Resonancia: Los niños leyendo un libro son la imagen perfecta de la civilización y el futuro

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Escrito por Yunier Riquenes para SiC, Revista Literaria y cultural, No.37 2008

El 9 de marzo de 2008 se clausuró, en la sala de presen­taciones José Soler Puig de Santiago de Cuba, la XVII Feria Internacional del Libro, el acontecimiento cultural más importante de Cuba. En la conferencia de prensa se dieron a conocer varios datos y criterios de interés so­bre la trayectoria de la fiesta de la palabra. Se desarro­llaron diferentes eventos de historiadores, bibliotecarios, editores, historietistas, foros literarios y múltiples espa­cios para profesores universitarios e investigadores, ac­tividades en centros penitenciarios y en hospitales pediátricos. Sin duda, los puestos de venta de libros y encuentros con escritores llegaron a múltiples rincones.

Graziella Pogolotti, una de las personalidades a quien estuvo dedicada la feria, declaró:

Es un acontecimiento cultural de extraordinaria im­portancia, en primer lugar, porque pone al libro, las revistas, las publicaciones, la reflexión y la sensibilidad en el primer plano; en segundo lugar, porque propicia ese encuentro privilegiado de los escrito­res con el destinatario, con ese lector posible que siempre puede ser un desconocido.

Por su parte, Antón Arrufat resaltó el hecho de com­partir con Galicia sus emociones y satisfacciones, y sos­tuvo que había sido un acierto haberla dedicado a esta cultura.

La feria ha venido a consolidar el trabajo, el gusto de la gente por la lectura, el acercamiento al libro de una manera que no es la misma que se realiza en las librerías, que se puede realizar en las bi­bliotecas, sino un poco más festiva, un poco más sensual, es decir, a la feria no solo se va a comprar libros, a conversar sobre libros, se va también con la novia del brazo, los padres llevan a los hijos y se va un poco de paseo.

Editorial Gente Nueva

El gallego Fernán Anxo Vello, asombrado por parte de nuestro trabajo, dijo una de las frases más hermosas: «Los niños leyendo un libro son la imagen perfecta de la civilización y el futuro». Y seguramente vio muchas imágenes de este tipo desde el primer día de la feria en San Carlos de la Cabaña, hasta que llegó al teatro Heredia en Santiago de Cuba.

Abel Prieto, ministro de Cultura, declaró que la próxi­ma feria estará dedicada a Fina García Marruz, Jorge Ibarra y al 50 aniversario de la fundación de la Casa de las Américas, y que el país invitado será Chile. «Tiene que servir para recordar todo lo que significó y significa para nosotros la Casa de las Américas». Y enfatizó que

la feria viene a tratar de frenar la banalización que se nos está dando en nuestro modo de vida entre los jóvenes, entre gente de distintas edades, cómo luchar contra esa banalización que nos llega por todas las vías. La feria es una de las más impor­tantes contribuciones para frenar esa banalización, es uno de los más importantes aportes que se ha­cen hoy en Cuba para consolidar la cultura autén­tica, códigos culturales realmente auténticos, formas de ver la vida, formas de ver las metas de la gente, formas de ver conceptos como la felicidad, aso­ciados a riqueza espiritual, a riqueza cultural que tiene que ver con lo que defendemos los cubanos hoy […] esta feria demuestra que es posible ga­narle terreno a esa oleada mediocre, frívola. Es posible formar un pueblo de lectores, es posible que nuestros niños tengan hábitos tempranos de lecturas […]

Hemos cerrado la feria y hay que analizar los meca­nismos que podemos usar para acercar a los niños y jóvenes al libro, que lo asuman como un hecho cultural: se necesita un trabajo conciso y constante, una motivación diaria, ataques de asombros en las páginas que les su­gerimos, propuestas novedosas desde todos los flancos, y no únicamente en período de feria.

La crítica literaria vs promociones literarias

En varios espacios se han discutido hasta el cansancio las posibilidades de publicaciones, cuestiones sobre la crítica literaria y otros asuntos, pero va siendo hora de debatir sobre la promoción de libros y autores, la mane­ra de legitimar el trabajo de los centros culturales, me­dios de difusión masiva y centros de promoción literaria. El libro también es un producto en el mercado y hay que acercarlo al público como se hace con un cantante, una compañía de danza o un grupo de teatro; y pensar, ante todo, en el valor de cada uno.

En Cuba existen mecanismos y vías de promo­ción en los medios de difusión y centros con estos fines. Nos queda analizar el uso que les estamos dando, y no contribuir, desde la literatura, a la banalización, cuestio­nar si las diferentes organizaciones e instituciones están realmente inmersas en la campaña por la lectura, tan necesaria para los niños y jóvenes. Soy de los que creen que en su mayoría los escritores continúan leyendo a los escritores, aun cuando existan muchos más recursos que en tiempos anteriores. Se van haciendo necesarias nuevas estrategias de promoción, y hay que reunirse y encontrarlas; tal vez el Centro Cultural Dulce María Loynaz, desde donde se controlan los demás centros, debiera convocar a un primer Encuentro de Promotores Litera­rios. Serían muy útiles algunas charlas y conferencias sobre la promoción, el intercambio de experiencias.

En la radio y la televisión han aparecido varios pro­gramas con este objetivo, pero hay que ver y escuchar lo que estamos promoviendo, sobre qué textos estamos levantando las expectativas. En ocasiones resultan risi­bles las entrevistas; los conductores y locutores no tienen la menor idea de a quién van a entrevistar y preguntan la primera idea que se les ocurre, y no siempre son bue­nas, ya sabemos de las improvisaciones. Las secciones especializadas a veces se tornan muy académicas, y el público no las entiende, otras se vuelven verbosas sin decir nada. En las emisoras de radio, se adaptan en cier­tas ocasiones cuentos de poca valía literaria o se trans­miten versiones originales de escritores sospechosos. Ni en la radio ni en la televisión se tiene en cuenta a veces la relevancia de la noticia, y se anuncian, en emi­siones estelares, informaciones de poco relieve; sin em­bargo, otras de mayor interés no son acogidas en ninguna parte.

Después de la feria, el libro reposa, duerme. Algunos no tienen ni pesadillas; el polvo los silencia, y a veces son buenos. Ahí debe comenzar el trabajo del promotor, descubrirlo y llevarlo al público de una manera di­námica, recordar las características principales de la pro­moción y atender las necesidades del público teniendo en cuenta los grupos etáreos, estatus social, entre otros elementos. Recientemente un amigo me confesó que lo llevaron a presentar su libro para niños en un círculo infantil obviamente, apenas empezó a hablar, los ni­ños comenzaron a llorar y a halarse los pelos. Pero los organizadores le dijeron que había sido un éxito.

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La mayoría de las revistas cubanas son consumidas por los escritores o especialistas, y claro que deben existir, pero se necesita un periódico que la gente busque, que sea de interés, y a partir de la promoción de determina­do texto, deseen terminar la lectura y quieran conseguir el libro de cuentos, de poemas o la novela, por poner un ejemplo. En este sentido, los periódicos que llegan a to­dos los lados de la Isla pudieran desempeñar un mejor trabajo. El suplemento El tintero, es un buen ejemplo en este sentido.

Leamos más, con dos números solamente, sirve de intercambio a la familia. En encuestas que realicé, los entrevistados afirmaron que permite relacionarse con el niño, jugar y aprender; dijeron que la separata central traía informaciones curiosas, y que se puede leer un cuento o un poema. Muchos criterios coincidieron en su apor­te, pero faltó la buena promoción del tabloide para que fuera real su efectividad, y muchos no preguntaran: ¿de qué me estás hablando? Sería importante que los lectores encontraran en sus páginas a autores de sus provincias.

Nuestros periódicos debieran ampliar el poco espacio en las páginas culturales para hablar de literatura —-solo durante la feria los trabajos tienen más de veinte líneas—, deben continuar las columnas de crítica que tuvo una vez, por ejemplo, Granma. A lo largo del país existen personas que promueven los libros y pueden re­señar, en caso de agotamiento del columnista, pero este puede ser el encargado de recepcionar las colaboracio­nes. La prensa plana es uno de los medios más aceptados.

Tenemos a nuestro alcance los medios digitales: el correo electrónico, los blogs, páginas web y revistas. Hay que pensar si nuestros centros aprovechan estos medios con efectividad, si los sitios son actualizados. Si se revisan en este momento, se darán cuenta de que no más de dos, para ser optimista, son los que portan infor­mación de interés y actualización con respecto al que­hacer literario de los territorios.

El intercambio de escritores en las ferias de otras provincias es un punto para analizar. Después de la feria de La Habana, el proceso es diferente. Algunos escrito­res son vitalicios en provincias y municipios; otros, a pesar de ser invitados y confirmar, nos dejan con activi­dades en el aire, y cuando la realidad no se acerca jamás a lo anunciado, se le resta seriedad a nuestro tra­bajo, el público deja de creer en nuestros programas literarios.

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Las giras de escritores por comunidades y centros de trabajo han demostrado que muchas personas están interesadas en el mundo interior del libro. La gira La estrella de Cuba, según sus participantes, lo corrobora, todos dieron criterios favorables de innumerables lectu­ras en diversos lugares y con disímiles públicos. Unir la poesía y la trova, la poesía y la poesía, es una manera válida de tocar la fibra más sensible del hombre. Des­pués existió Por la ruta de Martí, con creadores más jóvenes, que también —según los participantes— dejó huellas indelebles. Existen giras como La cruzada lite­raria en Camagüey, durante el mes de agosto, y La es­trofa nueva, de Ciego de Ávila, en el mes de enero, dos proyectos de la AHS, donde los escritores intercambian por los municipios de estas provincias. Pero en este punto hay que pensar en el cumplimiento de los objetivos, que el programa literario resalte las presentaciones de li­bros y trovadores, lecturas, encuentros con trabajado­res, deportistas, médicos, en fin, cuantas ideas novedosas unan al público con el libro y la cultura.

A finales del año 2007 se celebró, a lo largo del país, el Festival universitario del libro y la lectura en la mayo­ría de las casas de estudio cubanas y las sedes munici­pales. Idea que me agradó desde escucharla. Me parecía y parece el primer paso, llevar a los protagonistas de la literatura a nuestras sedes estudiantiles de enseñanza superior. Fue impresionante cómo los muchachos se acercaron a los libros que llevaban mucho tiempo en las librerías y escucharon hablar de literatura a sus creado­res. Pero todavía sigue siendo preocupante que los es­tudiantes de Letras y Periodismo, por citar un ejemplo, muchas veces no acudan a estos espacios. Una de las preocupaciones que tuvimos mis compañeros y yo era la distancia que existe entre la universidad y el mundo artístico-literario de la ciudad, ya la universidad no es un foco que irradia tanto personal en las actividades cultu­rales de la ciudad, y nos quedamos esperando encuen­tros con escritores. Siendo estudiantes de Letras nunca pasaron por nuestras aulas escritores de prestigio en la provincia y mucho menos en el país.

Los centros de promoción literaria desarrollan varios eventos y jornadas, presentaciones de libros, intercam­bios en comunidades, pero hay que analizar cómo lle­varlos hacia otros públicos. Estas actividades no siempre deben estar dirigidas a la comunidad de escritores como la mayoría de las revistas.

Los boletines de los centros de promoción contribu­yen al intercambio de los lectores con las letras. El bo­letín Ideas, por ejemplo, del Centro de Promoción Literaria José Soler Puig, se ha convertido en uno de los «periódicos» más buscados en Santiago.

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Un par de amigos leyeron sus textos en La Habana, y algunos preguntaron de dónde salieron estos mucha­chos, tienen que venir a La Habana para darse a conocer. Quiere decir que, si no te das a conocer en el centro del círculo, no existes. Y allí están, ya sabemos, los críti­cos, o los nombres que marcan a partir de un momento tu existencia. Allí están las revistas que se mueven por toda Cuba, aunque la distribución sea tardía, allí están los directores y redactores, los JEFES de las revistas.

Algunos espacios de lecturas están repitiendo los nom­bres, otros continúan marcando los mismos espacios geo­gráficos, pues conseguir pasajes hacia otras provincias se hace difícil. También en los espacios literarios siste­máticos se deberían invitar a escritores de otras provin­cias, al menos uno al mes.

Ojalá este trabajo sea un punto de partida al debate. Ya hemos dialogado sobre otros asuntos, ahora nos corresponde centrar la atención en las maneras de ha­cer llegar el producto, de legitimarlo. Y la promoción es determinante.

Hay que convencer a las personas de que es en el libro donde descansa el conocimiento y se funden las artes. Pero sus promotores tienen que sentir el libro como una pertenencia, y llevarlo de la mano. Si intentamos imponerlo, nos rechazarán; hay que encontrar la mane­ra de asombrar y extender nuestra literatura. Y las fe­rias en los municipios más alejados nos están demostrado la ansiedad por adquirir nuevas páginas.

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