Yunior García Aguilera | La inconformidad es una bandera que no pretendo bajar de su asta

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Conocí personalmente a Yunior García Aguilera en alguna reunión de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Formamos parte de las comisiones de trabajo que se constituyeron para el Segundo Congreso de la AHS en 2013. Antes había leído Semen, su libro ganador en el Premio Calendario, 2011; había visto alguna de sus puestas en escena por algunas salas de teatro en Cuba. También lo vi durante algún tiempo en la conducción del programa Para leer mañana de la Televisión Cubana.

Yunior se graduó también como actor, escribe guiones para la televisión y para cortometrajes como Cerdo, con el cual obtuvo varios reconocimientos. Es uno de esos jóvenes cubanos de la generación más reciente que se ha ganado un liderazgo con su obra y con su palabra. Obras teatrales como Todos los hombres son iguales, Sangre, Cierra la boca, Pasaporte se representan por varios grupos de teatro en Cuba. A los jóvenes les interesa su poética y sus problemáticas. En tiempos de nuevo coronavirus descubrí otra sensibilidad especial de Yunior, su faceta de padre. Le dedicó un tiempo muy especial a su hijo Diego y creó el juego de mesa #YoMeQuedoEnCasa.

¿Cómo surgió la idea del juego?

En estos días de confinamiento solo puedo comunicarme con mi hijo Diego por teléfono o por las redes sociales. Él tiene 8 años y como todos los niños a esa edad, es un pequeño genio. Todo el tiempo nos intercambiamos juegos y yo trato de insistir en el cuidado que debe tener para evitar ponerse en riesgo o afectar a otros.

Un día me quedé sin nada nuevo que enviarle y decidí crear algo que pudiera ser divertido y al mismo tiempo útil. A Diego, un amigo le había prestado el juego de mesa Monopoly, pero como era de esperarse, el dueño también lo necesitaba con urgencia. Diego había intentado descargarlo de Internet, sin éxito. Ahí surgió la idea de transformar el conocido juego de mesa en algo más a tono con la actual situación.

¿En qué consiste #YoMeQuedoEnCasa?

En lugar de ganar o perder dinero, el juego consiste en tratar de ganar puntos de salud. Cada casilla constituye una buena decisión o una situación de riesgo. El jugador deberá acumular mil puntos para declararse vencedor, como en La vida es bella.  Intenté que no todo se debiera al factor suerte y que las decisiones también incluyeran la solidaridad con el resto de los jugadores. Hay casillas que incluyen a personajes reales como el queridísimo Doctor Durán o el cantante Cimafunk. Ambas te dirigen hacia la casilla CASA, donde más puntos gana el jugador. Cuando lo subimos a las redes sociales causó un impacto inesperado: todos lo querían para imprimirlo y jugarlo en sus casas. Al principio se llamaba La Pandemia, pero luego decidimos colocarle un título más positivo y lo renombramos #YoMeQuedoEnCasa.

Oscar Gordillo Pérez, el joven diseñador con quien trabajo desde hace un tiempo en el audiovisual y en los diseños teatrales, decidió sumarse. Tito, como le decimos en la familia, mejoró considerablemente mi propuesta inicial y le aportó una visualidad atractiva, eficaz y con un formato de mayor calidad para ser descargado e impreso. El juego está disponible en Telegram. Se puede acceder de manera libre y gratuita en el canal @juegolapandemia. Nuestro deseo es hacer más amenos estos días de necesario confinamiento y que la familia pueda entretenerse al tiempo que toma conciencia de las medidas que deben practicarse para conservar la salud de todos.

 ¿En qué proyectos te encontrabas antes de la llegada del COVID- 19?

La Covid-19 nos atrapó en medio de un estreno. Acabábamos de llevar a escena en el Café del habanero Bertolt Brecht la obra Hembra, un espectáculo alrededor de la pregunta qué significa ser joven y mujer en Cuba. Era la segunda semana de presentaciones y estábamos felices con la afluencia de público y la positiva recepción de la obra. Pero el último domingo de funciones, todos los directores teatrales decidimos suspender para evitar poner en riesgo a nuestros públicos, una decisión que fue apoyada por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas. En estos días, continúo escribiendo. Aunque, para ser sincero, no me motiva mucho hacerlo sobre la epidemia o el confinamiento. Prefiero alejarme a otras zonas, donde el beso y el abrazo no constituyan un conflicto.

Los jóvenes directores cubanos montan con frecuencia tus obras… A veces han coincidido dos montajes a la vez de una misma obra…

Trébol Teatro surgió para comunicarnos fundamentalmente con el público joven. El grupo ha sido la casa de varias generaciones de egresados de la especialidad de Actuación en nuestras Escuelas de Arte. También hemos sido los anfitriones del Festival Nacional de Teatro Joven que cada año celebramos en Holguín.

Me hace enormemente feliz que jóvenes de todo el país, profesionales o no, escojan mis textos para expresar sus preocupaciones y anhelos. He podido comprobar en escenarios cubanos y foráneos el interés que despierta cómo pensamos los jóvenes en Cuba, cuáles son nuestras contradicciones y de qué maneras asumimos pasado, presente y futuro.

Aunque, inevitablemente, me voy alejando del límite de edad que nos clasifica dentro de esa zona, espero no apartar mi vista y mis oídos de los jóvenes. La verdad de ellos, aunque esté matizada por la rebeldía, la intrepidez y a veces… la falta de una madurez necesaria… esa verdad es la que transforma el mundo.

¿A qué temas recurres en tus obras?

Soy un martiano confeso, y como para él, nada humano me es ajeno. No les temo a los lugares comunes ni a los caminos trillados. Creo que en cada uno de ellos se puede encontrar una luz nueva, una singularidad. En Pasaporte nos acercamos al tema de la migración y descubrimos que todavía pueden contarse historias originales, que logren arrancar carcajadas o lágrimas. En Jacuzzi, descubrimos cómo las diferencias políticas de tres amigos no impedían que pudieran acomodar sus cuerpos en la misma bañera; lo mismo ocurría con el público en Cuba, Brasil o España. En Hembra hemos podido asimilar las reacciones ante temas como el machismo, el feminismo y los debates de género.

Un tema que me ha obsesionado en todas las obras es la tolerancia. ¿Cómo lograr respetarnos a pesar de tantas diferencias? ¿Cómo convivir, aunque tengamos ideas tan distantes del espacio que queremos habitar? Pero jamás se me ocurriría ofrecer respuestas acabadas y moralizantes sobre estos temas. Mi objetivo es generar preguntas… y que esas interrogantes sean senderos hacia la reflexión.

¿Qué mirada tienes de los jóvenes dramaturgos cubanos?

Soy optimista en cuanto al papel de los jóvenes en el teatro cubano actual. Creo que hoy contamos con varias agrupaciones lideradas por jóvenes alcanzando espacios de jerarquía dentro del panorama escénico. Muchos autores de mi generación y de otras más recientes colocan sus títulos en la cartelera y reciben el aplauso de la crítica y los públicos.

No digo estar conforme. La inconformidad es una bandera que no pretendo bajar de su asta. Pero sí optimista. Creo que podemos imbricar cada vez mejor… calidad y osadía, novedad y tradición, experimentación y eficacia. Confío en que hay ganas, voluntad institucional, nuevas formas de gestión… y talento.

¿Qué significa Cuba para ti?

Hay un concepto, poético y político, que ha dominado el imaginario colectivo de los cubanos durante años: la noción de Isla. Nos hemos retratado casi siempre desde la insularidad; hemos insistido en imágenes como la soledad, la distancia y el otro; se han cometido excesos en nombre del derecho a defenderse de una pequeña isla/fortaleza sitiada… en medio del mar; hemos volcado nuestras preocupaciones en esa circunstancia “maldita” del agua por todas partes.

Mi propuesta intenta ser más inclusiva y diversa: una noción de archipiélago. Me gusta pensar Cuba como un paisaje multicolor, donde coexisten muchas visiones de país y cada una lucha por encontrar un sitio en el atlas poético y político. Y esa heterogeneidad no solo se manifiesta en el afuera y adentro, sino en las disímiles “islas” que componen el mapa de La Gran Cuba.

Siendo más emotivo, y menos teórico, Cuba significa para mí el abrazo de mi madre; el beso de mi hijo; la caricia de mi novia; el ritmo de un paseo; la familiaridad de un acento; la simpatía de un chiste que entendemos sin muchas explicaciones; la espontaneidad de un gesto; el orgullo de un símbolo que, sin importar dónde nos encontremos, nos recuerda que pertenecemos allí.

Obra de teatro, Pasaporte

Trébol Teatro les quiere compartir PASAPORTE. Tienen visa libre para visitarnos. Abrazos!!!. Sugiere Yunior para terminar…

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Cofundador de Claustrofobias Promociones Literarias con Naskicet Domínguez Pérez

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