Leer es salvar la vida a tiempo

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Leer no parece para muchos, una de las mejores opciones ahora que es necesario quedarse en casa. Un niño le responde a su madre: ¿leer? La escuela está suspendida. Los niños y jóvenes prefieren las redes sociales, las películas, los videojuegos, incluso hay quienes se saltan las medidas del gobierno y salen a las calles a jugar baloncesto, fútbol o dominó.

Otros felizmente han sacado esa pila de libros que han acumulado, esos libros que están en la biblioteca personal y no habían tenido tiempo para leer, ese bulto de libros que han comprado de Feria en Feria y no habían abierto. Pero hay quienes se dan cuenta ahora, padres y madres, que en casa no tenían libros. En esa casa no se compra libros.

Una señora invita a su hijo en la desesperación de consumir el tiempo libre a leer, pero él solo sabe decir que no tiene conexión. Para él la lectura solo está en la conexión a internet. En tiempo del teléfono desconectado no lee los libros descargados, las páginas que ha guardado allí. Sin embargo, hay otros que sin conexión aprovechan para avanzar las bibliotecas digitales que están en sus celulares, Kindle y computadoras.

Estos días de cuarentena son días para probar nuevamente cómo el libro y la lectura pueden acercar a la familia, y cómo mamá y papá pueden conocer mejor a su hijo; hay quienes lo olvidaron y han distanciado a sus hijos con un aparato. Son días para sugerirle a un amigo el libro que se leyó, comentar ciertos personajes, proponer una receta que descubrió o un invento que soluciona un problema en el hogar. Nosotros seguimos confiando de que Todo comienza en las páginas de un libro.

Algunos escritores regalan cuentos en las redes sociales, o el poema del día, sugieren libros con las cubiertas y sus notas. Otros escriben comentarios de textos que han leído. Algunas publicaciones permiten miles de descargas gratis de grandes bibliotecas.

Para prevenir el contagio del virus el Ministerio de Cultura de Cuba cierra museos, bibliotecas y librerías. Es necesario. Entonces es tiempo de buscar alternativas: rebuscar en el librero y la biblioteca personal, encontrar libros y revistas viejas. Retomar el libro que nos marcó la vida. La relectura nos demostrará cuánto hemos cambiado. Las revistas que hemos dejado allí nos mostrarán ahora otros textos que no leímos, que no vimos en ese momento. Recordaremos ahora cuáles han sido los libros y autores que nos han acompañado. Descubriremos libros que podemos regalar, que ya no necesitamos y esperan por otros lectores.

Por estos días el mundo se asusta, y el tiempo no pasa. La nueva enfermedad, Covid-19, demuestra que ante la pandemia no basta la riqueza material.

Festejemos entonces el Día del Libro Cubano (31 de marzo). No es tiempo de poner a circular miles de ejemplares de El Quijote. Son tiempos de cabalgar y desafiar los molinos con una (re)lectura a mano, impresa o digital. Aprovechemos para leer en familia, hacer lecturas comentadas, escuchar un audiolibro mientras limpiamos la casa. Invitemos a descubrir a nuestros autores favoritos, a descubrir la literatura cubana y sus autores, los de siempre y los de ahora; recordemos a Eliseo Diego en el centenario de su natalicio. En tiempos como estos y los que vienen leer cuidadosamente y a tiempo, nos puede salvar la vida.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Cofundador de Claustrofobias Promociones Literarias con Naskicet Domínguez Pérez

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