curiosidad fue mi hilo de Ariadna. En esta versión, como verán, fue primero la ilustración y luego la literatura. Pero resulta que desde muy pequeño me encantaba leer y cuando pude, escribir. Así que eso es, lo primero fue mi necesidad de expresarme y fui usando ambas maneras de manera aleatoria.

    Eres graduado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Dejó alguna huella en ti?

    Soy graduado del curso 10 del Centro Onelio.  Como experiencia inicial, fue la sensación de conocer a jóvenes con mis mismos intereses, de sentirme parte de una comunidad donde mis temas y gustos no eran nada raro; y, por otra parte, tampoco segregado por parte de una élite literaria. O sea, fue un refugio, una manera de interactuar y aprender de ello, más allá de las clases y las técnicas. La otra huella fue la presencia de Ivonne Galeano, su dedicación, su calidez, su altruismo. Está como por detrás de todo, casi no se expone, ni siquiera es muy visible, no imparte clases, pero la manera en que se entrega me hace creer mucho más en el proyecto de Eduardo Heras, sin quitarle méritos a él ni a las técnicas que allí se imparten. Sin embargo, casi siempre a mí me quedan las huellas humanas, otro alumno del curso podría decirte otra cosa.

    ¿Cómo se llega en la ilustración a tener un estilo propio? ¿En tu caso, cuando decidiste que este estilo tuyo estaría dedicado a la literatura infantil?

    No sé si tenga un estilo propio. Al menos no es mi pretensión. Tan solo pensarlo, comienzo a no entender nada porque en el hecho de suponer que pinto de una manera determinada, ya me estoy auto marginando, me estoy perdiendo de la libertad para explorar y por ende mi trabajo comenzará a ser pobre, monótono, aburrido para mí mismo y creo que para los demás. No creo que un lector esté buscando en mí, un sello personal sino mi creatividad, mi verdad. Eso sí, creo que sea cual sea esa manera que escojo para expresar, debe ser leal a mi visión. Ese debe ser el llamado “estilo propio”, la lealtad es una manera de pensar y de sentir la ilustración. Y tengo una manera de ver la creación con mucha espontaneidad, de manera que mis dibujos sean más libres que yo, porque como hombre estoy condicionado ya con tantas reglas, tantas leyes, tantas responsabilidades, complicidades, que al menos mis dibujos deben tener esa libertad de ser, quienes son; sin un trazo de lo que deberían ser. Mientras más apegados sean mis ilustraciones a mi modo de ver algún tema en particular o un texto, más auténtico soy yo. Libertad al fin, no la puedo reducir ni con una técnica, ni con un supuesto estilo, porque la verdad se nutre de muchas verdades.  Aun así, creo o me gusta creer que mis ilustraciones tienen un hilo común que de alguna manera les dé una cohesión a todas.

    Luego viene un contrato con una editorial y te dice, mira yo quiero tantas ilustraciones, de tanto, por tanto, en esta técnica; se imprimirá en este papel. Todo eso hay que tenerlo en cuenta, dentro de esos límites a veces tan estrechos debes encontrar tu libertad. Es tan reducida la autonomía que uno siente que es un mero fotocopiador de los intereses, casi siempre comerciales, de una empresa. Entonces es cuando uno valora si vale la pena hacer ese trabajo o no; si se puede negociar una propuesta más cercana a uno, o cuánto necesitas ese dinero que te van a pagar (porque los ilustradores también comemos como cualquier ser humano).

    Si el texto que me ofrecen me atrapa, lo discuto. He aceptado condiciones con las que no estoy completamente de acuerdo y ahí dentro de lo poco que me dejan he logrado encontrar mi voz, mi autenticidad. De cualquier trabajo uno aprende. Sobre todo, cuando estás comenzando. Otra cosa son los proyectos personales en los que uno tiene más libertad o las editoriales que permiten a uno ser y hacer porque incorporan una carpeta de trabajo y ya saben lo qué haces. Pero repito, en las adversidades es más valioso demostrar quien uno es y lo que puedo hacer con los recursos a mano.

    Para concluir con el estilo propio, digo que si hay una manera de reconocer un estilo propio va a ser más fácil sin buscarlo, ni siquiera contrayéndolo, sino dejándolo ser, que fluya y cuando esté expresado, uno puede comenzar a decir, esto se parece a mí y esto también lo asumo, y esto no, lo desecho y así ir sistematizando un “estilo propio.” Pero eso no implica que te cierres cuando tengas una o dos herramientas plásticas. Hay que mantenerse hambrientos. Y muchas veces en el texto y en lo que te sugiere ese texto, hay mucho del material que necesitas. Difiero de esa manera de ilustrar que pasa de largo del texto. Será porque soy un lector, ante todo un lector. Y mi lectura es de manera plástica, pero siempre una lectura.

    Desde un principio encontré en la ilustración infantil más diversidad, más riqueza, más atrevimiento y desenfado que en la ilustración para adultos. Tal vez era una visión esquemática de lo que creía que era la ilustración para adultos. Pero por una cuestión o por otra me fui por el camino de la ilustración infantil y no me arrepiento.

    ¿Por qué Pinar del Río y no La Habana? ¿Crees que para la difusión de un creador no vivir en la capital le resulte un obstáculo?

    En Pinar del Río porque fue el espacio donde encontré un movimiento de escritores e ilustradores, encabezado por ese hito que es la [escritora] Nersys Felipe, seguido por otros muchos. Encontré además dos editoriales Cauce y Ediciones Loynaz. En ese espacio tuve una oportunidad de darme a conocer. Después mi trabajo ha logrado salir de los marcos provinciales. Eso me interesa más que mudarme yo a La Habana, por ejemplo. He aprendido que al menos en estos tiempos en que a la velocidad un clic, o un post, puedo enviar o mostrar una ilustración a tantas personas o lugares como desee, uno no tiene que vivir en las grandes urbes para darse a conocer. Y tengo la impresión que el ritmo super acelerado y costoso de las ciudades pudiera ir en contra del resultado de mis creaciones. Pero no me cierro a ninguna posibilidad.

    La ilustración y la escritura son dos disciplinas que llevan tiempo. ¿Priorizas alguna?

    Me van surgiendo ideas. Digo, esta idea puede ser para un poema o esta para un álbum ilustrado o esta parece ser un cuento para niños o esto es una ilustración. Como vaya surgiendo y como las voy asumiendo. Uno comienza a saber diferenciar qué idea es texto y que otra es imagen.  Por eso llevo varios proyectos a la vez. Y a ninguna le doy prioridad por encima de la otra.

    En ocasiones da la impresión que aquellos que dedican su arte a los niños no siempre se tienen en cuenta. ¿Crees que esto es cierto?

    No. Ni siquiera me lo he planteado. Y, por otro lado, ¿quién debería tenernos en cuenta? ¿los que hacen “arte para adultos”? Hasta ahora no he necesitado de su aprobación, de hecho, no creo que la necesite. Eso es una locura. Aceptar que necesito el reconocimiento de algo o de alguien para creer que estoy haciendo arte, es aceptar que uno mismo no lo sea o al menos, es aceptar que a uno le queda la duda.  Yo no tengo dudas.

    En ese sentido me molesta un poco cuando quieren reconocer a un autor o ilustrador de Literatura Infanto-juvenil y dicen, fulano o mengano ostenta el Premio Hans Cristian Andersen, la equivalencia del Nobel para niños, así dicen. ¿No entiendo por qué la comparación? Me parece innecesaria. De alguna manera subliminal quien hace este tipo de referencia, que además se ha generalizado hasta ser algo casi automático, necesita aquilatar el Cristian Andersen comparándolo con el Nobel porque de por sí solo, pareciera no tener ni valor. O sea que tiene que tener coletilla.

    Valerio, ¿Cuáles han sido aquellos libros que no te han abandonado?

    Hay muchos libros que no me han abandonado, de hecho, yo soy de los lectores que releen, soy de los que si les gusta el libro no he terminado de leerlo y ya me estoy diciendo este libro tengo que dejarlo en mi biblioteca a mano porque me lo voy a volver a leer. Ese libro nunca se va, nunca me abandona. Me persigue a todas partes. Incluso cuando la promesa de volver sobre él nunca se cumpla o se vaya posponiendo. De alguna manera cargo con él, creo que para siempre.

    ¿Cuáles han sido aquellos ilustradores que han marcado tu obra? ¿Algún consejo para los jóvenes ilustradores cubanos?

    Pintores como Pedro Pablo Oliva, Manuel Mendive, Zaida del Río, Carlos Enrique, Mariano, Antonia Eiriz, Choco. Y como ilustradores Ares, que hace también humor gráfico y Bonachea, y un pintor e ilustrador primitivo de Pinar del Río que se llama Adrián Chacón y casi nadie conoce porque vive en las lomas de Bahía Honda, pero su obra es deliciosa.

    ¿A los ilustradores jóvenes cubanos qué consejo le daría? Pero es que soy un ilustrador joven. Yo estoy para que me den consejos a mí. Si algo pudiera decirles es que lean y pinten, lean, dibujen y vivan, luego que lean vivan y no se cansen de romper hojas para comenzar de nuevo.

    • Producto
    • Especificaciones
    En este libro la palabra se trasnforma en un objeto punzante que escarba en busca de una oscura condición que el poeta siente latir bajo su ...
    Autor
    Editorial
    Colección
    Publicado
    Claustrofobias Promociones Literarias
    Logo
    Reset Password
    X
    Ir al contenido