Otro día con Dulce María Loynaz

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Por Alberto Curbelo

Miguel Barnet diría en su momento: «El español más transparente de la Isla, la lengua más sugestiva y sensual de la poesía cubana escrita por una mujer, es sin duda, la de Dulce María Loynaz».

Sólo, a estas alturas, pienso que por arrestos y huracanados arrojos juveniles, me atreví a conversar con la gran poetisa Dulce María Loynaz sobre escritores (la Avellaneda, Lorca, Regino Pedroso…), su hermano Enrique o personajes que le eran caros. Algo que, ahora, ni a palos haría… Quizás fue la época… Los jóvenes, en aquel maravilloso tiempo en que nos formamos, gozamos del halo protector de inmensas figuras que hoy están en el más encumbrado olimpo literario y artístico.

La propia Dulce María, por esa época, sostenía correspondencia con el niño pinareño Julio Orlando, sobrino de Aldo Martínez Malo.

Lejos de la mujer esquiva que me pintaban, fue dulce en sus silencios, paciente… Nunca escuché en sus labios una palabra desdeñosa; aunque sí alguna que otra frase que me alertaba sobre los peligros de un camino ya desbrozado… Prefería dejarme hablar. Cuando lo creía conveniente, asentía. O dejaba escapar una palabra sabia, una frase. A veces una corrección.  Pero únicamente cuando no se trataba sobre su escritura. Porque, cuando respaldaba su obra, guardaba un aterrador silencio, con la mirada baja.

Mi tema preferido era su novela «Jardín» y poemas como «Revelación» ─que después interpretaría el actor Eudy Leslie en el espectáculo «Juegos del verso» con motivo de su centenario─, «Si me quieres, quiéreme entera» (que incorporé a mi obra «Asere», en una versión musicalizada por Julio Marín), «Marinero de rostro osbscuro», «Señor que lo quisiste», «Cheché», «Coloquio con la niña que no habla»… De «Últimos días de una casa» admiraba su tono coloquial, veía sus posibilidades para ser llevado a escena, como un monólogo. Esa vez, dijo en voz alta; pero como si hablara consigo misma:

─ Es curioso… ─hizo una pausa, como si fuera todo─  Cuando pensaba que mi poesía ya no lo interesaba a nadie, los jóvenes la están redescubriendo.

Como ya era su costumbre en cada encuentro, me obsequió la edición príncipe de otro libro. Escribió:

«Para Alberto Curbelo, deseándole pagar de algún modo las cosas bonitas que dice sobre mí». Dulce María Loynaz. 10-12-87

SI ME QUIERES, QUIÉREME ENTERA
.
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
.
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!
.
Dulce María Loynaz (VERSOS, 1920-1938)

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