Ulises Rodríguez Febles, señor de los minicuentos

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    El cuaderno de minicuentos, El señor de las tijeras (Ediciones Aldabón, 2019), que Ulises Rodríguez Febles presentó en la reciente Feria del Libro de Matanzas, toma su nombre de un texto que ha sido incluido entre sus páginas, y que resulta esencial para entender el desarrollo de toda la obra de este autor, tanto la dramática como la narrativa. Fue lo primero que él publicó, adolescente aún, y, sobre todo, debe destacarse que lo visibilizó en el panorama literario de la Isla, tras ser incluido por Salvador Redonet Cook en su famosa antología Los últimos serán los primeros.

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    Minicuentos o, como también los define su autor, "pequeñas dosis de cuentos, inspiraciones o terapias", donde se emplazan, se desmantelan a esos que ...
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    Editorial
    Publicado
    Páginas 60

    Aunque en su momento tuvo su repercusión y hasta en los Estados Unidos un estudioso, José B. Álvarez, se interesó especialmente en su veta fantástica; lo cierto es que esta breve pieza quedó bastante relegada, hasta que no hace mucho volvió a motivar su revisitación el hecho de que, después de haberse dedicado solo a la dramaturgia durante décadas, retomase Ulises sus andadas en la narrativa, con las novelas Minsk, Las últimas vacas van a morir y El mensajero, todas premiadas en importantes certámenes de la Uneac en el país, aunque hasta la fecha solo la primera ha sido publicada.

    Y es que en el minicuento “El señor de las tijeras” ya se vislumbra lo que venía, no solo en su narrativa, sino también en su dramaturgia. Ya en ese breve texto inicial está la profunda indagación en las más críticas zonas de nuestra circunstancia, pero también están la palabra, la metáfora y múltiples dimensiones a las que no se le ha prestado la debida atención a la hora de valorar toda su escritura. Dimensiones que lo hacen sobrepasar la vertiente de la crítica social en la que en ocasiones se le ha encasillado, cuando en verdad él defiende la creencia, a nivel personal y artístico, de que, en el universo, y en nuestra circunstancia, hay, siempre, un más allá. Lo onírico, lo fantástico, por ejemplo, está, llevado a su máxima expresión, en las piezas teatrales El Concierto, Ciudadanía, Campo Minado y Criatura de isla. Está, también, en su narrativa toda.

    Los minicuentos del libro El señor de las tijeras cuestionan…

    Metafóricos, fulgurantes, realistas u oníricos, absurdos y hasta pesadillescos, irónicos, siempre provocadores, los minicuentos del libro El señor de las tijeras cuestionan, desde estas múltiples perspectivas, el Poder y sus excesos, la corrupción, la doble moral, el burocratismo, la inopia social y otros males que asedian a nuestras cotidianas existencias.

    Una burócrata defenestrada que no puede marcharse al serle imposible despegarse de su silla en la oficina; un ideólogo al que le han dado la dura tarea de cenarse a un intelectual, algo que “revolvería cualquier estómago”; un dedo gordo que no es más que un dedo gordo y, prepotente, manda a cortar cabezas a los que al menos tienen cabezas; unos ¿funcionarios? que otean hacia el Mar Caribe, buscando un ciclón, dos y hasta tres para declararlos culpables… Historias ríspidas, y hasta muy desoladoras, pero que en el libro tienen afortunadamente una especie de “contraparte”, algo que no nos deja con esa amargura, como ese personaje que no se conforma con que el horizonte desaparezca de su ventana; como ese joven que empieza a pintar un nuevo cuadro, un nuevo sueño, cuando le han cortado el que acaba de tener entre sus manos; como ese bibliotecario arquetípico que a lo largo de los tiempos, y ante cada nueva devastación provocada por la irracionalidad humana, más que salvar los libros que ha podido salvar, lo que ha hecho ha sido conservar la esperanza en nuestro futuro, en nosotros mismos, en el hecho de que aún podemos volver a empezar…

    ¿Por qué escribir este libro de minicuentos?

    Este volumen fue concebido por Ulises digamos que sin pensarlo; estas breves narraciones o, como dice el propio autor, estas “pequeñas dosis de cuentos, inspiraciones o terapias” las fue dejando regadas “al margen de cualquier hoja como cuando era estudiante”, en el escritorio o en el alguna carpeta cualquiera de la computadora, en el celular… Textos en los que se produce “la transfiguración íntima y veloz de la verdad”, condición que deben cumplir las propuestas de este subgénero literario, según lo afirma el escritor cubano radicado en España Francisco Garzón Céspedes. Textos en los que no deja de estar “la palabra teatral”, que “es en sí misma síntesis”, y que “genera acción”, según afirma Ulises Rodríguez Febles, quien se alimenta “de las potencialidades dramáticas del teatro”, quien encuentra en experiencia en esa manifestación artística “una vía sedimentada de técnicas y saberes de una sensibilidad que permite enfrentar todo acto creativo”.

    Dice Ulises que escribió el minicuento “El señor de las tijeras” poco después de que, junto a un grupo de amigos, “unos locos de 15 o 16 años, se encontraron un buen día, es decir, un mal día, con la prohibición de bañarse en el río Canímar, cercano a sus hogares, a donde siempre habían ido, porque allí, en lo que se conoce como La arboleda, solo podrían entrar desde entonces los turistas”. Los demás amigos, ya de regreso, no tuvieron como él, porque no podían hacerlo, la posibilidad de expulsar la realidad fuera de sí, no tragársela, sino proyectarla hacia la hoja en blanco. Es algo que ha hecho desde entonces. “Me hace feliz responderle con literatura a la realidad que nos apabulla”, dice. Es lo que hace en este libro de minicuentos. Es lo que hace en su literatura, que es acto terapéutico, de liberación, de comunicación… Es más que nada hacer algo. Es como ocurre con ese bibliotecario del que nos habla, que tiene esperanzas, que tiene fe en que aún se puede seguir adelante a pesar de todos los cataclismos, de todas las pandemias.

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