Peripecias de una cazuela

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    OTRO DISCURSO DE EVA | Anabel Amil Portal

    Anabel Amil Portal es filóloga, se dedica a la crítica e investigación de la literatura infanto-juvenil cubana. De sus exploraciones en el género, compartimos una reseña sobre el libro Mamá está en la cocina, de Mildre Hernández Barrios. Oportunamente, Anabel analiza la singularidad de los personajes femeninos, la relevancia de una obra para niños que cuestiona estereotipos patriarcales y muestra la subordinación de la mujer en el ámbito doméstico. Con su texto invitamos a leer y a meditar. ( Maylen Domínguez )

    En la galería de personajes femeninos de la literatura infantil cubana contemporánea, caracterizada por la inclusión creciente de tipos tan diversos como transgresores en los roles protagónicos, uno de los más singulares lo constituye, quizás, Cuasi, la protagonista de la saga creada por Mildre Hernández, que ha devenido a su vez uno de los personajes más emblemáticos de la autora.

    Esta serie de novelas, iniciada con los títulos Es raro ser niña (2011) y Una niña estadísticamente feliz (2014), halla continuidad en Mi mamá está en la cocina (Ediciones Ácana, 2016), que a semejanza de las anteriores se caracteriza por el tratamiento humorístico y desmitificador de ciertos temas recurrentes en la más reciente narrativa infantil cubana. En esta saga, la narración en primera persona es asumida generalmente por Cuasi, personaje que instaura una percepción crítica y desautomatizadora de la cotidianidad a través de un lenguaje de marcado carácter lúdico, que pone al descubierto el costado absurdo e hilarante de muchas de las situaciones que enfrentan los niños en su devenir cotidiano.

    Sin embargo, a diferencia de las dos primeras piezas de la saga, que se centraban en los conflictos vitales de Cuasi y en su peculiar ámbito familiar, esta tercera novela se centra en la familia de Gabriel, compañero de aula al cual Cuasi debe ayudar a resolver una situación creada en su espacio hogareño. En esta entrega Gabriel asume la narración de la trama en primera persona, originada a partir del momento en que la madre de este se coloca una cazuela en la cabeza, acción insólita que en la novela adquiere el sentido de un acto de rebeldía femenina frente a los códigos patriarcales imperantes en el hogar. Esta obrase distingue especialmente por elaborar un discurso deconstructor de los patrones culturales instaurados en torno a los roles de género y las relaciones de poder condicionantes del estatus de alteridad del sujeto femenino, tradicionalmente confinado al espacio doméstico y, dentro de este, a la cocina.

    En la práctica de la escritura femenina y de las temáticas privilegiadas por esta, el recinto habitacional de la cocina se ha configurado frecuentemente con una connotación simbólica especial, al constituirse en un espacio sagrado, vinculado con el poder femenino de nutrir y con la alquimia secreta de fundir olores, sabores e ingredientes para obrar el milagro del alimento. Sin embargo, dentro de esta propia tradición literaria catalogada de «femenina» no sin cierto tono peyorativo, la cocina se ha revelado asimismo como una de las metáforas más elocuentes de la sumisión y la esclavitud de las mujeres, relegadas a los espacios privados, y consecuentemente silenciadas y apartadas de la Historia, «al margen de la escena» (Hélène Cixous: La risa de la Medusa. Ensayos sobre la escritura, p. 22, Editorial Anthropos, Barcelona, 1995). En la novela de Mildre Hernández la cocina adquiere este sentido de espacio de reclusión, despojado del carácter sagrado y reivindicatorio con que se la representa en buena parte de las obras de autoría femenina pertenecientes a la narrativa del post boom latinoamericano. En este texto, la cocina apenas es descrita como espacio físico y es representada humorísticamente como espacio de reclusión a través de la cazuela en la cabeza, a lo que alude uno de los personajes en el diálogo donde se enfrenta al padre de Gabriel: ¡Así que usted es el maridito de la escritora que está presa en la cocina con una cazuela como grillete!. Este utensilio culinario deviene motivo recurrente a lo largo del texto narrativo, especialmente en aquellos diálogos donde los protagonistas infantiles trazan un plan para rescatar a la madre de Gabriel, lo que refuerza el carácter paródico de las situaciones representadas.

    En la configuración del personaje de la madre se manifiestan dos cánones o modelos contrapuestos, que incluyen la ya referida representación tradicional de la figura femenina enmarcada en el ámbito doméstico y familiar, y el arquetipo de la mujer intelectual, que tiene en el oficio de la escritura su principal fuente de sustento, a lo que alude cuando dice: Nosotros comemos gracias a mi cabeza. Asimismo, en determinados pasajes se juega con la relación entre el acto de la escritura y el de cocinar, fecundamente explorada también en la literatura de autoría femenina, y a la que Cuasi y Gabriel hacen referencia desde la apabullante lógica infantil:

    Peripecias de una cazuela 2

    —¿Y dónde hierve las papas tu mamá?
    —No hierve papas. Solo cocina ideas.
    —Pero las ideas no se comen.
    —Eso le dice mi papá.

    Del mismo modo, son recurrentes en la narración las alusiones a la mujer escritora, en una suerte de afán metaficcional que se trasluce en las referencias al vecino que lee un libro escrito por la madre de Gabriel, en la promesa de esta de escribir una historia sobre los protagonistas infantiles de la novela y en la ficcionalización de la autora a través de este personaje, que recibe el nombre de Mildre. De este modo, se introduce en la diégesis del relato y en la ficción construida en la novela, como una especie de guiño que hace Mildre a sus lectores en un gesto lúdico que desdibuja y relativiza las fronteras entre ficción y realidad.

    En el discurso narrativo de esta novela infantil se desacraliza asimismo el canon de belleza euroccidental a través de la inserción de imágenes de la otredad femenina. Como lo indica el propio nombre de la protagonista, esta se autodefine como una niña ni totalmente negra ni totalmente blanca, a medio camino entre la niñez y la adultez, que transgrede constantemente los supuestos patrones del comportamiento femenino infantil: tiene el cabello duro y despeinado, solo se peina los lunes porque según ella, su mamá pierde mucho tiempo peinándola, es locuaz, contradictoria, y asume la iniciativa ante los varones, tanto cuando le anuncia a Gabriel que son novios, como cuando dirige las acciones de rescate de la madre de este. En relación con ello, esta novela puede leerse asimismo como un texto reivindicativo de la autodeterminación infantil y el liderazgo femenino, pues es una pandilla de niños comandada por Cuasi la que emprende la misión de extraer la cazuela de la cabeza de la madre de Gabriel.

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    La voz Cuasi -Mildre Hernández

    30.00 CUP 12.00 CUP -60%
    La niña llamada Cuasi continúa haciendo de las suyas a través de los acontecimientos que ocurren en un concurso para elegir la mejor voz de Pozo …
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    Editorial

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    Respecto al tópico de la familia, esta tercera novela establece una comparación implícita con las anteriores novelas de la saga en el sentido de que en Mi mamá está en la cocina, se representa una familia canónica, ajustada al modelo patriarcal, mientras que la de Cuasi constituye un sui generis núcleo familiar, representativo de las formaciones familiares atípicas que comenzaron a poblar los textos narrativos infantiles cubanos desde fines de los ochenta y principios de los noventa. Si bien en el contexto de la narrativa infantil cubana contemporánea ha devenido un lugar común la representación de familias disfuncionales o que simplemente no se ajustan al modelo convencional, en las mencionadas novelas de Mildre la contraposición entre ambas familias sirve para deslizar una reflexión sobre el tema de la felicidad y la integridad familiar, condiciones que no dependen necesariamente de la constitución de un hogar tradicional. Como afirma la propia Cuasi en Una niña estadísticamente feliz: A mí me va de maravillas con mis dos mamás. Tener una es una dicha. Y tener dos es algo estadísticamente dichoso. Y apunta más adelante: Para ella [la directora de la escuela] bien es: mamá y papá. Y para mí bien es armonía y amor.

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    Atractiva novela que procura, por encina de todo, defender los derechos de la mujer, la multipremiada Mildre Hernández, nos ofrece una visión muy …
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    50

    En este sentido, esta novela de Mildre enlaza con las anteriores de la saga al incorporar la representación de la cotidianidad del ámbito familiar desde la perspectiva infantil, perspectiva que subraya el carácter absurdo y humorístico que reviste en ocasiones dicha cotidianidad, pero que al mismo tiempo cuestiona, desde una mirada desacralizadora y nada complaciente, las convenciones y estereotipos que rigen el mundo adulto. Específicamente desde las páginas de esta novela, se propone una lectura desmitificadora sobre los roles de género y la subordinación del sujeto femenino en el espacio doméstico, matizada por la fina ironía e irreverencia que caracteriza buena parte de la escritura de Mildre Hernández, la cual parece advertirnos, desde la multiplicidad de voces y puntos de vista de sus personajes, acerca de las consecuencias de pasar demasiado «tiempo […] metida en la cocina» y de los peligros que subyacen tras las peripecias de una cazuela.

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    Escritora y editora

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