César López, desde donde estés, la cultura cubana te sabe de los nuestros

×

Sugerir cambios

Palabras de Madeleine Sautié Rodríguez

La partida definitiva del poeta y narrador César López no es para mí una muerte cualquiera. Su voz reciamente enronquecida, caló hondo en mí, desde los primeros momentos en que me acerqué al mundo de tertulias, homenajes y encuentros que organizaba el Instituto Cubano del Libro cuando mi trabajo me llevó a sus espacios hace más de 10 años.

La dificultad para ser escuchado con claridad era minimizada con la fuerza aplastante de sus argumentos, la belleza de la idea y la vocación por hablar siempre de los otros, casi nunca de sí mismo. Pero pude, pude escuchándolo en sus lentas y cautelosas conversaciones, saber bien de él, más que consultando fichas y libros. Cualquier tema, la vida, la cultura, la poesía… dejaban ver al hombre agudo y perceptivo que lo habitaba, el que se ofreció para vivir al servicio de la poesía.

No hacía falta haberlo oído alguna vez decir que le era un soldado fiel, presto a su llamado. Bastaba advertir que a cada pregunta que se le hiciera en una entrevista, en un panel, o en el propio ejercicio de la palabra, la respuesta venía en forma de versos aprehendidos de los grandes, debidamente citados, y luego extendido el razonamiento propio, de modo que en sí se acomodaban, entre muchos otros, Quevedo, Calderón de la Barca, Machado, Nicolás, Lezama, ¡Martí!

Lo vi brillar de invitado y de invitador. La noche me sorprendió una vez en la librería El Ateneo, donde se celebraba la tertulia Amor de Ciudad grande, conducida por el poeta Alpidio Alonso, adonde había sido invitado y en el regreso solitario me hablaban los versos leídos allí por César –graduado de Medicina en la Universidad de Salamanca, al que estuvo dedicada una de las Ferias Internacionales del Libro, Premio Nacional de Literatura y Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua.

No puedo hablar de él como no era:
No fue poeta.
Los versos que escribiera, balbuceaban la voz,
iban saliendo,
pero por muchas cosas se quedaron
a mitad de camino.
No fue pintor.
He visto emocionado los dibujos.
Y sin embargo, la mente, el corazón, la mano,
quedaron en el aire como un trazo empezado.
No fue músico.
Porque aquellas sonatas
eran signos borrosos, no cuajados,
que sólo algunos pocos escucharon.
No fue padre.
Se guardó su simiente en la pureza
de los hijos futuros.
Fue un niño a quien recuerdo
diciendo afirmativamente y siempre:
Quiero.
¡El ser que mutilásteis,
asesinos, era, en resumen, todo lo posible!

(De Silencio en voz de muerte)

Del libro dijo entonces: Silencio en voz de muerte, es mi primer libro y está dedicado a Frank País, y fue escrito en España en los años 1957 y 1958, y publicado en Cuba, en 1963, porque considerábamos que no debía ver la luz aquí mientras los asesinos gobernaban la Isla. Consultamos para su publicación a Doña Rosario, su madre, y ella, generosa como era, lo aceptó.

En una entrevista en la que se le preguntó con qué propósito había mencionado en el discurso inaugural de la Feria Internacional del Libro 2007 (la cual se le dedicara), a un grupo de escritores que un diario argentino denominó «autores cubanos conflictivos» explicó que, si esas palabras habían sido pronunciadas delante del compañero Raúl [Castro], debía entenderse su postura como reconocimiento a quien dirigía entonces el país, un compañero más, comprometido con la historia, con el proceso de madurez revolucionaria que vive la Patria y ante quien es posible hablar con respetuosa libertad. Fueron palabras que solo revelan la postura entrañable de otro cubano perteneciente a su cultura, que incluye todo lo que nos conforma y sostiene contra lo que nos ataca e intenta destruirnos.

Descansa en paz, poeta. Desde donde estés, la cultura cubana te sabe de los nuestros.

Actualizado el

Ver perfil completo

Consejo editorial compuesto por periodistas y colaboradores de toda Cuba que gustan del mundo literario.

Logo
Registrar una cuenta nueva
Restablecer la contraseña
Comparar artículos
  • Total (0)
Comparar
Ir al contenido